Hace mucho, muchísimo tiempo cuando los querubines todavía jugaban a salpicarse con las aguas de la fuente que los totorames habían hecho en el centro de Chiametlán aprovechando los manantiales que bajaban del cerro, y cuando los ángeles preferían nadar en el lago de los lagartos en el vecino Botaira, hubo un ángel con los ojos color de mar y la piel alba como las mañanas de diciembre que desde su mas tierna infancia, mostró una inteligencia y una simpatía inusual, tantas, que Arcángel prontamente le dio su independencia y lo mandó a vivir a una nube azul clarita cubierta de rocío, de rayos de sol dorado y enmarcada por un arco de siete colores, ahí Ángel era muy feliz.
Pasó el tiempo y en la tierra las cosas empezaron a ser distintas; los humanos tenían que progresar, había que estar a la vanguardia aunque hubiera que destruir la capa de Ozono y la polución en el invierno se agravara y no se pudiera respirar tranquilamente, si; todo era distinto allá abajo, a nadie le importaba quien pudiera estar viviendo en el cielo, en alguna nube.
El caso es que la basura quemada, el humo de los vehículos, las chimeneas de las fábricas y mil cosas mas, dejaron la nube del pobre Ángel de un color gris triste, ya no reflejaba los rayos que atraían al arco iris porque el rocío se volvió hollín, ahora su cara –otrora de caracteres nórdicos-, parecía la de un apache dispuesto a hacer la guerra.
Ángel ahora se aburre, no tiene a quien cuidar porque Juan está todo el día sentado frente a su Macintosh, no hay peligro de que se caiga…
Tampoco puede volar por Chametla, no faltará algún travieso que le apunte con la resortera, mucho menos bajar a la fuente pues ya no existe, y aunque casi se acostumbra a eso, todavía le duele, pero lo que le destroza el espíritu, es ver sus alas manchadas de hollín, eso si le hace llorar continuamente.
Un día se levantó temprano decidido a protestar; extendió sus alas pegajosas y voló con rumbo al sol, la contaminación no le permitió ver con claridad y se dio cuenta de su error cuando se estrelló contra un reflector, aleteó en el vacío y se sobó la frente pero no perdió la intención y se lanzó cielo arriba nuevamente. Minutos mas tarde casi choca contra un avión, por fin atravesó la estratósfera y pudo navegar al infinito tranquilamente con dirección al sol.
Y así se fue perdiendo en la intensidad de su luz…
Pasaron los días y Ángel no volvió.
Después se supo:
Resulta que Arcángel se indignó porque en la tierra ya no hay ángeles, todos renegaron y se fueron yendo poco a poco, por eso cuando llegó Ángel el de las alas manchadas de hollín y vio un mundo azul con nubes blancas y lunas nuevas, con arroyos cantarines y jardines esplendorosos con aves de todos colores y un sol lleno de luz, no lo pensó dos veces, ni protestó siquiera, simplemente se instaló en una nube a descansar, luego se dio un baño y su rostro volvió a ser el mismo, y no es que no la haya importado dejar de ser el Ángel de la guardia de Juanito, a Juanito nunca le importó su Ángel, ni a nadie, ahora en la tierra no les importan los ángeles por eso ya no hay…
MI NOMBRE ES FERNANDO BARRAZA Y DEBO CONFESAR QUE MI OBSESIÓN POR CHAMETLA. POR SU HISTORIA, POR SUS LEYENDAS, POR SUS SIETE CUEVAS, POR SU MAR, SU RÍO Y SU TODO, ME HAN LLEVADO A INVENTAR UN PUEBLO, DONDE DEBÍ DE HABER NACIDO; "BOTAIRA", AHI CONFLUYEN MIS SUEÑOS Y MIS REALIDADES, PERO MIENTRAS ESE LUGAR NO EXISTA, SI ME LO PERMITEN; YO SOY DE CHAMETLA.
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lunes, 8 de marzo de 2010
jueves, 21 de enero de 2010
La puta Brígida (Fragmento de "Muerte en Botaira"
Botaira es uno de esos pueblos mágicos donde la gente siempre espera que ocurra lo inesperado, donde se mezclan las creencias religiosas con la fe en entes mitológicos, donde se es capaz de pedir un milagro a la virgen de Guadalupe y rogarle al hado mágico de la buena leche para que se haga realidad…
Donde tienen sus propios Dioses, donde se fabrican sus propios mitos.
Botaira está ubicado en la zona sur de la costa sinaloense, con sus calles adoquinadas y sus fuentes de cantera, se localiza a unos metros del mar a las faldas del cerro de barro negro, justo a su derecha (tomando en consideración el rumbo hacia la playa), hay un lago mitológico en cuyas aguas se mecen los duendes del mal y se arrullan las hadas de los mitotes, es un lago agradable, profundo y siniestro donde conviven las fantasías de los lugareños y mueren las ilusiones de los corazones románticos...
Al terminar el pueblo, camino a la playa; hay una casa de color bermellón con un foco rojo encendido en la puerta principal, la casa está ubicada a las afueras, precisamente antes del sitio donde se eleva el camino rojo que va a Sabaiba, es esa la casa del deshonor y la vergüenza, en la habitación principal descansa plácidamente doña Brígida la puta mas fea de la región, pero la única de Botaira (hasta donde se sabe), ella es una mujer alta y fornida que carga sobre sus espaldas el peso de todas las penas de los Botairenses, es una mujer ruin y traicionera, degenerada y vil como la que más, pero con todo y eso no deja de ser la mas asediada de la región, dicen que por la particularidad de sus prácticas sexuales, una enorme y fea mujer, que no sabe amar, pero que una vez entregó su corazón a un hombre aunque su cuerpo a una legión de marineros… y a una de soldados, en fin; dicen que también a todos los esposos de las mujeres de Botaira.
Donde tienen sus propios Dioses, donde se fabrican sus propios mitos.
Botaira está ubicado en la zona sur de la costa sinaloense, con sus calles adoquinadas y sus fuentes de cantera, se localiza a unos metros del mar a las faldas del cerro de barro negro, justo a su derecha (tomando en consideración el rumbo hacia la playa), hay un lago mitológico en cuyas aguas se mecen los duendes del mal y se arrullan las hadas de los mitotes, es un lago agradable, profundo y siniestro donde conviven las fantasías de los lugareños y mueren las ilusiones de los corazones románticos...
Al terminar el pueblo, camino a la playa; hay una casa de color bermellón con un foco rojo encendido en la puerta principal, la casa está ubicada a las afueras, precisamente antes del sitio donde se eleva el camino rojo que va a Sabaiba, es esa la casa del deshonor y la vergüenza, en la habitación principal descansa plácidamente doña Brígida la puta mas fea de la región, pero la única de Botaira (hasta donde se sabe), ella es una mujer alta y fornida que carga sobre sus espaldas el peso de todas las penas de los Botairenses, es una mujer ruin y traicionera, degenerada y vil como la que más, pero con todo y eso no deja de ser la mas asediada de la región, dicen que por la particularidad de sus prácticas sexuales, una enorme y fea mujer, que no sabe amar, pero que una vez entregó su corazón a un hombre aunque su cuerpo a una legión de marineros… y a una de soldados, en fin; dicen que también a todos los esposos de las mujeres de Botaira.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
MARIA LUISA
MARIA LUISA
El día que nació María Luisa, la gente en Botaira vio el cielo y sus ojos se iluminaron de la emoción, alguno se asomaban por las ventanas y otros se detenían en medio de la calle haciendo una pausa en sus actividades cotidianas, los que iban montados en sus bestias se apeaban para poder apreciar aquel maravilloso espectáculo, los que venían del molino buscaban una sombra para apreciarlo mejor, otros –sin darle importancia al inclemente sol-, ponían sus manos a modo de visera sobre sus ojos para no perderse de nada, y es que –ellos no lo sabían- aquella niña lloraba allá en su casa por el barrio de la cornucopia (lo llamaban así porque la calle tenía forma de cuerno), al final de la calle del barrio había una ceiba enorme en la que hacen sus nidos la garzas en los tiempos de las aguas que llegaban cada año a disfrutar de los enormes charcos que se hacen en Botaira, pareció que en esa ocasión, la ceiba se vistiera de colores para una gran fiesta, pues daba la impresión de era justamente de esa ceiba, de donde nacía aquel arco multicolor que mantenía la mirada de todos hacia arriba, mientras mas fuerte era el llanto, mas intensos eran los colores del iris que se dibujó en el cielo…
Eran las once de la mañana, el sol estaba en su esplendor cuando al niña nació, hermosa y regordeta, con su rostro enmarcado por una cabellera negra como la oscuridad y los ojos azules casi como el fondo del mar de Botaira, o como el cielo mas cálido y mas limpio de los veranos Botairenses.
Todo mundo miraba hacia el cenit con el corazón en un hilo, contritos de la emoción que sentían, Tingo el de la loma bajaba desde su casa en la montaña montado en su burra verde y a lo lejos alcanzó a distinguir que el arco efectivamente nacía en algún lugar del mismo pueblo con dirección a aquella mítica ceiba y señalaba hacia allá gritando lleno de alegría.
La gente normalmente, en esos días de abril poco toleraba el calor, sin embargo la fuerza de la curiosidad los fue acercando hasta el lugar donde el arco iris nacía y se dieron cuenta de que este emergía de la casa de Eulogia. Dentro, la partera doña Tomasa, que fue quien le dio primera nalgada para provocarle el llanto –y de esa manera provocar el crecimiento y desarrollo de los pulmones la recién nacida-, en ese momento estaba haciéndole caricias para que dejara de llorar, la niña fue aminorando el llanto y a su vez los colores parecían difuminarse en el arco celestial, así fue como paulatinamente la niña dejó de llorar y como por arte de magia el arco iris desapareció… despareció por completo causando la decepción en los arremolinados afuera de la casa que empezaron a pedir a gritos que la niña llorara de nuevo, y aunque Tomasa lo intentó, no hubo poder humano que la hiciera gemir al menos, eso sorprendió a todos y empezaron a hacer suposiciones y predicciones tan acostumbrados como estaban en Botaira a creer en cosas sobrenaturales y darle crédito a los signos de los tiempos.
Ese fue el primer llanto de María Luisa, ese día de abril había visto la luz por vez primera, estaba llegando a la vida por lo tanto nunca se imaginó lo que el destino le tenía preparado, ese fue su primer llanto y a pesar de todo lo que enfrentaría a lo largo de su existencia, nunca nadie la volvió a ver llorar jamás.
Pasaron siete meses… María Luisa tuvo la tercera convulsión estando sola en su cama y esa tarde pensaba –claro que pensaba como piensan los niños de su edad-, pero pensaba y hasta parecía que adivinaba los pensamientos de los demás.
Era una tarde cualquiera de esas en las que el viento se mete por todos lados y saca a los zancudos de la grietas de las paredes, ella estaba acostada como lo hacen la mayoría de los niños por no tener nada que hacer, mirando al techo pensaba en lo que su mamá sentiría cuando se diera cuenta de que estaba enferma y se sentía impotente al no poder hacer nada por evitar los espasmos de los que era víctima y por provocarle llanto y angustia a la mujer que le trajo al mundo y a quien quería expresar todo su agradecimiento. El reglamento que regía la actitud de los niños no le permitía hacer nada mas de lo normalmente permitido y aunque en su fantasías era capaz de volar y de luchar contra el mas fiero de los monstruos, no tenía la mínima posibilidad de ponerse de pie frente a los adultos, no sin antes haber cumplido por lo menos unos diez meses, aunque se había enterado de uno que otro rebelde que había caminado a los siete, pero ella –por ética y decencia y sobretodo por respeto al gremio-, tenía que disimular y seguir echada hasta que se llegara el momento y diera sus primeros pasos para poder correr al lado de su madre y besarla por su propia voluntad, y acariciarle y decirle que la quería, así es que se limitaba a permanecer viendo el techo y sufriendo sin remedio y sonriendo a quien le dijera palabras dulces o le hiciera alguna caricia, eso era el trabajo de todos los días, pues los vecinos desfilaban frente a su camita y había alguno que llegaba a extremos inimaginables, tomándola en brazos y lanzándola al techo provocando agudos dolores y sobresaltos enormes, haciendo que ella abriera los ojos de más y provocando la alegría del susodicho, creyendo erróneamente que aquello le provocaba felicidad, mientras que lo único que conseguía era someterla a una tortura vituperable, no faltó quien le diera tronados besos en los cachetes haciendo que sus oídos rechinaran y le provocaran unos dolores tan intensos que propiciaban gestos parecidos a las sonrisas que a su vez hacían que los mentecatos le dieran mas besos y todavía mas fuertes.. María Luisa deseaba que esos días de su niñez se fueran volando como la hacían sus amigos de leche que la visitaban y se iban corriendo cuando entraba algún adulto. Se ponía en el lugar de los niños que en algún lugar soportaban castigos semejantes y le daban tristeza, mas por ellos que por ella y por mas que dilucidaba no alcanzaba a entender a los adultos ni el porqué de tanta crueldad. Así eran los primeros días de su vida, una vida a la que si hubiera tenido la oportunidad de elegir, habría elegido no venir, pero ya estaba en ella, ya era huésped de este mundo cruel y tenía que someterse a las reglas del mismo, y tenía que crecer y madurar y desarrollarse, era algo con lo que no comulgaba, pero ya inventaría la manera de ser niña por siempre, ya encontraría el modo de engañara todos y hacerles creer que crecía y seguir siendo ella eternamente para no sufrir ni tener que enfrentar tanto sufrimiento, es más; con toda seguridad encontraría el modo de no traer hijos al mundo para que no le provocara un dolor semejante al que sabía que experimentaban todas las madres por sus enfermedades, por no poder comunicarse con ellos o por no saber lo que piensan, pero especialmente, trataría de evitar traer al mundo a otros seres humanos, para evitarles a ellos el dolor de ser hijos que es mucho mas tormentoso que el que enfrentan los papás, pes ellos sufren desde que nacen a la luz y respiran por vez primera y luego por la impotencia de ser unos inútiles y no poder expresarse de ningún modo los primeros y mas difíciles días de su s vidas.
Una tarde de enero, María Luisa se sentía contenta, jugaba con un amigo imaginario llena de felicidad, cada día aprendía más de él, aunque no hablaban el mismo idioma ella trataba de poner atención a sus sonidos y señas, ya estaba aprendiendo a comunicarse con él, pues prefería aprender idiomas extraños parecidos al de ella, que aprender el lenguaje de los mayores, porque sentía que estaba olvidando el suyo y es que casi no lo practicaba, pues pocas veces tenía la oportunidad de charlar con alguien de su edad y aunque no quisiera, lo mas probable era que así ocurriera, llegaría el momento en que aprendería a hablar como los adultos y olvidaría su pequeño idioma esa tarde, ella y su amigo imaginario estaba montados sobre un dragón que solo existía en su imaginación –por supuesto-, y desde ahí trataban de alcanzar un caballo fantástico de color azul que los conduciría hasta el puerto, donde arribaba el barco de los sueños todos los días a las once de la noche y que luego pasaba por Botaira con rumbo a Sabaiba, mucha gente quería subirse, por eso el juego favorito de los niños, de pronto; María Luisa se detuvo y su amigo la miró sin entender, ella se bajó del dragón y corrió hacia su madre que estaba frente al metate “rayando” unas tortillas “tiernas” para hacer tostadas, la niña le abrazó fuertemente de las piernas, levantó su dulce carita hacia la de ella y acariciando la panza de Eulogia susurró; “Adiós mamá”.
Eulogia sonrió emocionada al ver a su hija en la cama tan divertida y por alguna extraña razón, le pareció escuchar una vececita que le dijo “adiós”, luego sonrió para sus adentros, esa noche del veinticuatro de abril María Luisa dormía plácidamente cuando oyó unos cuchicheos en su oído izquierdo, sin abrir los ojos y quedito para que nadie la escuchara contestó:
-¿Quén?
-Soy yo.
-¿Ota vez?
-Si, abre los ojos.
-Np, mo te queyo vel… me hace mello
-No te voy a hacer nada.
-E que si ablo lo ojos no te veo, así si te veo…
En efecto con los ojos cerrados podía distinguir claramente a aquel fantástico animal con el que hablaba a diario, sus enormes ojos le impresionaban y los cuernitos que tenía atrás de las cejas le parecían chistosos, hasta las alas trasparentes se las podía ver cuando tenía los ojos cerrados, por eso prefería platicar con él, sin abrirlos, en ocasiones anteriores habían platicado por noches enteras hasta que ella decidía abrir los ojos, pero en cuanto lo hacía, el animal desaparecía de su vista, era de un color muy extraño que ella no podía identificar por lo corto de su edad, sin embargo le gustaba el color casi verde pero casi azul, que hacía que el color de los enormes ojos resaltaran por lo extrañamente verdes que eran, el caballo sentido se acercó para decirle una noticia que la llenaría de tristeza, pues el motivo de su visita era decirle que era la hora de llevarse a su madre a aquel lugar del que ya le había hablado y que era muy parecido al lugar de donde venía y le había explicado que morir era como nacer pero al revés… ella lloró y el animal se compadeció de ella, entonces hizo con sus patas delanteras un pase mágico para hacer que su mente se relajara, y se relajó tanto que su cuerpo languideció y se sumió de nuevo en su sueño para jugar con aquella especie de dragón morado con alas transparentes, que montaban ella y su amigo imaginario, y esa noche su madre murió.
Pasaron los años, María Luisa creció y cumplió cuarenta y un años, era aún una niña –solo que dentro del cuerpo inmenso de una mujer-, pero seguía metida en su fantástico mundo, lleno de caballos y dragones que se trajo desde su infancia y que no volvió a dejar nunca y cada vez que surgía un problema, se metía dentro de su imaginación para no sufrir. Era junio y el verano se presentaba extremadamente caluroso, las garzas habían arribado a la ceiba aquella en la que se aparecía la virgen y por las noches rondaba una gallina que lloraba clamando por sus pollitos, Tingo el de la burra verde ya había muerto y de las playas de Botaira se vio surgir un resplandor maravilloso, sin duda era el anuncio de algo fantástico que seguramente no se repetiría en muchos años, lo último parecido a aquello, era lo ocurrido el día que nació María Luisa.
María Luisa había decidido encerrarse en su mundo de niña desde que tenía diez meses y se había prometido no llorar nunca mas, desde el día que nació por primera vez por eso aquella noche en que cumplió los quince años y una sombra se deslizó por la puerta de su cuarto y se abalanzó sobre ella para agredirla sexualmente de la manera mas ruin y cobarde, puso en su mente un velo que no le permitió sentir, ni recordar lo que ocurrió en ese día tan importante, y cuando su padre hubo realizado la terrible felonía, ella se retorcía en el suelo, sin entender nada –víctima de una de aquellas convulsiones de la infancia-, porque así lo había decidido y sus amigos los duendes y animales fantásticos de su fantasmagoría, trataban de darle ánimo y hacerle pasar momentos dulces sin lograrlo…
Durante veinticinco años fue víctima de violaciones y malos tratos, su corazón estaba totalmente destrozado, pero su cerebro se negaba a aceptarlo y por eso reía y era feliz, a la gente le sonreía y se divertía jugando con los niños del barrio de la cornucopia y todos la querían porque tenía un corazón de niña como el que muchos adultos querían tener pero por vergüenza no lo intentaban, se la pasaba cantando e inventando sueños maravillosos y cuantos platicaba a sus amigos reales y cuando conocía a un recién nacido le hablaba en su propio idioma.
Ese día en que María Luisa cumplió los cuarenta y uno y en el mar azul de Botaira se estaba fabricando un arco iris con los colores que todavía no se inventaban, la gente salió nuevamente a las calles para mirar como del mar surgía portento tan maravilloso y casi increíble de contar de no ser –claro-, porque casi toda la población estaba siendo testigo.
El arco se levantó hacia el cielo hasta llegar a un punto en el que empezó a bajar lentamente, y con dirección al barrio donde María luisa platicaba con sus amigos los catiuscos y que por cierto le estaban preguntando por el dragón alado que habían perdido hacia mucho tiempo y que ella había encontrado, pues le explicaban que se había cumplido el ciclo y debía volver con ellos a la tierra de los mitos-, alguien mas le preguntó por el caballo y por el amigo imaginario, ella se entristeció y le pareció raro que se estuvieran llevando a todos sus amigos, entonces alguien sin querer le dijo que ya no los necesitaría; entonces lo entendió todo.
Afuera la garzas emprendían el vuelo espantadas, la ceiba se secó repentinamente, la leche en la hornilla se derramó, los perros de la calle se quedaron mudos, un racimo de uvas se puso rojo en la parra y todo quedó en silencio…
El arco iris empezó a descender con calma, la gente corría por las calles para ver a donde iba a bajar y tener la oportunidad de atraparlo para arrancarle trocitos y guardarlos en botellas para cuando se ocupara curar alguna tristeza.
De pronto el arco cayó pesadamente sobre el techo de la casa donde vivió María Luisa y aquel hombre que abusara de ella tanto tiempo ya que ahora estaba apunto de partir al mas allá, los ojos desorbitados de su padre vieron el resplandor y la gente de la calle gritaba de la emoción, y entonces ocurrió algo portentoso; María Luisa salió a la calle mientras que adentro su padre exhalaba un último suspiro…
La gente como hipnotizada vio a la niña levantarse unos centímetros del suelo y levantó la mirada en tanto que adentro una legión de demonios despedazaban lo que quedó de aquel hombre sin escrúpulos y malvado, que de seguro en unos minutos mas estaría pudriéndose en el infierno.
María Luisa sonrió a la multitud, todos la miraban expectantes, el arco iris cambió de colores y todos pudieron admirar las sensaciones luminosas mas bellas y que jamás imaginaron, entonces sucedió aquello increíble; María Luisa empezó a caminar subiendo lentamente como siguiendo un camino invisible y así se fue yendo con el arco rumbo al cielo, nadie se dio cuenta de que la mujer lloraba, porque lloró a escondidas, se fue dividida entre su pasado y su destino, entre la crueldad y su inocencia, es cierto que lloró por segunda vez, pero ese fue su último llanto y esta vez fue de felicidad y aquel hermoso cuento de dolor y de misterios terminaba y el recuerdo de aquella niña que decidió ser una niña para siempre, es ejemplo de amor y de cordura para los adultos de Botaira y aún hoy en sus noches en las banquetas del pueblo se escuchan a los niños contar aquella historia a los adultos y de vez en cuando se escucha a algún adulto sollozar; por la infancia perdida, por la falta de valor o por el amor reprimido.
Pero mientras exista un lugar como Botaira en donde nacen niños como Maria Luisa y niños como los que la habitan, habrá adultos que aprendan que se puede ser todo lo viejo que se sea capaz, pero que un corazón de niño, es capaz de hacer levitar un cuerpo y hacerlo mezclarse con la magia encantada del iris.
FERNANDO BARRAZA
El Apoderado, Ciudad Asilo de el Rosario Sinaloa, Junio del 2005.
El día que nació María Luisa, la gente en Botaira vio el cielo y sus ojos se iluminaron de la emoción, alguno se asomaban por las ventanas y otros se detenían en medio de la calle haciendo una pausa en sus actividades cotidianas, los que iban montados en sus bestias se apeaban para poder apreciar aquel maravilloso espectáculo, los que venían del molino buscaban una sombra para apreciarlo mejor, otros –sin darle importancia al inclemente sol-, ponían sus manos a modo de visera sobre sus ojos para no perderse de nada, y es que –ellos no lo sabían- aquella niña lloraba allá en su casa por el barrio de la cornucopia (lo llamaban así porque la calle tenía forma de cuerno), al final de la calle del barrio había una ceiba enorme en la que hacen sus nidos la garzas en los tiempos de las aguas que llegaban cada año a disfrutar de los enormes charcos que se hacen en Botaira, pareció que en esa ocasión, la ceiba se vistiera de colores para una gran fiesta, pues daba la impresión de era justamente de esa ceiba, de donde nacía aquel arco multicolor que mantenía la mirada de todos hacia arriba, mientras mas fuerte era el llanto, mas intensos eran los colores del iris que se dibujó en el cielo…
Eran las once de la mañana, el sol estaba en su esplendor cuando al niña nació, hermosa y regordeta, con su rostro enmarcado por una cabellera negra como la oscuridad y los ojos azules casi como el fondo del mar de Botaira, o como el cielo mas cálido y mas limpio de los veranos Botairenses.
Todo mundo miraba hacia el cenit con el corazón en un hilo, contritos de la emoción que sentían, Tingo el de la loma bajaba desde su casa en la montaña montado en su burra verde y a lo lejos alcanzó a distinguir que el arco efectivamente nacía en algún lugar del mismo pueblo con dirección a aquella mítica ceiba y señalaba hacia allá gritando lleno de alegría.
La gente normalmente, en esos días de abril poco toleraba el calor, sin embargo la fuerza de la curiosidad los fue acercando hasta el lugar donde el arco iris nacía y se dieron cuenta de que este emergía de la casa de Eulogia. Dentro, la partera doña Tomasa, que fue quien le dio primera nalgada para provocarle el llanto –y de esa manera provocar el crecimiento y desarrollo de los pulmones la recién nacida-, en ese momento estaba haciéndole caricias para que dejara de llorar, la niña fue aminorando el llanto y a su vez los colores parecían difuminarse en el arco celestial, así fue como paulatinamente la niña dejó de llorar y como por arte de magia el arco iris desapareció… despareció por completo causando la decepción en los arremolinados afuera de la casa que empezaron a pedir a gritos que la niña llorara de nuevo, y aunque Tomasa lo intentó, no hubo poder humano que la hiciera gemir al menos, eso sorprendió a todos y empezaron a hacer suposiciones y predicciones tan acostumbrados como estaban en Botaira a creer en cosas sobrenaturales y darle crédito a los signos de los tiempos.
Ese fue el primer llanto de María Luisa, ese día de abril había visto la luz por vez primera, estaba llegando a la vida por lo tanto nunca se imaginó lo que el destino le tenía preparado, ese fue su primer llanto y a pesar de todo lo que enfrentaría a lo largo de su existencia, nunca nadie la volvió a ver llorar jamás.
Pasaron siete meses… María Luisa tuvo la tercera convulsión estando sola en su cama y esa tarde pensaba –claro que pensaba como piensan los niños de su edad-, pero pensaba y hasta parecía que adivinaba los pensamientos de los demás.
Era una tarde cualquiera de esas en las que el viento se mete por todos lados y saca a los zancudos de la grietas de las paredes, ella estaba acostada como lo hacen la mayoría de los niños por no tener nada que hacer, mirando al techo pensaba en lo que su mamá sentiría cuando se diera cuenta de que estaba enferma y se sentía impotente al no poder hacer nada por evitar los espasmos de los que era víctima y por provocarle llanto y angustia a la mujer que le trajo al mundo y a quien quería expresar todo su agradecimiento. El reglamento que regía la actitud de los niños no le permitía hacer nada mas de lo normalmente permitido y aunque en su fantasías era capaz de volar y de luchar contra el mas fiero de los monstruos, no tenía la mínima posibilidad de ponerse de pie frente a los adultos, no sin antes haber cumplido por lo menos unos diez meses, aunque se había enterado de uno que otro rebelde que había caminado a los siete, pero ella –por ética y decencia y sobretodo por respeto al gremio-, tenía que disimular y seguir echada hasta que se llegara el momento y diera sus primeros pasos para poder correr al lado de su madre y besarla por su propia voluntad, y acariciarle y decirle que la quería, así es que se limitaba a permanecer viendo el techo y sufriendo sin remedio y sonriendo a quien le dijera palabras dulces o le hiciera alguna caricia, eso era el trabajo de todos los días, pues los vecinos desfilaban frente a su camita y había alguno que llegaba a extremos inimaginables, tomándola en brazos y lanzándola al techo provocando agudos dolores y sobresaltos enormes, haciendo que ella abriera los ojos de más y provocando la alegría del susodicho, creyendo erróneamente que aquello le provocaba felicidad, mientras que lo único que conseguía era someterla a una tortura vituperable, no faltó quien le diera tronados besos en los cachetes haciendo que sus oídos rechinaran y le provocaran unos dolores tan intensos que propiciaban gestos parecidos a las sonrisas que a su vez hacían que los mentecatos le dieran mas besos y todavía mas fuertes.. María Luisa deseaba que esos días de su niñez se fueran volando como la hacían sus amigos de leche que la visitaban y se iban corriendo cuando entraba algún adulto. Se ponía en el lugar de los niños que en algún lugar soportaban castigos semejantes y le daban tristeza, mas por ellos que por ella y por mas que dilucidaba no alcanzaba a entender a los adultos ni el porqué de tanta crueldad. Así eran los primeros días de su vida, una vida a la que si hubiera tenido la oportunidad de elegir, habría elegido no venir, pero ya estaba en ella, ya era huésped de este mundo cruel y tenía que someterse a las reglas del mismo, y tenía que crecer y madurar y desarrollarse, era algo con lo que no comulgaba, pero ya inventaría la manera de ser niña por siempre, ya encontraría el modo de engañara todos y hacerles creer que crecía y seguir siendo ella eternamente para no sufrir ni tener que enfrentar tanto sufrimiento, es más; con toda seguridad encontraría el modo de no traer hijos al mundo para que no le provocara un dolor semejante al que sabía que experimentaban todas las madres por sus enfermedades, por no poder comunicarse con ellos o por no saber lo que piensan, pero especialmente, trataría de evitar traer al mundo a otros seres humanos, para evitarles a ellos el dolor de ser hijos que es mucho mas tormentoso que el que enfrentan los papás, pes ellos sufren desde que nacen a la luz y respiran por vez primera y luego por la impotencia de ser unos inútiles y no poder expresarse de ningún modo los primeros y mas difíciles días de su s vidas.
Una tarde de enero, María Luisa se sentía contenta, jugaba con un amigo imaginario llena de felicidad, cada día aprendía más de él, aunque no hablaban el mismo idioma ella trataba de poner atención a sus sonidos y señas, ya estaba aprendiendo a comunicarse con él, pues prefería aprender idiomas extraños parecidos al de ella, que aprender el lenguaje de los mayores, porque sentía que estaba olvidando el suyo y es que casi no lo practicaba, pues pocas veces tenía la oportunidad de charlar con alguien de su edad y aunque no quisiera, lo mas probable era que así ocurriera, llegaría el momento en que aprendería a hablar como los adultos y olvidaría su pequeño idioma esa tarde, ella y su amigo imaginario estaba montados sobre un dragón que solo existía en su imaginación –por supuesto-, y desde ahí trataban de alcanzar un caballo fantástico de color azul que los conduciría hasta el puerto, donde arribaba el barco de los sueños todos los días a las once de la noche y que luego pasaba por Botaira con rumbo a Sabaiba, mucha gente quería subirse, por eso el juego favorito de los niños, de pronto; María Luisa se detuvo y su amigo la miró sin entender, ella se bajó del dragón y corrió hacia su madre que estaba frente al metate “rayando” unas tortillas “tiernas” para hacer tostadas, la niña le abrazó fuertemente de las piernas, levantó su dulce carita hacia la de ella y acariciando la panza de Eulogia susurró; “Adiós mamá”.
Eulogia sonrió emocionada al ver a su hija en la cama tan divertida y por alguna extraña razón, le pareció escuchar una vececita que le dijo “adiós”, luego sonrió para sus adentros, esa noche del veinticuatro de abril María Luisa dormía plácidamente cuando oyó unos cuchicheos en su oído izquierdo, sin abrir los ojos y quedito para que nadie la escuchara contestó:
-¿Quén?
-Soy yo.
-¿Ota vez?
-Si, abre los ojos.
-Np, mo te queyo vel… me hace mello
-No te voy a hacer nada.
-E que si ablo lo ojos no te veo, así si te veo…
En efecto con los ojos cerrados podía distinguir claramente a aquel fantástico animal con el que hablaba a diario, sus enormes ojos le impresionaban y los cuernitos que tenía atrás de las cejas le parecían chistosos, hasta las alas trasparentes se las podía ver cuando tenía los ojos cerrados, por eso prefería platicar con él, sin abrirlos, en ocasiones anteriores habían platicado por noches enteras hasta que ella decidía abrir los ojos, pero en cuanto lo hacía, el animal desaparecía de su vista, era de un color muy extraño que ella no podía identificar por lo corto de su edad, sin embargo le gustaba el color casi verde pero casi azul, que hacía que el color de los enormes ojos resaltaran por lo extrañamente verdes que eran, el caballo sentido se acercó para decirle una noticia que la llenaría de tristeza, pues el motivo de su visita era decirle que era la hora de llevarse a su madre a aquel lugar del que ya le había hablado y que era muy parecido al lugar de donde venía y le había explicado que morir era como nacer pero al revés… ella lloró y el animal se compadeció de ella, entonces hizo con sus patas delanteras un pase mágico para hacer que su mente se relajara, y se relajó tanto que su cuerpo languideció y se sumió de nuevo en su sueño para jugar con aquella especie de dragón morado con alas transparentes, que montaban ella y su amigo imaginario, y esa noche su madre murió.
Pasaron los años, María Luisa creció y cumplió cuarenta y un años, era aún una niña –solo que dentro del cuerpo inmenso de una mujer-, pero seguía metida en su fantástico mundo, lleno de caballos y dragones que se trajo desde su infancia y que no volvió a dejar nunca y cada vez que surgía un problema, se metía dentro de su imaginación para no sufrir. Era junio y el verano se presentaba extremadamente caluroso, las garzas habían arribado a la ceiba aquella en la que se aparecía la virgen y por las noches rondaba una gallina que lloraba clamando por sus pollitos, Tingo el de la burra verde ya había muerto y de las playas de Botaira se vio surgir un resplandor maravilloso, sin duda era el anuncio de algo fantástico que seguramente no se repetiría en muchos años, lo último parecido a aquello, era lo ocurrido el día que nació María Luisa.
María Luisa había decidido encerrarse en su mundo de niña desde que tenía diez meses y se había prometido no llorar nunca mas, desde el día que nació por primera vez por eso aquella noche en que cumplió los quince años y una sombra se deslizó por la puerta de su cuarto y se abalanzó sobre ella para agredirla sexualmente de la manera mas ruin y cobarde, puso en su mente un velo que no le permitió sentir, ni recordar lo que ocurrió en ese día tan importante, y cuando su padre hubo realizado la terrible felonía, ella se retorcía en el suelo, sin entender nada –víctima de una de aquellas convulsiones de la infancia-, porque así lo había decidido y sus amigos los duendes y animales fantásticos de su fantasmagoría, trataban de darle ánimo y hacerle pasar momentos dulces sin lograrlo…
Durante veinticinco años fue víctima de violaciones y malos tratos, su corazón estaba totalmente destrozado, pero su cerebro se negaba a aceptarlo y por eso reía y era feliz, a la gente le sonreía y se divertía jugando con los niños del barrio de la cornucopia y todos la querían porque tenía un corazón de niña como el que muchos adultos querían tener pero por vergüenza no lo intentaban, se la pasaba cantando e inventando sueños maravillosos y cuantos platicaba a sus amigos reales y cuando conocía a un recién nacido le hablaba en su propio idioma.
Ese día en que María Luisa cumplió los cuarenta y uno y en el mar azul de Botaira se estaba fabricando un arco iris con los colores que todavía no se inventaban, la gente salió nuevamente a las calles para mirar como del mar surgía portento tan maravilloso y casi increíble de contar de no ser –claro-, porque casi toda la población estaba siendo testigo.
El arco se levantó hacia el cielo hasta llegar a un punto en el que empezó a bajar lentamente, y con dirección al barrio donde María luisa platicaba con sus amigos los catiuscos y que por cierto le estaban preguntando por el dragón alado que habían perdido hacia mucho tiempo y que ella había encontrado, pues le explicaban que se había cumplido el ciclo y debía volver con ellos a la tierra de los mitos-, alguien mas le preguntó por el caballo y por el amigo imaginario, ella se entristeció y le pareció raro que se estuvieran llevando a todos sus amigos, entonces alguien sin querer le dijo que ya no los necesitaría; entonces lo entendió todo.
Afuera la garzas emprendían el vuelo espantadas, la ceiba se secó repentinamente, la leche en la hornilla se derramó, los perros de la calle se quedaron mudos, un racimo de uvas se puso rojo en la parra y todo quedó en silencio…
El arco iris empezó a descender con calma, la gente corría por las calles para ver a donde iba a bajar y tener la oportunidad de atraparlo para arrancarle trocitos y guardarlos en botellas para cuando se ocupara curar alguna tristeza.
De pronto el arco cayó pesadamente sobre el techo de la casa donde vivió María Luisa y aquel hombre que abusara de ella tanto tiempo ya que ahora estaba apunto de partir al mas allá, los ojos desorbitados de su padre vieron el resplandor y la gente de la calle gritaba de la emoción, y entonces ocurrió algo portentoso; María Luisa salió a la calle mientras que adentro su padre exhalaba un último suspiro…
La gente como hipnotizada vio a la niña levantarse unos centímetros del suelo y levantó la mirada en tanto que adentro una legión de demonios despedazaban lo que quedó de aquel hombre sin escrúpulos y malvado, que de seguro en unos minutos mas estaría pudriéndose en el infierno.
María Luisa sonrió a la multitud, todos la miraban expectantes, el arco iris cambió de colores y todos pudieron admirar las sensaciones luminosas mas bellas y que jamás imaginaron, entonces sucedió aquello increíble; María Luisa empezó a caminar subiendo lentamente como siguiendo un camino invisible y así se fue yendo con el arco rumbo al cielo, nadie se dio cuenta de que la mujer lloraba, porque lloró a escondidas, se fue dividida entre su pasado y su destino, entre la crueldad y su inocencia, es cierto que lloró por segunda vez, pero ese fue su último llanto y esta vez fue de felicidad y aquel hermoso cuento de dolor y de misterios terminaba y el recuerdo de aquella niña que decidió ser una niña para siempre, es ejemplo de amor y de cordura para los adultos de Botaira y aún hoy en sus noches en las banquetas del pueblo se escuchan a los niños contar aquella historia a los adultos y de vez en cuando se escucha a algún adulto sollozar; por la infancia perdida, por la falta de valor o por el amor reprimido.
Pero mientras exista un lugar como Botaira en donde nacen niños como Maria Luisa y niños como los que la habitan, habrá adultos que aprendan que se puede ser todo lo viejo que se sea capaz, pero que un corazón de niño, es capaz de hacer levitar un cuerpo y hacerlo mezclarse con la magia encantada del iris.
FERNANDO BARRAZA
El Apoderado, Ciudad Asilo de el Rosario Sinaloa, Junio del 2005.
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viernes, 11 de enero de 2008
... De un escrito inconcluso aún sin nombre
En el pueblo la gente vivía su cotidianeidad; cada quien en lo suyo, en los patios los jóvenes se dedicaban a tejer sus redes para la temporada de pesca, en las cocinas las abuelas preparaban la merienda, en el río los que podían se bañaban y lavaban, todo se veía normal, de repente los ojos de Eulogia fijaron su atención en la parvada de garzas que se levantaron y emprendieron el vuelo no al cerro sino al otro lado del río, casi al instante se oyó una detonación que hizo eco en el cerro, como si el sonido hubiera rebotado para esparcirse por toda la comunidad para penetrar en los oídos de la muchacha que tapándoselos gritó; Maria se acercó y la abrazó tratando de entender lo que pasaba, Eulogia lloraba inconsolable mientras Maria le susurraba palabras de consuelo...
La gente en Chametla se sorprendió; camino de la plaza había un cadáver, con un solo balazo, solo uno; justo en el corazón, los jóvenes corrían por la calle del medio, algunos bajaban por los callejones, los trece hombres montados en su carreta fueron vistos salir en estampida con dirección a Botaira, nadie pudo hacer nada, la sorpresa los había desarmado desde antes, atónitos vieron marcharse al grupo.
Los pájaros se quedaron callados y los perros aullaron lastimeramente, en el río, aquel presentimiento le había dado fuerzas a Eulogia para que se parara con la mirada perdida y las quijadas apretadas como conteniendo la rabia de saber algo que todavía ignoraba, no sabía que era, pero sentía que aquello que estaba pasando en Chametla, la involucraba directamente a ella, limpió sus lágrimas con el puño de sus mano, y emprendió la marcha por la cañada para subir a la calle del medio.
María la siguió en silencio, tras ella se formó la comitiva, Juan su hijo menor y Mariquita le siguieron, detrás iban todos los demás que se divertían en las aguas del río, como en la procesión del silencio. . .
La gente en Chametla se sorprendió; camino de la plaza había un cadáver, con un solo balazo, solo uno; justo en el corazón, los jóvenes corrían por la calle del medio, algunos bajaban por los callejones, los trece hombres montados en su carreta fueron vistos salir en estampida con dirección a Botaira, nadie pudo hacer nada, la sorpresa los había desarmado desde antes, atónitos vieron marcharse al grupo.
Los pájaros se quedaron callados y los perros aullaron lastimeramente, en el río, aquel presentimiento le había dado fuerzas a Eulogia para que se parara con la mirada perdida y las quijadas apretadas como conteniendo la rabia de saber algo que todavía ignoraba, no sabía que era, pero sentía que aquello que estaba pasando en Chametla, la involucraba directamente a ella, limpió sus lágrimas con el puño de sus mano, y emprendió la marcha por la cañada para subir a la calle del medio.
María la siguió en silencio, tras ella se formó la comitiva, Juan su hijo menor y Mariquita le siguieron, detrás iban todos los demás que se divertían en las aguas del río, como en la procesión del silencio. . .
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muerte inesperada
miércoles, 22 de agosto de 2007
¡Ay mi Botaira!

Cae la noche en Botaira, los nextlinqueros refulgen al calor del hogar, allá en el lago de los lagartos los sauces llorones guardan silencio pues duermen, las gallinas se sientan en sus cacareos y los perros hacen una pausa en sus aullidos, todo es silencio...
Las hadas de los mitotes aprovechan esos momentos para aguzar los oidos, ellas perciben hasta el estertor de la muerte dentro de cualquier casa, ese es el momento en que ellas se alimentan de los chismes ocurridos durante el día para despues, una vez que pasó el barco de los sueños, desperdigarlos por las calles y rincones más escondidos, ahi donde los amantes se roban besos furtivos , ahi donde los secretos de inmoralidad de algunos se mezclan con la fé en la esparanza de que nadie sepa nada nunca, en cualquier parte se meten y de cualquier parte sacan la información para que los rumores crezcan o se reinventen, el caso es que hay que sembrar cizaña y desconfianza entre sus moradores para que la rutina desaparezca, aunque el sauce llore y al perro ladre o las gallinan sigan cacaraqueando, ellas no descansarán, cuando han absorvido la esencia del pregón, se desperezan satisfechas a esperar a que el reloj marque las once de la noche, entonces hace su aparición en el infinito el enorme barco cargado de fantasmas y pesadillas para robar el sueño a los Botairenses, entonces los perros despiertan de su mutismo y arrojan mordidas al espacio con la intención de alcanzar la nave que vuela por sobre el pueblo, y ellos la siguen mordisqueando las cadenas que arrastra sin descanso hasta que se va difuminando por el camino rojo que va a Sabaiba, lo ven desaparecer por encima de Chametla y todo vuelva a la normalidad, entonces es cuando las hadas ponen labios a la obra y empiezan a recorrer pensamientos susurrando los chismes para que todos lo sepan y la desverguenza acalore a muchos,y asi la rutina sigue, sin algo de monotonía, por eso amo Botaira porque los mitotes son divertidos y duelen pero no duelen, nada de daño hacen, no marcan ni te provocan rencor, por eso ahi nadie se odia, todo es amor...
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¡¿chametla, como te olvido?!


En la secundaria hacíamos equipos de trabajo, para las investigaciones o tareas que teníamos que hacer, algunas veces exploramos la cueva de la campana, otras el río, otras -y a ello me quiero referir-, explorabamos el panteón, eran aventuras enormes, realmente lo hacíamos por cariño al experimento y la emoción, porque usabamos el equipo para reunirnos y vivir esas experiencias, ya no era tanto por las tareas, la vez esa del panteón; nos llegó la oscuridad del sol poniente... no nos decidíamos a abandonar la búsqueda del ansiado tesoro, solo por no haber estado ahi en vano, a punto de rendirnos alguien descubrió al ras del suelo lo que aparentemente era una olla, con la adrenalina recorriendo nuestros cuerpos nos dimos a la tarea de escarbar cuidadosamente y efectivamente nos dimos cuenta de que era una enorme olla, pues a medida que escarbabamos alrededor, más grande era la circunferencia, empezamos a hacer conjeturas, "que tal si tiene un tesoro" -dijo el nato, "no!, un muerto" -dijo el Bernardo, - puede ser las dos cosas exclamó el Pablo, "chinguesumadre, y ya es tarde yo tengo miedo, ¿que tal si nos sale un muerto?, mejor vamonos pa la casa, mañana volvemos" -exclamó una voz entrecortada, en efecto la noche caía ya sobre nuestras espaldas, el temor nos hacia sus presas y el temblor de nuestras manos nos ponian en riesgo de destrozar la descomunal vasija. ¿Pero como irnos? ¿y que tal que a alguno se le ocurría volver antes que los demás?, teníamos que fijar una hora para volver juntos, no se valían las traiciones, pero si las desconfianzas, "¡Juremos!" -dijo alguien, y si; juramos, pusimos todos nuetras manos sobre el tesoro y solemnemente acordamos no decir a nadie ni contar nada, ni hacer referencia al paseo de esa tarde, mañana a las cuatro nos veríamos todos para llegar juntos, chin chin el que llegue primero...
Nos fuimos todos con la emocion a cuestas, nos mirabamos de reojo al separarnos, con la inseguridad de que el otro rajara, la maldita carcoma de la traición no nos dejó por un buen rato, hasta que cada uno llegó a sus casas.
Esa noche después de la cena luego de pensarlo mil veces y hacerme mil preguntas, lo decidí y rompí el juramento; le conte a mi tia Mariquita, era necesario que compartiera eso por si alguno de los otros nos traicionaba, era necesario que hubiera testigos de que era un tesoro de cinco, luego de haberselo dicho descansé un poco, y me fui a dormir, pero oh Dios! no pude!, la emopcion me incitaba ya a dar de vueltas. ya a levantarme, tentado estuve varias veces a ir al panteón antes de que me traicionara uno de los otros, ah, de no ser por mi cobardía! pero el remordimiento por mi falta al juramento hizo que mu conciencia no me dejara razonar, por fin gracias a no se que cansancios o atarantos me quedé dormido, al día siguiente, arrepentido de lo que hice y de mis malos pensamientos, decidí contarle a mis compañeros de equipo lo que habia hecho, entonces todos aceptaron con pena que también lo habían contado y que pensaron lo mismo y que habían decidido o no, pero no durmieron, así es que una vez lavadas nuestras conciencias nos dimos a la tarea de escarbar, nuestras miradas sonrientes se cruzaban a punto de las lágrimas por la emocion, casi estaba al descubierto nuestro ansiado tesoro, entonces sucedió: ¡logramos desenterrar la olla! y al levantarla cayo de nuestros dedos hecha añicos, pero no importaba, lo que valía era el contenido, esperabamos encontar por lo menos una fugurilla o malacates, que sé yo, escarbamos ansiosos la tierra que se desbordo del interior y ahi estaba; ¡NADA! solo polvo hasta los huesos del difunto se habian hecho polvo, seguramente era un indio pobre, pobre indio!
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miércoles, 8 de agosto de 2007
ASI NACIO CHAMETLA
La leyenda dice que; mucho antes de que nacieran muchos Dioses, a la región sur del estado de Sinaloa que comprende las márgenes del río que hoy conocemos como el “río baluarte”, llego una tribu de totorames que –posiblemente- eran una degeneración de las razas del norte del Estado, o del Estado norteño de Sonora, existe la posibilidad de que las tribus de Yaquis se hayan mezclado con las de Coras nayaritas, lo que dio origen a una civilización que fue a ubicarse justo en el sitio al que dieron por nombre; Chiametlan. Dice el mito que un día, en el que luego de una larga caminata, un jovenzuelo de nombre xolotl reposaba sobre una enorme roca y a la sombra de un “uvo”, tras la ingestión de un preparado a base de tecomate al que ellos llamaban “duérmete niño”, por el efecto de relajación que causaba; como en éxtasis escucho la voz de un Dios que decía; “Escuchadme Xolotl, hijo mío en quien tanto confío, has de conducir a la tribu a un lugar sobre las playas del río, ahí encontraras una señal, cuando la hayas reconocido, será que llego el momento de fundar un nuevo imperio...” al despertar, el joven contó a los mayores y a los sacerdotes que viajaban con el, lo que había soñado, y le creyeron... porque era un joven respetable y siempre había luchado por el bien de la tribu, fue entonces que decidieron marchar en busca de la señal esperada, no tuvieron que atravesar enormes desiertos porque ya lo habían hecho desde Sonora, ni tuvieron que durar cientos de años, pues ya habían pasado desde que nacieron como seres sociales, ni esperaban encontrar un águila o alguna serpiente, ni signos en el suelo, ni que les cayera comida del cielo,... ya todo estaba dicho y hecho, la señal seria clara; Pues dice la leyenda; que aquel joven caminaba al frente, con una enorme beca sobre su cabeza, como era costumbre en los grandes personajes de esa época,.. ellos usaban esa especie de Chía que les confería un estatus de superioridad y casi divino, razón por la que eran obedecidos y respetados como jefes y sacerdotes de gran envergadura, y el, se había ganado ese grado, se dice entonces; que caminaban por las playas del río con dirección a las inmensas playas vírgenes de la costa marítima, cuando Xolotl se sintió agredido y asaltado, al grado de perder su chia a garras de un ave, puesto que le fue arrebatado por un enorme chivicoyo que les sobrevolaba... así, a secas, eso no podia ser tomado como la señal que esperaban, de no ser porque al ir tras el, por ordenes del líder, un niño la encontró tirada sobre una planta que en la actualidad se conoce como salvia, y a los pies de un cedro, ahí se sentaron a descansar tras la fatigosa persecución, y ahí, el hombre de la chia que la había recuperado justo sobre aquella planta de la que sacaban la semilla a la que daban precisamente el mismo nombre, -pues tenían ellos, costumbre de preparar un brebaje a base de las semillas de esa planta-, esas semillas eran conocidas como chia, que acostumbraban mezclar con miel y jugo de frutas agrias para refrescarse, por eso fue que decidió asentarse en ese lugar al que en honor a tal acontecimiento y a tales razones dieron por nombre; Chiametlan, que significa lugar de chias. Se establecieron sin mas, y se distribuyeron a ambos lados del río al que llamaron río Chiametlan y se dispersaron a lo largo del mismo y a las faldas de un enorme peñasco que surgía de aquella inmensidad marítima y al que creyeron un vigía por estar rodeado de agua, (así se les conocía a las islas y peñas enormes sobresalientes de las aguas) además de que era un vigía, al establecerse ahí, lo usaban también como atalaya y puesto de observación, doble razón para que hasta la fecha el enorme escollo conserve el nombre del cerro del vigía, ahí en lo alto se estableció el líder, y se mando construir un enorme espacio para el juego de pelota y acondiciono las siete cuevas para atesorar las pertenencias tribales. (Aun hoy, si se cuenta con el equipo apropiado, es posible desentrañar del escollo grandes muestras artesanales de aquella gran civilización), allá en lo alto, eran las grandes celebraciones, allá en lo alto, eran los grandes honores, y adaptaron un espacio al que actualmente se le llama el valle de las tinajitas para domesticar a los chivicoyos, símbolos de la naciente cultura... ahí les molían el maíz y el pescado seco mientras las exóticas aves –para entonces sagradas a los ojos de los totorames - comían, ellos molían la sal, que luego llevarían al tianguis para intercambiar por enseres y alimentos, con tribus que cruzaban desde Ixtlan hasta Sinalobola, que era como se conocía a esta región, para surtirse de tabaco y de ixtle... Por esa época se corrió el rumor de que había pasado por ahí un hombre que portaba el nombre de “nube gris”, y que viajaba desde la mítica ciudad de tenochtitlan en busca de una señal, a nadie le sorprendió, pues esas culturas siempre estaba en espera de señales para poder existir, se decía que lo habían visto descansar entre los manglares, unos días alimentándose de higueras silvestres, otros días alimentándose de mezquite o guamúchiles. Los que iban a la pesca del camarón y tortuga para preparar los platillos favoritos de Xolotl le daban a comer el cazon o el bagre que ellos no apreciaban y que el extranjero preparaba de una manera para ellos extraña, pero deliciosa al fin de cuentas, ellos le contaron a Xolotl que el fuereño acababa de llegar de una isla llamada mezcaltitan en la que había tenido un enfrenamiento con el principal de la tribu y con el que finalmente había entablado amistad embrujándolo con su sapiencia y los conocimientos que tenia en relación con los tiempos, los totorames le platicaban todo esto a Xolotl y de otras conversaciones con el extraño, y Xolotl quedaba tan fascinado que al tercer día mando a buscarlo,.. cuando “nube gris” subió a sus aposentos, Xolotl ya le estaba esperando con una comida preparada a base de ranas y camarones y su bebida favorita “el duérmete niño”. “Nube gris” le contó que en efecto, había recorrido inmensos mundos y grandes señoríos y le aclaro que muchos de esos mundos, eran conocidos por pocos, Xolotl se intereso por sus aventuras y le llamo mucho la atención la historia del enorme disco del tiempo que a sugerencia de “nube gris”, la gente de Mezcaltitan se había llevado rodando hasta la capital del gran imperio Azteca, pues les había asegurado que si ellos entregaban el disco a los gobernantes de la gran ciudad, les tendrían en gran estima, (aquel enorme monolito es conocido actualmente como la “piedra del sol” o el “calendario azteca”) y con el se regían en la gran urbe. “Nube gris” permaneció junto a Xolotl durante siete lunas, contándole sus grandes hazañas, y una mañana de la luna siguiente se marcho, dejando parte de su sabiduría al joven aquel, que en un sueño los dioses habían elegido para patriarca de la tribu Totorame, y aquello no fue en vano, pues Xolotl aplico en bien de su gente todo lo aprendido. Chiametlan crecía en territorio y en sabiduría; una vez establecidos, se fundaron escuelas y centros de entrenamiento para los guerreros, pues aunque eran una tribu pacifica debían estar preparados por el caso de algún ataque enemigo... Era día de gran fiesta, hacia treinta y seis lunas que habían llegado a esas tierras, bajo el vigía, los danzantes matachines, la pascola y la norteña danza del venado eran apreciadas por el populacho, mientras que el duérmete niño, el peyote y el tejuino, circulaban al por mayor, dicen que en el centro de la gran Chiametlan en el lugar donde actualmente esta la plaza principal, había una enorme pila de cantera en donde se bañaban los paseantes para mitigar el calor, y que ahí en esa gran pila, se habían ahogado muchos visitantes por el efecto de las parrandas que acostumbraban en esas festividades y esa ocasión no fue la excepción, los visitantes del señorío que se trasladaban de lugares distantes, eran atendidos por los lugareños y los agasajaban con potzol, tixtihuil, y agua de chia. Por las calles sonaban los tambores, los cuernos y las grandiosas caracolas. (hoy en dia, los totorames continuan agasajando a los visitantes con platillos ancestrales por las fechas mismas de tal festejo) En el tianguis los matatecos ofrecían al mejor postor los equipales y petates mientras que los cacalotecos remataban sus hamacas y tapetes, y los orgullosos totorames exponian su famosa alfareria, por medio de la cual contaban la historia de su fundación, el muñeco mas vendido era el que representaba a Xolotl con la chia –o manto-, pendiente de su cabeza y que además se había vuelto una pieza de vestir muy popular, al grado de que no solo los grandes señores la usaban sino que había tal libertad para ello, que hasta las mujeres de los carniceros podian portarla, el día era especial; sobre todo porque el festejo era un pretexto para que los sacerdotes y mayores de la comunidad confirieran el titulo de gran señor a Xolotl que a partir de entonces seria conocido en todo el señorío y allende las fronteras, con el nombre del gran señor Xolotlzin. Le rindieron pleitesía los famosos guerreros cahitas con los que habían entablado muy buenas relaciones y de entre quienes habían escogido a los mejores para que los iniciaran en las artes guerreras, y eso era bueno pues los cahitas tenían la fama de merendarse a sus enemigos mas importantes.., andaban por ahí muchos tahues, recelosos pues temían desagradar a los cahitas, sin embargo a la sombra del gran señor Xolotlzin y dentro del territorio Chiametleco debía predominar la paz por lo que los pacaxee, los acaxee y los xiximes –que aunque también eran canibales, en esta ocasión su instinto pasaba a segundo termino, pues no eran tiempos de guerra, sino de fiesta y paz-, deambulaban felices por el tianguis ofreciendo sus cosechas, los visitantes iban y venían, desde las pirámides ubicadas junto al valle de las tinajitas hasta el campo funerario (que estaba ubicado en el centro de la gran urbe y en donde eran sepultados, sin distinciones, desde gente del mas rancio abolengo, hasta los tamemes y taspanadores, pero que debido a la explotación y destrucción de los conquistadores, que con su devastamiento redujeron el señorio a un monton de casuchas, (ahora el camposanto se localiza en la entrada a la comunidad), y subían hasta la séptima cueva rodeando por el juego de pelota y admirando los enormes zoológicos de Xolotlzin quien orgulloso permanecía sentado, mientras que a sus pies estaba su gato consentido,... desde ahí, desde lo alto de la pirámide edificada en su nombre y sobre la cual actualmente yacen las ruinas del primer templo cristiano totorame, el observaba el trajinar constante de los lugareños y visitantes en aquel gran día, y de vez en cuando el recuerdo imborrable de “nube gris” acudía a su memoria. Se hizo un silencio enorme y su embeleso fue interrumpido por los sacerdotes y los ancianos para hacerle saber que era el momento de elegir y nombrar a los jefes militares, que en esta ocasión serian elegidos en contra de la costumbre; de entre los plebeyos, (es bueno insistir en el modo moderno que tenia Xolotlzin de gobernar, eso fue lo que lo hizo diferente de sus antecesores y la herencia mas valiosa para quienes le sucederían, seria esa precisamente; la de no hacer distinciones de clases sociales.) pues eran una nueva nación, al enterarse los asistentes de esa nueva modalidad, un murmullo recorrió las calles de chiametlan, algunos parecían inconformes y Xolotlzin al percatarse se puso de pie alzando una mano; el murmullo cesó, y los cientos de cabezas dirigieron su mirada a lo alto de la pirámide, Xolotlzin les hablo como había aprendido de “nube gris”, con clama y con la vista fija: “hermanos míos, amigos míos.... es costumbre y lo sé, elegir a nuestros dirigentes de entre la realeza, pero este es un señorío que comienza, un señorío de los tiempos nuevos, y tengo conocimiento de que en estos nuevos tiempos, los sistemas políticos de mundos lejanos y nuevos señoríos, funcionan diferente y funcionan bien, es menester por ello, acatar las disposiciones que rigen a las culturas florecientes como la nuestra y si la nuestra no funciona bajo este nuevo régimen les pido me lo demanden”. Les hablo claro, les hablo breve, y les hablo convincente, una ovación de admiración se dejo escuchar y acto seguido se procedió a la selección. Se constituyo un decenvirato (era un comité integrado por diez hombres) que tuvo como resultado una recopilación de leyes que agradó a todos los visitantes, inicialmente el decenvirato tendría una vida de doce lunas, sin embargo debido al notable éxito, permaneció al frente de los nuevos estatutos por mas de cien lunas. En adelante, habría muchos cambios en la política, que de alguna manera enriquecieron el devenir de aquella cultura. El decenvirato, que originalmente había tenido escaso poder al aplicar las leyes y cuidar los intereses totorames, y otras culturas, se convirtió en un órgano fundamental de poder; declaraba la guerra cuando era necesario y firmaba la paz, establecía alianzas con otros señoríos y mundos poco conocidos, decidía la fundación de establecimientos para que vivieran las personas que llegaban de otras culturas al cobijo del señorío, y administraba las finanzas públicas. Chiametlan tuvo en ese periodo, su etapa de mayor expansión, en pocas lunas, se convirtió en una verdadera potencia tanto en el comercio como en la política, gracias al apoyo de sus vecinos de la sierra quienes empezaron a seguir su ejemplo... Con el paso del tiempo Chiametlan logro dominar sus costas, estableciendo colonias de pescadores que al servicio del gran señor Xolotlzin, perfeccionaban sus sistemas de captura del camarón entre otras especies, usando novedosos sistemas que también revolucionaron la actividad pesquera. Pasaron muchas lunas después de la muerte del gran Señor Xolotlzin que murió en su trono rodeado de seres que le amaron y le respetaron hasta sus últimos días, en ese entonces el territorio de su señorío se había expandido hasta abarcar desde la región que hoy ocupan el río de las cañas y el río Elota. Para entonces, el titulo que se le daba al que poseía el mando era el de cacique, (quiero hacer alusión a una extraña ave negra de lomo amarillo que llego una vez al aviario de Chiametlán y devoro a casi todos los chivicoyos, esa ave fue reconocida por el poder con que destruyo a la cría de aves de los totorames y la llamaron cacique) y el cacique que estaba al mando a finales del siglo XV y que era descendiente de aquel joven aventurero, era conocido como Xahualt, quien al igual que sus antecesores había seguido gobernando con sabiduría y nobleza, Chiametlan había creado durante varias generaciones un gran imperio manejado aun bajo el novedoso sistema del decenvirato, como resultado de este crecimiento, los Totorames entraron en contacto con los mundos cercanos, entre ellos estaban las tribus de mayos sonoreses y los huicholes nayaritas (de quien –insisto-, posiblemente descendían) y con quienes compartían gran parte de su cultura, su religión, y su arte, en esos tiempos en los que el territorio era tan basto surgieron algunos problemas dentro de la gran Chiametlan; ciertos estratos sociales contagiados por las costumbres de otros señoríos empezaron a perder los altos niveles de incorruptibilidad y la conformidad de sus preceptos morales que eran los que caracterizaban a sus antepasados. Xahualt se vio en la necesidad de portarse enérgico e instituir nuevas leyes o cambios en las ya existentes, mismas que perdurarían hasta la llegada de los españoles, estos cambios aumentaron el prestigio de Chiametlan y sus gobernantes, consolidando al señorío como uno de los mas notables, de mayor influencia y mas importantes de los mundos conocidos hasta ese entonces, y su fama trascendió fronteras y mas allá de las paredes de los grandes templos y palacios de la gran Tenochtitlan, eran conocidas las hazañas y el poder de los totorames y aun en estos días en los muros de aquellas edificaciones incluso en la misma Teotihuacan junto a la pirámide de la luna o en el mismo palacio de las alas se pueden apreciar jeroglíficos que aluden a tales hechos, y en sus viejas paredes esta vivo el recuerdo de los chivicoyos y caciques con alas de mariposas..... Sucedió que a principios del siglo XVI, una mujer que era conocida como gran señora o cacica por ser la esposa del cacique, dio una hija a Xahualt, y que por haber nacido en el año tres roca, venado, según el calendario del sol que para entonces era el que regia todos los mundos conocidos; le dio el nombre de Tonalli. Sucedió que al nacer Tonalli, murió la madre, la vieja comadrona mando el aviso a los aposentos del cacique y acto seguido enterró el ombligo para proceder a bautizarla con agua, siguiendo el rito común, levanto al cielo a la recién nacida y pronuncio las palabras de rigor; “Tizancli; que das vida para soportar nuestra estancia en este mundo ingrato, mira esta agua limpia que alegra y refresca al corazón, y lo despierta, esta agua hará que esta niña este al pendiente y no este de floja, ¡ Madre de todas las criaturas, defensora de los niños recibe a esta niña, y protégela como si fuera tuya, y tu Tonalli; habéis de estar dentro de casa como el sentimiento dentro de tu ser, no habéis de andar fuera de ella, no habéis de tener costumbre de ir a ninguna parte, habéis de ser la ceniza del nextlinquero en el hogar. Habéis de ser la hornilla donde se pone la olla, en este lugar os entierra nuestro señor, (porque los palacios estaban hechos a base de tierra) aquí habéis de trabajar y vuestro oficio ha de ser traer agua de los pozos del río Chiametlán y moler maíz en el metate y ahí habéis de andar junto a las cenizas”. esto lo dijo porque era la costumbre, pero en realidad la hija de un importante cacique no seria esclava jamás ni haría las labores propias de la servidumbre... por eso se enterraba el ombligo para si alguien quería irse lejos, tuviera razón de regresar, y así era el ritual que tenían por costumbre cuando nacía una niña, por eso enterraban el ombligo, para que echara raíces, y tal vez fue porque en el palacio de Xahualt no pudieron encontrar la hornilla, que la niña siempre soñaba con volar, pero eso era prohibido, las niñas no tenían la misma libertad que los niños, por lo tanto no podían soñar ciertas cosas, mucho menos hacerlas. Cuando Xahualt se enteró de que a pesar de que cubrieron la vagina de la cacica con hojas de sábila tatemadas y hojas de salvia para que la chía hiciera su efecto, y a pesar de que la inundaron de orina caliente, Queleque se la llevó, fue cuando recordó que hacia unos días en las faldas del vigía junto al río, muchos habían escuchado en tres ocasiones, en una sola noche, el canto del tocolotl y eso era sin duda; el mas seguro presagio de muerte. Cuando la mujer iba a ser sepultada, Pahua su hermano, se enfrento a Xahualt, pues le ofreció setenta esclavos que tenia prisioneros en Matatán para sacrificarlos en sus exequias, sin embargo, fiel al legado de sus antecesores Xahualt se negó, lo que provoco un escándalo en el señorío. Cuando todos se enteraron que una reina camino de los dominios de Queleque había partido como una esclava, como un perro, sin un sequito que hasta las mujeres de los tinajeros llevaban con ellas, se escandalizaron, a pesar de que sabían que los últimos gobernantes eran mas sensibles a ese tipo de manifestaciones desde que asumió el poder el gran Xololtzin... Cuando Tonalli creció y pregunto por su verdadera madre, su nana le platico que su madre había ido mas allá del infinito, hasta aquel cielo azul sobre el cual había diez cielos mas, y en el décimo existía una gran ciudad mas grande que Chiametlán, hecha de obsidiana de color verde con bosques de perlas de todos los colores y calles de caracolas y pirámides de conchas, donde los días y las noches eran de goces y alegrías, en donde no tenían que comer y beber porque no lo necesitaban, y por ahí andaban todos los dioses, Eso tranquilizo a la niña, y luego le contó la historia de la madre de todos los dioses que dio a luz un cuchillo de obsidiana, era un cuchillo de obsidiana negra muy grande, pero no le hizo daño porque abrió mucho las piernas y de allá de la ciudad de perlas y obsidiana tiraron el cuchillo y cayo en un lugar conocido como siete cuevas y de el salieron ciento cuarenta y cuatro mil dioses y diosas. Esas cuevas son las que permanecen mas arriba del mirador del cerro del vigía..., le explico ante sus dudas, que aunque fueran muchos dioses, ellos no necesitaban sitio para estar, aunque vivieran en el décimo cielo, podían andar de allá para acá, que eran como el aire que iban y venían, que no tenían donde sentarse ni nalgas para hacerlo... le contaron también; que antes de llegar a la primera cueva, hay una inmensa roca que tiene unas nalgas muy grandes dibujadas por si pasaba Tiuspica y quería sentarse, pues el ya sabia que donde hubiera unas nalgas dibujadas era señal para que el pusiera las suyas, porque era el jefe de todos los dioses y era el mas poderoso de todos, y muchas veces bajaba a la tierra con figura de hombre, y como todos los hombres, pues se cansaba y a veces se sentaba sobre sus propias nalgas, y se contaba acerca de el: que había nacido de una mujer por obra divina, sin que ningún hombre interfiriera. La curiosidad de Tonalli la conducía a saber cada vez mas, por eso se enteró que había una mujer que se llamaba regazo de víbora, y como era muy religiosa, se pasaba días y noches haciendo penitencia barriendo el barrio del coacoyotl, y un día que estaba barriendo, cayo a sus pies una perla dorada, ella la junto y se la metió en el seno junto a la barriga, y cuando acabo de barrer la quiso tomar y no la halló, entonces se dio cuenta de que estaba embarazada. Así creció la niña bajo el cuidado de aquella sabia mujer y Xahualt se dedicaba tranquilamente a gobernar a su modo, que aunque extraño, no dejaba de agradar a sus súbditos. Un día fue la parte norte de su palacio, que además tenia vista al río para visitar a su hija, ella corrió a abrazarlo temerosa, pues le habían contado sus nanas que ese año se acabaría el mundo, y el le explico que cada 52 años volvían a comenzar la cuenta de los años lunares con los mismos nombres, porque solo tenían 52 nombres, pero que los años no se terminaban nunca, y eso de que se terminaba el mundo era una leyenda que el había estado escuchando desde que era niño, y que en una celebración como la que tendrían esa noche, los sacerdotes apagarían todos los fuegos para encenderlos con solo uno, que ardería de nuevo, allá junto al juego de pelota, mas allá del aviario que fundara xolotl. Tonalli cumplió diez y siete años, los sueños que se apoderaban de ella eran muy extraños, con frecuencia se veía en los brazos de uno al que ella creía un dios, que había llegado en una canoa tan grande como una pirámide, lo describía como un hombre hermoso con los ojos color del cielo del mediodía y una barba como de oro, vestido con todo el cuerpo cubierto, e insistía en que se trataba de colibrí el hijo de un antiguo Dios emplumado, e inevitablemente se había enamorado de el... Era otra vez el aniversario de la fundación de Chiametlán, la celebración estaba en su apogeo, los matachines hacían de las suyas, los sacerdotes elevaban sus rezos al cielo, y los visitantes eran atendidos por los lugareños, sirviéndoles tamales de camarón y atole de masa, muchos vestían llamativos penachos y lustrosos guaraches, los que menos; adornaban sus faldas con carrizos y espinas, emulando a los matachines matatecos, las sonajas sonaban y los tambores palpitaban... de pronto un mensajero llego con la frente perlada de sudor y falto de aire, entre sus manos traía retratos de un hombre blanco que habían visto rondar por los manglares donde en años anteriores -se sabia-, había pernoctado “nube gris”, el mensajero llego a los pies de Xahualt y la concurrencia guardo silencio, a su lado Tonalli sintió desbocársele el corazón cuando vio el retrato, se dio cuenta de que era el hombre de sus sueños, cuando el gran Señor vio el retrato y escucho la narración de los hechos de boca del emisario de la costa, se puso de pie y como era costumbre hablo a sus súbditos y a sus invitados: “Un ciclo termina, y con el muere una etapa importante para nuestra raza, he de morir también yo, -un murmullo recorrió los callejones e inundo los recovecos Chiametlecos-, y en este ciclo que comienza, nuevos dioses gobernaran mi tierra, la tierra de Xolotl y el chivicoyo, la tierra de las chias y el vigía, las tierras del camarón y el tejuino, porque llegaron del mar, como lo profetizó mi adorada hija Tonalli, en enormes canoas y con grandes armas, nuevos gobernantes que según me informa este enviado del pueblo de Majahual, han de inculcar a ustedes nuevas costumbres, y no he de hacer nada por impedírselos, pues nada puedo hacer ante su poder,.. y ellos gobernaran, y cambiaran sus creencias y les mostraran a sus nuevos dioses...” La multitud se dispersó y corrió esconderse mas allá de los confines del señorío, se acabo la celebración y Xahualt se retiro a sus habitaciones para morir en paz.... Entonces Tonalli resignada se retiro a sus habitaciones para esperar le llegada de su dueño, aquel hombre que había visto en sus sueños y al cual le había entregado el corazón aun sin conocerlo, argumentando para si que era su dueño y que era descendiente de un antiguo Dios que se había ido prometiendo volver del lugar donde se mete el sol, pues vendría de derrotar a otro Dios enemigo, y que habría de venir del mar a por ella, y ella habría de esperarle, y así fue; en la séptima luna, después de esos acontecimientos, mientras agonizaba su padre sin haber dejado un sucesor en -virtud de que nada serviría-, (pues de cualquier modo, quien le sucediera seria derrocado por el enemigo que llego del mar),.. encerrada como estaba y a punto de la locura, sus ojos de repente esa fría mañana se detuvieron en un punto fijo de la habitación, en dirección a la puerta, vio con ojos desorbitados la llegada del hombre que tanto había soñado; el hombre blanco entro a la habitación y con el, una decena mas, armados con espadas y escopetas y cubiertos de acero, el hombre se arrojo a los pies de Tonalli gritando: “Amada mía, la mujer de mis sueños”, en ese instante, Tonalli supo que el también la había soñado, el hombre se acerco a ella y acaricio su rostro para después fundirse en un abrazo intenso y calido como las playas del río Chiametlán.... Dice la leyenda que el hombre aquel era un hombre de paz y había venido a estas tierras en persecución de su sueño, eso fue algo con lo que coincidió con el gran Xahualt por eso quizás Tonalli se identifico con el, por eso, el se refugio junto a Tonalli en la cueva de la campana , mientras que allá en el vasto territorio totorame sus consanguíneos se dedicaron a destruir pirámides y templos, y mientras esos días pasaban, y ellos hacían el amor, afuera se hacia la guerra, todo era odio y destrucción, los totorames se escandalizaban por las absurdas ideas de los blancos que llegaron del mar, y salían de sus escondites solo para ser ultrajados, pues los que llegaron del mar les obligaban a adorar a un hombre crucificado en un enorme trozo de madera en vez de adorar a un ave de inmensas alas, y si no lo hacían los decapitaban, pues aseguraban que aquel era hijo de Dios y se lo comían en algo que ellos llamaban hostia, y se atrevían a criticar a los acaxees porque se comían a sus prisioneros mas fuertes para tener su fuerza, y pregonaban “no matar” mientras que asesinaban a miles de los habitantes de estas tierras, desde Ixtlan, Mazatlán, Culiacán y quien sabe hasta donde mas, pregonaban “ama a tu prójimo” y destruían sus pertenencias y quemaban sus chozas, “pregonaban “no desees a la mujer de tu prójimo” y violaban a las mujeres y a los hombres... Dicen que un tal Nuño de Guzmán, fue quien encabezo la barbarie, que mando a reclutar indígenas de toda la región para someterlos y herrarlos como a las bestias y luego, en calidad de esclavos, usarlos para la lucha contra los pueblos de mas al norte dejando el territorio totorame casi vacío, pues de casi trescientas mil personas que lo habitaban quedaron unas mil quinientas y hasta la fecha, en la extensión de tierra que ocupara la gran Chiametlan ahora habitan solo los viejos, y su población decrece conforme pasan los años. Después llego Hernán Cortés que fue recibido en la que fuera la enorme mansión de Xahualt, ahí, fue atendido por Nuño de guzmán, los esclavos nativos le sirvieron nixcoco y piznate, luego le dieron jocuizte, comieron un delicioso pozolli y de postre; guámaras con miel de abeja, el conquistador disfrutó el banquete en el que además sirvieron sangre de lobo guisada con una fruta que le gusto mucho y que en Chiametlán era conocida como xitli tomatl, (solo que don Hernán no sabia pronunciarlo y decía jitimate) después de llegar a un arreglo con el espléndido Nuño, Cortéz baja a la primera cueva en aquella donde estaba la piedra con unas enormes nalgas pintadas y sobre la cual, descansaban los dioses Totorames cuando bajaban a la tierra con figura de hombre, allí se sentó el también, y la vista de la península que sus ojos admiraron, lo embrujo y lo motivo a conquistarla, así fue como llego a ella y al mar que cruzo para lograrlo le dio su nombre... Después de la llegada de los españoles y el casi total abandono de estas tierras los españoles que luego las poblaron, entre ellos un tal Gonzalo López, se dedicaron a la ganadería, además de el comercio de la sal, surtiendo de la misma a los reales de la nueva Vizcaya y la nueva Galicia Todavía cien años después de la conquista, los acaxees y xiximes seguían luchando por recuperar aquel tan amado y respetado territorio, de sus amigos Chiametlecos, sin embargo solo consiguieron que los hombres del mar acabaran con poblaciones enteras como Copala que luego se convirtió en un refugio de bandoleros. Sin embargo, algo esta pasando con los descendientes de Tonalli y aquel hombre blanco, pues tal vez es mas fuerte el “jalón” de la tierra, porque nos esta llamando -y el llamado de la sangre es fuerte-, con todas sus mezclas y penas, la casta totorame lucha por sobrevivir, pues se habrán acabado los chivicoyos (actualmente se sabe de la existencia de ejemplares de estas “gallinas” en los bosques canadienses y hay quien afirma que se pueden encontrar en las costas centroamericanas de países como Costa Rica) y puede que los descendientes de Tonalli no conozcan las semillas de las chias y en vez de chia en su cabeza actualmente usen sombrero o rebozos, y tal vez habrán arrancado sus ramas y cortado sus frutos, pero olvidaron sacar sus raíces y mientras sus ombligos permanezcan en esta tierra santa, habrá esperanzas, porque aquellas raíces viven y pugnan por salir, y un día emergerán a esta ciudad que nuestros hijos verán renacer con un resplandor distinto y se levantara sobre sus cenizas como un ave fantástica, y la descendencia de Tonalli y aquel hombre blanco al que amo, la poblará por siempre y conservara su nombre por siempre y tendrá sus cimientos sobre los miles de piezas arqueológicas que aun permanecen dormidas bajo el manto terrestre y las decenas de pirámides que forjaron la industria y el porvenir del pueblo totorame que se niega a morir... y Chiametlan no morirá del todo, nunca jamás.
F I N
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