Botaira es uno de esos pueblos mágicos donde la gente siempre espera que ocurra lo inesperado, donde se mezclan las creencias religiosas con la fe en entes mitológicos, donde se es capaz de pedir un milagro a la virgen de Guadalupe y rogarle al hado mágico de la buena leche para que se haga realidad. Donde tienen sus propios Dioses, donde se fabrican sus propios mitos. Botaira está ubicado en la zona sur de la costa sinaloense, con sus calles adoquinadas y sus fuentes de cantera, se localiza a unos metros del mar a las faldas del cerro de barro negro, justo a su derecha (tomando en consideración el rumbo hacia la playa), hay un lago mitológico en cuyas aguas se mecen los duendes del mal y se arrullan las hadas de los mitotes, es un lago agradable, profundo y siniestro donde conviven las fantasías de los lugareños y mueren las ilusiones de los corazones románticos... Al terminar el pueblo, camino a la playa; hay una casa de color bermellón con un foco rojo encendido en la puerta principal, la casa está ubicada a las afueras, precisamente antes del sitio donde se eleva el camino rojo que va a Sabaiba, es esa la casa del deshonor y la vergüenza, en la habitación principal descansa plácidamente doña Brígida la puta mas fea de la región, pero la única de Botaira (hasta donde se sabe), ella es una mujer alta y fornida que carga sobre sus espaldas el peso de todas las penas de los Botairenses, es una mujer ruin y traicionera, degenerada y vil como la que más, pero con todo y eso no deja de ser la mas asediada de la región, dicen que por la particularidad de sus prácticas sexuales, una enorme y fea mujer, que no sabe amar, pero que una vez entregó su corazón a un hombre aunque su cuerpo a una legión de marineros… y a una de soldados, en fin; dicen que también a todos los esposos de las mujeres de Botaira. Brígida duerme después de una faena realmente religiosa y desgastante en la que los protagonistas fueron el cura y el sacristán…
MI NOMBRE ES FERNANDO BARRAZA Y DEBO CONFESAR QUE MI OBSESIÓN POR CHAMETLA. POR SU HISTORIA, POR SUS LEYENDAS, POR SUS SIETE CUEVAS, POR SU MAR, SU RÍO Y SU TODO, ME HAN LLEVADO A INVENTAR UN PUEBLO, DONDE DEBÍ DE HABER NACIDO; "BOTAIRA", AHI CONFLUYEN MIS SUEÑOS Y MIS REALIDADES, PERO MIENTRAS ESE LUGAR NO EXISTA, SI ME LO PERMITEN; YO SOY DE CHAMETLA.
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jueves, 6 de diciembre de 2012
martes, 15 de junio de 2010
EL LICHI
¡Ah que loco estaba el Lichi! ¡Y como me caía bien! Es que despertaba en mi, mucha ternura, porque he conocido borrachos que abusan sexualmente de sus propias hijas, que golpean a su esposas y que aborrecen a sus hijos, pero no conocí a otro como el Lichi, es que el Lichi era especial, entretenido, juguetón, dicharachero y “saurino” (esa palabra no existe en el diccionario, pero mi abuela la usaba para referirse a los adivinos, profetas o entes similares…), yo sabía de él, lo que él mismo me contaba a la pasada por la casa de mi abuela, cuando llegaba a pedir un taco, no le hace que fuera “con pura carne” –decía-, y ahí se entretenía conversando largamente, casi siempre cuando iba con rumbo al centro -por decirlo así-, de Chametla o parriba como se dice allá, y cuando regresaba pabajo a dormir, y siempre con el litro de vino de ese que es más alcohol que otra cosa, del de a diez pesos.
Por eso supe que en las noches cuando se le hacía tarde era porque se había escondido en cualquier esquina para que no lo atropellara la carreta de la muerte, ni lo mordieran los perros que la perseguían, cuando casi nos dormíamos lo escuchábamos saludarnos desde la banqueta; Adiós Madía Badón, adiós a todos, desde adentro contestábamos a su saludo y nos sentíamos mas tranquilos porque lo sabíamos de vuelta a su colchón. Oíamos sus predicciones conforme avanzaba diciendo que al otro día habría muerto porque había pasado la dichosa carreta de la muerte, y seguía platicando con nosotros hasta que su voz se convertía en un leve murmullo, y en efecto; al otro día había un muerto… el cuero se me ponía chinito.
Me dijo que dormía en “pudo espin”, y hacía señales de rebote con la mano yo reía de imaginarlo en un colchón, pensando que a eso se refería, pero él hablaba de los resortes, de los alambres con los que a veces se cortaba al darse vuelta porque nomás tenía una cobija y la usaba para taparse, nunca supe si dormía bajo techo o algún árbol, solo supe que vivía por allá del lado del estadio, me platicó que casi todos los días cuando regresaba tarde era porque había visto a fulana caminando por los alambres de la luz o a mengana volando en su escoba, y yo me asustaba, porque conocía a ambas, me asustaba especialmente cuando me decía que alguna se había caído y por pura méndiga casualidad amanecía con la mano entablillada o las rodillas raspadas, ¡Santo cielo!
El Lichi era del Apoderado y pariente de mi abuela María barrón, por eso se portaba conmiserativa con él y yo le tenía aprecio por su conversación tan descabellada y seria, lo mismo que divertida y sabia, tampoco pude compartir su últimos días, mi trabajo lejos me prohibió despedirme de muchos amigos entrañables, pero allá donde estaba de gira o en alguna filmación, me llegaban las noticias de mi gente de Chametla, y así me enteré de su partida, por supuesto, me dolió, porque borrachos como él he conocido pocos y hasta pienso que si todos fueran como él, hasta yo fuera alcohólico, pero por Dios que como él no los hay, y me da pánico serlo, son muy pocos los amables, sin rencores y graciosos, son contados los simpáticos cuenteros y agradables, de esos era él, de los buenos y nada latoso, ahora cuando visito Chametla y lo extraño, no puedo evitar sonreír ante sus ocurrencias y su buen humor ante la desgracia que él mismo se provocó por su alcoholismo, dentro de la cual –supongo-, era feliz, o no le quedó de otra mas que fingir que lo era…
Se murió el Lichi y lo extraño cuando visito la calle que lo vio caminar y respiro el aire que respiró cuando vivía, recorro su ruta y respiro el aire de Chametla con la nostalgia atravesando mi pecho y sonrío, porque mi querido Lichi dejó su esencia y no lo olvido, porque no es fácil olvidar a quien se aprecia, y en verdad que lo quise mucho, por loco y porque era de esos borrachos que no hacían daño, era especial, era de los buenos…
Por eso supe que en las noches cuando se le hacía tarde era porque se había escondido en cualquier esquina para que no lo atropellara la carreta de la muerte, ni lo mordieran los perros que la perseguían, cuando casi nos dormíamos lo escuchábamos saludarnos desde la banqueta; Adiós Madía Badón, adiós a todos, desde adentro contestábamos a su saludo y nos sentíamos mas tranquilos porque lo sabíamos de vuelta a su colchón. Oíamos sus predicciones conforme avanzaba diciendo que al otro día habría muerto porque había pasado la dichosa carreta de la muerte, y seguía platicando con nosotros hasta que su voz se convertía en un leve murmullo, y en efecto; al otro día había un muerto… el cuero se me ponía chinito.
Me dijo que dormía en “pudo espin”, y hacía señales de rebote con la mano yo reía de imaginarlo en un colchón, pensando que a eso se refería, pero él hablaba de los resortes, de los alambres con los que a veces se cortaba al darse vuelta porque nomás tenía una cobija y la usaba para taparse, nunca supe si dormía bajo techo o algún árbol, solo supe que vivía por allá del lado del estadio, me platicó que casi todos los días cuando regresaba tarde era porque había visto a fulana caminando por los alambres de la luz o a mengana volando en su escoba, y yo me asustaba, porque conocía a ambas, me asustaba especialmente cuando me decía que alguna se había caído y por pura méndiga casualidad amanecía con la mano entablillada o las rodillas raspadas, ¡Santo cielo!
El Lichi era del Apoderado y pariente de mi abuela María barrón, por eso se portaba conmiserativa con él y yo le tenía aprecio por su conversación tan descabellada y seria, lo mismo que divertida y sabia, tampoco pude compartir su últimos días, mi trabajo lejos me prohibió despedirme de muchos amigos entrañables, pero allá donde estaba de gira o en alguna filmación, me llegaban las noticias de mi gente de Chametla, y así me enteré de su partida, por supuesto, me dolió, porque borrachos como él he conocido pocos y hasta pienso que si todos fueran como él, hasta yo fuera alcohólico, pero por Dios que como él no los hay, y me da pánico serlo, son muy pocos los amables, sin rencores y graciosos, son contados los simpáticos cuenteros y agradables, de esos era él, de los buenos y nada latoso, ahora cuando visito Chametla y lo extraño, no puedo evitar sonreír ante sus ocurrencias y su buen humor ante la desgracia que él mismo se provocó por su alcoholismo, dentro de la cual –supongo-, era feliz, o no le quedó de otra mas que fingir que lo era…
Se murió el Lichi y lo extraño cuando visito la calle que lo vio caminar y respiro el aire que respiró cuando vivía, recorro su ruta y respiro el aire de Chametla con la nostalgia atravesando mi pecho y sonrío, porque mi querido Lichi dejó su esencia y no lo olvido, porque no es fácil olvidar a quien se aprecia, y en verdad que lo quise mucho, por loco y porque era de esos borrachos que no hacían daño, era especial, era de los buenos…
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