Mostrando entradas con la etiqueta JUAN MURILLO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JUAN MURILLO. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de noviembre de 2010

LA LIBE

Siempre creí que se llamaba Libertad o algo parecido y no; se llamaba Heriberta, eso lo saben todos en Chametla, el tonto soy yo, que se deja llevar por la apariencia del nombre…

La conocí de siempre, crecí visitando Chametla, y además era vecina de mi abuela donde viví el tiempo que dura la secundaria, fue el tiempo que mas conviví con la Libe. Cuando me refería a ella lo hacía como la Libe, pero al hablarle tenía que llamarla tía, algo a lo que no me acostumbré nunca, porque la veía mas como amiga que como pariente, pero como sea que haya sido la aprecié igual. A veces me encargaba el mandado –aprovechando que iba a la tienda-, y simplemente me creció el cariño hacia ella porque conversaba por minutos incontables con mi tía o mi abuela, y yo siempre presente, haciendo tareas y oyendo pláticas o de plano formando parte de ellas. La Libe me dio ánimos siempre que hablábamos de mi futuro. Ella conocía bien mis sueños, ella sabía que un día sería actor y estuvo de acuerdo, le gustaba -como a muchos en Chametla como declamaba en los festivales del tipo que fueran-, y me auguró éxito, -algo que veía inalcanzable y no por lo imposible, sino por lo distante-, La Libe fue una de las razones que me empujaron a conseguir mi meta, y como me acordaba de tanta gente en Chametla, me acordaba de ella, y me hacía a mi mismo la promesa de que me vieran en televisión para que mi lucha tuviera sentido y creyeran en la realización de mi sueño, y por ella y los demás lo conseguí.

Cuando en México me nominaron al mejor actor por la obra “Identidad Prohibida” y terminé la temporada de “El cuerpo del deleite” me “retiré” para hacerlo “en la cúspide” y porque además me había nacido mi hijo, así es que vine a mi pueblo imaginario, para vivir en paz –jamás pensé que sería peor-, el caso es que empecé a visitar con mas frecuencia Chametla, -a pesar de que no “me retiré” del todo-, y acostumbraba en ese entonces visitar a todos los parientes, empezando con mi tío Juan largo y terminando con la Olga del Armando allá en el cerro. La Libe era de las últimas, porque la última parada la hacíamos en casa de mi tía Mariquita. En una de esas pasé a verla, estaba sentada en la poltrona junto al ventilador frente al que tenía ciertas prendas intimas colgadas para que se secaran con el viento, y hablamos de todos, de las niñas en la escuela, del marido en el trabajo, del mandado con Chepina… cosas que habían pasado años atrás; las niñas ahora eran adultas, la ropa se colgaba en los tendederos, Chepina ya estaba muerta y su marido no existía más.
Nicha –su hija-, nos contó de su enfermedad y fue la primera vez que escuché hablar de ella tan de cerca, porque nadie conocido la había padecido, fue deprimente aquella conversación, y dolorosa para ella enfrentarla tan crudamente, luego de describirme los síntomas, pues en tanto hablábamos le daba de comer como a una niña, me dijo que el doctor le había advertido que iría olvidando las cosas poco a poco, que un día, cuando menos lo esperaran ella no sería ella, ni ellos serían sus hijos ni sabría que existió.

La vida se mostró ante mi, cruel y desgarradora, al permitir que alguien sea capaz de olvidar que vivió, ¿entonces cual era el sentido de la misma? Sentí coraje, mucho coraje, por esa injusticia.

Pasó el tiempo y en efecto, ella dejó de poner atención en cosas nuevas y fue relegando las viejas, ya no conocía a su familia, mucho menos a mi, y me sentí menos que nada, quise gritarle que yo, era yo, que ahí estaba, pero no tenía sentido, ella no sabía mas de mi. Más adelante se olvidó de todo lo demás, hasta de lo mas esencial, se olvido de comer, de dormir o despertar, de reír o llorar y hacia todo a la vez sin hacer nada, sin conciencia ni ciencia… y un día lamentable se olvidó de respirar, se durmió para siempre perdida en el limbo de su inconsciencia, en el laberinto infinito de su ausencia de razón, se durmió para no despertar sin saber que moría, en la esperanza de un día nuevo, se fue sin regreso cuando menos se esperaba y su espíritu salió de su cuerpo y se fue al mas allá en donde ahora seguramente hace honor a la apariencia de su nombre, porque ahora no es esclava del recuerdo ni el olvido: ahora es Libe en Libertad…

martes, 26 de octubre de 2010

agradecimientos otra vez.

México 102
Estados Unidos 18
Portugal 3
Chile 3
Costa Rica 3
Guatemala 3
Rusia 2
Colombia 2
Eslovenia 2
Venezuela 7

ESTA ÚLTIMA SEMANA ME HAN VISITADO ESA CANTIDAD DE PERSONAS EN ESOS PAÍSES, QUIERO AGRADECER INFINITAMENTE POR LEERME Y SOBRETODO PORQUE SÉ QUE LA MAYORÍA BUSCA ENCONTRAR ALGO DE CHAMETLA EN ESTE ESPACIO, POR LO QUE PROMETO SEGUIR ESCRIBIENDO SOBRE SUS PERSONAJES Y LAS DISTINTAS ANÉCDOTAS AHÍ VIVIDAS POR MÍ, ESPERO SEGUIR CONTANDO CON SU LECTURA Y ESPERO QUE ME ACUERDE DE MAS COSAS QUE ESCRIBIR. ALGUIEN DE LOS ESTADOS UNIDOS ME ESCRIBIO PIDIÉNDOME QUE ESCRIBA ALGO SOBRE LOS PESCADORES, PERO AL FINAL CASI TODOS LOS DE CHAMETLA SON PESCADORES, ASÍ ES QUE; ¡CONCEDIDO!
GRACIAS OTRA VEZ.

PD: Si recuerdo alguna historia particular sobre los pescadores en especial, con mucho gusto la incluiré. Abrazos fuertes…

lunes, 4 de octubre de 2010

GUADALUPA Y LA PUPA DEL LICO

Se llamaba Guadalupe, creo que por no decirle guadalupa, la llamaban pupa, para mi siempre fue pupa, fue la madre de -entre otros-, mi amigo el Fede, de la Esther, y de la Chabel. La chabel fue mi novia de mentiritas, pero yo creí que era de verdad, es que permitía que le agarrara la mano a escondidas y me dejaba soñar y suspirar como lo que era; un chiquillo.

El Lico me apreció siempre, casi me decía yerno por la amistad que había entre ambos, lo mismo que la Pupa, y yo; lo mismo. Los quise siempre, como los quise a todos.

La imagen de la virgen de Guadalupe (su tocaya) recorría el pueblo de Chametla, permaneciendo un día en cada casa, en donde las familias se reunían a rezar un rosario y luego pasarla al domicilio en turno, no sin antes meter unas monedas por la rendija que para ese propósito había en la caja, a espaldas de la imagen.

La pupa vivía enfrente de la casa de mi tía mariquita y no la recibía por cuestiones personales que yo no conocía, hasta esa vez en la que entró a la casa de mi tía y poniendo el índice en la rendija de las monedas dijo “¡Por aquí le meten el dinero!” Y bromeó al respecto, pero luego emitió un grito muy parecido a un aullido, corto pero lastimero y aseguró ante la propia imagen que le había apretado el dedo, algo que no podíamos creer pues no cabía ni siquiera el meñique, pero ella aseguraba que era verdad, entonces se arrodilló arrepentida, sumida en una plegaria y solicitó que le permitieran recibir la imagen en su casa. Así se hizo, la imagen pasó a su casa, supongo que la Pupa sintió un llamado de atención o algún arrepentimiento por su incredulidad, no sé que pasó con el asunto que olvidé con el tiempo…

Los años se fueron, sus hijas se fueron y la Pupa y el Lico se quedaron en Chametla, supe que los hijos abandonaron la fe católica, pero los volví a ver con el amor de siempre. En una gira en la que me presenté en Concordia Sinaloa, encontré a la Chabel, me contó que trabajaba en el ayuntamiento municipal, me dio gusto verla luego de tanto tiempo, en mis días de “no trabajo”, visitaba Chametla como lo hago siempre y me enteré que la Pupa, -mi casi suegra la mujer a quien aprecié tanto y que tanto me apreció-, padecía de un cáncer terminal, pasé a visitarla, la vi de buen animo y conversamos un buen rato, cuando me fui de su casa me fui contento porque no estaba tan mal como me habían dicho.
Pasados unos meses volví para verla y ya estaba encamada, en una amplia habitación al fondo de la casa, me senté a su lado y pudimos conversar de muchas cosas también, solo que ahora si me fui triste pues la vi demacrada y cansada…

La última vez que la vi, había muerto, fui a Chametla ex profeso a su sepelio, antes de que partiera el cortejo fúnebre, sus hijos y la gente del pueblo –yo entre ellos-, rezamos un rosario, Esther me agradeció por estar ahí, y me dijo palabras lindas que propiciaron el llanto que a flor de ojos cargo siempre, y la Pupa se fue…

Lo curioso de ésta anécdota es que ella se llamaba Guadalupe, como la virgen, y ella no pidió que la llamaran así, pero la virgen se lo mantuvo presente mientras tuvo vida, la Pupa, como la llamaban todos, fue mi amiga y en mi corazón guardo los mas preciados recuerdos de esa amistad, de los días en que hacíamos “pijamadas” en su casa y el olor de mis pies los molestaba y se aguantaban, de los días en que me regalaba mangos de su patio o las largas charlas vespertinas en la banqueta o a la sombra del inmenso árbol.

La Pupa, ya no está más en Chametla, a veces veo al Lico en la banqueta sin poder expresarse con claridad y sin poder escuchar completamente, y lo saludo y a veces me desconoce, pero no me importa, ellos son los primeros suegros que tuve, y a los que tanto quise, aunque hayan sido mis suegros de mentiritas.

viernes, 2 de julio de 2010

Goyo Zúñiga


Mi tía Secundina es mi “fan” y tiene una foto mía colgada en su estancia…

Mi tía Secundina también es “fan” de mi hijo, también Goyo, su esposo lo era, no de mi, de él… y le gustaba oírlo cantar.

Ella me platica que lo amó, que su amor fue único y exclusivo, y que fue bien correspondida, que como hombre le respondió en las buenas y en las malas, y le duró hasta que ya no pudo. Ella lo dice de buen ánimo y eso me consuela, porque sé que no sufrió por su partida, pues es una mujer inteligente y no se deja llevar por los pesares, ¡que bueno!, ella me cuenta de su vida a su lado y no se queja, enfrentaron momentos duros y hermosos, tuvieron una familia a su gusto y sin complicaciones, los últimos años -como pasa con todos-, se quedaron solos.

Solo el par de viejos, celebrando cumpleaños y aniversarios de bodas, acompañados por un par de choloescuintles, él rondando los cien años y ambos rodeados por el cariño de sus hijos, los ausentes y los que viven ahí mismo en Chametla, recibiendo sus visitas y las de los nietos, siempre al pendiente de ellos, pero ellos solos, enfrentando con entereza su edad y su soledad acompañada, ella preparando los alimentos sin rendirse y con el ánimo de siempre… y velando su enfermedad, la que lo postró hasta llevarlo a manos de la muerte, un día la tía Secundina nos dijo que Goyo su amado esposo extrañó a mi hijo y preguntó por él, y que quería oírle una canción, tratamos de hacernos el tiempo para visitarlo y cumplirle el antojo, y por una razón o la otra pospusimos la visita, luego un domingo en misa, nos volvió a decir la tía, que Goyo quería oírlo cantar, entonces nos armamos de ganas para visitarlo, conversamos a medias con él porque no podía emitir palabras con claridad pero escuchaba, y afirmaba o negaba según fuera necesario, entonces mi tía le dijo que Fernando estaba ahí y que le iba a cantar, fue cuando él puso atención para escucharlo; un silencio absoluto llenó la habitación donde reposaba para que solo se escuchara la voz de mi hijo, yo por supuesto lloré de la emoción y el dejó humedecer un poco sus ojos, mi tía Secundina sonreía contenta y los demás –mi mamá mi esposa y mi hija -por cierto ahí estaba su bisnieta Flor y después llegó Felipe, el bisnieto-, emocionados por lo que estaba pasando, nuestra conciencia descansó, luego la tía Secundina nos invitó un atole calientito y conversamos un buen rato, nos regaló un bule a cada uno y nos marchamos satisfechos con nosotros mismos. Esa tarde partimos con la promesa de volver pronto.

Y volvimos si, pero a su velorio, al otro día don Goyo murió, pero escuchó el canto de mi hijo como era su antojo y nos sentimos bien por no haber esperado mas tiempo para visitarlos, ahí me encontré con la familia, la ausente, la que me conoce, porque no todos me conocen. Mi tía Secundina me hizo prometer que diría unas palabras en honor a Goyo al momento del sepelio, y dije que si, pero no tuve el valor, fue Florentino Carrillo el que se encargó de ello. De ese modo fue como dijimos adiós a Goyo. Ahora mi tía Secundina está solita pero bien acompañada, con años y mas años encima, pero sin Goyo ni los choloescuintles y está en nuestros planes visitarle, porque ella nos quiere y nos quiere bien, y siempre me lo demuestra, además antes de que muriera su Goyo nos regaló un par de bules y hasta tiene una fotografía de mi en su estancia…

sábado, 29 de mayo de 2010

CHAMETLECA II

Las cosas siempre a tu favor;
el clima, la noche, las estrellas,
el farol rojo de la casa de Hortensia,
la música allá en el baldío
en la fiesta de san Pedro.

Nada hay que perturbe
tu sensualidad de Diosa
tu fragilidad de nardo
y tu mirada celeste.

El silencio se agita
a causa de esta dicha
provocando un desliz;
entonces tu cuerpo, con tanto a tu favor
se cae al ser tocado por la música
e irremediablemente se hace añicos
como simple cistal…

viernes, 21 de mayo de 2010

CHONITA

Me contaba cuentos de encantamientos y encantados, de misterio y misteriosos, ella en si, era un misterio y me encantaba…

De apariencia pequeña y frágil, y mirada inquisitiva y profunda, así era la señorita Chonita Sarabia, eso –lo de señorita-, lo tuve siempre bien claro, porque así lo quiso ella, pues ante todo estaba la dignidad, ella era bienvenida casi a diario y a la hora que fuera a la casa de mi abuela allá en Chametla, me gustaba escuchar sus charlas tan de antiguas, de creencias en mitos y casi inverosímiles, sus conversaciones a veces giraban en torno a “Porfirio Cadenas “el ojo de vidrio” o “Kalimán”, que eran las radionovelas favoritas de mi abuela, también se hablaba del difunto del día, o de la que se fue con el gañan, o del que se cayó por asomarse…

Vestía enaguas hasta el tobillo, rebozo oscuro cruzado al cuello y un rosario en sus manos de vez en cuando, a la usanza de antes, con enormes arracadas de oro, trenzas en su largo pelo cano, huaraches de correas o zapatillas de tela de esas muy cómodas, una canasta para el mandado… y una verruga en la nariz.

Vivía por la calle del cerro, la de atrás del templo, en una casita chiquita y bonita, de ladrillo y palma, sola con su alma y la soledad, pero la soledad le volvió temerosa, hubo un tiempo en el que padeció un ligero delirio de persecución.

Me dijo que se sentía espiada y acosada; en las tardes cuando recalaba a su casa, si alguien caminaba tras ella, aseguraba que iba en su pos, y si alguien por alguna razón reía, ella aseguraba que era de ella, no cabe duda, la soledad fue una mala consejera…

Batallando la convencimos entre el padre Quiroz -a quien ella sabía un buen amigo-, y yo, de que todo estaba bien; de que el mundo no giraba en derredor suyo, que no se preocupara, que siguiera su vida. Y no supe si fue por callarnos la boca que fingió hacernos caso o realmente creyó en nosotros y se olvidó de esas cosas.

Pasados los años cayó enferma, yo estaba lejos y nunca supe, nadie me dijo, no la visité ni antes ni durante su enfermedad, no asistí a su velorio ni mucho menos a su sepelio, porque nunca supe, nadie me dijo…

Fue triste saber después los pormenores; la verruga en la nariz era indicio de cáncer que a nadie llamó la atención pero que demasiado tarde comprendieron, cuentan que se expandió por su rostro descarnándola casi por completo, eso me dicen; yo nunca supe si fue verdad. Como sea, me resultó pesaroso enterarme, no averigüé mas, no tenía caso, pero sigo con la curiosidad de saber si murió tranquila, de saber que no sufrió. Vivió sola, lo sé, y dudo que la hayan abandonado, lo que si es probable es que no se detectara a tiempo su enfermedad si es que la padeció, y me consuela el saber que su familia –que es la mía-, y es una familia virtuosa en ciertos aspectos, y vive siempre en comunión, estuvo al pendiente de ella, eso no me aflige, me aflige pensar que sufrió, ojalá supiera que su muerte fue dulce y tranquila, que no le hizo mas daño la soledad, que no murió perseguida por sus espíritus o sus imaginarios acosadores, que el hecho de no haber conocido hombre alguno no le provocó infelicidad, en fin; que murió en paz.

Quiero creer que Chonita la que me regañaba por tonterías, la que me divertía con sus críticas a los personajes de la radio, la que me contaba cuentos, la que me envolvía en sus fantasías, (¡la de esa maldita verruga en la nariz!) murió tranquila, porque no la vi antes de morir y no pude decirle hasta luego con la mirada, porque para esas cosas nunca tengo palabras, pero me queda su recuerdo ese que la mantiene viva hasta que yo muera, porque así ocurre siempre, y esta no es una excepción; ella va a morir para mi, hasta que yo la olvide.