martes, 15 de junio de 2010

¡GLORIA!

Todas las tardes –bueno, casi todas-, mi abuela me daba la canasta y los centavos correspondientes para que fuera a comprar el maíz para las gallinas, ya de paso me encargaba las galletas “betumadas” (Como decía Luis Castillo), a veces petróleo para el candil y un sobre de café “El Marino”, o lo que se ofreciera…

Era una aventura caminar las siete o nueve casas que separaban a la tienda de mi madrina Chepina de la casa de mi abuela, y aunque antes de cruzar la calle estaba la tienda de doña Pifas, la consigna era llevar el mandado de con mi madrina, porque era la comadre.

Debo aclarar –para los que no son de Chametla y me hacen el favor de leerme-, que enfrente de la tienda de mi madrina está la casa de Hortensia, un caserón enorme de esos de antes con su pórtico inmenso como para entrar con todo y carreta, una vez adentro; hay corredores a un lado y otro, techados por supuesto de madera y tejas, con una barda llena de macetones con plantas de todo tipo incluyendo los helechos tan típicos de las casonas con aroma antiguo que todavía hay en Chametla, era y es una casa que me fascina con las paredes de adobe, gruesas, sus habitaciones subsecuentes y sus enormes corrales, sus poltronas desperdigadas por los corredores y alguna hamaca. Por fuera parecerían tres casas juntas con sus ventanales de piso a techo con mosquiteros y rejas de acero, altas y por lo mismo frescas, todavía me significa un verdadero placer entrar a la casa de Hortensia y/o de mi madrina Chepina aunque ésta última continúa en constante deterioro.

Justo antes de pisar el primero de los dos escalones que había en la banqueta de la tienda, oía el consabido “¡ssssssshhhhht!” y aunque era consabido a veces me tomaba por sorpresa; era Gloria que me saludaba agitando las manos como colegiala desde la ventana de su habitación, despertaba en mi la ternura al verla asomada tras las rejas, agarrada de los barrotes como princesa prisionera, con su mirada inocente, su tierna sonrisa y su apariencia virginal, entonces cruzaba la calle –cuidando de que mi abuela no me viera perder el tiempo-, y me acercaba a su banqueta y sosteníamos una breve conversación, a veces versaba sobre la familia, el mandado o cualquier simpleza, el caso era la convivencia, siempre me iba de ahí con un sonrisa y animado, porque la mujer amiga de siempre me preguntaba que si éramos novios, y yo afirmaba, feliz de hacerla feliz.

Me desparecí algunos años del mapa Chametleco y en mis en eventuales visitas la vi, con el ánimo de siempre en la misa dominical o en su ventana por las tardes y hasta ahí llegaba a saludarla, últimamente la vi trabajando -por hobby pues no tenía necesidad-, y creo que incluso en los negocios familiares como auxiliar de oficina allá en Escuinapa, me llenaba de orgullo saludarla, por el aprecio tan grande que le tuve, el cariño de paisano y de cuates de toda la vida que nos profesamos.

Después, hace mas de un año que regresé para quedarme por estos rumbos en mi pueblo imaginario, pasados unos meses me enteré de la noticia fatal, me habló mi prima para decirme que mi “novia” había muerto.

Luego de una larga enfermedad que fue acabando con su robustez y su buen humor hasta dejarla en los huesos; se fue mi querida Gloria, mi amiga de siempre…

Estoy seguro de que tuvo muchos novios porque tenía un gran corazón y fácil de enamorarse, sé que no fui el único que se acercó a su balcón ni al único que le prometió amor para siempre, pero sé ciegamente que fui para ella alguien especial.

Es que para mí, Gloria Raygoza fue especial, y la ternura de nuestras conversaciones me enseñó entre otras cosas a conocer al niño que vive en mi, a ese; al inocente y maravillado de la vida, al que se sorprende y se ilusiona, al que aprendió de Gloria que todos somos iguales sin que importe que tanto se es en la vida, aprendí a escuchar a todos, incluso a quienes nadie escucha, aprendí a amar a mi prójimo con o sin defectos, aprendí el valor de una amistad sin pretensiones…

Por eso cuando asistí a su velorio me aproximé a su féretro para darle un último adiós, la vi ahí; tan inocente como toda la vida, como sumida en un hermoso sueño, la vi como en si misma, vestida con una túnica blanca y un manto azul cubriendo su cabeza, con las manos juntas y los dedos entrelazados; me remitió de inmediato a la imagen virginal de su condición humana, y así es como se fue; virgen como llegó al mundo, despedida por quienes le quisimos con conversaciones de sus tiempos mozos y aventuras de niñas de sus hermanas y quienes le rodearon, se fue, y con toda seguridad a la gloria, porque no pudo existir otro lugar para ella en el mas allá, es más; afirmo categóricamente que se quedó en si misma, porque ella era la Gloria…

EL LICHI

¡Ah que loco estaba el Lichi! ¡Y como me caía bien! Es que despertaba en mi, mucha ternura, porque he conocido borrachos que abusan sexualmente de sus propias hijas, que golpean a su esposas y que aborrecen a sus hijos, pero no conocí a otro como el Lichi, es que el Lichi era especial, entretenido, juguetón, dicharachero y “saurino” (esa palabra no existe en el diccionario, pero mi abuela la usaba para referirse a los adivinos, profetas o entes similares…), yo sabía de él, lo que él mismo me contaba a la pasada por la casa de mi abuela, cuando llegaba a pedir un taco, no le hace que fuera “con pura carne” –decía-, y ahí se entretenía conversando largamente, casi siempre cuando iba con rumbo al centro -por decirlo así-, de Chametla o parriba como se dice allá, y cuando regresaba pabajo a dormir, y siempre con el litro de vino de ese que es más alcohol que otra cosa, del de a diez pesos.

Por eso supe que en las noches cuando se le hacía tarde era porque se había escondido en cualquier esquina para que no lo atropellara la carreta de la muerte, ni lo mordieran los perros que la perseguían, cuando casi nos dormíamos lo escuchábamos saludarnos desde la banqueta; Adiós Madía Badón, adiós a todos, desde adentro contestábamos a su saludo y nos sentíamos mas tranquilos porque lo sabíamos de vuelta a su colchón. Oíamos sus predicciones conforme avanzaba diciendo que al otro día habría muerto porque había pasado la dichosa carreta de la muerte, y seguía platicando con nosotros hasta que su voz se convertía en un leve murmullo, y en efecto; al otro día había un muerto… el cuero se me ponía chinito.

Me dijo que dormía en “pudo espin”, y hacía señales de rebote con la mano yo reía de imaginarlo en un colchón, pensando que a eso se refería, pero él hablaba de los resortes, de los alambres con los que a veces se cortaba al darse vuelta porque nomás tenía una cobija y la usaba para taparse, nunca supe si dormía bajo techo o algún árbol, solo supe que vivía por allá del lado del estadio, me platicó que casi todos los días cuando regresaba tarde era porque había visto a fulana caminando por los alambres de la luz o a mengana volando en su escoba, y yo me asustaba, porque conocía a ambas, me asustaba especialmente cuando me decía que alguna se había caído y por pura méndiga casualidad amanecía con la mano entablillada o las rodillas raspadas, ¡Santo cielo!

El Lichi era del Apoderado y pariente de mi abuela María barrón, por eso se portaba conmiserativa con él y yo le tenía aprecio por su conversación tan descabellada y seria, lo mismo que divertida y sabia, tampoco pude compartir su últimos días, mi trabajo lejos me prohibió despedirme de muchos amigos entrañables, pero allá donde estaba de gira o en alguna filmación, me llegaban las noticias de mi gente de Chametla, y así me enteré de su partida, por supuesto, me dolió, porque borrachos como él he conocido pocos y hasta pienso que si todos fueran como él, hasta yo fuera alcohólico, pero por Dios que como él no los hay, y me da pánico serlo, son muy pocos los amables, sin rencores y graciosos, son contados los simpáticos cuenteros y agradables, de esos era él, de los buenos y nada latoso, ahora cuando visito Chametla y lo extraño, no puedo evitar sonreír ante sus ocurrencias y su buen humor ante la desgracia que él mismo se provocó por su alcoholismo, dentro de la cual –supongo-, era feliz, o no le quedó de otra mas que fingir que lo era…

Se murió el Lichi y lo extraño cuando visito la calle que lo vio caminar y respiro el aire que respiró cuando vivía, recorro su ruta y respiro el aire de Chametla con la nostalgia atravesando mi pecho y sonrío, porque mi querido Lichi dejó su esencia y no lo olvido, porque no es fácil olvidar a quien se aprecia, y en verdad que lo quise mucho, por loco y porque era de esos borrachos que no hacían daño, era especial, era de los buenos…

sábado, 29 de mayo de 2010

.DE CÓMO NACIO CHIAMETLAN



La leyenda dice que; mucho antes de que nacieran muchos Dioses, a la región sur del estado de Sinaloa que comprende las márgenes del río que hoy conocemos como el “río baluarte”, llego una tribu de totorames que –posiblemente- eran una degeneración de las razas del norte del Estado, o del Estado norteño de Sonora, existe la posibilidad de que las tribus de Yaquis se hayan mezclado con las de Coras nayaritas, lo que dio origen a una civilización que fue a ubicarse justo en el sitio al que dieron por nombre; Chiametlan.

Dice el mito que un día, en el que luego de una larga caminata, un jovenzuelo de nombre xolotl reposaba sobre una enorme roca y a la sombra de un “uvo”, tras la ingestión de un preparado a base de tecomate al que ellos llamaban “duérmete niño”, por el efecto de relajación que causaba; como en éxtasis escucho la voz de un Dios que decía; “Escuchadme Xolotl, hijo mío en quien tanto confío, has de conducir a la tribu a un lugar sobre las playas del río, ahí encontraras una señal, cuando la hayas reconocido, será que llego el momento de fundar un nuevo imperio...” al despertar, el joven contó a los mayores y a los sacerdotes que viajaban con el, lo que había soñado, y le creyeron... porque era un joven respetable y siempre había luchado por el bien de la tribu, fue entonces que decidieron marchar en busca de la señal esperada, no tuvieron que atravesar enormes desiertos porque ya lo habían hecho desde Sonora, ni tuvieron que durar cientos de años, pues ya habían pasado desde que nacieron como seres sociales, ni esperaban encontrar un águila o alguna serpiente, ni signos en el suelo, ni que les cayera comida del cielo,... ya todo estaba dicho y hecho, la señal seria clara; Pues dice la leyenda; que aquel joven caminaba al frente, con una enorme beca sobre su cabeza, como era costumbre en los grandes personajes de esa época,.. ellos usaban esa especie de Chía que les confería un estatus de superioridad y casi divino, razón por la que eran obedecidos y respetados como jefes y sacerdotes de gran envergadura, y el, se había ganado ese grado, se dice entonces; que caminaban por las playas del río con dirección a las inmensas playas vírgenes de la costa marítima, cuando Xolotl se sintió agredido y asaltado, al grado de perder su chia a garras de un ave, puesto que le fue arrebatado por un enorme chivicoyo que les sobrevolaba... así, a secas, eso no podía ser tomado como la señal que esperaban, de no ser porque al ir tras el, por ordenes del líder, un niño la encontró tirada sobre una planta que en la actualidad se conoce como salvia, y a los pies de un cedro, ahí se sentaron a descansar tras la fatigosa persecución, y ahí, el hombre de la chia que la había recuperado justo sobre aquella planta de la que sacaban la semilla a la que daban precisamente el mismo nombre, -pues tenían ellos, costumbre de preparar un brebaje a base de las semillas de esa planta-, esas semillas eran conocidas como chia, que acostumbraban mezclar con miel y jugo de frutas agrias para refrescarse, por eso fue que decidió asentarse en ese lugar al que en honor a tal acontecimiento y a tales razones dieron por nombre; Chiametlan, que significa lugar de chias.

Luis castillo, el dragón rojo y los ojos orientales…

Luis era una tía muy divertida…

Bueno, para los que no captan todavía; Luis era un amigo de la infancia de mi madre, jugaban a las cazuelitas y las muñecas y él decidió que sería mujer cuando fuera grande.

Siempre me trató con deferencia y me hizo reír ante el disfrute de nuestras conversaciones, me juró ser mi tía para siempre por el cariño que se tenían el y mi madre. En una de las últimas pláticas por ejemplo; me habló de su pareja en ese entonces, éste era un hombre que poseía un bar en la “zona de tolerancia” de Mazatlán, llamado “El Dragón Rojo”, por cierto, en esos días su pareja estaba preparándose para una cirugía plástica mas, y a modo de guasa me dijo que ya parecía china de tanto jalarse la cara y ambos reímos divertidos por la ocurrencia, era verdad; los ojos de su pareja tenían apariencia de oriental.

El “dragón rojo” era como el castillo de la reina en donde la reina era mi “tía” Luis Castillo.

Cuando yo era niño y lo veía maquillado y tan despampanante, con lentejuelas, plumas y chaquiras, estolas, flores y blusas coloridas, me remitía a las películas de bailarinas exóticas y me reía hasta desternillarme por sus ocurrencias durante los carnavales inexistentes en Chametla, en los que se montaba en los remolques o en la trompa de los tractores aunque se quemara las nalgas, pero para lucir mas y sin perder la sonrisa, en los que recorría la calle principal agitando con parsimonia su mano en la que envolvía besos que arrojaba con simpatía a los parroquianos que en medio de risas y chacoteos atrapaban en el aire para colocárselos en donde les venía en gana.

Luego, nos fuimos; ella a hacer su vida al puerto y yo la mía a la capital, duré mucho sin saber de ella y cuando volví; la vi otra vez, cansada y vieja, visitando a mi madre su antigua amiga, su amiga de siempre, en donde me recalcó que era mi tía aunque me diera vergüenza, a lo que aclaré que nunca me daría vergüenza su “tialdad”, porque le tenía un aprecio desmedido por el solo hecho de apreciarme como apreció a mis hijos cuando los conoció, a mi madre a pesar de los años y a mi, a pesar de la distancia.

En sus ultimas visitas me insistió a que le visitara -“Claro; con el permiso de tu mujer y dile que no se preocupe, que estas en buenas manos”-, prometió presentarme a las dos mejores “muchachas” del “Dragón Rojo”, ¡ah! Y las bebidas corrían por cuenta de la casa, prometí que si; que iría un día cualquiera, uno de esos…

Pero no; nunca fui, no soy adepto a los centros nocturnos, no más, aunque pude hacerlo para darle gusto. Y nunca fui.

Estaba radicando en Guanajuato cundo mi madre me dio la noticia; Luis Castillo estaba muerto, por cuestiones de trabajo no estuve presente en su adiós definitivo, pero supe que de Mazatlán –directo desde “El Dragón Rojo”-, llegó a Chametla un camión repleto de travestis, algarabía y colores, de festividad gracia y afecto, sensibilidad, cariño sin condiciones y fraternidad, un camión de amigos para despedirse, para llorar sinceramente, para reír ante el recuerdo y llorar ante el adiós.

Me dolió, si; me dolió, tal vez sea por eso, por lo que cuando paso frente al “dragón rojo” y lo veo casi abandonado, supongo que sigue en funciones y revive de noche pero no lo sé, lo que sé, es que cuando voy a Mazatlán y paso por ahí, irrumpe en mi la nostalgia, la tristeza de no haber tomado una copa en su castillo, en el de la reina Luis, mi “tía” Luis Castillo.

CHAMETLECA II

Las cosas siempre a tu favor;
el clima, la noche, las estrellas,
el farol rojo de la casa de Hortensia,
la música allá en el baldío
en la fiesta de san Pedro.

Nada hay que perturbe
tu sensualidad de Diosa
tu fragilidad de nardo
y tu mirada celeste.

El silencio se agita
a causa de esta dicha
provocando un desliz;
entonces tu cuerpo, con tanto a tu favor
se cae al ser tocado por la música
e irremediablemente se hace añicos
como simple cistal…

viernes, 21 de mayo de 2010

CHONITA

Me contaba cuentos de encantamientos y encantados, de misterio y misteriosos, ella en si, era un misterio y me encantaba…

De apariencia pequeña y frágil, y mirada inquisitiva y profunda, así era la señorita Chonita Sarabia, eso –lo de señorita-, lo tuve siempre bien claro, porque así lo quiso ella, pues ante todo estaba la dignidad, ella era bienvenida casi a diario y a la hora que fuera a la casa de mi abuela allá en Chametla, me gustaba escuchar sus charlas tan de antiguas, de creencias en mitos y casi inverosímiles, sus conversaciones a veces giraban en torno a “Porfirio Cadenas “el ojo de vidrio” o “Kalimán”, que eran las radionovelas favoritas de mi abuela, también se hablaba del difunto del día, o de la que se fue con el gañan, o del que se cayó por asomarse…

Vestía enaguas hasta el tobillo, rebozo oscuro cruzado al cuello y un rosario en sus manos de vez en cuando, a la usanza de antes, con enormes arracadas de oro, trenzas en su largo pelo cano, huaraches de correas o zapatillas de tela de esas muy cómodas, una canasta para el mandado… y una verruga en la nariz.

Vivía por la calle del cerro, la de atrás del templo, en una casita chiquita y bonita, de ladrillo y palma, sola con su alma y la soledad, pero la soledad le volvió temerosa, hubo un tiempo en el que padeció un ligero delirio de persecución.

Me dijo que se sentía espiada y acosada; en las tardes cuando recalaba a su casa, si alguien caminaba tras ella, aseguraba que iba en su pos, y si alguien por alguna razón reía, ella aseguraba que era de ella, no cabe duda, la soledad fue una mala consejera…

Batallando la convencimos entre el padre Quiroz -a quien ella sabía un buen amigo-, y yo, de que todo estaba bien; de que el mundo no giraba en derredor suyo, que no se preocupara, que siguiera su vida. Y no supe si fue por callarnos la boca que fingió hacernos caso o realmente creyó en nosotros y se olvidó de esas cosas.

Pasados los años cayó enferma, yo estaba lejos y nunca supe, nadie me dijo, no la visité ni antes ni durante su enfermedad, no asistí a su velorio ni mucho menos a su sepelio, porque nunca supe, nadie me dijo…

Fue triste saber después los pormenores; la verruga en la nariz era indicio de cáncer que a nadie llamó la atención pero que demasiado tarde comprendieron, cuentan que se expandió por su rostro descarnándola casi por completo, eso me dicen; yo nunca supe si fue verdad. Como sea, me resultó pesaroso enterarme, no averigüé mas, no tenía caso, pero sigo con la curiosidad de saber si murió tranquila, de saber que no sufrió. Vivió sola, lo sé, y dudo que la hayan abandonado, lo que si es probable es que no se detectara a tiempo su enfermedad si es que la padeció, y me consuela el saber que su familia –que es la mía-, y es una familia virtuosa en ciertos aspectos, y vive siempre en comunión, estuvo al pendiente de ella, eso no me aflige, me aflige pensar que sufrió, ojalá supiera que su muerte fue dulce y tranquila, que no le hizo mas daño la soledad, que no murió perseguida por sus espíritus o sus imaginarios acosadores, que el hecho de no haber conocido hombre alguno no le provocó infelicidad, en fin; que murió en paz.

Quiero creer que Chonita la que me regañaba por tonterías, la que me divertía con sus críticas a los personajes de la radio, la que me contaba cuentos, la que me envolvía en sus fantasías, (¡la de esa maldita verruga en la nariz!) murió tranquila, porque no la vi antes de morir y no pude decirle hasta luego con la mirada, porque para esas cosas nunca tengo palabras, pero me queda su recuerdo ese que la mantiene viva hasta que yo muera, porque así ocurre siempre, y esta no es una excepción; ella va a morir para mi, hasta que yo la olvide.

sábado, 1 de mayo de 2010

RECUERDOS




De aquellos días recuerdo;
un río profundo,
mucho sol, arena
y las playas eternas de Chametla.

De aquellos días recuerdo;
jardines perennes
cocotales, guayabas
y el mundo sin fin de Chametla.

De aquellos días recuerdo;
un mar omnipotente
un sol radiante, aroma de papayas
y una ausencia distante de Chametla.

De aquellos días recuerdo;
que fui un animal lleno de vida
que gocé a plenitud el mundo
con su río profundo
con arena y mares
con guayabas, cocotales y papayas
y el sol tibio, el sol tibio de mi Chametla…

martes, 13 de abril de 2010

NORBERTO HERRERA

De carácter fuerte y agresivo, el terror de la “secun” lo llamaban, pero muchos de los que entonces éramos sus alumnos estamos agradecidos y comprendemos claramente su proceder, y es que es verdad, Norberto era muy exigente, y aunque ninguno de nosotros –hasta donde sé-, se dedicó a la música, si nos sirvió bastante lo aprendido bajo su dirección, a mi me sirvió incluso para representar con nitidez el papel de cantante en una serie de televisión, incluso participé en un concurso de canto, sin pena ni gloria por supuesto, pero de no ser por él, hubiera sido con mas pena que otra cosa, pero en la vida cotidiana siempre es bueno ser entonado, así es que yo por mi parte, -aunque no entono ni el “do” por lo redondo-, tengo mucho que agradecer al profe Norberto…

Cuando trato de ser estricto en la educación de mis hijos lo recuerdo con gusto, pues se que a veces es necesario ser enérgico como lo era él, a pesar de que conmigo siempre hubo una relación mas de amistad que de maestro a alumno, siempre conversábamos antes de la clase, quizá porque teníamos parientes en común o porque le caía bien, o porque tal vez era mas condescendiente que los demás, por lo que haya sido, Norberto me dejó una enorme enseñanza. Y quiero honrar su recuerdo a través de estas letras.

No sé si antes hubo un director de orquesta, pero la primera banda de música que yo recuerdo en Chametla estaba bajo su batuta, me fascinaba oír los tambores y los clarinetes siguiendo su compás, me gustaba observar a los señores atentos a sus movimientos y cuidadosos de no entorpecer la melodía por no desatar su ira, era maravilloso ver que un hombre tuviera la magia de fabricar sonidos tan agradables, ver como del aire surgían melodías tan llena de encanto. El arte que producían sus músicos con los viejos instrumentos y el sonido que invadía los rincones no solo de Chametla sino del alma de los enamorados y los nostálgicos o los alegres y los apesadumbrados…

Ni duda cabe. Chametla ha sido cuna de gente con mucho talento, a la que he admirado y con la que he tenido la fortuna de convivir y que por lo mismo han sido parte importante de mi historia.

Dicen que las cosas pasan como tienen que pasar y porque tienen que ser, eso es sabiduría popular, acertada, muy acertada por cierto, pues sé que si las cosas en mi vida hubieran sido distintas no sería quien soy, aunque no soy mucho, soy algo y eso se lo debo a gente como las que he mencionado en este pequeño blog y que trataré de recordar a lo largo de mi vida, y sobre todo; emular para seguir tratando de ser un mejor ser humano.

¡Gracias profe Norberto Herrera, muchas gracias!

lunes, 8 de marzo de 2010

JUAN EL CARPINTERO

Juan Murillo se convirtió en mi instructor de carpintería en la escuela Benito Juárez de Chametla -mi querido Chametla-, a la muerte del profe Gil, cuyo trágico desenlace llenó de luto la vida estudiantil en esos días.

A Juan Murillo lo admiré desde el primer día. En el taller de carpintería le escuché uno que otro chiste de esos verdecitos, porque muy subidos de color no eran posibles, pero nos hacia agradable la hora o las dos de su clase, lo admiré desde ese entonces, quise emularlo todo el tiempo y estar alguna vez a su nivel, mientras tanto hube de conformarme con ser su aprendiz y pasar con buenas calificaciones su clase, por desgracia no tuve nunca el dinero suficiente para conseguir madera y fabricar un buen mueble, me conformé con un simple par de tristes ménsulas…

Con el paso del tiempo me fui a hacer mi carrera de actor y obtuve muchos éxitos y premios por mis éxitos, giras al extranjero y presentaciones en teatros, conferencias y programas de todo tipo, me sentí crecer y cada vez que regresaba a Chametla esperaba encontrarme con Juan Murillo para sentirme a su altura y me sentí…

Hay un momento de la vida en que la gente se estaciona en una edad determinada y no crece ni envejece, ahí fue donde lo alcancé, yo convertido en adulto, Juan, como lo recordaba siempre, ambos; frente a frente contando chistes, conviviendo, departiendo…

A mediados de los noventas tuve el honor de montar un espectáculo sobre tradiciones indígenas para celebrar el primer festival conmemorativo de la fundación de Chametla, y tuve la necesidad de una escenografía, entonces me mandaron con él para ponernos de acuerdo, mi corazón saltó de alegría, ya estábamos trabajando juntos! En un mismo nivel, era grandioso! Juan Murillo y yo inmiscuidos en un proyecto mío! Juntos envueltos en una misma causa, era un placer para mi!

Desde entonces he sido parte del festival de aniversario de la fundación de mi amado Chametla, Juan lo fue los primeros años, y estoy seguro que de vivir, sería parte importante en su organización y seguramente trabajaríamos juntos, por el placer de hacerlo, como ha sido siempre para gente como él o como yo, o los demás que forman parte de este proyecto.

Juan Murillo ya no está mas entre nosotros, pero sé que su espíritu permanece aquí orgulloso, satisfecho de lo que hacemos los que le sobrevivimos y contento porque sabe que le recordamos con afecto, pues el año pasado recibió un homenaje a su memoria y un aplauso que seguramente se escuchó hasta el lugar donde ahora mora y desde el cual nos ve contento y nos echa porras, y se que es así, porque yo lo admiro todavía por su humor y su empuje y porque pude ponerme a su altura y un día no muy lejano lo veré de nuevo pero a otros niveles, más altos, mas gloriosos y entonces podré escuchar de su boca un chiste más.

Gracias Juan Murillo por haber existido y tener que ver con mi existencia…!

ERA UNA VEZ UN ÁNGEL CON LAS ALAS MANCHADAS DE HOLLÍN.

Hace mucho, muchísimo tiempo cuando los querubines todavía jugaban a salpicarse con las aguas de la fuente que los totorames habían hecho en el centro de Chiametlán aprovechando los manantiales que bajaban del cerro, y cuando los ángeles preferían nadar en el lago de los lagartos en el vecino Botaira, hubo un ángel con los ojos color de mar y la piel alba como las mañanas de diciembre que desde su mas tierna infancia, mostró una inteligencia y una simpatía inusual, tantas, que Arcángel prontamente le dio su independencia y lo mandó a vivir a una nube azul clarita cubierta de rocío, de rayos de sol dorado y enmarcada por un arco de siete colores, ahí Ángel era muy feliz.

Pasó el tiempo y en la tierra las cosas empezaron a ser distintas; los humanos tenían que progresar, había que estar a la vanguardia aunque hubiera que destruir la capa de Ozono y la polución en el invierno se agravara y no se pudiera respirar tranquilamente, si; todo era distinto allá abajo, a nadie le importaba quien pudiera estar viviendo en el cielo, en alguna nube.

El caso es que la basura quemada, el humo de los vehículos, las chimeneas de las fábricas y mil cosas mas, dejaron la nube del pobre Ángel de un color gris triste, ya no reflejaba los rayos que atraían al arco iris porque el rocío se volvió hollín, ahora su cara –otrora de caracteres nórdicos-, parecía la de un apache dispuesto a hacer la guerra.

Ángel ahora se aburre, no tiene a quien cuidar porque Juan está todo el día sentado frente a su Macintosh, no hay peligro de que se caiga…

Tampoco puede volar por Chametla, no faltará algún travieso que le apunte con la resortera, mucho menos bajar a la fuente pues ya no existe, y aunque casi se acostumbra a eso, todavía le duele, pero lo que le destroza el espíritu, es ver sus alas manchadas de hollín, eso si le hace llorar continuamente.

Un día se levantó temprano decidido a protestar; extendió sus alas pegajosas y voló con rumbo al sol, la contaminación no le permitió ver con claridad y se dio cuenta de su error cuando se estrelló contra un reflector, aleteó en el vacío y se sobó la frente pero no perdió la intención y se lanzó cielo arriba nuevamente. Minutos mas tarde casi choca contra un avión, por fin atravesó la estratósfera y pudo navegar al infinito tranquilamente con dirección al sol.

Y así se fue perdiendo en la intensidad de su luz…

Pasaron los días y Ángel no volvió.

Después se supo:
Resulta que Arcángel se indignó porque en la tierra ya no hay ángeles, todos renegaron y se fueron yendo poco a poco, por eso cuando llegó Ángel el de las alas manchadas de hollín y vio un mundo azul con nubes blancas y lunas nuevas, con arroyos cantarines y jardines esplendorosos con aves de todos colores y un sol lleno de luz, no lo pensó dos veces, ni protestó siquiera, simplemente se instaló en una nube a descansar, luego se dio un baño y su rostro volvió a ser el mismo, y no es que no la haya importado dejar de ser el Ángel de la guardia de Juanito, a Juanito nunca le importó su Ángel, ni a nadie, ahora en la tierra no les importan los ángeles por eso ya no hay…

jueves, 18 de febrero de 2010

EL GIGANTE SE DERRUMBÓ


Cuando Botaira nació ya existía la ceiba, la gente se asentó bajo su sombra para formar la pequeña población, empezaron a usar el capoc para rellenar las almohadas, y disfrutar bajo su cerrazón largas charlas en tanto los menores jugaban alrededor de su tronco.

Muchas historias de pasión se escribieron bajo su manto, trágicas y sórdidas traiciones se fraguaron en su clandestinidad, innumerables aventuras se contaron entre sus tinieblas…

Fue testigo de decenas de ahorcamientos entre sus ramas, fue mudo espectador de mítines gubernamentales, de emperifolladas inauguraciones, de ciclones y tormentas, de inundaciones y sequías; la ceiba fue un silencioso testigo de infinidad de historias…

Pasado el tiempo, en la centenaria ceiba se dieron cita los jóvenes en las tardes soleadas para organizar juegos de pelota, señoras emprendedoras servían raspados a los jugadores, y el lugar se convirtió en el centro de diversión por excelencia, ahí bajo su manto, se construyó una terraza con resbaladillas y columpios, y era la parada obligada de los “tropicales” –como llamábamos a los camiones de pasajeros de tabla y lona de don Quirino-, fue testigo junto con las ceibas de la virgen y la de las garzas –la que está allá en el patio de don Modesto-, de la historia de mi pueblo querido…

Pero esta mañana, luego de la tormenta, sus cansadas raíces se dieron por vencidas, y se soltaron de la tierra que le vio nacer, repentinamente sus enormes ramas se inclinaron parsimoniosamente para caer atravesadas sobre la calle, la oscuridad se acentuó en los hogares del barrio de la cornucopia, el cielo encapotado de un gris oscuro, emitió un alarido prolongado y tétrico y fue cuando nos dimos cuenta; el enorme árbol se rindió tras años de permanencia como centinela a la entrada del pueblo, el gigante se derrumbó súbitamente, la ceiba había muerto.

Centenas de personas se dieron cita para dar el último adiós al gigante del capoc o del pochote, su sombra ya no alegrará los soleados días de Botaira, centenas de gentes se arremolinaron ante el voluminoso tronco del histórico árbol para despedirse de aquel gigantesco testigo de tantas peripecias de los lugareños, lágrimas de dolor se asomaron a los ojos de los mas viejos, comentarios de tristeza flotaban en la atmósfera húmeda y fría de aquella mañana de febrero en Botaira; impotentes ante aquella enorme naturaleza muerta incapaces ante aquel cadáver verde y espinoso: Botaira está de luto, hora tras hora, la gente se da cita ante sus raíces para despedirse de la ceiba centenaria, porque la ceiba ya no existe mas, porque el gigante se derrumbó…

viernes, 5 de febrero de 2010

ANDREA Y ODILÓN


Botaira siempre ha sido un pueblo tranquilo pero eufórico, donde pasan las cosas menos esperadas, con sus calles llenas de sol y sus noches repletas de estrellas, verde como el olor agrio del arrayán y oloroso a mangos y guayabas, todos ahí se conocen, las noticias vuelan aunque sean buenas, todo ahí se sabe, nadie está exento de nada, pero con todo y eso Botaira no deja de ser un lugar maravilloso; la vida trascurre lenta, pausada, arrastrando de día el arrullo de los enjambres de abejas y de noche el chillido de los grillos…

Andrea era muy bella, así como dicen que son los ángeles, pero tenía un alma traicionera, Odilón era bueno, pero tenía cara de estúpido, como si el sereno le hubiera enmohecido el seso, eran así, ni mas ni menos y para describirlos no existían términos medios.

Una vez llegó de muy lejos una noche salpicada de copechis y arrojando desde el barco de los sueños, la más terrible pesadilla, llegó cansada y oscura –más que otras veces-, las trasparencias sórdidas y negras de su cielo cubrieron tenebrosas al pueblo.

Cuando la oscuridad vistió de luto los aleros colorados y cuando los sapos se habían cansado de llamar a la lluvia y el silencio había vencido al ruido; la sombra sigilosa de Andrea se escabulló entre la brisa y el viento, caminó a paso rápido la calle adoquinada que llevaba al mar, y cuando hubo pasado la última casa, sin mirar hacia atrás corrió y corrió como endiablada hasta que alcanzó a distinguir la luz sonrojada de la casa de Brígida, entonces respiró tranquila, caminó despacio, se acicaló insistente hasta llegar a la puerta que la esperaba abierta de par en par, dio un paso adentro y se la tragó la luz para dejarse envolver por las notas amargas de la vieja gramola, en tanto allá en su cama larga y fría, Odilón con la mirada salada y húmeda se perdía en el sueño.

Al otro día la noche volvió fría y aún mas oscura, mas cómplice de Andrea…
Otro día se volvió cálida y sublime.
Andrea víctima de esas noches sembraba placer en la esperanza de cosechar dinero…

Resulta que una de esas noches, de esas frías y pesadamente maravillosas como la muerte. Andrea como siempre se extravió triste y ambiciosa en aras de sublimizar su ideal, no importaba si en el intento arrastraba a banqueros llegados de otras tierras, policías o ladrones que llegaban unos en persecución de otros y se daban una tregua en Botaira, ella no hacía distingos, parecía haber perdido el amor a la vida pues huía por la puerta de la degeneración y el vicio con la misma ansiedad que Odilón anhelaba convertirla en una reina.

Era tan intensa esa terquedad, que parecía querer insultar a los pordioseros y las putas que pululaban por el camino que se elevaba enfrente de la casa color bermellón, pues nadie había ofrecido ni recibido tan insistentemente tanto placer, su carne parecía no magullarse y el dinero parecía florecer en la palma de su mano o en el cálido monte oscuro de su pubis: el mito de que eran una pareja perfecta empezaba a desmoronarse, ya el chisme corría por los callejones como un secreto a voces…

Odilón mientras tanto ignoraba tan dolorosa verdad, protegido por el escudo de sus sueños no se daba cuenta de su vergüenza, el seguía zambullido en sus ilusiones, como un delfín, perdido en sus anhelos, igual que los pájaros del monte con su plumaje brillante, repleto de colores radiantes. Volaba en el espacio sin miedo hasta el infinito y veía a Andrea desde tan alto,tanto, que no podía apreciar la realidad y eso era bueno, porque esa realidad era la más trágica oportunidad que existía para hacer tolerable el ridículo al que estaba expuesto, así vivía ignorándolo todo.

Andrea se vestía de danzas trágicas y músicas de ensueño con tonos altos que cantaban su mentira.

El pobre Odilón estaba muy lejos de imaginar que el futuro le deparaba un final trágico, pues un día vendría del cielo un pájaro enorme que lo elevaría días de distancia, mas alto que sus fantasías, que le tomaría entre sus garras y cuando estuviera herido de muerte, le soltaría, le dejaría caer hasta estrellarse en el suelo y toparse con la verdad… una noche de un día de esos.

Un sábado de septiembre, sentados a la mesa, Odilón se sorprendió observando detenidamente a Andrea como si hubiera descubierto en su presencia algo diferente, detuvo sus ojos fijamente y notó que ella envejecía con rapidez, como si no le interesara esperar al tiempo –extrañamente él se conservaba joven, igual que siempre-, se dio cuenta de que le empezaban a faltar los dientes y la mirada la tenía opaca como gargajo en tanto sus ropas se veían alegres y su ambición –algo que él no veía-, era infinita. Era como si no lo entendiera o no quisiera averiguar razón alguna, le amaba sin más ni más. De lo que si se dio cuenta fue de que sus pechos se desbordaban incontenibles del sostén, algo que no recordaba haber visto antes, ni en sus mas tímidas fantasía eróticas, notó que se había trasformado al grado de no parecerse en nada al retrato que tenía en el buró, pero eso le agradó, por lo que dibujó en su cara una mueca de malicia y se quedó arriba en su nube, nunca debió de ocurrir, debió mirar fijamente, probablemente habría descubierto algo doloroso, pero para él era mejor no ver hacia abajo, finalmente el secreto de su juventud estaba en su bondad y en las cosas que ignoraba, siempre había tenido conciencia de que las mujeres –como el dinero-, tienen dos caras; una en la que se esconde inevitablemente una gama inmensa de silencios, mientras que la otra, la que todos los hombres vemos, grita a boca abierta sus misterios, por eso es que la verdad de ellas siempre saldrá a flote.

Una madrugada fría y oscura, se oyó el mudo cacareo de las gallinas y el ansioso rumiar de las vacas. Los perros silenciosos se mordían las colas unos a otros y los marranos dejaron de roncar allá en el chiquero, se oscureció de una manera muy intensa; se apagaron las estrellas y la luna se estremeció, como si presintieran lo que estaba por llegar, los olores del corral y los aromas que arrastraba el viento se suspendieron, en su cama Odilón emitió un sollozo –afuera un borracho tarareaba una canción-, no podía acomodarse en la cama, se sentía hueco, como que flotaba, se sentía como cualquier ente de esos que la fantasía popular llevaba y traía tanto por las calles del pueblo, no sabía si era un ángel o un demonio, estaba como en el limbo la cosa es que era o muy bueno o muy tonto, depende…

La puerta se abrió y dio paso a Andrea, las paredes de la habitación se ruborizaron y la cama pujó para sus adentros y no prorrumpir en llanto, pues de todos era sabido que una cama no llora; ahí estaba ella hermosa como siempre, como nadie, radiante con sus dientes perlados y sus ojos tornasol, toda ella resplandecía, curiosamente eso ocurrió solo por un instante, porque repentinamente, de la manera mas absurda se apagó. Sus uñas fueron cayendo una a una, su peluca yacía inerte sobre el respaldo de una silla azul y en un vaso transparente su dentadura sonreía siniestra en tanto su mano izquierda temblorosa colocaba en su estuche los lentes desechables que había comprado con descuento en Chametla o Mazatlán, ya ni se acordaba -para el caso daba lo mismo-, en ese instante fue cuando Odilón la vio; pálida, transparente, carente de todo y corrupta como su propio fantasma, como el espectro de la belleza y de la arrogancia que antes le caracterizaban, extendió la mano sin creerlo, quiso tocarla, extendió la mano inútilmente, jamás concretó su deseo de alcanzarla…

Había abierto los ojos y clamó como en éxtasis;
¿Eres tu? ¿Eres la mujer a quien quiero tanto?
La pesadilla se volvió palpable sin remedio alguno, sin ningún remedio de develó la verdad ya todo estaba muy claro, por fin la vio sin máscaras, se sentó incrédulo bajo las sabanas y una fuerza poderosa lo inundó.

Andrea quiso suplicar de rodillas pero su alma se inflamó de orgullo, el pueblo se quedó callado repentinamente en la esperanza de escuchar sus sollozos, solo se escuchó un;
–¿¡Porque!?“ que sonó como un alarido, también se escuchó el estallido de una bala que atravesó el espacio y súbitamente se alojó en el corazón de la mujer partiéndolo en dos, ella cerró sus ojos cansados para siempre, nunca más volverían a derramar otra lágrima.

Aquel amor como pocos moría súbitamente y quedó tirado junto a Andrea a los pies de la cama, también desnudo e impotente, arrastrándose como en un lodazal…

viernes, 29 de enero de 2010


Brisa Silva.

La primera vez que supe de ella, fue porque Esthela mi sobrina me mostró un video en el “youtube”.

Fue en el marco del 379 aniversario de la fundación de Chametla en el cuarto día de los festejos, cuando el pueblo Totorame le dio un reconocimiento a su trayectoria; cuando pude sentir su frescura.

Una brisa suave y nívea, una brisa fresca y hermosa, sencilla como la gente del pueblo, como si no se hubiera marchado nunca a Europa, o como si no hubiera recibido reconocimientos en África…

Brisa, no cabe duda, es del pueblo, y eso es lo que la hace grande, porque sin poses ni diferencias se pasó minutos eternos dando firmas a los alumnos de la escuela que la vio caminar por esas aulas, y ahí en la cancha que la vio crecer, en donde le devolvían los balones las mujeres hartas de verla encestar todos los días, en donde le gritaban porras los que la veían a través de la puerta del billar, en donde soñó con ser grande… ahí mismo, en esa misma cancha, recibió el homenaje que la distinguió como la consentida de Chametla. La ovación infinita y de pie, hicieron aflorar sus lágrimas, de esas sinceras y amorosas que manifestaban su amor por esta tierra.

Así la conocí, así es como pude cruzar palabra con ella y me concedió el honor de una foto junto a mi hija, y yo me concedo el honor de ponerla en este blog, para que los paisanos Chametlecos la recuerden, y desde allá de cualquier lugar extranjero en donde también luchan por sobresalir y poner en alto el nombre de nuestro pueblo, se animen y vean que cuando se quiere, nada es imposible, y que se puede soñar alto sin caerse, manteniendo los pies en el suelo, porque hay que ver a Brisa, es eso lo que la hace grande…

¡GRACIAS BRISA POR SER EL HONOR DE CHAMETLA Y EL ORGULLO DE SU GENTE… GRACIAS!

479 aniversario de CHAMETLA


Un fragmento del texto leído por Tonaltzin en el evento de clausura del festival


“Era día de gran fiesta, los danzantes matachines, la pascola y la norteña danza del venado eran apreciadas por los pobladores, mientras que el peyote y el tejuino, circulaban al por mayor, dicen que en el centro de la gran Chiametlan en el lugar donde actualmente esta la plaza principal, había una enorme pila de cantera en donde se bañaban los paseantes para mitigar el calor, y que ahí en esa gran pila, se habían ahogado muchos visitantes por el efecto de las parrandas que acostumbraban en esas festividades y esa ocasión no fue la excepción, los visitantes del señorío que se trasladaban de lugares distantes, eran atendidos por los lugareños y los agasajaban con potzol, tixtihuil, y agua de chia. Muy temprano por las calles sonaban los tambores, los cuernos y las grandiosas caracolas.

(hoy en día, los totorames continúan agasajando a los visitantes con platillos ancestrales, sirviendo tamales de frijoles o atole de maíz tostado, por las fechas mismas de tal festejo).”



“Algo esta pasando con los descendientes de Tonalli, pues tal vez es mas fuerte el “jalón” de la tierra, porque nos esta llamando -y el llamado de la sangre es fuerte-, con todas sus mezclas y penas, la casta totorame lucha por sobrevivir, pues se habrán acabado los chivicoyos y puede que los descendientes de Tonalli no conozcan las semillas de la chia y en vez de chia en su cabeza actualmente usen sombrero o rebozos, y tal vez habrán arrancado sus ramas y cortado sus frutos, pero olvidaron sacar sus raíces y mientras sus ombligos permanezcan en esta tierra santa, habrá esperanzas, porque aquellas raíces viven y pugnan por salir, y un día emergerán a esta ciudad que nuestros hijos verán renacer con un resplandor distinto y se levantara sobre sus cenizas como un ave fantástica, y la descendencia de Tonalli, la poblará por siempre y conservara su nombre por siempre y tendrá sus cimientos sobre los miles de piezas arqueológicas que aun permanecen dormidas bajo el manto terrestre y las decenas de pirámides que forjaron la industria y el porvenir del pueblo totorame que se niega a morir... y Chiametlan no morirá del todo, nunca jamás. “

jueves, 21 de enero de 2010

TOÑITO EL FOTOGRÁFO...

Toñito el fotógrafo.

Toñito, así es como lo llamábamos, porque tomaba fotos y pintaba y sonreía…

Cuando fungía como director del archivo histórico y municipal de este municipio, me invitaron a participar en una exposición pictórica colectiva y me pidieron recomendara a alguien, me vino a la mente Toñito el fotógrafo, así como lo recordaba de siempre; con sus lentes de aumento infinito, su sonrisa enorme y tierna, su diminuta presencia y su gigantesco aprecio por mi: ¡Tuve el honor!

Ahora que se encuentra ausente. Cuando su presencia se convirtió en ausencia y cuando su recuerdo se quiere convertir en olvido, quiero escribir lo que ahora escribo, porque él no se debe de ir del todo, debe volverse perenne como el ave fénix. Como el pasto, como las estrellas…

Perenne para que siga iluminando el pensamiento de quienes le sobrevivimos y cuando le alcancemos en la tierra del jamás, las generaciones que vienen le conozcan.

Antes de morir me buscó en Chametla para invitarme a su casa, ahí pude apreciar una vez mas el cuadro del azteca y uno que otro garabato artístico, pero la razón de que me buscara fue mostrarme una foto que tomó de mi, de los tiempos de mi infancia; de cuando recitaba en todos lados aquella historia del huérfano de madre.

Me conmovió en verdad verme arrodillado y recordar a aquel público en suspenso, me conmovió en verdad ver plasmado ahí ese dulce recuerdo de lágrimas y aplausos, me conmovió que guardara en la luna de su espejo la foto de ese ayer tan placentero.

Le agradecí por el recuerdo y me fui de ahí llevándome su promesa; esa, la de que podía reclamar la foto cuando él ya no estuviera, sin embargo no lo he hecho, porque si el papel me sobrevive, se quedará en esta tierra –aunque quisiera tenerlo-. Lo que si me llevo conmigo y para siempre, es la admiración que en ese momento me manifestó y el maravilloso detalle de conservar por treinta y cinco años aquella fotografía…

La puta Brígida (Fragmento de "Muerte en Botaira"

Botaira es uno de esos pueblos mágicos donde la gente siempre espera que ocurra lo inesperado, donde se mezclan las creencias religiosas con la fe en entes mitológicos, donde se es capaz de pedir un milagro a la virgen de Guadalupe y rogarle al hado mágico de la buena leche para que se haga realidad…
Donde tienen sus propios Dioses, donde se fabrican sus propios mitos.
Botaira está ubicado en la zona sur de la costa sinaloense, con sus calles adoquinadas y sus fuentes de cantera, se localiza a unos metros del mar a las faldas del cerro de barro negro, justo a su derecha (tomando en consideración el rumbo hacia la playa), hay un lago mitológico en cuyas aguas se mecen los duendes del mal y se arrullan las hadas de los mitotes, es un lago agradable, profundo y siniestro donde conviven las fantasías de los lugareños y mueren las ilusiones de los corazones románticos...
Al terminar el pueblo, camino a la playa; hay una casa de color bermellón con un foco rojo encendido en la puerta principal, la casa está ubicada a las afueras, precisamente antes del sitio donde se eleva el camino rojo que va a Sabaiba, es esa la casa del deshonor y la vergüenza, en la habitación principal descansa plácidamente doña Brígida la puta mas fea de la región, pero la única de Botaira (hasta donde se sabe), ella es una mujer alta y fornida que carga sobre sus espaldas el peso de todas las penas de los Botairenses, es una mujer ruin y traicionera, degenerada y vil como la que más, pero con todo y eso no deja de ser la mas asediada de la región, dicen que por la particularidad de sus prácticas sexuales, una enorme y fea mujer, que no sabe amar, pero que una vez entregó su corazón a un hombre aunque su cuerpo a una legión de marineros… y a una de soldados, en fin; dicen que también a todos los esposos de las mujeres de Botaira.

CHAMETLA DECEMBRINA

Era diciembre, el recuerdo que tengo tan bien grabado de las fiestas en Chametla es hermoso, no solo porque la música era de verdad y era viva, ni porque la gente se divertía y se sentía el corazón de la celebración navideña, tampoco porque había una diversión mas sana, ni porque lucían mejor, mucho menos porque duraban casi una semana y eran el centro de atracción de toda la comarca… no es por eso que las recuerdo con tanto amor y gratitud, las llevo en mi corazón solo por un detalle: Mi primer trabajo

Era diciembre, recuerdo con claridad las luces de los faroles de la plaza, el pequeño kiosco rebosante de niños que subían y bajaban persiguiéndose llenos de risa y de contento, las abuelas del brazo de las nietas en edad de salir a dar vuelta, el aroma de los churros, el olor acanelado del atole calientito, los señores comentando las corridas y carreras, las señoras preguntando por el precio de los juguetes para el “amanezque” de los niños, -ahí entro yo en acción-:
-A quince pesos doña.
-Dame dos pero me los envuelves bien aunque sea con papel periódico pa que no los vean los niños…

Yo; cómplice del niño Dios, ¡que tristeza, que dolor tan enorme y que alegría tan infinita la de saberme sabedor de la realidad y trabajar para que los sueños de mis hermanos se cumplan!

Así es; yo ahí en un costado de la plazuela junto un tenderete de juguetes de todo tipo, trompos, yoyos, tiradores, carritos de lámina, muñecos de plástico, helicópteros de fricción, y un enorme surtido de fantasías infantiles, con un foco colgado de un mecate pasando por encima nuestro y los animalejos de la luz revoloteando por nuestras cabezas, a un lado y con la caja del dinero, la que cobraba y confirmaba precios o mejoraba ofertas, la patrona, la que me enseñó vender juguetes para ganar los míos y los de mis hermanos, la que llenó de ilusiones mi niñez, la que me dio ánimos para creer en el niño Dios, aunque yo vendiera los juguetes, la que me abrió los ojos para que sintiera en mi cara la realidad dura pero hermosa, la realidad de tener que sufrir para merecer,…

En Chametla trabajé varios años de mi infancia, y al final de la temporada, la patrona me regalaba algo de ropa y algún juguete, aparte de mi sueldo, con el que yo conseguía los regalos a un precio mejor.

Era diciembre, esa navidad mi mamá nos había mandado a todos desde temprano a la casa de mi abuela allá en Chametla para esperar las fiestas.

Yo en el puesto de juguetes, y el carro de Quirino vomitando gente llegada de mi pueblo, ahí venían los vecinos a hacerme consumo, y con ellos una noticia que confirmó la divinidad del niño Dios, una mujer me dijo:

-A tu mamá ya le amaneció, una muñequita de carne y hueso,

Yo; loco de alegría, saltando, abrazando a mis hermanos gritando de locos, sabedores de la noticia, al otro día habríamos de madrugar de regreso al pueblo para conocer a la muñeca con la piel del color de la canela y los ojos verde mar cuando el mar se ve verde, una muñeca de carne a la que llamamos Liliana y que el niño Dios nos trajo un 24 de diciembre…

Era diciembre y lo recuerdo con placer, con emoción y con gratitud.

Gratitud a la vida al niño Dios y a Chametla que me permitío trabajar por vez primera y me dió la oportunidad de aprender a crecer...

"El hubiera si existe" (Fragmento)

Botaira de mis ilusiones
Fragmento de “El hubiera si existe”
Martín se sentó a la sombra de un inmenso sauce, levantó la mirada y le pareció verlo llorar, luego se llamó tonto a si mismo por hacer uso excesivo de la imaginación y sonrió divertido, de allá de arriba también le veían; las driadas de los árboles cuchicheaban con las ninfas del lago y moviendo sus alitas se trasladaban de un lado a otro del sauce, éste se agitaba y sus ramas caídas parecían cobrar vida ante el embrujo de aquellos diminutos y translucidos entes que reían divertidos. Martín se acomodó en el tronco del árbol y aspiró el aroma del campo y sus pulmones se llenaron de sabor a tierra mojada, estiró los pies y hasta entonces se dio cuenta de que estaba casi descalzo, luego puso atención y vio que la pierna la tenía morada, casi azul, recordó que la noche anterior le había mordido un perro y sintió coraje y se arrepintió de haber dejado a su madre a solas son su padre a sabiendas que ella no podía ayudarle mucho, pero se consoló diciéndose a si mismo que se merecía ese descanso y que por un día que les dejara solos, no pasaría nada grave, se vio animado a levantarse y regresar a casa pero pudo mas la tentación, quiso levantarse a lavar su pierna pero pudo mas la flojera, además ni le dolía, ya lo haría mas tarde, vio a sus amigos despojarse de la ropa divertidos y arrojarse al agua fría del lago, recordó que era un lago tranquilo y agradable, pero también era un lago profundo y traicionero, casi nadie se arriesgaba a nadar en él, al menos casi nadie, pues tenía mala fama; aparte del mito de los lagartos que se comían a la gente, el lago había sido testigo de muchas muertes, entre las que se contaba la de Ossiel quien intentó cruzarlo prendido de la cola de una vaca y al ser pateado por el animal justo a la mitad del lago se soltó para hundirse inevitablemente en la negrura de sus aguas y no fue hasta los dos días cuando un parroquiano de los que se habían organizado para buscarle, tropezó con él en las aguas profundas y lodosas. Aquel recuerdo le conmovió, con la mirada fija, como perdida; estiró la mano hasta localizar a tientas la botella de tequila, la destapó sin ninguna prisa y le dio un trago, sintió el caliente líquido resbalar por su garganta y un agradable ardor le provocó una tos que a él le pareció placentera, poco a poco el tequila fue recorriendo sus intestinos hasta alojarse en un estómago desprevenido que se sobresaltó al contacto con aquel líquido pesado y transparente, colocó instintivamente su mano sobre el vientre y eructó con satisfacción, los párpados se le cerraban del sueño y cerró los ojos, se acurrucó junto a una piedra y se quedó quieto escuchando los ruidos del silencio y las risas de sus amigos, trató inútilmente de dormir pero se dio cuenta de que desperdiciaría una tarde maravillosa, todavía caían algunas gotas de lluvia, las últimas. De repente sintió un aguijonazo en el tobillo, emitió un grito de asombro y se levantó de un salto directo al lago a lavarse, creyó que era un aviso, ya después con calma le preguntaría al médico del pueblo si era necesaria alguna pomada o si tendría que tomar algo, pero no era tan grave, ahora era el momento de disfrutar con sus amigos, se lavaría y jugaría un rato con ellos en el lago, después; habría que ver…
Al contacto del agua con su cuerpo se estremeció voluptuoso, un ardor incitante penetró por la herida y subió por su pierna hasta el más recóndito nervio de placer, como si le agradara el dolor, tal vez eso era, se dio cuenta de que le gustaba sufrir, de que casi siempre que quería obtener algo, debía pagar con dolor y humillación, aquello en vez de molestarle, parecía agradarle cada vez más, sería porque así creció, atormentado y carente de todo hasta de lo menos esencial, porque en su familia así lo habían criado, acostumbrado a sufrir para merecer, desde que su padre aquella noche le había prohibido hablar de lo que le hizo, diciéndole que tenía que suceder y que así sería siempre que quisiera tener algo, desde esa noche en que su padre le explicó con palabras altisonantes pero al oído; que se aguantara, que aunque le doliera, no dijera nada y que más le valía callar, desde esa noche en que fue agredido de esa manera tan vil y tan violenta. Si Martín no hubiera sido un escéptico, y hubiera tenido fe, se hubiera encomendado por lo menos al ángel de la buenaventura, porque –él no se dio cuenta pero, junto a él, a su derecha, estaba parada el hada de la honradez y la decencia haciendo muecas y retorciéndose para no vomitar ante acción tan abominable y ruin, la pobre hada no se explicaba como era posible que un padre fuera capaz de acabar con tal impunidad con algo tan venerable como la relación entre un padre y su hijo, y sin poder evitarlo, por mas que se concentró para que eso no ocurriera, le dio un síncope por el coraje de no poder hacer nada, porque el maldito la agarró desprevenida, cuando despertó y el infeliz había dado por terminada aquella baja acción, ella quiso enmendar la falta de ayuda al muchacho por lo que envió una señal a su cerebro por medio de un pase mágico y con él, un encantamiento que si no servía para curarlo, por lo menos iba a servir para que lo viera por el lado amable; “Que aquello que tu padre hizo con tu cuerpo entero, se convierta para ti en algo placentero”, de ese modo aunque lo ignorara, surgió la razón por la que a él, aunque le parecía injusto lo que su padre hizo, no dejaba de gustarle, por lo menos en ese sentido el hada se sentía satisfecha, porque le estaba evitando el dolor y el rencor, y volvió digerible y hasta agradable. La serie de violaciones que sufrió prosecusivamente… desde esa noche en que aprendió a no decir nada y soportar con resignación cualquier sufrimiento, siempre y cuando al final obtuviera un premio por su sacrificio…

sábado, 16 de enero de 2010

Merceditas la de Loño, Loño, y el tesoro del cerro de la canoa.

Merceditas la de Loño, Loño, y el tesoro del cerro de la canoa.

Era costumbre nuestra llegar a la salida de la escuela a visitar a este par de viejitos tan amables algunos compañeros de grupo y yo, para ver que se ofrecía y poder echarles la mano en lo que se pudiera, tuve la suerte de que vivieran enfrente de donde vivía yo con mi abuela María Barrón, así es que estaba mas al pendiente de ellos.

Entrar a su patio era como entrar en una dimensión desconocida, ahí me sentía como en una selva lejana y extraña, la casa de palma que les servía de habitación, estaba llena de trebejos que irremediablemente me remitía al caos, pero me parecía fascinante…

Adentro olía a humedad, a viejo y a misterio, Merceditas –que era como la llamábamos de cariño-, era la imagen viva de una mujer poseedora de poderes mágicos y llena de conocimientos ocultos, sin embargo el que sabía de más era Loño -de él nunca supe su nombre-, eran como dos cajas de Pandora pero llenas no de males, sino de cosas arcanas…

Una de esas veces, cuando ya habíamos ganado su confianza y en la creencia de que la muerte con seguridad estaría cerca, Loño quiso legarnos un secreto.

Todos nos miramos con ojos de circunstancia y de complicidad, lo rodeamos al instante, y pusimos toda nuestra atención a las palabras que salían quedamente de su boca.

-En el cerro de la canoa…
-Ey! ¿Cuál es el cerro de la canoa?
-El cerro de la canoa es el que está entrando a Chametla, del lado izquierdo…
-¡Pero nadie lo conoce por ese nombre! Como sabe¡? Porque lo llama así? Hablábamos casi al unísono, verdaderamente interesados en lo que nos decía el viejo Loño-.
-Es que no se han fijado, pero si ponen atención, se van a dar cuenta de que tiene la forma de una canoa acostada boca abajo…
-Todos nos vimos con una sonrisa de asentimiento y estuvimos de acuerdo en que era verdad; si parecía una canoa boca abajo.
-Pos ahí, -siguió diciendo- si ustedes entran por los trancos largos, van a ver una piedra deste tamaño –y nos mostró el bulto con las manos-, se paran viendo pa onde se mete el sol y cuentan cuarenta y dos pasos a la derecha, entonces vana chocar con un árbol de tecomate que pusieron ahí por señal, porque en el cerro no hay de esos árboles… Todos escuchábamos boquiabiertos, sin un solo parpadeo, y con la mirada atenta para no perder detalle-.
Entonces voltean pa onde se pone el sol, otra vez y entonces caminan unce pasos pa delante, y ahí está una piedra con forma de corazón; la quitan y escarban, se van a encontrar un cajón con un montón de monedas y cosas de oro, si lo encuentran; es pa ustedes…
-¿de vereras? ¿en serio?, y porque no lo saca usted!? De quien era?!
-Lo dejaron ahí unos ladrones, pero se mataron entre todos por él, y los dueños verdaderos ya se murieron todos, asi es que no tiene dueño…

No lo podíamos creer! Éramos casi dueños de un tesoro de verdad! Nomás era cuestión de ponernos de acuerdo. Estuvimos ahí un buen rato, como casi diario, hasta que empezamos a sentir que era la hora de marcharnos y nos despedimos, pero en cuanto pisamos la calle, el tema salió a relucir, hicimos mil planes que no se concretaron nunca, aunque casi nadie mostró interés en ese momento, no se si para no despertar sospechas o porque realimente a nadie le interesaba, no supe si alguno de ellos se atrevió a ir en busca del tesoro sin invitarme, pues ya me habían “traicionado” antes, simplemente nadie tocó el tema, una vez más, y así fue pasando al olvido…

Al olvido entre comillas, porque yo todavía me acuerdo, y si ese tesoro está ahí, pues; creo que ahí va a permanecer por siempre, porque a mi no me interesa aunque no deja de interesarme, por el momento prefiero que se quede un tiempo más, en memoria de los gratos momentos que compartimos con Loño y su esposa Merceditas.

viernes, 4 de diciembre de 2009

"Cuento en tres tiempos"

“Cuento en tres tiempos”.

1
A ver, ¡Espérate!, ¡No te muevas!
¿Porqué no te gusta bañarte?
Déjame acariciarte con la espuma, sentirte todo y que mis manos se llenen de ti, pa no tener que imaginarte a cada rato en todas partes, pa sentirte entre mis dedos como si fueras mi mugre y tocarte sin tenerte cerca. ¡No te muevas!

Paula cumplió cuarenta y seis años cuando le dio el primer ataque de locura, fue al quinto día después de la muerte de Tingo, a partir de ese día fue cuando perdió la noción del tiempo.
Aquella tarde bendita de su vida pudo verse en las aguas de la vieja fuente del patio y sintió mucho de disfrutarse antes de perderse definitivamente en los recovecos interminables de la inconsciencia, pudo ver su cara redonda y sus extraños ojos de azul tranquilo que parecían llenarla de luz, sonrió de alegría cuando vio sus pecas, y su dentadura emitió los últimos destellos de blancura, porque a partir de entonces también se perdería en aras del abandono y se dejaría cubrir por al amargo sabor del desaseo. Aquella imagen de trenzas y chapeada, de rebosante madurez habría de quedar grabada para siempre en algún rincón de su memoria y no se desprendería jamás de ahí, ni con la muerte; porque así lo decidió antes de volverse loca, así se recordaría por siempre.
Se levantó del borde de la fuente y empezó a caminar lentamente hacia afuera de la casa, luego recorrió las calles vacías, pudo escuchar el incesante ruido del viento que pasaba arrastrando los recuerdos, borrando huellas y arrastrando “ayes”…

Paula no se daba cuenta, el pueblo desierto parecía reírse de su dicha, las casas gorjeaban como palomas cluecas a través de las puertas y la miraban por las ventanas con ojos de zopilote.





2
Mira, voy a decirte; me enamoré de ti desde el día que llegaste, con nadie había sentido lo que sentí contigo, me estaba volviendo loca porque nunca me decías que te gustaba, desde entonces te amé, es más; creo que te amo mas que a mi vida.Desde la última vez que Tingo se bañó habían pasado nueve semanas.
El día que Paula entró a su cuarto arrastrando los años y su antiguo humor, alcanzó a ver flotando el olor a tierra que se escabullía en silencio entre la oscuridad pesada y húmeda de las paredes, se acercó silenciosa sorteando con agilidad cansada los caracoles que Tingo “guardaba” en el piso del cuarto y le hablaba en susurros como si tuviera miedo de despertarlo.
-Que ya son la once Tingo, ¡Por Dios levántate!
Y Tingo seguía allí inmóvil, la voz de Paula sonaba hueca, en momentos parecía como si se desvaneciera en un eco interminable a través de los muros carcomidos.
Arrastrando su futuro se paseó a lo largo del parque que estaba frente a la capilla de Guadalupe y sin dudar llegó a la puerta grande que la llevaría al deshabitado convento, anduvo a paso lento mirando con detenimiento cada una de las celdas como escogiendo una, al fin decidió quedarse en la que alguna vez vivió Sor patricia y ahí se quedó sentada en el catre frío y vacío, mirando mas allá de la ventana, pareció que su mirada se perdía en el infinito de aquel día tan importante, por un momento su boca esbozó una ligera sonrisa pues se estaba recordando tal y como se vio en la fuente y así se quedó encerrada, recordándose.

3
Eres como un sol, un pedazo de estrella que Dios mandó a mi lado para deslumbrarme y yo me cegué por tu amor, al principio pensé que yo era la estrella esa que enloquecía, pero no, porque a mi me llegó el amor cuando apareciste en mi vida; con tus ojos de agua embravecida por un agitar de vientos y esa boca de rojo intenso como sangre…

Ahí se quedó encerrada y en silencio, sin comer nada durante los dos primeros días hasta que el instinto la acorraló y la sacó a empujones y la aventó al lodazal del chiquero.
Se levantó y fue directo a un árbol de papayas, acosada todavía por el insistente arreo del instinto, como pudo bajó una papaya que con gusto sádico estrelló en el suelo para desparramarse en mil pedazos, luego hundió su cara reseca en el trozo mas grande y lo tuvo que compartir con los marranos que todavía sobrevivían; esa fue su primer comida, su primer locura.
-Tingo-, dijo otra vez y lo movió suavemente del hombro, fue entonces cuando las moscas empezaron a volar en semicírculo alrededor del ombligo con un zigzaguear eterno que aturdía los oídos de Paula.
Un estremecimiento empezó a poseerla. Con la boca entreabierta y los ojos a punto de salir huyendo de sus cuencas, levantó lentamente la mano derecha haciendo la señal de la cruz; fue como un aviso, porque las moscas salieron en enjambre del estómago de Tingo, era una nube inmensa que empezó a llenar el cuarto hasta rebozarlo y empezar a salir por la puerta entreabierta y las rendijas de la ventana. Paula tuvo que cubrirse con una sabana porque hasta entonces -como si con el incesante aleteo hubiera despertado el mal olor-, empezó a sentirlo y las moscas y las moscas seguían saliendo del hueco de la panza de Tingo y fueron rebozando las calles y las casas de todo Botaira y fueron desperdigando por todos lados el olor a difunto.

Los días empezaron a pasar en blanco para Paula dentro del oscuro cuarto del convento, o en el patio o el chiquero; todo era monótono y absurdo. El inconsciente la movía de acá para allá en busca de nada y encontrando todo, como a un títere, como a una marioneta que de noche se entregaba al eterno dolor de los recuerdos y de día al constante revivir de su pasado.
Veinte años son una eternidad cuando se pasan en el limbo de la inconsciencia, cuando no hay tiempo ni espacio, ni dimensión alguna. Las canas cubrían su cabeza y la falta de dientes había transformado aquella boca en un horrendo hueco de sabor amargo…

4
Ese día estaba sentada junto al corral viendo como se amontonaban las vacas, entre los mozos me pareció verte a ti y estiré el pescuezo…
De repente oí una voz gruesa como trueno que me acarició la espalda, eras tu, pero no sabía si eras de a deveras, porque con eso de que te imaginaba en todas partes; a veces hasta te sentía.

Las madres tuvieron que salir huyendo del pueblo tratando de esconder a sus hijos de la pestilencia y ni así se la pudieron quitar de encima, los hombres se quedaron a prender boñigas de vaca en los patios y los corredores para matarla, pero por más que le hacían, no podían deshacerse de ella, el Cora se pasó cuatro días con sus noches rezando al ánima de los vientos para que viniera y se la llevara, pero tampoco pasaba nada, hasta que al quinto día cuando no había quien rezara a nadie, el olor a muerto comenzó a desaparecer poquito a poquito como si se burlara de todos y de repente; como después de una tormenta el pueblo amaneció transparente y fresco con una brisa que desde hacía mucho tiempo no soplaba y fue colándose a través de todas partes purificando todo y ésta fue la brisa que sorprendió a Aurora en el catre del corredor donde se había dormido con el abanico sobre la cara, salió a la calle para que el sol le diera libremente y gritar a todo pulmón la buena nueva, pero cuando se vio parada en medio de la calle con los brazos abiertos, sintió en la espalda el golpe terrible de la soledad.

5
Tu eres todo para mi, por eso estoy contigo, por olvidar a todos los hombres que he conocido, porque trato de matarlos en la distancia, haciendo crujir los huesos de sus cuerpos y acabar con ellos para no tener a nadie quien extrañar y para entregarme a ti por completo.
Estaba sola, ahora el pueblo era el que se había quedado muerto, ya no se oía ni el cacareo de las gallinas ni el mugir de las vacas, por eso fue que se sentó en la banqueta y se tragó en silencio esa alegría para luego empezar a tratar de digerir su miedo, estaba sola en el pueblo, Tingo se había muerto y se había llevado consigo a todos los habitantes de Botaira, no quedaba otra alma, ella sola no sabría que hacer con tanta dicha y con tanta amargura y se le ocurrió que lo mejor era volverse loca, asi fue como se volvió loca.

6
Habían pasado los años y la cabeza de Paula empezaba a adquirir mas plenamente el tono plateado que ella tanto le gustaba, sin embargo no lo apreciaba, vivía nomás recordando el momento angustioso de la nada, en su mente no cabían razones, no tuvo tiempo para pensar, estaba sumida en la inconsciencia. Solo dormida le volvía el entendimiento, era como si así viviera; despierta vagaba intranquila en los brazos del olvido, mientras los días se sucedían en derredor suyo como noches apacibles de sueños serenos y sus noches se transformaban en días de amargas pesadillas.
Tingo se bajó lentamente el pantalón, sentía que le dolía la vergüenza y la hombría, frente a él permanecía le cuerpo de aurora retorciéndose de mil placeres, sus manos acariciaban de un modo casi salvaje los senos erectos y tensos cubiertos del agrio sabor del deseo, se estremecía a cada movimiento y sus ojos en blanco parecían perderse tratando de gritar en mil idiomas la pasión que los quemaba. Su estómago brillante reflejaba cientos de caprichos cumplidos que ansiaba desde tanto tiempo y sus labios dejaban escapar de vez en cuando algún sensual lamento, él la observaba indeciso, desnudo, ardiente también de deseo.


7
Paula abrió lentamente los ojos.
Tingo permanecía frente a ella, podía sentir su aliento de azufre y el olor a cianuro de sus sobacos. Se incorporó lentamente, él sonrió y dio la media vuelta, ella apreció su espalda morena, sus marcados hombros y sus nalgas.
Se levantó y quiso tocarlo, mientras él caminaba lentamente hacia el umbral de la celda, Paula lo seguía en silencio a pausas hasta que ambos desaparecieron absorbidos por la luz del sol…
Así se había quedado dormida, desnuda, saboreando los recuerdos. El corazón empezó a latirle aceleradamente, la respiración se volvía dificultosa y sus labios solo alcanzaron a pronunciar un nombre.


A sus sesenta y seis años, hundida en la soledad y perdida en la memoria, Aurora tuvo su último orgasmo, dejó escapar el espíritu que voló raudo junto al del hombre que mas amó y así se fueron con la oscuridad rumbo al cielo.
Su cuerpo empezó a descomponerse con el paso de los días, las moscas habían vuelto; era tiempo de otro festín.