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miércoles, 22 de septiembre de 2010

"de como nació Chiametlán" (Doceaba parte)



Tonalli cumplió diez y siete años, los sueños que se apoderaban de ella eran muy extraños, con frecuencia se veía en los brazos de uno al que ella creía un dios, que había llegado en una canoa tan grande como una pirámide, lo describía como un hombre hermoso con los ojos color del cielo del mediodía y una barba como de oro, vestido con todo el cuerpo cubierto, e insistía en que se trataba de colibrí el hijo de un antiguo Dios emplumado, e inevitablemente se había enamorado de el...

Era otra vez el aniversario de la fundación de Chiametlán, la celebración estaba en su apogeo, los matachines hacían de las suyas, los sacerdotes elevaban sus rezos al cielo, y los visitantes eran atendidos por los lugareños, sirviéndoles tamales de camarón y atole de masa, muchos vestían llamativos penachos y lustrosos guaraches, los que menos; adornaban sus faldas con carrizos y espinas, emulando a los matachines matatecos, las sonajas sonaban y los tambores palpitaban... de pronto un mensajero llego con la frente perlada de sudor y falto de aire, entre sus manos traía retratos de un hombre blanco que habían visto rondar por los manglares donde en años anteriores -se sabia-, había pernoctado “nube gris”, el mensajero llego a los pies de Xahualt y la concurrencia guardo silencio, a su lado Tonalli sintió desbocársele el corazón cuando vio el retrato, se dio cuenta de que era el hombre de sus sueños, cuando el gran Señor vio el retrato y escucho la narración de los hechos de boca del emisario de la costa, se puso de pie y como era costumbre hablo a sus súbditos y a sus invitados: “Un ciclo termina, y con el muere una etapa importante para nuestra raza, he de morir también yo, -un murmullo recorrió los callejones e inundo los recovecos Chiametlecos-, y en este ciclo que comienza, nuevos dioses gobernaran mi tierra, la tierra de Xolotl y el chivicoyo, la tierra de las chias y el vigía, las tierras del camarón y el tejuino, porque llegaron del mar, como lo profetizó mi adorada hija Tonalli, en enormes canoas y con grandes armas, nuevos gobernantes que según me informa este enviado del pueblo de Majahual, han de inculcar a ustedes nuevas costumbres, y no he de hacer nada por impedírselos, pues nada puedo hacer ante su poder,.. y ellos gobernaran, y cambiaran sus creencias y les mostraran a sus nuevos dioses...”

La multitud se dispersó y corrió esconderse mas allá de los confines del señorío, se acabo la celebración y Xahualt se retiro a sus habitaciones para morir en paz....

sábado, 29 de mayo de 2010

CHAMETLECA II

Las cosas siempre a tu favor;
el clima, la noche, las estrellas,
el farol rojo de la casa de Hortensia,
la música allá en el baldío
en la fiesta de san Pedro.

Nada hay que perturbe
tu sensualidad de Diosa
tu fragilidad de nardo
y tu mirada celeste.

El silencio se agita
a causa de esta dicha
provocando un desliz;
entonces tu cuerpo, con tanto a tu favor
se cae al ser tocado por la música
e irremediablemente se hace añicos
como simple cistal…

viernes, 21 de mayo de 2010

CHONITA

Me contaba cuentos de encantamientos y encantados, de misterio y misteriosos, ella en si, era un misterio y me encantaba…

De apariencia pequeña y frágil, y mirada inquisitiva y profunda, así era la señorita Chonita Sarabia, eso –lo de señorita-, lo tuve siempre bien claro, porque así lo quiso ella, pues ante todo estaba la dignidad, ella era bienvenida casi a diario y a la hora que fuera a la casa de mi abuela allá en Chametla, me gustaba escuchar sus charlas tan de antiguas, de creencias en mitos y casi inverosímiles, sus conversaciones a veces giraban en torno a “Porfirio Cadenas “el ojo de vidrio” o “Kalimán”, que eran las radionovelas favoritas de mi abuela, también se hablaba del difunto del día, o de la que se fue con el gañan, o del que se cayó por asomarse…

Vestía enaguas hasta el tobillo, rebozo oscuro cruzado al cuello y un rosario en sus manos de vez en cuando, a la usanza de antes, con enormes arracadas de oro, trenzas en su largo pelo cano, huaraches de correas o zapatillas de tela de esas muy cómodas, una canasta para el mandado… y una verruga en la nariz.

Vivía por la calle del cerro, la de atrás del templo, en una casita chiquita y bonita, de ladrillo y palma, sola con su alma y la soledad, pero la soledad le volvió temerosa, hubo un tiempo en el que padeció un ligero delirio de persecución.

Me dijo que se sentía espiada y acosada; en las tardes cuando recalaba a su casa, si alguien caminaba tras ella, aseguraba que iba en su pos, y si alguien por alguna razón reía, ella aseguraba que era de ella, no cabe duda, la soledad fue una mala consejera…

Batallando la convencimos entre el padre Quiroz -a quien ella sabía un buen amigo-, y yo, de que todo estaba bien; de que el mundo no giraba en derredor suyo, que no se preocupara, que siguiera su vida. Y no supe si fue por callarnos la boca que fingió hacernos caso o realmente creyó en nosotros y se olvidó de esas cosas.

Pasados los años cayó enferma, yo estaba lejos y nunca supe, nadie me dijo, no la visité ni antes ni durante su enfermedad, no asistí a su velorio ni mucho menos a su sepelio, porque nunca supe, nadie me dijo…

Fue triste saber después los pormenores; la verruga en la nariz era indicio de cáncer que a nadie llamó la atención pero que demasiado tarde comprendieron, cuentan que se expandió por su rostro descarnándola casi por completo, eso me dicen; yo nunca supe si fue verdad. Como sea, me resultó pesaroso enterarme, no averigüé mas, no tenía caso, pero sigo con la curiosidad de saber si murió tranquila, de saber que no sufrió. Vivió sola, lo sé, y dudo que la hayan abandonado, lo que si es probable es que no se detectara a tiempo su enfermedad si es que la padeció, y me consuela el saber que su familia –que es la mía-, y es una familia virtuosa en ciertos aspectos, y vive siempre en comunión, estuvo al pendiente de ella, eso no me aflige, me aflige pensar que sufrió, ojalá supiera que su muerte fue dulce y tranquila, que no le hizo mas daño la soledad, que no murió perseguida por sus espíritus o sus imaginarios acosadores, que el hecho de no haber conocido hombre alguno no le provocó infelicidad, en fin; que murió en paz.

Quiero creer que Chonita la que me regañaba por tonterías, la que me divertía con sus críticas a los personajes de la radio, la que me contaba cuentos, la que me envolvía en sus fantasías, (¡la de esa maldita verruga en la nariz!) murió tranquila, porque no la vi antes de morir y no pude decirle hasta luego con la mirada, porque para esas cosas nunca tengo palabras, pero me queda su recuerdo ese que la mantiene viva hasta que yo muera, porque así ocurre siempre, y esta no es una excepción; ella va a morir para mi, hasta que yo la olvide.

martes, 27 de octubre de 2009

CHAMETLECA

Su pelo ondeaba al viento
al compás de su paso virgen
dulce y pura bajo el inclemente sol,
llena de gracia, siempre sonriendo
agitando sus caderas danzarinas,
pura y dulce perlada de sudor…

Llena de gracia caminaba sola
su cuerpo al viento ondeaba,
danzante agitaba sus caderas,
ardiente por el sol de Chametla
dulce y pura como virgen era
recatada, tierna y cálida como un sol

martes, 13 de octubre de 2009

CHAMETLA DE MIS RECUERDOS

ABARROTES JOSEFINA.

(Me acuerdo de bien de los calendarios que nos daba mi madrina Josefina, mejor conocida como Chepina.)
“Abarrotes Josefina” atendido por su propietaria Josefina viuda de Berriman”.
Cuentan que Chepina llegó a Chametla acompañando a su hermana y al esposo de la misma; José el galafate, -aunque galafate significa ladrón, parece ser que es así como llamaban a los encargados de remendar los barcos-, pues bien; Chepina llegó a Chametla y pronto encontró acomodo en la tienda de Berriman, que en esa época era el dueño de la tienda de abarrotes mas grande de la región, dicen que llegaban burros de todas partes, cargados de gente para hacer las compras, de El Aguaverde, El Apoderado, El Pozole, hasta de Botaira iban las gentes a surtir sus despensas, toda la cuadra desde la cooperativa pesquera hasta la esquina de la tienda, era propiedad de doña Celsa y su hijo don Juan Berriman, esposo éste de doña Felicitas, con ellos empezó a trabajar Chepina.
Los chamacos de esos tiempos respetaban y temían a don Juan porque debido a que toda su propiedad estaba atestada de trojes, criaba serpientes de cualquier tipo, para que se alimentaran con los ratones que devoraban el cereal, cuentan que don Juan agarraba las serpientes y se las acomodaba en la cabeza cual turbante, lo que despertaba la admiración de quienes lo veían.
Chepina trabajó en la tienda hasta que el susodicho enviudó y un día de esos, no salió de trabajar, al galafate que vivía a una cuadra de la tienda se preocupó pero luego se corrió el rumor de que la mujer se había huido con su novio, un también empleado de don Juan que era de los encargados de fabricar los puros, porque he de decir que don Juan también fabricaba habanos de todo tipo y calidad, pero no fue así: Chepina se quedo a vivir de un día para otro ni mas ni menos que con don Juan y fue así como ella ocupo el lugar de honor en esa residencia, por supuesto que durante una temporada fue el tema de conversación, razón por la que el avergonzado novio abandonó el empleo y el pueblo, “cosas del amor” diría Chepina meses después…
Doña “Yona”, era mama de Chepina Bernardo era su primo, ellos llegaron al cabo del tiempo y se establecieron en la enorme residencia, por desgracia para el presupuesto de la familia, Bernardo era un vicioso del juego, un verdadero tahúr, por lo que se gastaba parte de las ganancias de los negocios de la viuda de Berriman, en paseos a la Vegas y casas de juego en el mismo país.
Recuerdo gratamente que mi abuela María barrón me mandaba al maíz para las gallinas en una canasta –en la nueva-, porque la vieja me daba vergüenza y traía de una vez el azúcar y el sobre de café de grano en tanto la olla con agua esperaba en la hornilla, también compraba un cuarto de galletas de animalitos
A Chepina a quien yo llamaba madrina, porque era muy espléndida conmigo y mis hermanos -además de ser madrina de mi mamá-, pues teníamos derecho de llamarla así, no crean que era por los regalos que nos daba, y es que al liquidar la cuenta metía la mano en una vitrolera de esas en las que en aquellos tiempos acostumbraban meter los dulces y con el puño lleno me decía “El pilón”, me daba un beso y los dulces, eso era lo mas emocionante de ir a hacer las compras con ella, claro que salía de la tienda lleno de babas de mi madrina pero contento, al cabo que al alejarme tantito me tallaba el cachete con el dorso de la mano, y me largaba masticando chiclets de los del señor adams…
¡Ah que mi madrina!, se rumoró también que Bernanrdo –el primo-, se “hizo” de ella y la “tuvo” durante mucho tiempo, no se supo si el tal Bernardo ganó o perdió su fortuna durante todo el tiempo que se dedico al juego, lo que si se sabe es que al morir, otro empleado del área de habanos encontró la “cuilta” de abajo del colchón llena de billetes de muy alta denominación, y se fue con el dinero, pero parece que no lo supo aprovechar, y que allá en el norte lo perdió todo, para morir en la ignominia, con razón dicen tanto; que “Lo del agua al agua”…
Mi madrina Chepina se quedó sola, la tienda fue viniendo a menos, y ella empezaba a dar muestras de demencia senil, la recuerdo a ella toda blanca con el pelo blanco escurrido y una sonrisa toda amabilidad, con su placa dental parejita, y sus manos lisitas, suaves al acariciar mis cachetes…
La actuación es mi adicción y llegó el día en que tuve que irme a probar fortuna a México capital y la volví a ver solo en las ocasiones en que por gira o razón distinta pasaba por estas tierras, al paso del tiempo me establecí acá en Botaira, cerca de mi querido Chametla y tuve ocasión de verla de nuevo, pero ahora las cosas eran distintas, ella ahí tirada en el adoquín de la entrada principal de su casa, semidesnuda, con el pelo liso cubriéndole el rostro, su piel blanca cubierta de mugre y la poca ropa sucia de excremento.
Tirada ahí, entre la basura que alguien por piedad arrojó a sus pies, como se les da de comer a los animales, con la mirada perdida y sin razón, comiendo plátanos negros de viejos y moscas, con la razón perdida y sin motivos, para entonces ya víctima del Alzheimer, mi madrina Chepina, mi adorada madrina Chepina…
Lo único que en ese entonces poseía, era su casa, me enteré que alguien se quedó con ella a cambio de mantenerla durante todo el tiempo que le quedara de vida, razón justa y noble pues por lo que supe, ella no tenía propiedad alguna y por lógicas razones, no podría volver a valerse por si misma jamás, esa persona estuvo mandando dinero para su manutención y me contaron que ese dinero jamás llegó a su manos, sin embargo la providencia se encargó de que Amparo, la del tinillo, se encargara de ella, con los medios que pudo y la ayuda de algún vecino ella le dio de comer, hasta que la muerte se la llevó.
Eso es lo que supe.

jueves, 3 de septiembre de 2009

DE PELICULA

Soy de un pueblo imaginario que se llama Botaira, está ubicado en la costa del sur de Sinaloa poco antes de llegar a Chametla y justo donde se eleva el camino rojo que pasa sobre el mar y que llega hasta Sabaiba...

La laguna azul es una película que me pareció tierna en aquellos años de mi adolescencia y a partir de ella me fascinaron las películas de sexo en la playa y me aferré a recrearlas en la vida real....

Casi siempre que recibía visitas en mi casa –que es tu casa-, las llevaba a la playa, particularmente a ELLAS, es que soy un romántico sin remedio, y me gustaba hacer lo que en las películas; coger en la playa sobre las olas y en cámara lenta, pero solo lo logré una vez, (me refiero a lo de las películas, porque lo de coger, eso siempre se me dió), el caso es que la mayoría aunque fueran enfermeras o edecanes, a la mera hora me resultaban muy mustias o muy delicaditas por no decirlo de otro modo y me tenía que conformar con hacerlo sobre una toalla y envuelto en otra, o a la sombra de los manglares, o en alguna hamaca abandonada de esas que los pescadores no guardan hasta que pasa la temporada.

Pero una vez... -¡Ah que vez aquella!- Una vez si se me hizo; me llevé a una actricita que en esos tiempos no era tan famosa, por eso no digo su nombre pero si tengo autorización para contar lo de esa vez, ¡Ave Maria! ¡Que vez, quisiera no acordarme!

Por principios de cuentas no se espantó cuando comencé a caminar en pelotas por la arena, ella me imitó en seguida, y el hecho de que uno que otro desbalagado nos sorprendiera en pleno invierno caminando en cueros por la arena y el agua fría, no nos atemorizó, por supuesto que mi amigo el de abajo más muerto que un pirulí y el resto de nuestros cuerpos chinito como cuero de gallina, anduvimos un rato correteando sobre la espuma del mar (como en las películas) y queriendo quedar bien, aproveché que se apareció una ola sobre la que quise saltar que me ha dado una arrastrada de padre y señor nuestro!. Luego de un rato, cuando hubimos entrado en calor, quisimos poner manos a la obra, y ya sabes, de por si cuando te bañas con ropa, el culo se te llena de arena, imagínate sin nada; el prepucio colorado de tanto piedrizco, es pa morirse de la vergüenza, pero uno tiene que fingir que las cosas van bien, el caso es que nos tiramos sobre las olas y cuando estaba tratando de darle un periquito, -entiéndase beso-, un rugido la hizo levantarse de un salto, tuve que aceptar que eran mis tripas, maldita la hora, ¡siempre pasa eso!; un pedo que por pudor decide regresarse, arma una revolución enorme en mi estómago, para luego convertirse en eructo, ¡trágame tierra! Todo por no echármelo delante de ella porque de seguro al ver la burbuja de aire emerger de las aguas, me mienta la madre y peor si le toca suspirar en el instante preciso, pero Dios; ¿¡Porque todo me pasa a mi!? Luego en la arena tratando de subírmele, ya sabes, -malditas olas-, al primer intento me doy la maroma y quedo con las nalgas apuntando al infinito, ( y ella carcajeándose de mi), y lo tratamos de hacer sobre un tronco seco y, ¡ claro!; nada mensa la tonta!, que me pone abajo para montarme, el lomo se me puso como trasero de chango; rojo por los piquetes de hormiga, entonces opté por proponerle las rocas de la escollera, ¡nunca lo hubiera hecho!; ¡las rodillas me tronaban como cascanueces!... y a la hora de “aquellito”, los gritos no eran gritos, eran aullidos y no míos, ¡de los dos!, y no de placer, ¡de dolor!, la arena nos invadió por todos los pliegues y rincones de nuestros esbeltos cuerpos, ¡Santo Dios, juré no ver más películas románticas, o al menos no hacer lo que salía en ellas! ¡Menos mal que no se me ha ocurrido recrear la de 9 semanas y media y menos la escena del pica hielo, ¡Dios me libre!

miércoles, 2 de septiembre de 2009

MARIA LUISA

MARIA LUISA
El día que nació María Luisa, la gente en Botaira vio el cielo y sus ojos se iluminaron de la emoción, alguno se asomaban por las ventanas y otros se detenían en medio de la calle haciendo una pausa en sus actividades cotidianas, los que iban montados en sus bestias se apeaban para poder apreciar aquel maravilloso espectáculo, los que venían del molino buscaban una sombra para apreciarlo mejor, otros –sin darle importancia al inclemente sol-, ponían sus manos a modo de visera sobre sus ojos para no perderse de nada, y es que –ellos no lo sabían- aquella niña lloraba allá en su casa por el barrio de la cornucopia (lo llamaban así porque la calle tenía forma de cuerno), al final de la calle del barrio había una ceiba enorme en la que hacen sus nidos la garzas en los tiempos de las aguas que llegaban cada año a disfrutar de los enormes charcos que se hacen en Botaira, pareció que en esa ocasión, la ceiba se vistiera de colores para una gran fiesta, pues daba la impresión de era justamente de esa ceiba, de donde nacía aquel arco multicolor que mantenía la mirada de todos hacia arriba, mientras mas fuerte era el llanto, mas intensos eran los colores del iris que se dibujó en el cielo…
Eran las once de la mañana, el sol estaba en su esplendor cuando al niña nació, hermosa y regordeta, con su rostro enmarcado por una cabellera negra como la oscuridad y los ojos azules casi como el fondo del mar de Botaira, o como el cielo mas cálido y mas limpio de los veranos Botairenses.
Todo mundo miraba hacia el cenit con el corazón en un hilo, contritos de la emoción que sentían, Tingo el de la loma bajaba desde su casa en la montaña montado en su burra verde y a lo lejos alcanzó a distinguir que el arco efectivamente nacía en algún lugar del mismo pueblo con dirección a aquella mítica ceiba y señalaba hacia allá gritando lleno de alegría.
La gente normalmente, en esos días de abril poco toleraba el calor, sin embargo la fuerza de la curiosidad los fue acercando hasta el lugar donde el arco iris nacía y se dieron cuenta de que este emergía de la casa de Eulogia. Dentro, la partera doña Tomasa, que fue quien le dio primera nalgada para provocarle el llanto –y de esa manera provocar el crecimiento y desarrollo de los pulmones la recién nacida-, en ese momento estaba haciéndole caricias para que dejara de llorar, la niña fue aminorando el llanto y a su vez los colores parecían difuminarse en el arco celestial, así fue como paulatinamente la niña dejó de llorar y como por arte de magia el arco iris desapareció… despareció por completo causando la decepción en los arremolinados afuera de la casa que empezaron a pedir a gritos que la niña llorara de nuevo, y aunque Tomasa lo intentó, no hubo poder humano que la hiciera gemir al menos, eso sorprendió a todos y empezaron a hacer suposiciones y predicciones tan acostumbrados como estaban en Botaira a creer en cosas sobrenaturales y darle crédito a los signos de los tiempos.
Ese fue el primer llanto de María Luisa, ese día de abril había visto la luz por vez primera, estaba llegando a la vida por lo tanto nunca se imaginó lo que el destino le tenía preparado, ese fue su primer llanto y a pesar de todo lo que enfrentaría a lo largo de su existencia, nunca nadie la volvió a ver llorar jamás.
Pasaron siete meses… María Luisa tuvo la tercera convulsión estando sola en su cama y esa tarde pensaba –claro que pensaba como piensan los niños de su edad-, pero pensaba y hasta parecía que adivinaba los pensamientos de los demás.
Era una tarde cualquiera de esas en las que el viento se mete por todos lados y saca a los zancudos de la grietas de las paredes, ella estaba acostada como lo hacen la mayoría de los niños por no tener nada que hacer, mirando al techo pensaba en lo que su mamá sentiría cuando se diera cuenta de que estaba enferma y se sentía impotente al no poder hacer nada por evitar los espasmos de los que era víctima y por provocarle llanto y angustia a la mujer que le trajo al mundo y a quien quería expresar todo su agradecimiento. El reglamento que regía la actitud de los niños no le permitía hacer nada mas de lo normalmente permitido y aunque en su fantasías era capaz de volar y de luchar contra el mas fiero de los monstruos, no tenía la mínima posibilidad de ponerse de pie frente a los adultos, no sin antes haber cumplido por lo menos unos diez meses, aunque se había enterado de uno que otro rebelde que había caminado a los siete, pero ella –por ética y decencia y sobretodo por respeto al gremio-, tenía que disimular y seguir echada hasta que se llegara el momento y diera sus primeros pasos para poder correr al lado de su madre y besarla por su propia voluntad, y acariciarle y decirle que la quería, así es que se limitaba a permanecer viendo el techo y sufriendo sin remedio y sonriendo a quien le dijera palabras dulces o le hiciera alguna caricia, eso era el trabajo de todos los días, pues los vecinos desfilaban frente a su camita y había alguno que llegaba a extremos inimaginables, tomándola en brazos y lanzándola al techo provocando agudos dolores y sobresaltos enormes, haciendo que ella abriera los ojos de más y provocando la alegría del susodicho, creyendo erróneamente que aquello le provocaba felicidad, mientras que lo único que conseguía era someterla a una tortura vituperable, no faltó quien le diera tronados besos en los cachetes haciendo que sus oídos rechinaran y le provocaran unos dolores tan intensos que propiciaban gestos parecidos a las sonrisas que a su vez hacían que los mentecatos le dieran mas besos y todavía mas fuertes.. María Luisa deseaba que esos días de su niñez se fueran volando como la hacían sus amigos de leche que la visitaban y se iban corriendo cuando entraba algún adulto. Se ponía en el lugar de los niños que en algún lugar soportaban castigos semejantes y le daban tristeza, mas por ellos que por ella y por mas que dilucidaba no alcanzaba a entender a los adultos ni el porqué de tanta crueldad. Así eran los primeros días de su vida, una vida a la que si hubiera tenido la oportunidad de elegir, habría elegido no venir, pero ya estaba en ella, ya era huésped de este mundo cruel y tenía que someterse a las reglas del mismo, y tenía que crecer y madurar y desarrollarse, era algo con lo que no comulgaba, pero ya inventaría la manera de ser niña por siempre, ya encontraría el modo de engañara todos y hacerles creer que crecía y seguir siendo ella eternamente para no sufrir ni tener que enfrentar tanto sufrimiento, es más; con toda seguridad encontraría el modo de no traer hijos al mundo para que no le provocara un dolor semejante al que sabía que experimentaban todas las madres por sus enfermedades, por no poder comunicarse con ellos o por no saber lo que piensan, pero especialmente, trataría de evitar traer al mundo a otros seres humanos, para evitarles a ellos el dolor de ser hijos que es mucho mas tormentoso que el que enfrentan los papás, pes ellos sufren desde que nacen a la luz y respiran por vez primera y luego por la impotencia de ser unos inútiles y no poder expresarse de ningún modo los primeros y mas difíciles días de su s vidas.
Una tarde de enero, María Luisa se sentía contenta, jugaba con un amigo imaginario llena de felicidad, cada día aprendía más de él, aunque no hablaban el mismo idioma ella trataba de poner atención a sus sonidos y señas, ya estaba aprendiendo a comunicarse con él, pues prefería aprender idiomas extraños parecidos al de ella, que aprender el lenguaje de los mayores, porque sentía que estaba olvidando el suyo y es que casi no lo practicaba, pues pocas veces tenía la oportunidad de charlar con alguien de su edad y aunque no quisiera, lo mas probable era que así ocurriera, llegaría el momento en que aprendería a hablar como los adultos y olvidaría su pequeño idioma esa tarde, ella y su amigo imaginario estaba montados sobre un dragón que solo existía en su imaginación –por supuesto-, y desde ahí trataban de alcanzar un caballo fantástico de color azul que los conduciría hasta el puerto, donde arribaba el barco de los sueños todos los días a las once de la noche y que luego pasaba por Botaira con rumbo a Sabaiba, mucha gente quería subirse, por eso el juego favorito de los niños, de pronto; María Luisa se detuvo y su amigo la miró sin entender, ella se bajó del dragón y corrió hacia su madre que estaba frente al metate “rayando” unas tortillas “tiernas” para hacer tostadas, la niña le abrazó fuertemente de las piernas, levantó su dulce carita hacia la de ella y acariciando la panza de Eulogia susurró; “Adiós mamá”.
Eulogia sonrió emocionada al ver a su hija en la cama tan divertida y por alguna extraña razón, le pareció escuchar una vececita que le dijo “adiós”, luego sonrió para sus adentros, esa noche del veinticuatro de abril María Luisa dormía plácidamente cuando oyó unos cuchicheos en su oído izquierdo, sin abrir los ojos y quedito para que nadie la escuchara contestó:
-¿Quén?
-Soy yo.
-¿Ota vez?
-Si, abre los ojos.
-Np, mo te queyo vel… me hace mello
-No te voy a hacer nada.
-E que si ablo lo ojos no te veo, así si te veo…
En efecto con los ojos cerrados podía distinguir claramente a aquel fantástico animal con el que hablaba a diario, sus enormes ojos le impresionaban y los cuernitos que tenía atrás de las cejas le parecían chistosos, hasta las alas trasparentes se las podía ver cuando tenía los ojos cerrados, por eso prefería platicar con él, sin abrirlos, en ocasiones anteriores habían platicado por noches enteras hasta que ella decidía abrir los ojos, pero en cuanto lo hacía, el animal desaparecía de su vista, era de un color muy extraño que ella no podía identificar por lo corto de su edad, sin embargo le gustaba el color casi verde pero casi azul, que hacía que el color de los enormes ojos resaltaran por lo extrañamente verdes que eran, el caballo sentido se acercó para decirle una noticia que la llenaría de tristeza, pues el motivo de su visita era decirle que era la hora de llevarse a su madre a aquel lugar del que ya le había hablado y que era muy parecido al lugar de donde venía y le había explicado que morir era como nacer pero al revés… ella lloró y el animal se compadeció de ella, entonces hizo con sus patas delanteras un pase mágico para hacer que su mente se relajara, y se relajó tanto que su cuerpo languideció y se sumió de nuevo en su sueño para jugar con aquella especie de dragón morado con alas transparentes, que montaban ella y su amigo imaginario, y esa noche su madre murió.
Pasaron los años, María Luisa creció y cumplió cuarenta y un años, era aún una niña –solo que dentro del cuerpo inmenso de una mujer-, pero seguía metida en su fantástico mundo, lleno de caballos y dragones que se trajo desde su infancia y que no volvió a dejar nunca y cada vez que surgía un problema, se metía dentro de su imaginación para no sufrir. Era junio y el verano se presentaba extremadamente caluroso, las garzas habían arribado a la ceiba aquella en la que se aparecía la virgen y por las noches rondaba una gallina que lloraba clamando por sus pollitos, Tingo el de la burra verde ya había muerto y de las playas de Botaira se vio surgir un resplandor maravilloso, sin duda era el anuncio de algo fantástico que seguramente no se repetiría en muchos años, lo último parecido a aquello, era lo ocurrido el día que nació María Luisa.
María Luisa había decidido encerrarse en su mundo de niña desde que tenía diez meses y se había prometido no llorar nunca mas, desde el día que nació por primera vez por eso aquella noche en que cumplió los quince años y una sombra se deslizó por la puerta de su cuarto y se abalanzó sobre ella para agredirla sexualmente de la manera mas ruin y cobarde, puso en su mente un velo que no le permitió sentir, ni recordar lo que ocurrió en ese día tan importante, y cuando su padre hubo realizado la terrible felonía, ella se retorcía en el suelo, sin entender nada –víctima de una de aquellas convulsiones de la infancia-, porque así lo había decidido y sus amigos los duendes y animales fantásticos de su fantasmagoría, trataban de darle ánimo y hacerle pasar momentos dulces sin lograrlo…
Durante veinticinco años fue víctima de violaciones y malos tratos, su corazón estaba totalmente destrozado, pero su cerebro se negaba a aceptarlo y por eso reía y era feliz, a la gente le sonreía y se divertía jugando con los niños del barrio de la cornucopia y todos la querían porque tenía un corazón de niña como el que muchos adultos querían tener pero por vergüenza no lo intentaban, se la pasaba cantando e inventando sueños maravillosos y cuantos platicaba a sus amigos reales y cuando conocía a un recién nacido le hablaba en su propio idioma.
Ese día en que María Luisa cumplió los cuarenta y uno y en el mar azul de Botaira se estaba fabricando un arco iris con los colores que todavía no se inventaban, la gente salió nuevamente a las calles para mirar como del mar surgía portento tan maravilloso y casi increíble de contar de no ser –claro-, porque casi toda la población estaba siendo testigo.
El arco se levantó hacia el cielo hasta llegar a un punto en el que empezó a bajar lentamente, y con dirección al barrio donde María luisa platicaba con sus amigos los catiuscos y que por cierto le estaban preguntando por el dragón alado que habían perdido hacia mucho tiempo y que ella había encontrado, pues le explicaban que se había cumplido el ciclo y debía volver con ellos a la tierra de los mitos-, alguien mas le preguntó por el caballo y por el amigo imaginario, ella se entristeció y le pareció raro que se estuvieran llevando a todos sus amigos, entonces alguien sin querer le dijo que ya no los necesitaría; entonces lo entendió todo.
Afuera la garzas emprendían el vuelo espantadas, la ceiba se secó repentinamente, la leche en la hornilla se derramó, los perros de la calle se quedaron mudos, un racimo de uvas se puso rojo en la parra y todo quedó en silencio…
El arco iris empezó a descender con calma, la gente corría por las calles para ver a donde iba a bajar y tener la oportunidad de atraparlo para arrancarle trocitos y guardarlos en botellas para cuando se ocupara curar alguna tristeza.
De pronto el arco cayó pesadamente sobre el techo de la casa donde vivió María Luisa y aquel hombre que abusara de ella tanto tiempo ya que ahora estaba apunto de partir al mas allá, los ojos desorbitados de su padre vieron el resplandor y la gente de la calle gritaba de la emoción, y entonces ocurrió algo portentoso; María Luisa salió a la calle mientras que adentro su padre exhalaba un último suspiro…
La gente como hipnotizada vio a la niña levantarse unos centímetros del suelo y levantó la mirada en tanto que adentro una legión de demonios despedazaban lo que quedó de aquel hombre sin escrúpulos y malvado, que de seguro en unos minutos mas estaría pudriéndose en el infierno.
María Luisa sonrió a la multitud, todos la miraban expectantes, el arco iris cambió de colores y todos pudieron admirar las sensaciones luminosas mas bellas y que jamás imaginaron, entonces sucedió aquello increíble; María Luisa empezó a caminar subiendo lentamente como siguiendo un camino invisible y así se fue yendo con el arco rumbo al cielo, nadie se dio cuenta de que la mujer lloraba, porque lloró a escondidas, se fue dividida entre su pasado y su destino, entre la crueldad y su inocencia, es cierto que lloró por segunda vez, pero ese fue su último llanto y esta vez fue de felicidad y aquel hermoso cuento de dolor y de misterios terminaba y el recuerdo de aquella niña que decidió ser una niña para siempre, es ejemplo de amor y de cordura para los adultos de Botaira y aún hoy en sus noches en las banquetas del pueblo se escuchan a los niños contar aquella historia a los adultos y de vez en cuando se escucha a algún adulto sollozar; por la infancia perdida, por la falta de valor o por el amor reprimido.
Pero mientras exista un lugar como Botaira en donde nacen niños como Maria Luisa y niños como los que la habitan, habrá adultos que aprendan que se puede ser todo lo viejo que se sea capaz, pero que un corazón de niño, es capaz de hacer levitar un cuerpo y hacerlo mezclarse con la magia encantada del iris.

FERNANDO BARRAZA
El Apoderado, Ciudad Asilo de el Rosario Sinaloa, Junio del 2005.

Alejo muere por segunda vez

ALEJO MUERE POR SEGUNDA VEZ

Los fantasmas de la noche corrían desesperados buscando donde esconderse y los duendes del mal se divertían acarreando desgracias a las casas con las ventanas abiertas, era la una de la mañana y doña Félix recorría la casa angustiada, mientras que en el catre Alejo se retorcía y se quejaba lastimeramente, aunque la muerte no le había dolido en realidad. Desesperada doña Félix iba y venía y se detenía de vez en cuando ante el altar de la virgen de Guadalupe y le escupía una oración.
Arropó a su marido y le acomodó los pocos pelos que todavía le quedaban, se untó los dedos con saliva y le quitó con suavidad –y asco-, de la cara una mancha de hollín que quién sabe de donde sacó el infeliz, luego se levantó y fue hasta la ventana, ahí se quedó hablando para ella misma y mirando en dirección al cerro, estaba tan preocupada que no se dio cuenta que en ese instante penetraba silencioso un duende que la miró burlón –claro que era invisible, pero por lo general la gente los presentía-, sin embargo doña Félix siguió sumida en sus meditaciones , la noche se oía callada, solo era interrumpida por el gorjeo de las gallinas y algún lejano aullar de perros. La calle se miraba desierta y negra, las sombras de los árboles semejaban espectros que danzaban al compás de alguna melodía silenciosa, la brisa de la madrugada empezó a llegar del rumbo del lago de los lagartos hasta dejar en la espesura el ambiente, todo Botaira quedó envuelto en la densa neblina… todo Botaira se veía negro y se sentía espeso, como esperando algo, de repente; un grito rompió en mil pedazos la magia nocturnal…
Doña Félix azorada trataba de adivinar la razón del grito de su marido. Con la angustia cubriendo sus facciones, destapó el cuerpo enclenque y la pestilencia inundó el cuarto, hacía días que no lo bañaba, estaba cubierto de llagas por lo que le resultaba difícil tocar su cuerpo. Sin respirar, la infeliz mujer se dio cuenta de repente que bajo los pliegues de la sabana hedionda se metió en alacrán. En lo que encontró una chancla para matarlo, el animalejo había desaparecido, ella cubrió de nuevo el cuerpo de su marido y disimuladamente –para no apenarlo-, volteó hacia la calle por la ventanita para tomar un poco de aire fresco. El alacrán aprovechó la distracción de doña Félix y el aturdimiento de Alejo para disfrazarse de sombra y bajar cauteloso por una de las patas de la cama, anduvo a tientas confundiéndose con las grietas del piso caminando hacia ninguna parte y como exhalación se esfumó rumbo a la nada.
Alejo quiso decir algo pero las palabras ya no salieron de su boca, la lengua se le entumió por el efecto del veneno del alacrán, sus ojos adquirieron un brillo que nunca habían tenido, una ampolla se le reventó en ese instante y la pus escurrió lentamente por su mejilla, en una esquina estaba sentada la muerte, desesperada por culpa del enfermo, -por eso quizá mandó al alacrán, y estaba ahí; como contando los minutos y con uno de sus largos dedos golpeaba entre sus piernas y a intervalos el asiento de la silla, a veces hacía una pausa para voltear a ver al moribundo. Félix no se dio cuenta porque de haber sido así, la hubiera corrido con una mentada de madre como era la costumbre y Alejo seguiría viviendo indefinidamente, pero no fue así, la mujer no acataba a nada, se había dado por vencida; estaba harta de limpiarle la cara, de limpiarle el cuerpo, de limpiarle las llagas… de limpiarle el culo!
Sin embargo ahogó un sollozo y con más lastima que otra cosa tomó la mano del hombre que al instante y a pausas se desmadejó entre la suyas, se reflejó por última vez durante un segundo en aquellos ojos moribundos y vio la sonrisa más dulce dibujada en aquellos labios grotescos y se sintió en paz, sin remordimientos, en ese momento el hombre murió por segunda vez, cerró los ojos y no volvió a abrirlos jamás.
La muerte se levanto y dio media vuelta apenada arrastrando su costal de huesos, era la primera vez que su alma insensible experimentaba compasión por alguien, pero decidió creer que era alegría lo que sintió, por haber librado de semejante cadena a la pobre mujer… discretamente atravesó la pared y se fue en silencio pensativa.


FERNANDO BARRAZA

sábado, 9 de mayo de 2009

CHAMETLA

CHAMETLA

IMITANDO LA GRACIA DE UN POETA
QUISE HALLAR EN EL MAR LA INSPIRACIÓN,
RECORRIENDO LAS PLAYAS DE CHAMETLA
QUE POR SIEMPRE LLEVO EN MI CORAZÓN

AQUÍ, EN MI PUEBLO BENDITO,
AQUÍ DONDE TODO ES AMOR
FELIZ EN MI CHAMETLA BENDITO
LLORANDO DE FELICIDAD,

CORRÍ, POR LAS TIBIAS ARENAS DEL MAR
ESPERANDO VOLVER A ENCONTRAR EMBRUJOS DE MUJER,
EL SOL SE DESPIDE LLORANDO, LLORANDO DE FELICIDAD.

LA BRISA YA VIENE MURMURANDO
EL FOLLAJE BESANDO DEL INMENSO MANGLAR,
SI, DEL INMENSO MANGLAR.

CHAMETLA PUEBLO BENDITO
CHAMETLA BENDITO POR DIOS…

Esta es otra a ver que les parece, un verdadero poema, proximamente podré los versos que leyó Tonaltzin en el la pasada celebracion del aniversario de Chametla y que tanto me han pedido.

jueves, 3 de julio de 2008

UNA HISTORIA DE AMOR Y DESENCANTO

(Fragmento de aquella historia inconclusa aún sin nombre que me fué solicitado para la memoria impresa del quinto encuentro internacional de escritores en Salvatierra Guanajuato)

PROLOGO

¿Yo? … ¿¡Porqué yo?¡

Eulogia cerró los ojos y elevó un plegaria al cielo, esas dos palabras eran como la maldición más característica de su vida, eran como su sello, sus palabras distintivas. . .

Era el 21 de enero del 2008 y pensando en el ayer, vio en retrospectiva su vida.
. . . estaba cumpliendo setenta y tres años.


Diciembre 1864

México tenia problemas económicos que tenían mucho que ver con la deuda que había contraído con Francia Inglaterra y España. Por esas épocas, el Presidente Benito Juárez emitió un decreto en el que informaba que durante dos años no se le pagaría a ninguno de esos países un céntimo de lo que debían, esto con la finalidad de que las arcas del país se mejoraran. . .
Estuvo -por supuesto y para evitar los malos entendidos-, aclarando que casi la mayor parte de la deuda había sido contraída por gobiernos anteriores, pero ocurrió que a los países prestamistas, aquello no les pareció, y unidos; Francia, España e Inglaterra enviaron sus flotas de guerra a ocupar el puerto de Veracruz para exigir el pago, por eso fue que días antes, el coronel Antonio Rosales estuvo reclutando gente de los alrededores y se llevó a todos lo jóvenes del poblado de mesillas con rumbo a Mazatlán, cuando los tuvo reunidos junto con los hombres de toda la región, les explicó lo de la invasión extranjera y que según se sabía, los fuereños pretendían “subir” al norte y adueñarse de lo más que pudieran con tal de cobrarse lo que les debían, también les dijo que el presidente Benito Juárez estaba tratando de llegar a un acuerdo con los intervensionistas bajo la condición de que en cuanto esto se decidiera, las tropas darían marcha atrás, y que en caso de que así fuera, la cosa no iba a pasar de ahí, y en efecto; los ingleses y los españoles emprendieron el retorno ante el avance de las pláticas y las promesas del gobierno de México, pero no así los franceses que no quedaron conformes, y en virtud de que Napoleón tercero quería reinar aún más allá de sus fronteras, incluso por las tierras americanas, ordenó que se acercaran a la capital de la república y con tan buena suerte para los extranjeros que en el camino se les unió un enorme grupo de conservadores que habían creído siempre que México debía ser una monarquía, creyeron que en la intervención de las tropas de Francia estaba la oportunidad de derrotar a los liberales y suprimir la república.

Las tropas se desplegaron hacia el norte tal y como la había predicho el coronel Rosales y fue de ese modo que llegaron a Sinaloa luego de invadir algunas zonas del estado de Durango, entraron por el poblado de Concordia antigua villa de san Sebastián y quemaron todo a su paso, pero ya el general y su gente estaban preparados y fue precisamente en San Pedro, una pequeña población ubicada cercana a la capital de estado, donde la brigada de Sinaloa, compuesta de poco menos de cuatrocientos hombres, al mando del general Rosales, lucho enormemente y derrotó a un cuerpo de quinientos hombres, entre los que se contaron a franceses y mexicanos intervensionistas después casi cuatro horas de combate sangriento, se obtuvo por la tropa –según lo reportó después el coronel-,el aprisionamiento de noventa y ocho franceses y argelinos, y casi el doble número de intervencionistas. Entre los franceses prisioneros se encontraba el comandante del vapor de guerra francés «Lucifer», Gazielle, jefe de la expedición y siete oficiales subalternos, el comandante Gazielle habia violado a una mujer en la población de Concordia y a la que había dejado preñada días antes de ser tomado como prisionero, entre los que lograron escapar iban el ex general mexicano Domingo Cortés y el comandante de batallón Jorge Carmona, que huyeron al comenzar la acción. En el campo de batalla el enemigo dejó 26 muertos y 25 heridos franceses y un número considerable de traidores, estas fueron las palabras que utilizó el coronel Antonio Rosales cuando se lo hizo saber a sus superiores después de terminada la batalla:
“Los prisioneros mexicanos, todos de clase de tropa, viniendo como forzados, fueron perdonados e incorporados a la brigada. La nación tiene que deplorar la muerte del valiente capitán C. Fernando Ramírez y de muchos buenos soldados, que en un combate, en todos sentidos desventajoso, se han sacrificado por su patria. En oficio separado comunicaré el detalle correspondiente. Todos los jefes y oficiales que en esta jornada militaron bajo mis órdenes, se batieron con extraordinario denuedo y entusiasmo, haciéndose dignos de los mayores elogios. Pronto haré la mención honorífica que cada uno merece por los servicios distinguidos que presentaron, haciéndose acreedores al reconocimiento de la República y al de su congéneres...”

Febrero 1865

Goulven, se paró frente al pórtico que daba al enorme patio de la casa de Zopahua y antes de empujar el portón volteó hacia todos lados para asegurarse de que no había nadie cercano, cuando se cercioró de que estaba solo en el oscuro callejón, le dio tres golpes seguidos con la culata de su escopeta “Lafruché”, desde adentro se oyó una voz aguardentosa pidiendo el santo y seña, tres golpes mas fuertes le precedieron desde afuera y en ese momento se empezaron a escuchar gritos provenientes de cualquier parte del poblado e inmediatamente los candiles de la casona empezaron a surgir como avechuchos por todas las habitaciones, -¿que pasa “ajuera”?- Insistió la voz, y obtuvo como respuesta tres nuevos golpes en el aquel viejo madero que para entonces eran más urgentes que seguir con la duda, entonces el anciano velador se aproximó a paso lento y desenganchó la aldaba... en cuanto la puerta cedió solo un poco, Goulven se apresuró a entrar cerrando tras de si y arremetiendo contra el viejo, propinándole una serie de golpes en la cabeza que lo dejaron tendido y sin sentido sobre una pila de costales llenos de olotes.. . .

Goulven caminó entre las sombras del patio y escondiéndose entre los pilares de la vieja hacienda aguantando la respiración para no ser percibido y con el dedo en el gatillo de la escopeta. Eran casi las tres de la madrugada, el hombre subió a tientas las escaleras que conducían al segundo piso y cuidando de no ser atropellado por los sirvientes que corrían de un lado a otro tratando de adivinar a que se debía el griterío que se escuchaba y que ponía los nervios de punta.

En su habitación, Zopahua se desperezó en la cama, la luz amarillenta de su quinqué, parecía danzar al compás de una melodía inaudible, pero altamente serena. . . la mujer puso atención a los ruidos que llegaban de fuera y semidesnuda como estaba se aproximó a la ventana, los gritos aumentaban en intensidad y volumen, el caos recorría las calles montado en la desesperanza, Zopahua no alcanzaba a entender aún la magnitud de lo que ocurría, sin embargo, acabó de despertar cuando vio que con toda seguridad el caserío de los alrededores ardía, y el pánico hacía estragos en el vecindario, sus ojos se cerraron por instinto y sus oídos se aguzaron como tratando de concentrarse en algo y haciendo a un lado el ruido que venía del exterior, fue cuando se percató de que afuera de su habitación se percibían unos pasos suaves y lentos, muy diferentes de los que hacían correr de un lado al otro de la casa a los sirvientes y tal vez a sus padres . . . fue entonces cuando se dio cuenta de que una respiración agitada atravesaba las paredes de su habitación a unos pasos de la puerta, se acercó con sigilo tratando de centrar su atención en lo que imaginaba que ocurría sin alcanzar a entender pero con el terror haciéndole su presa, se acercó con cautela a la puerta y movió con suavidad el cerrojo, aquel hombre pálido se le echó encima arrojándola al suelo y cerrando tras de si la puerta, acto seguido se aproximó a la mujer y le tapó la boca con las manos, susurrándole palabras en un idioma ininteligible pero llenas de una paz y una calma que no le dieron opción; por lo que con una mirada de “está bien”, le dio a entender al hombre aquel, que no gritaría. . .

Pero su arrepentimiento llegó demasiado tarde; Goulven le devolvió una mirada que se había tornado lujuriosa y llena de ansiedad ante la vista de las curvas de la mujer, ella sintió que una erección empezaba a ser notoria entre sus ingles y el pánico se apoderó de su razón y él, como bestia en celo la arrojó sobre la cama, le arrancó en pedazos el corpiño y de la misma manera arrancó el guardainfantes que la cubría, Zopahua lo empujaba con fuerza sin lograr apartarlo de su cuerpo, le arañaba la cara casi inconsciente y le arrancaba el pelo a tirones, un pelo de un extraño color amarillento que le provocaba un asco incontenible, los gritos en su garganta se negaban a salir y entonces se convirtieron en aullidos lastimeros que invadieron las paredes y rebozaron la habitación para salir desbocados por la ventana y perderse entre los gritos y balazos del exterior, cientos de maldiciones y palabras de rabia resbalaban por las comisuras de sus labios o se perdían en las entrañas de aquel hombre que se las tragaba al intentar besarla en contra de su voluntad; “Déjame, maldito”, suéltame!”, pero el hombre no le daba una tregua, en su cara se advertía claramente el cinismo y su mirada estaba repleta de lujuria, mismos que provocaban un miedo inenarrable a la pobre mujer, cuando la vio ahí tirada totalmente desnuda procedió a arrancar sus propias vestimentas con la ansiedad de un criminal, entonces la poseyó con la bestialidad de un animal, y la violó con el sadismo de un energúmeno, ella, al sentir el miembro caliente de aquel hombre introducirse tan salvajemente al interior de su vientre acalló sus gemidos, abrió los ojos incrédula y llena de coraje guardó silencio, sintió como si una serpiente penetrara sus entrañas, y un fuego abrasador le carcomiera por dentro, no se quejó, no emitió un sollozo más, solo cedió ante la imposibilidad de hacer algo.

El hombre sació su instinto como el salvaje que era y se puso de pié para verla desde otra perspectiva, ahí en medio de aquellas sabanas azules apreció con detenimiento el cuerpo exangüe de la mujer y pudo apreciarle en plenitud, era un ejemplar femenino delicado y bello, esbelta, la piel del color de la canela brillaba ante el reflejo de la pálida luz de la lámpara, los huesos del pecho resaltaban ante la agitada respiración y le hacían verse realmente sensual, ella se tapaba avergonzada ante la insidiosa mirada del sujeto, dentro de ella hacia ebullición el liquido espeso que le recorría las entrañas como quemándole, como haciéndolas trizas, sin embargo agarró fuerzas de flaqueza y se fingió inconsciente, por un momento temió perderse en la inconciencia y no poder evitarlo, pero su voluntad era fuerte, lo suficientemente fuerte como para aprovechar la distracción que su cuerpo mancillado provocaba en aquel ser salvaje y con absoluta rapidez estirar la mano hacia la mesita en la que descansaba el quinqué para tomarlo con determinación e incrustarlo en el sexo aún húmedo del hombre pálido que se relamía ante ella, el fuego de la llama agarró desprevenido a Goulven y la bombilla se partió en trozos que se le incrustaron en el vientre y el liquido flamable que había dentro de ella se desparramó sobre sus testículos haciéndolos arder y despidiendo un olor que a la mujer le remitió al olor de las plumas quemadas de las gallinas que preparaba la Matea, provocando un pánico sin descripción en el rostro y las actitudes del hombre que estupefacto se retorcía gritando y sin poder creerlo.
Gritos que semejaban alaridos se desprendieron de su garganta opacando los de las mujeres y los niños que buscaban un refugio huyendo del infame ataque del que eran presas en las calles y los hogares de Mesillas, la sangre corría por sus piernas, el bello púbico se le había desaparecido por completo.

Aprovechando la histérica confusión del hombre, Zopahua se levantó y se enredó en las sabanas y salió corriendo, al salir casi tropieza con su madre, se tomaron de las manos sin decir palabras y corrieron escaleras abajo con rumbo a las caballerizas, al pasar por el corral los animales llenos de pánico chocaban unos contra otros y la servidumbre buscaba donde esconderse, Zopahua y su madre intentaron meterse al granero pero éste empezaba a arder. . . Sin saber a donde ir y llenas de angustia, con los ojos desmesurados al darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor, veían con angustia como las mujeres y los hombres eran violados en el suelo, los niños destazados y los jacales quemados, la muchacha, desvió por un instante la mirada en dirección a su habitación y alcanzó a ver como las lenguas de fuego empezaban a asomarse por la ventana, esa distracción no le permitió percatarse de que estaba frente a ellas un par de individuos de la misma calaña que el anterior, sin saber a donde correr y tratando de huir por cualquier parte, los hombres las detienen contra su voluntad y las desnudan a la fuerza, arrojándolas al suelo en medio del llanto y el griterío, una vez ahí, el par de sujetos, las mancillan sin piedad alguna. . .

Goulven, en su desesperación y atónito ante la inesperada situación a la que se enfrentaba, trataba de apagar el fuego que ya empezaba a invadirlo todo, su ropa húmeda por el combustible del quinqué, ardía a fuego alto, las sabanas de la cama de Zopahua, y las cortinas casi se habían consumido, el hombre no sabia si correr o morir en el intento, pero cuando sus piernas y el vientre se empezaron a achicharrar, no le quedó de otra, por lo que entre estertores de agonía y lamentos de incredulidad y coraje, se entregó sin remedio a su muerte, a esa muerte que él mismo se había buscado. . .

El sol se asomó con timidez, tras los cerros de la sierra de Durango, ni un solo gallo cantó esa mañana, los gemidos de los sobrevivientes se oían lastimeramente por todo el poblado, hombres tratando de devolver la vida a sus hijos, mujeres buscando a tientas su dignidad, niños tratando de encontrar un sentido a sus vidas, abuelos intentando morir en lugar de nietos.. todo era vergüenza, los cuerpos desnudos se desplazaban sin rumbo, el dolor en las miradas se perdía tras lamentos de rabia y desconcierto, aquello era el fin del mundo, todo en “Mesillas” había terminado, todo había muerto; las esperanzas, las ilusiones, los sueños. .

El frío de la mañana calaba hasta el tuétano, la neblina y el humo, hacían que aquello que quedó del poblado, parecieran los restos del holocausto, nadie acababa de comprender lo sucedido, pero nadie pedía una explicación, Zopahua y su madre acurrucada una junto a la otra trataban de aparecer fuertes, pero sus cuerpos no denotaban más fuerza que la que necesitaban para ponerse de pie y buscar a Nemesio, su padre, al que encontraron junto a la puerta principal, destrozado e irreconocible, el fuego lo acabó, de no ser por el anillo que aparecía en la falange del anular derecho, no hubieran sabido que era el.

Después de enterrar a sus muertos y de levantar sus casas, la población entera se dio a la tarea de nacer de nuevo, limpiar, sembrar, amar, . . . la vida seguía su curso, y no solo el ave fénix era capaz de empezar desde el principio, eso lo sabían todos en esa pequeña población, mientras en las reconstruidas habitaciones de la casona , Zopahua, veía aterrorizada como su vientre se abultaba con el paso de los meses. Pasaron nueve meses durante los cuales la mujer, gracias a sus creencias religiosas, se había hecho a la idea del embarazo, nada había quedado atrás, pero el instinto de supervivencia y la esperanza en tiempos mejores, le hicieron hacer a un lado los malos momentos, tanto a ella como al resto del poblado, resignados ante lo ocurrido y llenos de fortaleza ante lo venidero, la población resurgió como lo había deseado, en la familia de Zopahua, gracias al apoyo de las decenas de empleados pronto todo volvió a la normalidad, el pasado era solo un mal recuerdo, además como decía Delfina su madre, eso ya no existía...

Con el pasar de los días se dieron cuenta de que los franceses habían hecho lo mismo en las poblaciones de los alrededores, desde Concordia hasta Mazatlán y todos las poblaciones intermedias. . .

De todo esto se enteraban en mesillas, a pesar de que las noticias tardaban en recorrer el territorio, Zopahua necesitaba estar enterada de lo que acontecía en el país, porque de alguna manera ella y su hijo, se estaban convirtiendo parte de esa historia, de aquella cruda historia.


Con el paso del tiempo se fueron estableciendo en la región, algunos, -los menos avezados-, permanecieron ahí, por razones distintas, y, ya porque encontraron el amor, ya porque encontraron un lugar en donde terminar sus días en paz -,en noviembre de ese fatídico año de la intervención francesa, Zopahua dio a luz a un niña al que dio por nombre Dámaso. Había sido ahí, justo a esa pequeña comunidad llamada “mesillas”, a donde llegó a vivir Macrina, al abrigo de sus abuelos y huyendo de la vergüenza de haber sido preñada por aquel hombre del que después supo se llamaba Gazielle y apodaban “Lucifer”y dio a una hermosa niña a la que puso por nombre Luisiane, un nombre francés que para entonces estaba muy de moda y como su madre se llamaba Luisa, pues aprovecho el pretexto. De esa manera pasaron los años, Louisiane creció y se enamoró del hijo de Zopahua ambos descendientes de franceses, hijos de mujeres violentadas por aquellos insanos seres, para esos días en mesillas habitaban casi pura gente de ascendencia Francesa, la mayoría de los nativos de la comunidad habían fallecido, los herederos de los antiguas pobladores eran casi todos hijos de franceses que al pasar de los años fueron tomando y transformando las creencias cristianas de los lugareños para desviarlas a una que ellos llamaban menonismo, una especie de religión que había florecido en Francia y que por esas fechas estaban llegando desde Europa a alguna ciudades de América sobretodo al norte, en Canadá, las costumbres que habían adquirido al pasar el tiempo, hicieron que la comunidad se volviera harto rutinaria, al cobijo del menonismo, en Julio de 1886, Luisiane y Dámaso contrajeron nupcias.


Octubre de 1916.

De la unión de Dámaso y Luisiane nacieron seis hijos, atrás se había perdido la sangre mexicana de los antiguos pobladores, todos ellos nacían rubios y con los ojos de colores transparentes , al menor de ellos que había nacido por el año de 1891, lo llamaron Huges, sin embargo el chico aquel, rebelde quizá por la sangre nativa que aún fluía por sus venas, o tal vez por la sangre extranjera que hacía ebullición en su interior, cuando conoció la amarga historia de sus antepasados, y ante la rabia de ver lo pronto que se habían resignado los sobrevivientes a ese modo de vida que los invasores les habían impuesto; renegó abiertamente y decidió llamarse a si mismo Dámaso, lo mismo que su padre y aunque era un nombre de ascendencia española, era más mexicano que cualquier nombre francés, y queriendo o no, el sometimiento a una conquista, era una cosa, pero de eso a someterse a dos, había un enorme tramo que él no estaba dispuesto a tolerar, sin embargo y muy a su pesar creció bajo ese régimen, sin embargo la rutina que los franceses implantaron y que a su vez habían adquirido de ciertos holandeses rebeldes, había hartado a Dámaso.

Dámaso había cumplido los veinticinco años, en mesillas la vida rutinaria le había instado a ir más allá de la loma en busca de horizontes nuevos. . . por lo que un dia, temprano como a eso de las ocho de la mañana, se acomodó el morral en el hombro y salió a paso presuroso, para no darse tiempo de voltear hacia atrás y así no tener que decirle adiós a nadie, ni siquiera a pancho el perro.

Pasados unos cuarenta minutos estaba en el crucero del camino que conducía de Durango a Mazatlán volteó indeciso a ambos lados y finalmente optó por caminar con rumbo a la costa. . . de ese modo tras dos días de viaje, llega a Chametla.

Chametla es un lugar de la costa del mar Pacifico en el que hacia diez y seis años, también en octubre pero de 1900 había nacido María. . . María Barrón.

Dámaso llegó a Chametla casi a la misma hora en que salió de mesillas, eran algo así como las ocho de la mañana, los perros salieron a su encuentro y de pronto le entró la nostalgia por pancho, el perro que se quedó tras él mirándole partir en silencio, -esa mañana el perro había salido a saludarlo como todos los días pero al ver la actitud de su amo, no se le acercó, y tras el tronco del viejo tabachín que había en el patio, lo vio desaparecer hasta que dio vuelta en el recodo del camino que lleva a Concordia. . .

María era descendiente de totorames, ahora españolizados, descendiente directa de victimas de la conquista, pero con la sangre mas mexicana que su nombre, que para ese entonces también era muy popular, debido precisamente a la influencia del catolicismo, sin embargo la rebelde chiquilla en ese entonces de quince años, se empeñaba en asegurar que era india de las mexicanas de adeveras. .

Dámaso parpadeó insistentemente para borrar los recuerdos que a pesar de él, aún le perseguían, pero trató de hacerlos a un lado para dejar el pasado en el olvido y empezar una vida nueva en aquel pequeño poblado del cuál dias después supo su nombre.

María tenía la costumbre de acarrear agua de pozo del río, iba subiendo la cañada con la jícara en las manos y la cantarilla en el ñagual, cuando de pronto su mirar oscuro profundo, se topó de frente con la penetrante mirada azul cristalino de un hombre que de solo sonreírle, le hirió de amores el corazón, Dámaso se aproximó lentamente a la chiquilla y sin decir palabras, tomó entre sus manos la cantarilla y dibujó la sonrisa que mejor le salía para darle confianza, ella solo dijo gracias y caminó a su lado en silencio, sus pies caminaban instintivamente, y los de Dámaso la seguían, nadie, dijo nada, en realidad no hacía falta, sus ojos lo habían dicho todo, cuando llegaron a la casa de María, él le entregó el recipiente con el agua y se inclinó en señal de saludo, ella la tomó y colocándoselo en la cabeza, dio media vuelta e inclinándose un poco para no tirarla con las palmas del techo que colgaban al frente de la puerta de entrada, por ahí desapareció como un suspiro apasionado hacia el vientre de su casa. . .

Ese fue el inicio de un trágico idilio, años más tarde, en mil novecientos treinta y cinco, nacería Eulogia, y con ella la más amarga historia de amor y desencanto, de dichas y tormentos, de tragedia y rebelión….

viernes, 11 de enero de 2008

... De un escrito inconcluso aún sin nombre

En el pueblo la gente vivía su cotidianeidad; cada quien en lo suyo, en los patios los jóvenes se dedicaban a tejer sus redes para la temporada de pesca, en las cocinas las abuelas preparaban la merienda, en el río los que podían se bañaban y lavaban, todo se veía normal, de repente los ojos de Eulogia fijaron su atención en la parvada de garzas que se levantaron y emprendieron el vuelo no al cerro sino al otro lado del río, casi al instante se oyó una detonación que hizo eco en el cerro, como si el sonido hubiera rebotado para esparcirse por toda la comunidad para penetrar en los oídos de la muchacha que tapándoselos gritó; Maria se acercó y la abrazó tratando de entender lo que pasaba, Eulogia lloraba inconsolable mientras Maria le susurraba palabras de consuelo...

La gente en Chametla se sorprendió; camino de la plaza había un cadáver, con un solo balazo, solo uno; justo en el corazón, los jóvenes corrían por la calle del medio, algunos bajaban por los callejones, los trece hombres montados en su carreta fueron vistos salir en estampida con dirección a Botaira, nadie pudo hacer nada, la sorpresa los había desarmado desde antes, atónitos vieron marcharse al grupo.

Los pájaros se quedaron callados y los perros aullaron lastimeramente, en el río, aquel presentimiento le había dado fuerzas a Eulogia para que se parara con la mirada perdida y las quijadas apretadas como conteniendo la rabia de saber algo que todavía ignoraba, no sabía que era, pero sentía que aquello que estaba pasando en Chametla, la involucraba directamente a ella, limpió sus lágrimas con el puño de sus mano, y emprendió la marcha por la cañada para subir a la calle del medio.

María la siguió en silencio, tras ella se formó la comitiva, Juan su hijo menor y Mariquita le siguieron, detrás iban todos los demás que se divertían en las aguas del río, como en la procesión del silencio. . .

miércoles, 22 de agosto de 2007

¡Ay mi Botaira!


Cae la noche en Botaira, los nextlinqueros refulgen al calor del hogar, allá en el lago de los lagartos los sauces llorones guardan silencio pues duermen, las gallinas se sientan en sus cacareos y los perros hacen una pausa en sus aullidos, todo es silencio...

Las hadas de los mitotes aprovechan esos momentos para aguzar los oidos, ellas perciben hasta el estertor de la muerte dentro de cualquier casa, ese es el momento en que ellas se alimentan de los chismes ocurridos durante el día para despues, una vez que pasó el barco de los sueños, desperdigarlos por las calles y rincones más escondidos, ahi donde los amantes se roban besos furtivos , ahi donde los secretos de inmoralidad de algunos se mezclan con la fé en la esparanza de que nadie sepa nada nunca, en cualquier parte se meten y de cualquier parte sacan la información para que los rumores crezcan o se reinventen, el caso es que hay que sembrar cizaña y desconfianza entre sus moradores para que la rutina desaparezca, aunque el sauce llore y al perro ladre o las gallinan sigan cacaraqueando, ellas no descansarán, cuando han absorvido la esencia del pregón, se desperezan satisfechas a esperar a que el reloj marque las once de la noche, entonces hace su aparición en el infinito el enorme barco cargado de fantasmas y pesadillas para robar el sueño a los Botairenses, entonces los perros despiertan de su mutismo y arrojan mordidas al espacio con la intención de alcanzar la nave que vuela por sobre el pueblo, y ellos la siguen mordisqueando las cadenas que arrastra sin descanso hasta que se va difuminando por el camino rojo que va a Sabaiba, lo ven desaparecer por encima de Chametla y todo vuelva a la normalidad, entonces es cuando las hadas ponen labios a la obra y empiezan a recorrer pensamientos susurrando los chismes para que todos lo sepan y la desverguenza acalore a muchos,y asi la rutina sigue, sin algo de monotonía, por eso amo Botaira porque los mitotes son divertidos y duelen pero no duelen, nada de daño hacen, no marcan ni te provocan rencor, por eso ahi nadie se odia, todo es amor...

¡¿chametla, como te olvido?!



En la secundaria hacíamos equipos de trabajo, para las investigaciones o tareas que teníamos que hacer, algunas veces exploramos la cueva de la campana, otras el río, otras -y a ello me quiero referir-, explorabamos el panteón, eran aventuras enormes, realmente lo hacíamos por cariño al experimento y la emoción, porque usabamos el equipo para reunirnos y vivir esas experiencias, ya no era tanto por las tareas, la vez esa del panteón; nos llegó la oscuridad del sol poniente... no nos decidíamos a abandonar la búsqueda del ansiado tesoro, solo por no haber estado ahi en vano, a punto de rendirnos alguien descubrió al ras del suelo lo que aparentemente era una olla, con la adrenalina recorriendo nuestros cuerpos nos dimos a la tarea de escarbar cuidadosamente y efectivamente nos dimos cuenta de que era una enorme olla, pues a medida que escarbabamos alrededor, más grande era la circunferencia, empezamos a hacer conjeturas, "que tal si tiene un tesoro" -dijo el nato, "no!, un muerto" -dijo el Bernardo, - puede ser las dos cosas exclamó el Pablo, "chinguesumadre, y ya es tarde yo tengo miedo, ¿que tal si nos sale un muerto?, mejor vamonos pa la casa, mañana volvemos" -exclamó una voz entrecortada, en efecto la noche caía ya sobre nuestras espaldas, el temor nos hacia sus presas y el temblor de nuestras manos nos ponian en riesgo de destrozar la descomunal vasija. ¿Pero como irnos? ¿y que tal que a alguno se le ocurría volver antes que los demás?, teníamos que fijar una hora para volver juntos, no se valían las traiciones, pero si las desconfianzas, "¡Juremos!" -dijo alguien, y si; juramos, pusimos todos nuetras manos sobre el tesoro y solemnemente acordamos no decir a nadie ni contar nada, ni hacer referencia al paseo de esa tarde, mañana a las cuatro nos veríamos todos para llegar juntos, chin chin el que llegue primero...
Nos fuimos todos con la emocion a cuestas, nos mirabamos de reojo al separarnos, con la inseguridad de que el otro rajara, la maldita carcoma de la traición no nos dejó por un buen rato, hasta que cada uno llegó a sus casas.
Esa noche después de la cena luego de pensarlo mil veces y hacerme mil preguntas, lo decidí y rompí el juramento; le conte a mi tia Mariquita, era necesario que compartiera eso por si alguno de los otros nos traicionaba, era necesario que hubiera testigos de que era un tesoro de cinco, luego de haberselo dicho descansé un poco, y me fui a dormir, pero oh Dios! no pude!, la emopcion me incitaba ya a dar de vueltas. ya a levantarme, tentado estuve varias veces a ir al panteón antes de que me traicionara uno de los otros, ah, de no ser por mi cobardía! pero el remordimiento por mi falta al juramento hizo que mu conciencia no me dejara razonar, por fin gracias a no se que cansancios o atarantos me quedé dormido, al día siguiente, arrepentido de lo que hice y de mis malos pensamientos, decidí contarle a mis compañeros de equipo lo que habia hecho, entonces todos aceptaron con pena que también lo habían contado y que pensaron lo mismo y que habían decidido o no, pero no durmieron, así es que una vez lavadas nuestras conciencias nos dimos a la tarea de escarbar, nuestras miradas sonrientes se cruzaban a punto de las lágrimas por la emocion, casi estaba al descubierto nuestro ansiado tesoro, entonces sucedió: ¡logramos desenterrar la olla! y al levantarla cayo de nuestros dedos hecha añicos, pero no importaba, lo que valía era el contenido, esperabamos encontar por lo menos una fugurilla o malacates, que sé yo, escarbamos ansiosos la tierra que se desbordo del interior y ahi estaba; ¡NADA! solo polvo hasta los huesos del difunto se habian hecho polvo, seguramente era un indio pobre, pobre indio!

miércoles, 8 de agosto de 2007

Chametla querido.


En Chametla pasé los días más grandes de mi infancia, el Baluarte fué testigo de mis pleitos con el cande, de mis viajes por "barundas pa la hornilla" los cubetaszos de agua de pocito y una muerte aterrorizante...

Chametla y sus cerros y sus cuevas, son parte de mis más entensos recuerdos, la capilla de mariquita, mis tiempos como monaguillo del padre Quiroz, la secundaria, mis cuates el Fernando Nava, el profe Heraclio.

Los malacates, las ollitas de barro negro los matachines los tamales de frijoles, uf! Chametla no es parte de mi historia, creo que yo soy parte de la suya...

ASI NACIO CHAMETLA

La leyenda dice que; mucho antes de que nacieran muchos Dioses, a la región sur del estado de Sinaloa que comprende las márgenes del río que hoy conocemos como el “río baluarte”, llego una tribu de totorames que –posiblemente- eran una degeneración de las razas del norte del Estado, o del Estado norteño de Sonora, existe la posibilidad de que las tribus de Yaquis se hayan mezclado con las de Coras nayaritas, lo que dio origen a una civilización que fue a ubicarse justo en el sitio al que dieron por nombre; Chiametlan. Dice el mito que un día, en el que luego de una larga caminata, un jovenzuelo de nombre xolotl reposaba sobre una enorme roca y a la sombra de un “uvo”, tras la ingestión de un preparado a base de tecomate al que ellos llamaban “duérmete niño”, por el efecto de relajación que causaba; como en éxtasis escucho la voz de un Dios que decía; “Escuchadme Xolotl, hijo mío en quien tanto confío, has de conducir a la tribu a un lugar sobre las playas del río, ahí encontraras una señal, cuando la hayas reconocido, será que llego el momento de fundar un nuevo imperio...” al despertar, el joven contó a los mayores y a los sacerdotes que viajaban con el, lo que había soñado, y le creyeron... porque era un joven respetable y siempre había luchado por el bien de la tribu, fue entonces que decidieron marchar en busca de la señal esperada, no tuvieron que atravesar enormes desiertos porque ya lo habían hecho desde Sonora, ni tuvieron que durar cientos de años, pues ya habían pasado desde que nacieron como seres sociales, ni esperaban encontrar un águila o alguna serpiente, ni signos en el suelo, ni que les cayera comida del cielo,... ya todo estaba dicho y hecho, la señal seria clara; Pues dice la leyenda; que aquel joven caminaba al frente, con una enorme beca sobre su cabeza, como era costumbre en los grandes personajes de esa época,.. ellos usaban esa especie de Chía que les confería un estatus de superioridad y casi divino, razón por la que eran obedecidos y respetados como jefes y sacerdotes de gran envergadura, y el, se había ganado ese grado, se dice entonces; que caminaban por las playas del río con dirección a las inmensas playas vírgenes de la costa marítima, cuando Xolotl se sintió agredido y asaltado, al grado de perder su chia a garras de un ave, puesto que le fue arrebatado por un enorme chivicoyo que les sobrevolaba... así, a secas, eso no podia ser tomado como la señal que esperaban, de no ser porque al ir tras el, por ordenes del líder, un niño la encontró tirada sobre una planta que en la actualidad se conoce como salvia, y a los pies de un cedro, ahí se sentaron a descansar tras la fatigosa persecución, y ahí, el hombre de la chia que la había recuperado justo sobre aquella planta de la que sacaban la semilla a la que daban precisamente el mismo nombre, -pues tenían ellos, costumbre de preparar un brebaje a base de las semillas de esa planta-, esas semillas eran conocidas como chia, que acostumbraban mezclar con miel y jugo de frutas agrias para refrescarse, por eso fue que decidió asentarse en ese lugar al que en honor a tal acontecimiento y a tales razones dieron por nombre; Chiametlan, que significa lugar de chias. Se establecieron sin mas, y se distribuyeron a ambos lados del río al que llamaron río Chiametlan y se dispersaron a lo largo del mismo y a las faldas de un enorme peñasco que surgía de aquella inmensidad marítima y al que creyeron un vigía por estar rodeado de agua, (así se les conocía a las islas y peñas enormes sobresalientes de las aguas) además de que era un vigía, al establecerse ahí, lo usaban también como atalaya y puesto de observación, doble razón para que hasta la fecha el enorme escollo conserve el nombre del cerro del vigía, ahí en lo alto se estableció el líder, y se mando construir un enorme espacio para el juego de pelota y acondiciono las siete cuevas para atesorar las pertenencias tribales. (Aun hoy, si se cuenta con el equipo apropiado, es posible desentrañar del escollo grandes muestras artesanales de aquella gran civilización), allá en lo alto, eran las grandes celebraciones, allá en lo alto, eran los grandes honores, y adaptaron un espacio al que actualmente se le llama el valle de las tinajitas para domesticar a los chivicoyos, símbolos de la naciente cultura... ahí les molían el maíz y el pescado seco mientras las exóticas aves –para entonces sagradas a los ojos de los totorames - comían, ellos molían la sal, que luego llevarían al tianguis para intercambiar por enseres y alimentos, con tribus que cruzaban desde Ixtlan hasta Sinalobola, que era como se conocía a esta región, para surtirse de tabaco y de ixtle... Por esa época se corrió el rumor de que había pasado por ahí un hombre que portaba el nombre de “nube gris”, y que viajaba desde la mítica ciudad de tenochtitlan en busca de una señal, a nadie le sorprendió, pues esas culturas siempre estaba en espera de señales para poder existir, se decía que lo habían visto descansar entre los manglares, unos días alimentándose de higueras silvestres, otros días alimentándose de mezquite o guamúchiles. Los que iban a la pesca del camarón y tortuga para preparar los platillos favoritos de Xolotl le daban a comer el cazon o el bagre que ellos no apreciaban y que el extranjero preparaba de una manera para ellos extraña, pero deliciosa al fin de cuentas, ellos le contaron a Xolotl que el fuereño acababa de llegar de una isla llamada mezcaltitan en la que había tenido un enfrenamiento con el principal de la tribu y con el que finalmente había entablado amistad embrujándolo con su sapiencia y los conocimientos que tenia en relación con los tiempos, los totorames le platicaban todo esto a Xolotl y de otras conversaciones con el extraño, y Xolotl quedaba tan fascinado que al tercer día mando a buscarlo,.. cuando “nube gris” subió a sus aposentos, Xolotl ya le estaba esperando con una comida preparada a base de ranas y camarones y su bebida favorita “el duérmete niño”. “Nube gris” le contó que en efecto, había recorrido inmensos mundos y grandes señoríos y le aclaro que muchos de esos mundos, eran conocidos por pocos, Xolotl se intereso por sus aventuras y le llamo mucho la atención la historia del enorme disco del tiempo que a sugerencia de “nube gris”, la gente de Mezcaltitan se había llevado rodando hasta la capital del gran imperio Azteca, pues les había asegurado que si ellos entregaban el disco a los gobernantes de la gran ciudad, les tendrían en gran estima, (aquel enorme monolito es conocido actualmente como la “piedra del sol” o el “calendario azteca”) y con el se regían en la gran urbe. “Nube gris” permaneció junto a Xolotl durante siete lunas, contándole sus grandes hazañas, y una mañana de la luna siguiente se marcho, dejando parte de su sabiduría al joven aquel, que en un sueño los dioses habían elegido para patriarca de la tribu Totorame, y aquello no fue en vano, pues Xolotl aplico en bien de su gente todo lo aprendido. Chiametlan crecía en territorio y en sabiduría; una vez establecidos, se fundaron escuelas y centros de entrenamiento para los guerreros, pues aunque eran una tribu pacifica debían estar preparados por el caso de algún ataque enemigo... Era día de gran fiesta, hacia treinta y seis lunas que habían llegado a esas tierras, bajo el vigía, los danzantes matachines, la pascola y la norteña danza del venado eran apreciadas por el populacho, mientras que el duérmete niño, el peyote y el tejuino, circulaban al por mayor, dicen que en el centro de la gran Chiametlan en el lugar donde actualmente esta la plaza principal, había una enorme pila de cantera en donde se bañaban los paseantes para mitigar el calor, y que ahí en esa gran pila, se habían ahogado muchos visitantes por el efecto de las parrandas que acostumbraban en esas festividades y esa ocasión no fue la excepción, los visitantes del señorío que se trasladaban de lugares distantes, eran atendidos por los lugareños y los agasajaban con potzol, tixtihuil, y agua de chia. Por las calles sonaban los tambores, los cuernos y las grandiosas caracolas. (hoy en dia, los totorames continuan agasajando a los visitantes con platillos ancestrales por las fechas mismas de tal festejo) En el tianguis los matatecos ofrecían al mejor postor los equipales y petates mientras que los cacalotecos remataban sus hamacas y tapetes, y los orgullosos totorames exponian su famosa alfareria, por medio de la cual contaban la historia de su fundación, el muñeco mas vendido era el que representaba a Xolotl con la chia –o manto-, pendiente de su cabeza y que además se había vuelto una pieza de vestir muy popular, al grado de que no solo los grandes señores la usaban sino que había tal libertad para ello, que hasta las mujeres de los carniceros podian portarla, el día era especial; sobre todo porque el festejo era un pretexto para que los sacerdotes y mayores de la comunidad confirieran el titulo de gran señor a Xolotl que a partir de entonces seria conocido en todo el señorío y allende las fronteras, con el nombre del gran señor Xolotlzin. Le rindieron pleitesía los famosos guerreros cahitas con los que habían entablado muy buenas relaciones y de entre quienes habían escogido a los mejores para que los iniciaran en las artes guerreras, y eso era bueno pues los cahitas tenían la fama de merendarse a sus enemigos mas importantes.., andaban por ahí muchos tahues, recelosos pues temían desagradar a los cahitas, sin embargo a la sombra del gran señor Xolotlzin y dentro del territorio Chiametleco debía predominar la paz por lo que los pacaxee, los acaxee y los xiximes –que aunque también eran canibales, en esta ocasión su instinto pasaba a segundo termino, pues no eran tiempos de guerra, sino de fiesta y paz-, deambulaban felices por el tianguis ofreciendo sus cosechas, los visitantes iban y venían, desde las pirámides ubicadas junto al valle de las tinajitas hasta el campo funerario (que estaba ubicado en el centro de la gran urbe y en donde eran sepultados, sin distinciones, desde gente del mas rancio abolengo, hasta los tamemes y taspanadores, pero que debido a la explotación y destrucción de los conquistadores, que con su devastamiento redujeron el señorio a un monton de casuchas, (ahora el camposanto se localiza en la entrada a la comunidad), y subían hasta la séptima cueva rodeando por el juego de pelota y admirando los enormes zoológicos de Xolotlzin quien orgulloso permanecía sentado, mientras que a sus pies estaba su gato consentido,... desde ahí, desde lo alto de la pirámide edificada en su nombre y sobre la cual actualmente yacen las ruinas del primer templo cristiano totorame, el observaba el trajinar constante de los lugareños y visitantes en aquel gran día, y de vez en cuando el recuerdo imborrable de “nube gris” acudía a su memoria. Se hizo un silencio enorme y su embeleso fue interrumpido por los sacerdotes y los ancianos para hacerle saber que era el momento de elegir y nombrar a los jefes militares, que en esta ocasión serian elegidos en contra de la costumbre; de entre los plebeyos, (es bueno insistir en el modo moderno que tenia Xolotlzin de gobernar, eso fue lo que lo hizo diferente de sus antecesores y la herencia mas valiosa para quienes le sucederían, seria esa precisamente; la de no hacer distinciones de clases sociales.) pues eran una nueva nación, al enterarse los asistentes de esa nueva modalidad, un murmullo recorrió las calles de chiametlan, algunos parecían inconformes y Xolotlzin al percatarse se puso de pie alzando una mano; el murmullo cesó, y los cientos de cabezas dirigieron su mirada a lo alto de la pirámide, Xolotlzin les hablo como había aprendido de “nube gris”, con clama y con la vista fija: “hermanos míos, amigos míos.... es costumbre y lo sé, elegir a nuestros dirigentes de entre la realeza, pero este es un señorío que comienza, un señorío de los tiempos nuevos, y tengo conocimiento de que en estos nuevos tiempos, los sistemas políticos de mundos lejanos y nuevos señoríos, funcionan diferente y funcionan bien, es menester por ello, acatar las disposiciones que rigen a las culturas florecientes como la nuestra y si la nuestra no funciona bajo este nuevo régimen les pido me lo demanden”. Les hablo claro, les hablo breve, y les hablo convincente, una ovación de admiración se dejo escuchar y acto seguido se procedió a la selección. Se constituyo un decenvirato (era un comité integrado por diez hombres) que tuvo como resultado una recopilación de leyes que agradó a todos los visitantes, inicialmente el decenvirato tendría una vida de doce lunas, sin embargo debido al notable éxito, permaneció al frente de los nuevos estatutos por mas de cien lunas. En adelante, habría muchos cambios en la política, que de alguna manera enriquecieron el devenir de aquella cultura. El decenvirato, que originalmente había tenido escaso poder al aplicar las leyes y cuidar los intereses totorames, y otras culturas, se convirtió en un órgano fundamental de poder; declaraba la guerra cuando era necesario y firmaba la paz, establecía alianzas con otros señoríos y mundos poco conocidos, decidía la fundación de establecimientos para que vivieran las personas que llegaban de otras culturas al cobijo del señorío, y administraba las finanzas públicas. Chiametlan tuvo en ese periodo, su etapa de mayor expansión, en pocas lunas, se convirtió en una verdadera potencia tanto en el comercio como en la política, gracias al apoyo de sus vecinos de la sierra quienes empezaron a seguir su ejemplo... Con el paso del tiempo Chiametlan logro dominar sus costas, estableciendo colonias de pescadores que al servicio del gran señor Xolotlzin, perfeccionaban sus sistemas de captura del camarón entre otras especies, usando novedosos sistemas que también revolucionaron la actividad pesquera. Pasaron muchas lunas después de la muerte del gran Señor Xolotlzin que murió en su trono rodeado de seres que le amaron y le respetaron hasta sus últimos días, en ese entonces el territorio de su señorío se había expandido hasta abarcar desde la región que hoy ocupan el río de las cañas y el río Elota. Para entonces, el titulo que se le daba al que poseía el mando era el de cacique, (quiero hacer alusión a una extraña ave negra de lomo amarillo que llego una vez al aviario de Chiametlán y devoro a casi todos los chivicoyos, esa ave fue reconocida por el poder con que destruyo a la cría de aves de los totorames y la llamaron cacique) y el cacique que estaba al mando a finales del siglo XV y que era descendiente de aquel joven aventurero, era conocido como Xahualt, quien al igual que sus antecesores había seguido gobernando con sabiduría y nobleza, Chiametlan había creado durante varias generaciones un gran imperio manejado aun bajo el novedoso sistema del decenvirato, como resultado de este crecimiento, los Totorames entraron en contacto con los mundos cercanos, entre ellos estaban las tribus de mayos sonoreses y los huicholes nayaritas (de quien –insisto-, posiblemente descendían) y con quienes compartían gran parte de su cultura, su religión, y su arte, en esos tiempos en los que el territorio era tan basto surgieron algunos problemas dentro de la gran Chiametlan; ciertos estratos sociales contagiados por las costumbres de otros señoríos empezaron a perder los altos niveles de incorruptibilidad y la conformidad de sus preceptos morales que eran los que caracterizaban a sus antepasados. Xahualt se vio en la necesidad de portarse enérgico e instituir nuevas leyes o cambios en las ya existentes, mismas que perdurarían hasta la llegada de los españoles, estos cambios aumentaron el prestigio de Chiametlan y sus gobernantes, consolidando al señorío como uno de los mas notables, de mayor influencia y mas importantes de los mundos conocidos hasta ese entonces, y su fama trascendió fronteras y mas allá de las paredes de los grandes templos y palacios de la gran Tenochtitlan, eran conocidas las hazañas y el poder de los totorames y aun en estos días en los muros de aquellas edificaciones incluso en la misma Teotihuacan junto a la pirámide de la luna o en el mismo palacio de las alas se pueden apreciar jeroglíficos que aluden a tales hechos, y en sus viejas paredes esta vivo el recuerdo de los chivicoyos y caciques con alas de mariposas..... Sucedió que a principios del siglo XVI, una mujer que era conocida como gran señora o cacica por ser la esposa del cacique, dio una hija a Xahualt, y que por haber nacido en el año tres roca, venado, según el calendario del sol que para entonces era el que regia todos los mundos conocidos; le dio el nombre de Tonalli. Sucedió que al nacer Tonalli, murió la madre, la vieja comadrona mando el aviso a los aposentos del cacique y acto seguido enterró el ombligo para proceder a bautizarla con agua, siguiendo el rito común, levanto al cielo a la recién nacida y pronuncio las palabras de rigor; “Tizancli; que das vida para soportar nuestra estancia en este mundo ingrato, mira esta agua limpia que alegra y refresca al corazón, y lo despierta, esta agua hará que esta niña este al pendiente y no este de floja, ¡ Madre de todas las criaturas, defensora de los niños recibe a esta niña, y protégela como si fuera tuya, y tu Tonalli; habéis de estar dentro de casa como el sentimiento dentro de tu ser, no habéis de andar fuera de ella, no habéis de tener costumbre de ir a ninguna parte, habéis de ser la ceniza del nextlinquero en el hogar. Habéis de ser la hornilla donde se pone la olla, en este lugar os entierra nuestro señor, (porque los palacios estaban hechos a base de tierra) aquí habéis de trabajar y vuestro oficio ha de ser traer agua de los pozos del río Chiametlán y moler maíz en el metate y ahí habéis de andar junto a las cenizas”. esto lo dijo porque era la costumbre, pero en realidad la hija de un importante cacique no seria esclava jamás ni haría las labores propias de la servidumbre... por eso se enterraba el ombligo para si alguien quería irse lejos, tuviera razón de regresar, y así era el ritual que tenían por costumbre cuando nacía una niña, por eso enterraban el ombligo, para que echara raíces, y tal vez fue porque en el palacio de Xahualt no pudieron encontrar la hornilla, que la niña siempre soñaba con volar, pero eso era prohibido, las niñas no tenían la misma libertad que los niños, por lo tanto no podían soñar ciertas cosas, mucho menos hacerlas. Cuando Xahualt se enteró de que a pesar de que cubrieron la vagina de la cacica con hojas de sábila tatemadas y hojas de salvia para que la chía hiciera su efecto, y a pesar de que la inundaron de orina caliente, Queleque se la llevó, fue cuando recordó que hacia unos días en las faldas del vigía junto al río, muchos habían escuchado en tres ocasiones, en una sola noche, el canto del tocolotl y eso era sin duda; el mas seguro presagio de muerte. Cuando la mujer iba a ser sepultada, Pahua su hermano, se enfrento a Xahualt, pues le ofreció setenta esclavos que tenia prisioneros en Matatán para sacrificarlos en sus exequias, sin embargo, fiel al legado de sus antecesores Xahualt se negó, lo que provoco un escándalo en el señorío. Cuando todos se enteraron que una reina camino de los dominios de Queleque había partido como una esclava, como un perro, sin un sequito que hasta las mujeres de los tinajeros llevaban con ellas, se escandalizaron, a pesar de que sabían que los últimos gobernantes eran mas sensibles a ese tipo de manifestaciones desde que asumió el poder el gran Xololtzin... Cuando Tonalli creció y pregunto por su verdadera madre, su nana le platico que su madre había ido mas allá del infinito, hasta aquel cielo azul sobre el cual había diez cielos mas, y en el décimo existía una gran ciudad mas grande que Chiametlán, hecha de obsidiana de color verde con bosques de perlas de todos los colores y calles de caracolas y pirámides de conchas, donde los días y las noches eran de goces y alegrías, en donde no tenían que comer y beber porque no lo necesitaban, y por ahí andaban todos los dioses, Eso tranquilizo a la niña, y luego le contó la historia de la madre de todos los dioses que dio a luz un cuchillo de obsidiana, era un cuchillo de obsidiana negra muy grande, pero no le hizo daño porque abrió mucho las piernas y de allá de la ciudad de perlas y obsidiana tiraron el cuchillo y cayo en un lugar conocido como siete cuevas y de el salieron ciento cuarenta y cuatro mil dioses y diosas. Esas cuevas son las que permanecen mas arriba del mirador del cerro del vigía..., le explico ante sus dudas, que aunque fueran muchos dioses, ellos no necesitaban sitio para estar, aunque vivieran en el décimo cielo, podían andar de allá para acá, que eran como el aire que iban y venían, que no tenían donde sentarse ni nalgas para hacerlo... le contaron también; que antes de llegar a la primera cueva, hay una inmensa roca que tiene unas nalgas muy grandes dibujadas por si pasaba Tiuspica y quería sentarse, pues el ya sabia que donde hubiera unas nalgas dibujadas era señal para que el pusiera las suyas, porque era el jefe de todos los dioses y era el mas poderoso de todos, y muchas veces bajaba a la tierra con figura de hombre, y como todos los hombres, pues se cansaba y a veces se sentaba sobre sus propias nalgas, y se contaba acerca de el: que había nacido de una mujer por obra divina, sin que ningún hombre interfiriera. La curiosidad de Tonalli la conducía a saber cada vez mas, por eso se enteró que había una mujer que se llamaba regazo de víbora, y como era muy religiosa, se pasaba días y noches haciendo penitencia barriendo el barrio del coacoyotl, y un día que estaba barriendo, cayo a sus pies una perla dorada, ella la junto y se la metió en el seno junto a la barriga, y cuando acabo de barrer la quiso tomar y no la halló, entonces se dio cuenta de que estaba embarazada. Así creció la niña bajo el cuidado de aquella sabia mujer y Xahualt se dedicaba tranquilamente a gobernar a su modo, que aunque extraño, no dejaba de agradar a sus súbditos. Un día fue la parte norte de su palacio, que además tenia vista al río para visitar a su hija, ella corrió a abrazarlo temerosa, pues le habían contado sus nanas que ese año se acabaría el mundo, y el le explico que cada 52 años volvían a comenzar la cuenta de los años lunares con los mismos nombres, porque solo tenían 52 nombres, pero que los años no se terminaban nunca, y eso de que se terminaba el mundo era una leyenda que el había estado escuchando desde que era niño, y que en una celebración como la que tendrían esa noche, los sacerdotes apagarían todos los fuegos para encenderlos con solo uno, que ardería de nuevo, allá junto al juego de pelota, mas allá del aviario que fundara xolotl. Tonalli cumplió diez y siete años, los sueños que se apoderaban de ella eran muy extraños, con frecuencia se veía en los brazos de uno al que ella creía un dios, que había llegado en una canoa tan grande como una pirámide, lo describía como un hombre hermoso con los ojos color del cielo del mediodía y una barba como de oro, vestido con todo el cuerpo cubierto, e insistía en que se trataba de colibrí el hijo de un antiguo Dios emplumado, e inevitablemente se había enamorado de el... Era otra vez el aniversario de la fundación de Chiametlán, la celebración estaba en su apogeo, los matachines hacían de las suyas, los sacerdotes elevaban sus rezos al cielo, y los visitantes eran atendidos por los lugareños, sirviéndoles tamales de camarón y atole de masa, muchos vestían llamativos penachos y lustrosos guaraches, los que menos; adornaban sus faldas con carrizos y espinas, emulando a los matachines matatecos, las sonajas sonaban y los tambores palpitaban... de pronto un mensajero llego con la frente perlada de sudor y falto de aire, entre sus manos traía retratos de un hombre blanco que habían visto rondar por los manglares donde en años anteriores -se sabia-, había pernoctado “nube gris”, el mensajero llego a los pies de Xahualt y la concurrencia guardo silencio, a su lado Tonalli sintió desbocársele el corazón cuando vio el retrato, se dio cuenta de que era el hombre de sus sueños, cuando el gran Señor vio el retrato y escucho la narración de los hechos de boca del emisario de la costa, se puso de pie y como era costumbre hablo a sus súbditos y a sus invitados: “Un ciclo termina, y con el muere una etapa importante para nuestra raza, he de morir también yo, -un murmullo recorrió los callejones e inundo los recovecos Chiametlecos-, y en este ciclo que comienza, nuevos dioses gobernaran mi tierra, la tierra de Xolotl y el chivicoyo, la tierra de las chias y el vigía, las tierras del camarón y el tejuino, porque llegaron del mar, como lo profetizó mi adorada hija Tonalli, en enormes canoas y con grandes armas, nuevos gobernantes que según me informa este enviado del pueblo de Majahual, han de inculcar a ustedes nuevas costumbres, y no he de hacer nada por impedírselos, pues nada puedo hacer ante su poder,.. y ellos gobernaran, y cambiaran sus creencias y les mostraran a sus nuevos dioses...” La multitud se dispersó y corrió esconderse mas allá de los confines del señorío, se acabo la celebración y Xahualt se retiro a sus habitaciones para morir en paz.... Entonces Tonalli resignada se retiro a sus habitaciones para esperar le llegada de su dueño, aquel hombre que había visto en sus sueños y al cual le había entregado el corazón aun sin conocerlo, argumentando para si que era su dueño y que era descendiente de un antiguo Dios que se había ido prometiendo volver del lugar donde se mete el sol, pues vendría de derrotar a otro Dios enemigo, y que habría de venir del mar a por ella, y ella habría de esperarle, y así fue; en la séptima luna, después de esos acontecimientos, mientras agonizaba su padre sin haber dejado un sucesor en -virtud de que nada serviría-, (pues de cualquier modo, quien le sucediera seria derrocado por el enemigo que llego del mar),.. encerrada como estaba y a punto de la locura, sus ojos de repente esa fría mañana se detuvieron en un punto fijo de la habitación, en dirección a la puerta, vio con ojos desorbitados la llegada del hombre que tanto había soñado; el hombre blanco entro a la habitación y con el, una decena mas, armados con espadas y escopetas y cubiertos de acero, el hombre se arrojo a los pies de Tonalli gritando: “Amada mía, la mujer de mis sueños”, en ese instante, Tonalli supo que el también la había soñado, el hombre se acerco a ella y acaricio su rostro para después fundirse en un abrazo intenso y calido como las playas del río Chiametlán.... Dice la leyenda que el hombre aquel era un hombre de paz y había venido a estas tierras en persecución de su sueño, eso fue algo con lo que coincidió con el gran Xahualt por eso quizás Tonalli se identifico con el, por eso, el se refugio junto a Tonalli en la cueva de la campana , mientras que allá en el vasto territorio totorame sus consanguíneos se dedicaron a destruir pirámides y templos, y mientras esos días pasaban, y ellos hacían el amor, afuera se hacia la guerra, todo era odio y destrucción, los totorames se escandalizaban por las absurdas ideas de los blancos que llegaron del mar, y salían de sus escondites solo para ser ultrajados, pues los que llegaron del mar les obligaban a adorar a un hombre crucificado en un enorme trozo de madera en vez de adorar a un ave de inmensas alas, y si no lo hacían los decapitaban, pues aseguraban que aquel era hijo de Dios y se lo comían en algo que ellos llamaban hostia, y se atrevían a criticar a los acaxees porque se comían a sus prisioneros mas fuertes para tener su fuerza, y pregonaban “no matar” mientras que asesinaban a miles de los habitantes de estas tierras, desde Ixtlan, Mazatlán, Culiacán y quien sabe hasta donde mas, pregonaban “ama a tu prójimo” y destruían sus pertenencias y quemaban sus chozas, “pregonaban “no desees a la mujer de tu prójimo” y violaban a las mujeres y a los hombres... Dicen que un tal Nuño de Guzmán, fue quien encabezo la barbarie, que mando a reclutar indígenas de toda la región para someterlos y herrarlos como a las bestias y luego, en calidad de esclavos, usarlos para la lucha contra los pueblos de mas al norte dejando el territorio totorame casi vacío, pues de casi trescientas mil personas que lo habitaban quedaron unas mil quinientas y hasta la fecha, en la extensión de tierra que ocupara la gran Chiametlan ahora habitan solo los viejos, y su población decrece conforme pasan los años. Después llego Hernán Cortés que fue recibido en la que fuera la enorme mansión de Xahualt, ahí, fue atendido por Nuño de guzmán, los esclavos nativos le sirvieron nixcoco y piznate, luego le dieron jocuizte, comieron un delicioso pozolli y de postre; guámaras con miel de abeja, el conquistador disfrutó el banquete en el que además sirvieron sangre de lobo guisada con una fruta que le gusto mucho y que en Chiametlán era conocida como xitli tomatl, (solo que don Hernán no sabia pronunciarlo y decía jitimate) después de llegar a un arreglo con el espléndido Nuño, Cortéz baja a la primera cueva en aquella donde estaba la piedra con unas enormes nalgas pintadas y sobre la cual, descansaban los dioses Totorames cuando bajaban a la tierra con figura de hombre, allí se sentó el también, y la vista de la península que sus ojos admiraron, lo embrujo y lo motivo a conquistarla, así fue como llego a ella y al mar que cruzo para lograrlo le dio su nombre... Después de la llegada de los españoles y el casi total abandono de estas tierras los españoles que luego las poblaron, entre ellos un tal Gonzalo López, se dedicaron a la ganadería, además de el comercio de la sal, surtiendo de la misma a los reales de la nueva Vizcaya y la nueva Galicia Todavía cien años después de la conquista, los acaxees y xiximes seguían luchando por recuperar aquel tan amado y respetado territorio, de sus amigos Chiametlecos, sin embargo solo consiguieron que los hombres del mar acabaran con poblaciones enteras como Copala que luego se convirtió en un refugio de bandoleros. Sin embargo, algo esta pasando con los descendientes de Tonalli y aquel hombre blanco, pues tal vez es mas fuerte el “jalón” de la tierra, porque nos esta llamando -y el llamado de la sangre es fuerte-, con todas sus mezclas y penas, la casta totorame lucha por sobrevivir, pues se habrán acabado los chivicoyos (actualmente se sabe de la existencia de ejemplares de estas “gallinas” en los bosques canadienses y hay quien afirma que se pueden encontrar en las costas centroamericanas de países como Costa Rica) y puede que los descendientes de Tonalli no conozcan las semillas de las chias y en vez de chia en su cabeza actualmente usen sombrero o rebozos, y tal vez habrán arrancado sus ramas y cortado sus frutos, pero olvidaron sacar sus raíces y mientras sus ombligos permanezcan en esta tierra santa, habrá esperanzas, porque aquellas raíces viven y pugnan por salir, y un día emergerán a esta ciudad que nuestros hijos verán renacer con un resplandor distinto y se levantara sobre sus cenizas como un ave fantástica, y la descendencia de Tonalli y aquel hombre blanco al que amo, la poblará por siempre y conservara su nombre por siempre y tendrá sus cimientos sobre los miles de piezas arqueológicas que aun permanecen dormidas bajo el manto terrestre y las decenas de pirámides que forjaron la industria y el porvenir del pueblo totorame que se niega a morir... y Chiametlan no morirá del todo, nunca jamás.
F I N