MI NOMBRE ES FERNANDO BARRAZA Y DEBO CONFESAR QUE MI OBSESIÓN POR CHAMETLA. POR SU HISTORIA, POR SUS LEYENDAS, POR SUS SIETE CUEVAS, POR SU MAR, SU RÍO Y SU TODO, ME HAN LLEVADO A INVENTAR UN PUEBLO, DONDE DEBÍ DE HABER NACIDO; "BOTAIRA", AHI CONFLUYEN MIS SUEÑOS Y MIS REALIDADES, PERO MIENTRAS ESE LUGAR NO EXISTA, SI ME LO PERMITEN; YO SOY DE CHAMETLA.
viernes, 5 de febrero de 2010
ANDREA Y ODILÓN
Botaira siempre ha sido un pueblo tranquilo pero eufórico, donde pasan las cosas menos esperadas, con sus calles llenas de sol y sus noches repletas de estrellas, verde como el olor agrio del arrayán y oloroso a mangos y guayabas, todos ahí se conocen, las noticias vuelan aunque sean buenas, todo ahí se sabe, nadie está exento de nada, pero con todo y eso Botaira no deja de ser un lugar maravilloso; la vida trascurre lenta, pausada, arrastrando de día el arrullo de los enjambres de abejas y de noche el chillido de los grillos…
Andrea era muy bella, así como dicen que son los ángeles, pero tenía un alma traicionera, Odilón era bueno, pero tenía cara de estúpido, como si el sereno le hubiera enmohecido el seso, eran así, ni mas ni menos y para describirlos no existían términos medios.
Una vez llegó de muy lejos una noche salpicada de copechis y arrojando desde el barco de los sueños, la más terrible pesadilla, llegó cansada y oscura –más que otras veces-, las trasparencias sórdidas y negras de su cielo cubrieron tenebrosas al pueblo.
Cuando la oscuridad vistió de luto los aleros colorados y cuando los sapos se habían cansado de llamar a la lluvia y el silencio había vencido al ruido; la sombra sigilosa de Andrea se escabulló entre la brisa y el viento, caminó a paso rápido la calle adoquinada que llevaba al mar, y cuando hubo pasado la última casa, sin mirar hacia atrás corrió y corrió como endiablada hasta que alcanzó a distinguir la luz sonrojada de la casa de Brígida, entonces respiró tranquila, caminó despacio, se acicaló insistente hasta llegar a la puerta que la esperaba abierta de par en par, dio un paso adentro y se la tragó la luz para dejarse envolver por las notas amargas de la vieja gramola, en tanto allá en su cama larga y fría, Odilón con la mirada salada y húmeda se perdía en el sueño.
Al otro día la noche volvió fría y aún mas oscura, mas cómplice de Andrea…
Otro día se volvió cálida y sublime.
Andrea víctima de esas noches sembraba placer en la esperanza de cosechar dinero…
Resulta que una de esas noches, de esas frías y pesadamente maravillosas como la muerte. Andrea como siempre se extravió triste y ambiciosa en aras de sublimizar su ideal, no importaba si en el intento arrastraba a banqueros llegados de otras tierras, policías o ladrones que llegaban unos en persecución de otros y se daban una tregua en Botaira, ella no hacía distingos, parecía haber perdido el amor a la vida pues huía por la puerta de la degeneración y el vicio con la misma ansiedad que Odilón anhelaba convertirla en una reina.
Era tan intensa esa terquedad, que parecía querer insultar a los pordioseros y las putas que pululaban por el camino que se elevaba enfrente de la casa color bermellón, pues nadie había ofrecido ni recibido tan insistentemente tanto placer, su carne parecía no magullarse y el dinero parecía florecer en la palma de su mano o en el cálido monte oscuro de su pubis: el mito de que eran una pareja perfecta empezaba a desmoronarse, ya el chisme corría por los callejones como un secreto a voces…
Odilón mientras tanto ignoraba tan dolorosa verdad, protegido por el escudo de sus sueños no se daba cuenta de su vergüenza, el seguía zambullido en sus ilusiones, como un delfín, perdido en sus anhelos, igual que los pájaros del monte con su plumaje brillante, repleto de colores radiantes. Volaba en el espacio sin miedo hasta el infinito y veía a Andrea desde tan alto,tanto, que no podía apreciar la realidad y eso era bueno, porque esa realidad era la más trágica oportunidad que existía para hacer tolerable el ridículo al que estaba expuesto, así vivía ignorándolo todo.
Andrea se vestía de danzas trágicas y músicas de ensueño con tonos altos que cantaban su mentira.
El pobre Odilón estaba muy lejos de imaginar que el futuro le deparaba un final trágico, pues un día vendría del cielo un pájaro enorme que lo elevaría días de distancia, mas alto que sus fantasías, que le tomaría entre sus garras y cuando estuviera herido de muerte, le soltaría, le dejaría caer hasta estrellarse en el suelo y toparse con la verdad… una noche de un día de esos.
Un sábado de septiembre, sentados a la mesa, Odilón se sorprendió observando detenidamente a Andrea como si hubiera descubierto en su presencia algo diferente, detuvo sus ojos fijamente y notó que ella envejecía con rapidez, como si no le interesara esperar al tiempo –extrañamente él se conservaba joven, igual que siempre-, se dio cuenta de que le empezaban a faltar los dientes y la mirada la tenía opaca como gargajo en tanto sus ropas se veían alegres y su ambición –algo que él no veía-, era infinita. Era como si no lo entendiera o no quisiera averiguar razón alguna, le amaba sin más ni más. De lo que si se dio cuenta fue de que sus pechos se desbordaban incontenibles del sostén, algo que no recordaba haber visto antes, ni en sus mas tímidas fantasía eróticas, notó que se había trasformado al grado de no parecerse en nada al retrato que tenía en el buró, pero eso le agradó, por lo que dibujó en su cara una mueca de malicia y se quedó arriba en su nube, nunca debió de ocurrir, debió mirar fijamente, probablemente habría descubierto algo doloroso, pero para él era mejor no ver hacia abajo, finalmente el secreto de su juventud estaba en su bondad y en las cosas que ignoraba, siempre había tenido conciencia de que las mujeres –como el dinero-, tienen dos caras; una en la que se esconde inevitablemente una gama inmensa de silencios, mientras que la otra, la que todos los hombres vemos, grita a boca abierta sus misterios, por eso es que la verdad de ellas siempre saldrá a flote.
Una madrugada fría y oscura, se oyó el mudo cacareo de las gallinas y el ansioso rumiar de las vacas. Los perros silenciosos se mordían las colas unos a otros y los marranos dejaron de roncar allá en el chiquero, se oscureció de una manera muy intensa; se apagaron las estrellas y la luna se estremeció, como si presintieran lo que estaba por llegar, los olores del corral y los aromas que arrastraba el viento se suspendieron, en su cama Odilón emitió un sollozo –afuera un borracho tarareaba una canción-, no podía acomodarse en la cama, se sentía hueco, como que flotaba, se sentía como cualquier ente de esos que la fantasía popular llevaba y traía tanto por las calles del pueblo, no sabía si era un ángel o un demonio, estaba como en el limbo la cosa es que era o muy bueno o muy tonto, depende…
La puerta se abrió y dio paso a Andrea, las paredes de la habitación se ruborizaron y la cama pujó para sus adentros y no prorrumpir en llanto, pues de todos era sabido que una cama no llora; ahí estaba ella hermosa como siempre, como nadie, radiante con sus dientes perlados y sus ojos tornasol, toda ella resplandecía, curiosamente eso ocurrió solo por un instante, porque repentinamente, de la manera mas absurda se apagó. Sus uñas fueron cayendo una a una, su peluca yacía inerte sobre el respaldo de una silla azul y en un vaso transparente su dentadura sonreía siniestra en tanto su mano izquierda temblorosa colocaba en su estuche los lentes desechables que había comprado con descuento en Chametla o Mazatlán, ya ni se acordaba -para el caso daba lo mismo-, en ese instante fue cuando Odilón la vio; pálida, transparente, carente de todo y corrupta como su propio fantasma, como el espectro de la belleza y de la arrogancia que antes le caracterizaban, extendió la mano sin creerlo, quiso tocarla, extendió la mano inútilmente, jamás concretó su deseo de alcanzarla…
Había abierto los ojos y clamó como en éxtasis;
¿Eres tu? ¿Eres la mujer a quien quiero tanto?
La pesadilla se volvió palpable sin remedio alguno, sin ningún remedio de develó la verdad ya todo estaba muy claro, por fin la vio sin máscaras, se sentó incrédulo bajo las sabanas y una fuerza poderosa lo inundó.
Andrea quiso suplicar de rodillas pero su alma se inflamó de orgullo, el pueblo se quedó callado repentinamente en la esperanza de escuchar sus sollozos, solo se escuchó un;
–¿¡Porque!?“ que sonó como un alarido, también se escuchó el estallido de una bala que atravesó el espacio y súbitamente se alojó en el corazón de la mujer partiéndolo en dos, ella cerró sus ojos cansados para siempre, nunca más volverían a derramar otra lágrima.
Aquel amor como pocos moría súbitamente y quedó tirado junto a Andrea a los pies de la cama, también desnudo e impotente, arrastrándose como en un lodazal…
viernes, 29 de enero de 2010
Brisa Silva.
La primera vez que supe de ella, fue porque Esthela mi sobrina me mostró un video en el “youtube”.
Fue en el marco del 379 aniversario de la fundación de Chametla en el cuarto día de los festejos, cuando el pueblo Totorame le dio un reconocimiento a su trayectoria; cuando pude sentir su frescura.
Una brisa suave y nívea, una brisa fresca y hermosa, sencilla como la gente del pueblo, como si no se hubiera marchado nunca a Europa, o como si no hubiera recibido reconocimientos en África…
Brisa, no cabe duda, es del pueblo, y eso es lo que la hace grande, porque sin poses ni diferencias se pasó minutos eternos dando firmas a los alumnos de la escuela que la vio caminar por esas aulas, y ahí en la cancha que la vio crecer, en donde le devolvían los balones las mujeres hartas de verla encestar todos los días, en donde le gritaban porras los que la veían a través de la puerta del billar, en donde soñó con ser grande… ahí mismo, en esa misma cancha, recibió el homenaje que la distinguió como la consentida de Chametla. La ovación infinita y de pie, hicieron aflorar sus lágrimas, de esas sinceras y amorosas que manifestaban su amor por esta tierra.
Así la conocí, así es como pude cruzar palabra con ella y me concedió el honor de una foto junto a mi hija, y yo me concedo el honor de ponerla en este blog, para que los paisanos Chametlecos la recuerden, y desde allá de cualquier lugar extranjero en donde también luchan por sobresalir y poner en alto el nombre de nuestro pueblo, se animen y vean que cuando se quiere, nada es imposible, y que se puede soñar alto sin caerse, manteniendo los pies en el suelo, porque hay que ver a Brisa, es eso lo que la hace grande…
¡GRACIAS BRISA POR SER EL HONOR DE CHAMETLA Y EL ORGULLO DE SU GENTE… GRACIAS!
479 aniversario de CHAMETLA
Un fragmento del texto leído por Tonaltzin en el evento de clausura del festival
“Era día de gran fiesta, los danzantes matachines, la pascola y la norteña danza del venado eran apreciadas por los pobladores, mientras que el peyote y el tejuino, circulaban al por mayor, dicen que en el centro de la gran Chiametlan en el lugar donde actualmente esta la plaza principal, había una enorme pila de cantera en donde se bañaban los paseantes para mitigar el calor, y que ahí en esa gran pila, se habían ahogado muchos visitantes por el efecto de las parrandas que acostumbraban en esas festividades y esa ocasión no fue la excepción, los visitantes del señorío que se trasladaban de lugares distantes, eran atendidos por los lugareños y los agasajaban con potzol, tixtihuil, y agua de chia. Muy temprano por las calles sonaban los tambores, los cuernos y las grandiosas caracolas.
(hoy en día, los totorames continúan agasajando a los visitantes con platillos ancestrales, sirviendo tamales de frijoles o atole de maíz tostado, por las fechas mismas de tal festejo).”
“Algo esta pasando con los descendientes de Tonalli, pues tal vez es mas fuerte el “jalón” de la tierra, porque nos esta llamando -y el llamado de la sangre es fuerte-, con todas sus mezclas y penas, la casta totorame lucha por sobrevivir, pues se habrán acabado los chivicoyos y puede que los descendientes de Tonalli no conozcan las semillas de la chia y en vez de chia en su cabeza actualmente usen sombrero o rebozos, y tal vez habrán arrancado sus ramas y cortado sus frutos, pero olvidaron sacar sus raíces y mientras sus ombligos permanezcan en esta tierra santa, habrá esperanzas, porque aquellas raíces viven y pugnan por salir, y un día emergerán a esta ciudad que nuestros hijos verán renacer con un resplandor distinto y se levantara sobre sus cenizas como un ave fantástica, y la descendencia de Tonalli, la poblará por siempre y conservara su nombre por siempre y tendrá sus cimientos sobre los miles de piezas arqueológicas que aun permanecen dormidas bajo el manto terrestre y las decenas de pirámides que forjaron la industria y el porvenir del pueblo totorame que se niega a morir... y Chiametlan no morirá del todo, nunca jamás. “
jueves, 21 de enero de 2010
TOÑITO EL FOTOGRÁFO...
Toñito el fotógrafo.
Toñito, así es como lo llamábamos, porque tomaba fotos y pintaba y sonreía…
Cuando fungía como director del archivo histórico y municipal de este municipio, me invitaron a participar en una exposición pictórica colectiva y me pidieron recomendara a alguien, me vino a la mente Toñito el fotógrafo, así como lo recordaba de siempre; con sus lentes de aumento infinito, su sonrisa enorme y tierna, su diminuta presencia y su gigantesco aprecio por mi: ¡Tuve el honor!
Ahora que se encuentra ausente. Cuando su presencia se convirtió en ausencia y cuando su recuerdo se quiere convertir en olvido, quiero escribir lo que ahora escribo, porque él no se debe de ir del todo, debe volverse perenne como el ave fénix. Como el pasto, como las estrellas…
Perenne para que siga iluminando el pensamiento de quienes le sobrevivimos y cuando le alcancemos en la tierra del jamás, las generaciones que vienen le conozcan.
Antes de morir me buscó en Chametla para invitarme a su casa, ahí pude apreciar una vez mas el cuadro del azteca y uno que otro garabato artístico, pero la razón de que me buscara fue mostrarme una foto que tomó de mi, de los tiempos de mi infancia; de cuando recitaba en todos lados aquella historia del huérfano de madre.
Me conmovió en verdad verme arrodillado y recordar a aquel público en suspenso, me conmovió en verdad ver plasmado ahí ese dulce recuerdo de lágrimas y aplausos, me conmovió que guardara en la luna de su espejo la foto de ese ayer tan placentero.
Le agradecí por el recuerdo y me fui de ahí llevándome su promesa; esa, la de que podía reclamar la foto cuando él ya no estuviera, sin embargo no lo he hecho, porque si el papel me sobrevive, se quedará en esta tierra –aunque quisiera tenerlo-. Lo que si me llevo conmigo y para siempre, es la admiración que en ese momento me manifestó y el maravilloso detalle de conservar por treinta y cinco años aquella fotografía…
La puta Brígida (Fragmento de "Muerte en Botaira"
Botaira es uno de esos pueblos mágicos donde la gente siempre espera que ocurra lo inesperado, donde se mezclan las creencias religiosas con la fe en entes mitológicos, donde se es capaz de pedir un milagro a la virgen de Guadalupe y rogarle al hado mágico de la buena leche para que se haga realidad…
Donde tienen sus propios Dioses, donde se fabrican sus propios mitos.
Botaira está ubicado en la zona sur de la costa sinaloense, con sus calles adoquinadas y sus fuentes de cantera, se localiza a unos metros del mar a las faldas del cerro de barro negro, justo a su derecha (tomando en consideración el rumbo hacia la playa), hay un lago mitológico en cuyas aguas se mecen los duendes del mal y se arrullan las hadas de los mitotes, es un lago agradable, profundo y siniestro donde conviven las fantasías de los lugareños y mueren las ilusiones de los corazones románticos...
Al terminar el pueblo, camino a la playa; hay una casa de color bermellón con un foco rojo encendido en la puerta principal, la casa está ubicada a las afueras, precisamente antes del sitio donde se eleva el camino rojo que va a Sabaiba, es esa la casa del deshonor y la vergüenza, en la habitación principal descansa plácidamente doña Brígida la puta mas fea de la región, pero la única de Botaira (hasta donde se sabe), ella es una mujer alta y fornida que carga sobre sus espaldas el peso de todas las penas de los Botairenses, es una mujer ruin y traicionera, degenerada y vil como la que más, pero con todo y eso no deja de ser la mas asediada de la región, dicen que por la particularidad de sus prácticas sexuales, una enorme y fea mujer, que no sabe amar, pero que una vez entregó su corazón a un hombre aunque su cuerpo a una legión de marineros… y a una de soldados, en fin; dicen que también a todos los esposos de las mujeres de Botaira.
Donde tienen sus propios Dioses, donde se fabrican sus propios mitos.
Botaira está ubicado en la zona sur de la costa sinaloense, con sus calles adoquinadas y sus fuentes de cantera, se localiza a unos metros del mar a las faldas del cerro de barro negro, justo a su derecha (tomando en consideración el rumbo hacia la playa), hay un lago mitológico en cuyas aguas se mecen los duendes del mal y se arrullan las hadas de los mitotes, es un lago agradable, profundo y siniestro donde conviven las fantasías de los lugareños y mueren las ilusiones de los corazones románticos...
Al terminar el pueblo, camino a la playa; hay una casa de color bermellón con un foco rojo encendido en la puerta principal, la casa está ubicada a las afueras, precisamente antes del sitio donde se eleva el camino rojo que va a Sabaiba, es esa la casa del deshonor y la vergüenza, en la habitación principal descansa plácidamente doña Brígida la puta mas fea de la región, pero la única de Botaira (hasta donde se sabe), ella es una mujer alta y fornida que carga sobre sus espaldas el peso de todas las penas de los Botairenses, es una mujer ruin y traicionera, degenerada y vil como la que más, pero con todo y eso no deja de ser la mas asediada de la región, dicen que por la particularidad de sus prácticas sexuales, una enorme y fea mujer, que no sabe amar, pero que una vez entregó su corazón a un hombre aunque su cuerpo a una legión de marineros… y a una de soldados, en fin; dicen que también a todos los esposos de las mujeres de Botaira.
CHAMETLA DECEMBRINA
Era diciembre, el recuerdo que tengo tan bien grabado de las fiestas en Chametla es hermoso, no solo porque la música era de verdad y era viva, ni porque la gente se divertía y se sentía el corazón de la celebración navideña, tampoco porque había una diversión mas sana, ni porque lucían mejor, mucho menos porque duraban casi una semana y eran el centro de atracción de toda la comarca… no es por eso que las recuerdo con tanto amor y gratitud, las llevo en mi corazón solo por un detalle: Mi primer trabajo
Era diciembre, recuerdo con claridad las luces de los faroles de la plaza, el pequeño kiosco rebosante de niños que subían y bajaban persiguiéndose llenos de risa y de contento, las abuelas del brazo de las nietas en edad de salir a dar vuelta, el aroma de los churros, el olor acanelado del atole calientito, los señores comentando las corridas y carreras, las señoras preguntando por el precio de los juguetes para el “amanezque” de los niños, -ahí entro yo en acción-:
-A quince pesos doña.
-Dame dos pero me los envuelves bien aunque sea con papel periódico pa que no los vean los niños…
Yo; cómplice del niño Dios, ¡que tristeza, que dolor tan enorme y que alegría tan infinita la de saberme sabedor de la realidad y trabajar para que los sueños de mis hermanos se cumplan!
Así es; yo ahí en un costado de la plazuela junto un tenderete de juguetes de todo tipo, trompos, yoyos, tiradores, carritos de lámina, muñecos de plástico, helicópteros de fricción, y un enorme surtido de fantasías infantiles, con un foco colgado de un mecate pasando por encima nuestro y los animalejos de la luz revoloteando por nuestras cabezas, a un lado y con la caja del dinero, la que cobraba y confirmaba precios o mejoraba ofertas, la patrona, la que me enseñó vender juguetes para ganar los míos y los de mis hermanos, la que llenó de ilusiones mi niñez, la que me dio ánimos para creer en el niño Dios, aunque yo vendiera los juguetes, la que me abrió los ojos para que sintiera en mi cara la realidad dura pero hermosa, la realidad de tener que sufrir para merecer,…
En Chametla trabajé varios años de mi infancia, y al final de la temporada, la patrona me regalaba algo de ropa y algún juguete, aparte de mi sueldo, con el que yo conseguía los regalos a un precio mejor.
Era diciembre, esa navidad mi mamá nos había mandado a todos desde temprano a la casa de mi abuela allá en Chametla para esperar las fiestas.
Yo en el puesto de juguetes, y el carro de Quirino vomitando gente llegada de mi pueblo, ahí venían los vecinos a hacerme consumo, y con ellos una noticia que confirmó la divinidad del niño Dios, una mujer me dijo:
-A tu mamá ya le amaneció, una muñequita de carne y hueso,
Yo; loco de alegría, saltando, abrazando a mis hermanos gritando de locos, sabedores de la noticia, al otro día habríamos de madrugar de regreso al pueblo para conocer a la muñeca con la piel del color de la canela y los ojos verde mar cuando el mar se ve verde, una muñeca de carne a la que llamamos Liliana y que el niño Dios nos trajo un 24 de diciembre…
Era diciembre y lo recuerdo con placer, con emoción y con gratitud.
Gratitud a la vida al niño Dios y a Chametla que me permitío trabajar por vez primera y me dió la oportunidad de aprender a crecer...
Era diciembre, recuerdo con claridad las luces de los faroles de la plaza, el pequeño kiosco rebosante de niños que subían y bajaban persiguiéndose llenos de risa y de contento, las abuelas del brazo de las nietas en edad de salir a dar vuelta, el aroma de los churros, el olor acanelado del atole calientito, los señores comentando las corridas y carreras, las señoras preguntando por el precio de los juguetes para el “amanezque” de los niños, -ahí entro yo en acción-:
-A quince pesos doña.
-Dame dos pero me los envuelves bien aunque sea con papel periódico pa que no los vean los niños…
Yo; cómplice del niño Dios, ¡que tristeza, que dolor tan enorme y que alegría tan infinita la de saberme sabedor de la realidad y trabajar para que los sueños de mis hermanos se cumplan!
Así es; yo ahí en un costado de la plazuela junto un tenderete de juguetes de todo tipo, trompos, yoyos, tiradores, carritos de lámina, muñecos de plástico, helicópteros de fricción, y un enorme surtido de fantasías infantiles, con un foco colgado de un mecate pasando por encima nuestro y los animalejos de la luz revoloteando por nuestras cabezas, a un lado y con la caja del dinero, la que cobraba y confirmaba precios o mejoraba ofertas, la patrona, la que me enseñó vender juguetes para ganar los míos y los de mis hermanos, la que llenó de ilusiones mi niñez, la que me dio ánimos para creer en el niño Dios, aunque yo vendiera los juguetes, la que me abrió los ojos para que sintiera en mi cara la realidad dura pero hermosa, la realidad de tener que sufrir para merecer,…
En Chametla trabajé varios años de mi infancia, y al final de la temporada, la patrona me regalaba algo de ropa y algún juguete, aparte de mi sueldo, con el que yo conseguía los regalos a un precio mejor.
Era diciembre, esa navidad mi mamá nos había mandado a todos desde temprano a la casa de mi abuela allá en Chametla para esperar las fiestas.
Yo en el puesto de juguetes, y el carro de Quirino vomitando gente llegada de mi pueblo, ahí venían los vecinos a hacerme consumo, y con ellos una noticia que confirmó la divinidad del niño Dios, una mujer me dijo:
-A tu mamá ya le amaneció, una muñequita de carne y hueso,
Yo; loco de alegría, saltando, abrazando a mis hermanos gritando de locos, sabedores de la noticia, al otro día habríamos de madrugar de regreso al pueblo para conocer a la muñeca con la piel del color de la canela y los ojos verde mar cuando el mar se ve verde, una muñeca de carne a la que llamamos Liliana y que el niño Dios nos trajo un 24 de diciembre…
Era diciembre y lo recuerdo con placer, con emoción y con gratitud.
Gratitud a la vida al niño Dios y a Chametla que me permitío trabajar por vez primera y me dió la oportunidad de aprender a crecer...
Etiquetas:
AMALIA GARCIA CHAMETLA,
GERNANDO GARCIA BARRAZA
"El hubiera si existe" (Fragmento)
Botaira de mis ilusiones
Fragmento de “El hubiera si existe”
Martín se sentó a la sombra de un inmenso sauce, levantó la mirada y le pareció verlo llorar, luego se llamó tonto a si mismo por hacer uso excesivo de la imaginación y sonrió divertido, de allá de arriba también le veían; las driadas de los árboles cuchicheaban con las ninfas del lago y moviendo sus alitas se trasladaban de un lado a otro del sauce, éste se agitaba y sus ramas caídas parecían cobrar vida ante el embrujo de aquellos diminutos y translucidos entes que reían divertidos. Martín se acomodó en el tronco del árbol y aspiró el aroma del campo y sus pulmones se llenaron de sabor a tierra mojada, estiró los pies y hasta entonces se dio cuenta de que estaba casi descalzo, luego puso atención y vio que la pierna la tenía morada, casi azul, recordó que la noche anterior le había mordido un perro y sintió coraje y se arrepintió de haber dejado a su madre a solas son su padre a sabiendas que ella no podía ayudarle mucho, pero se consoló diciéndose a si mismo que se merecía ese descanso y que por un día que les dejara solos, no pasaría nada grave, se vio animado a levantarse y regresar a casa pero pudo mas la tentación, quiso levantarse a lavar su pierna pero pudo mas la flojera, además ni le dolía, ya lo haría mas tarde, vio a sus amigos despojarse de la ropa divertidos y arrojarse al agua fría del lago, recordó que era un lago tranquilo y agradable, pero también era un lago profundo y traicionero, casi nadie se arriesgaba a nadar en él, al menos casi nadie, pues tenía mala fama; aparte del mito de los lagartos que se comían a la gente, el lago había sido testigo de muchas muertes, entre las que se contaba la de Ossiel quien intentó cruzarlo prendido de la cola de una vaca y al ser pateado por el animal justo a la mitad del lago se soltó para hundirse inevitablemente en la negrura de sus aguas y no fue hasta los dos días cuando un parroquiano de los que se habían organizado para buscarle, tropezó con él en las aguas profundas y lodosas. Aquel recuerdo le conmovió, con la mirada fija, como perdida; estiró la mano hasta localizar a tientas la botella de tequila, la destapó sin ninguna prisa y le dio un trago, sintió el caliente líquido resbalar por su garganta y un agradable ardor le provocó una tos que a él le pareció placentera, poco a poco el tequila fue recorriendo sus intestinos hasta alojarse en un estómago desprevenido que se sobresaltó al contacto con aquel líquido pesado y transparente, colocó instintivamente su mano sobre el vientre y eructó con satisfacción, los párpados se le cerraban del sueño y cerró los ojos, se acurrucó junto a una piedra y se quedó quieto escuchando los ruidos del silencio y las risas de sus amigos, trató inútilmente de dormir pero se dio cuenta de que desperdiciaría una tarde maravillosa, todavía caían algunas gotas de lluvia, las últimas. De repente sintió un aguijonazo en el tobillo, emitió un grito de asombro y se levantó de un salto directo al lago a lavarse, creyó que era un aviso, ya después con calma le preguntaría al médico del pueblo si era necesaria alguna pomada o si tendría que tomar algo, pero no era tan grave, ahora era el momento de disfrutar con sus amigos, se lavaría y jugaría un rato con ellos en el lago, después; habría que ver…
Al contacto del agua con su cuerpo se estremeció voluptuoso, un ardor incitante penetró por la herida y subió por su pierna hasta el más recóndito nervio de placer, como si le agradara el dolor, tal vez eso era, se dio cuenta de que le gustaba sufrir, de que casi siempre que quería obtener algo, debía pagar con dolor y humillación, aquello en vez de molestarle, parecía agradarle cada vez más, sería porque así creció, atormentado y carente de todo hasta de lo menos esencial, porque en su familia así lo habían criado, acostumbrado a sufrir para merecer, desde que su padre aquella noche le había prohibido hablar de lo que le hizo, diciéndole que tenía que suceder y que así sería siempre que quisiera tener algo, desde esa noche en que su padre le explicó con palabras altisonantes pero al oído; que se aguantara, que aunque le doliera, no dijera nada y que más le valía callar, desde esa noche en que fue agredido de esa manera tan vil y tan violenta. Si Martín no hubiera sido un escéptico, y hubiera tenido fe, se hubiera encomendado por lo menos al ángel de la buenaventura, porque –él no se dio cuenta pero, junto a él, a su derecha, estaba parada el hada de la honradez y la decencia haciendo muecas y retorciéndose para no vomitar ante acción tan abominable y ruin, la pobre hada no se explicaba como era posible que un padre fuera capaz de acabar con tal impunidad con algo tan venerable como la relación entre un padre y su hijo, y sin poder evitarlo, por mas que se concentró para que eso no ocurriera, le dio un síncope por el coraje de no poder hacer nada, porque el maldito la agarró desprevenida, cuando despertó y el infeliz había dado por terminada aquella baja acción, ella quiso enmendar la falta de ayuda al muchacho por lo que envió una señal a su cerebro por medio de un pase mágico y con él, un encantamiento que si no servía para curarlo, por lo menos iba a servir para que lo viera por el lado amable; “Que aquello que tu padre hizo con tu cuerpo entero, se convierta para ti en algo placentero”, de ese modo aunque lo ignorara, surgió la razón por la que a él, aunque le parecía injusto lo que su padre hizo, no dejaba de gustarle, por lo menos en ese sentido el hada se sentía satisfecha, porque le estaba evitando el dolor y el rencor, y volvió digerible y hasta agradable. La serie de violaciones que sufrió prosecusivamente… desde esa noche en que aprendió a no decir nada y soportar con resignación cualquier sufrimiento, siempre y cuando al final obtuviera un premio por su sacrificio…
Fragmento de “El hubiera si existe”
Martín se sentó a la sombra de un inmenso sauce, levantó la mirada y le pareció verlo llorar, luego se llamó tonto a si mismo por hacer uso excesivo de la imaginación y sonrió divertido, de allá de arriba también le veían; las driadas de los árboles cuchicheaban con las ninfas del lago y moviendo sus alitas se trasladaban de un lado a otro del sauce, éste se agitaba y sus ramas caídas parecían cobrar vida ante el embrujo de aquellos diminutos y translucidos entes que reían divertidos. Martín se acomodó en el tronco del árbol y aspiró el aroma del campo y sus pulmones se llenaron de sabor a tierra mojada, estiró los pies y hasta entonces se dio cuenta de que estaba casi descalzo, luego puso atención y vio que la pierna la tenía morada, casi azul, recordó que la noche anterior le había mordido un perro y sintió coraje y se arrepintió de haber dejado a su madre a solas son su padre a sabiendas que ella no podía ayudarle mucho, pero se consoló diciéndose a si mismo que se merecía ese descanso y que por un día que les dejara solos, no pasaría nada grave, se vio animado a levantarse y regresar a casa pero pudo mas la tentación, quiso levantarse a lavar su pierna pero pudo mas la flojera, además ni le dolía, ya lo haría mas tarde, vio a sus amigos despojarse de la ropa divertidos y arrojarse al agua fría del lago, recordó que era un lago tranquilo y agradable, pero también era un lago profundo y traicionero, casi nadie se arriesgaba a nadar en él, al menos casi nadie, pues tenía mala fama; aparte del mito de los lagartos que se comían a la gente, el lago había sido testigo de muchas muertes, entre las que se contaba la de Ossiel quien intentó cruzarlo prendido de la cola de una vaca y al ser pateado por el animal justo a la mitad del lago se soltó para hundirse inevitablemente en la negrura de sus aguas y no fue hasta los dos días cuando un parroquiano de los que se habían organizado para buscarle, tropezó con él en las aguas profundas y lodosas. Aquel recuerdo le conmovió, con la mirada fija, como perdida; estiró la mano hasta localizar a tientas la botella de tequila, la destapó sin ninguna prisa y le dio un trago, sintió el caliente líquido resbalar por su garganta y un agradable ardor le provocó una tos que a él le pareció placentera, poco a poco el tequila fue recorriendo sus intestinos hasta alojarse en un estómago desprevenido que se sobresaltó al contacto con aquel líquido pesado y transparente, colocó instintivamente su mano sobre el vientre y eructó con satisfacción, los párpados se le cerraban del sueño y cerró los ojos, se acurrucó junto a una piedra y se quedó quieto escuchando los ruidos del silencio y las risas de sus amigos, trató inútilmente de dormir pero se dio cuenta de que desperdiciaría una tarde maravillosa, todavía caían algunas gotas de lluvia, las últimas. De repente sintió un aguijonazo en el tobillo, emitió un grito de asombro y se levantó de un salto directo al lago a lavarse, creyó que era un aviso, ya después con calma le preguntaría al médico del pueblo si era necesaria alguna pomada o si tendría que tomar algo, pero no era tan grave, ahora era el momento de disfrutar con sus amigos, se lavaría y jugaría un rato con ellos en el lago, después; habría que ver…
Al contacto del agua con su cuerpo se estremeció voluptuoso, un ardor incitante penetró por la herida y subió por su pierna hasta el más recóndito nervio de placer, como si le agradara el dolor, tal vez eso era, se dio cuenta de que le gustaba sufrir, de que casi siempre que quería obtener algo, debía pagar con dolor y humillación, aquello en vez de molestarle, parecía agradarle cada vez más, sería porque así creció, atormentado y carente de todo hasta de lo menos esencial, porque en su familia así lo habían criado, acostumbrado a sufrir para merecer, desde que su padre aquella noche le había prohibido hablar de lo que le hizo, diciéndole que tenía que suceder y que así sería siempre que quisiera tener algo, desde esa noche en que su padre le explicó con palabras altisonantes pero al oído; que se aguantara, que aunque le doliera, no dijera nada y que más le valía callar, desde esa noche en que fue agredido de esa manera tan vil y tan violenta. Si Martín no hubiera sido un escéptico, y hubiera tenido fe, se hubiera encomendado por lo menos al ángel de la buenaventura, porque –él no se dio cuenta pero, junto a él, a su derecha, estaba parada el hada de la honradez y la decencia haciendo muecas y retorciéndose para no vomitar ante acción tan abominable y ruin, la pobre hada no se explicaba como era posible que un padre fuera capaz de acabar con tal impunidad con algo tan venerable como la relación entre un padre y su hijo, y sin poder evitarlo, por mas que se concentró para que eso no ocurriera, le dio un síncope por el coraje de no poder hacer nada, porque el maldito la agarró desprevenida, cuando despertó y el infeliz había dado por terminada aquella baja acción, ella quiso enmendar la falta de ayuda al muchacho por lo que envió una señal a su cerebro por medio de un pase mágico y con él, un encantamiento que si no servía para curarlo, por lo menos iba a servir para que lo viera por el lado amable; “Que aquello que tu padre hizo con tu cuerpo entero, se convierta para ti en algo placentero”, de ese modo aunque lo ignorara, surgió la razón por la que a él, aunque le parecía injusto lo que su padre hizo, no dejaba de gustarle, por lo menos en ese sentido el hada se sentía satisfecha, porque le estaba evitando el dolor y el rencor, y volvió digerible y hasta agradable. La serie de violaciones que sufrió prosecusivamente… desde esa noche en que aprendió a no decir nada y soportar con resignación cualquier sufrimiento, siempre y cuando al final obtuviera un premio por su sacrificio…
Etiquetas:
Botaira Chametla,
fernando garcia barraza
sábado, 16 de enero de 2010
Merceditas la de Loño, Loño, y el tesoro del cerro de la canoa.
Merceditas la de Loño, Loño, y el tesoro del cerro de la canoa.
Era costumbre nuestra llegar a la salida de la escuela a visitar a este par de viejitos tan amables algunos compañeros de grupo y yo, para ver que se ofrecía y poder echarles la mano en lo que se pudiera, tuve la suerte de que vivieran enfrente de donde vivía yo con mi abuela María Barrón, así es que estaba mas al pendiente de ellos.
Entrar a su patio era como entrar en una dimensión desconocida, ahí me sentía como en una selva lejana y extraña, la casa de palma que les servía de habitación, estaba llena de trebejos que irremediablemente me remitía al caos, pero me parecía fascinante…
Adentro olía a humedad, a viejo y a misterio, Merceditas –que era como la llamábamos de cariño-, era la imagen viva de una mujer poseedora de poderes mágicos y llena de conocimientos ocultos, sin embargo el que sabía de más era Loño -de él nunca supe su nombre-, eran como dos cajas de Pandora pero llenas no de males, sino de cosas arcanas…
Una de esas veces, cuando ya habíamos ganado su confianza y en la creencia de que la muerte con seguridad estaría cerca, Loño quiso legarnos un secreto.
Todos nos miramos con ojos de circunstancia y de complicidad, lo rodeamos al instante, y pusimos toda nuestra atención a las palabras que salían quedamente de su boca.
-En el cerro de la canoa…
-Ey! ¿Cuál es el cerro de la canoa?
-El cerro de la canoa es el que está entrando a Chametla, del lado izquierdo…
-¡Pero nadie lo conoce por ese nombre! Como sabe¡? Porque lo llama así? Hablábamos casi al unísono, verdaderamente interesados en lo que nos decía el viejo Loño-.
-Es que no se han fijado, pero si ponen atención, se van a dar cuenta de que tiene la forma de una canoa acostada boca abajo…
-Todos nos vimos con una sonrisa de asentimiento y estuvimos de acuerdo en que era verdad; si parecía una canoa boca abajo.
-Pos ahí, -siguió diciendo- si ustedes entran por los trancos largos, van a ver una piedra deste tamaño –y nos mostró el bulto con las manos-, se paran viendo pa onde se mete el sol y cuentan cuarenta y dos pasos a la derecha, entonces vana chocar con un árbol de tecomate que pusieron ahí por señal, porque en el cerro no hay de esos árboles… Todos escuchábamos boquiabiertos, sin un solo parpadeo, y con la mirada atenta para no perder detalle-.
Entonces voltean pa onde se pone el sol, otra vez y entonces caminan unce pasos pa delante, y ahí está una piedra con forma de corazón; la quitan y escarban, se van a encontrar un cajón con un montón de monedas y cosas de oro, si lo encuentran; es pa ustedes…
-¿de vereras? ¿en serio?, y porque no lo saca usted!? De quien era?!
-Lo dejaron ahí unos ladrones, pero se mataron entre todos por él, y los dueños verdaderos ya se murieron todos, asi es que no tiene dueño…
No lo podíamos creer! Éramos casi dueños de un tesoro de verdad! Nomás era cuestión de ponernos de acuerdo. Estuvimos ahí un buen rato, como casi diario, hasta que empezamos a sentir que era la hora de marcharnos y nos despedimos, pero en cuanto pisamos la calle, el tema salió a relucir, hicimos mil planes que no se concretaron nunca, aunque casi nadie mostró interés en ese momento, no se si para no despertar sospechas o porque realimente a nadie le interesaba, no supe si alguno de ellos se atrevió a ir en busca del tesoro sin invitarme, pues ya me habían “traicionado” antes, simplemente nadie tocó el tema, una vez más, y así fue pasando al olvido…
Al olvido entre comillas, porque yo todavía me acuerdo, y si ese tesoro está ahí, pues; creo que ahí va a permanecer por siempre, porque a mi no me interesa aunque no deja de interesarme, por el momento prefiero que se quede un tiempo más, en memoria de los gratos momentos que compartimos con Loño y su esposa Merceditas.
Era costumbre nuestra llegar a la salida de la escuela a visitar a este par de viejitos tan amables algunos compañeros de grupo y yo, para ver que se ofrecía y poder echarles la mano en lo que se pudiera, tuve la suerte de que vivieran enfrente de donde vivía yo con mi abuela María Barrón, así es que estaba mas al pendiente de ellos.
Entrar a su patio era como entrar en una dimensión desconocida, ahí me sentía como en una selva lejana y extraña, la casa de palma que les servía de habitación, estaba llena de trebejos que irremediablemente me remitía al caos, pero me parecía fascinante…
Adentro olía a humedad, a viejo y a misterio, Merceditas –que era como la llamábamos de cariño-, era la imagen viva de una mujer poseedora de poderes mágicos y llena de conocimientos ocultos, sin embargo el que sabía de más era Loño -de él nunca supe su nombre-, eran como dos cajas de Pandora pero llenas no de males, sino de cosas arcanas…
Una de esas veces, cuando ya habíamos ganado su confianza y en la creencia de que la muerte con seguridad estaría cerca, Loño quiso legarnos un secreto.
Todos nos miramos con ojos de circunstancia y de complicidad, lo rodeamos al instante, y pusimos toda nuestra atención a las palabras que salían quedamente de su boca.
-En el cerro de la canoa…
-Ey! ¿Cuál es el cerro de la canoa?
-El cerro de la canoa es el que está entrando a Chametla, del lado izquierdo…
-¡Pero nadie lo conoce por ese nombre! Como sabe¡? Porque lo llama así? Hablábamos casi al unísono, verdaderamente interesados en lo que nos decía el viejo Loño-.
-Es que no se han fijado, pero si ponen atención, se van a dar cuenta de que tiene la forma de una canoa acostada boca abajo…
-Todos nos vimos con una sonrisa de asentimiento y estuvimos de acuerdo en que era verdad; si parecía una canoa boca abajo.
-Pos ahí, -siguió diciendo- si ustedes entran por los trancos largos, van a ver una piedra deste tamaño –y nos mostró el bulto con las manos-, se paran viendo pa onde se mete el sol y cuentan cuarenta y dos pasos a la derecha, entonces vana chocar con un árbol de tecomate que pusieron ahí por señal, porque en el cerro no hay de esos árboles… Todos escuchábamos boquiabiertos, sin un solo parpadeo, y con la mirada atenta para no perder detalle-.
Entonces voltean pa onde se pone el sol, otra vez y entonces caminan unce pasos pa delante, y ahí está una piedra con forma de corazón; la quitan y escarban, se van a encontrar un cajón con un montón de monedas y cosas de oro, si lo encuentran; es pa ustedes…
-¿de vereras? ¿en serio?, y porque no lo saca usted!? De quien era?!
-Lo dejaron ahí unos ladrones, pero se mataron entre todos por él, y los dueños verdaderos ya se murieron todos, asi es que no tiene dueño…
No lo podíamos creer! Éramos casi dueños de un tesoro de verdad! Nomás era cuestión de ponernos de acuerdo. Estuvimos ahí un buen rato, como casi diario, hasta que empezamos a sentir que era la hora de marcharnos y nos despedimos, pero en cuanto pisamos la calle, el tema salió a relucir, hicimos mil planes que no se concretaron nunca, aunque casi nadie mostró interés en ese momento, no se si para no despertar sospechas o porque realimente a nadie le interesaba, no supe si alguno de ellos se atrevió a ir en busca del tesoro sin invitarme, pues ya me habían “traicionado” antes, simplemente nadie tocó el tema, una vez más, y así fue pasando al olvido…
Al olvido entre comillas, porque yo todavía me acuerdo, y si ese tesoro está ahí, pues; creo que ahí va a permanecer por siempre, porque a mi no me interesa aunque no deja de interesarme, por el momento prefiero que se quede un tiempo más, en memoria de los gratos momentos que compartimos con Loño y su esposa Merceditas.
Etiquetas:
chametla rosario sinaloa,
fernando barraza
viernes, 4 de diciembre de 2009
"Cuento en tres tiempos"
“Cuento en tres tiempos”.
1
A ver, ¡Espérate!, ¡No te muevas!
¿Porqué no te gusta bañarte?
Déjame acariciarte con la espuma, sentirte todo y que mis manos se llenen de ti, pa no tener que imaginarte a cada rato en todas partes, pa sentirte entre mis dedos como si fueras mi mugre y tocarte sin tenerte cerca. ¡No te muevas!
Paula cumplió cuarenta y seis años cuando le dio el primer ataque de locura, fue al quinto día después de la muerte de Tingo, a partir de ese día fue cuando perdió la noción del tiempo.
Aquella tarde bendita de su vida pudo verse en las aguas de la vieja fuente del patio y sintió mucho de disfrutarse antes de perderse definitivamente en los recovecos interminables de la inconsciencia, pudo ver su cara redonda y sus extraños ojos de azul tranquilo que parecían llenarla de luz, sonrió de alegría cuando vio sus pecas, y su dentadura emitió los últimos destellos de blancura, porque a partir de entonces también se perdería en aras del abandono y se dejaría cubrir por al amargo sabor del desaseo. Aquella imagen de trenzas y chapeada, de rebosante madurez habría de quedar grabada para siempre en algún rincón de su memoria y no se desprendería jamás de ahí, ni con la muerte; porque así lo decidió antes de volverse loca, así se recordaría por siempre.
Se levantó del borde de la fuente y empezó a caminar lentamente hacia afuera de la casa, luego recorrió las calles vacías, pudo escuchar el incesante ruido del viento que pasaba arrastrando los recuerdos, borrando huellas y arrastrando “ayes”…
Paula no se daba cuenta, el pueblo desierto parecía reírse de su dicha, las casas gorjeaban como palomas cluecas a través de las puertas y la miraban por las ventanas con ojos de zopilote.
2
Mira, voy a decirte; me enamoré de ti desde el día que llegaste, con nadie había sentido lo que sentí contigo, me estaba volviendo loca porque nunca me decías que te gustaba, desde entonces te amé, es más; creo que te amo mas que a mi vida.Desde la última vez que Tingo se bañó habían pasado nueve semanas.
El día que Paula entró a su cuarto arrastrando los años y su antiguo humor, alcanzó a ver flotando el olor a tierra que se escabullía en silencio entre la oscuridad pesada y húmeda de las paredes, se acercó silenciosa sorteando con agilidad cansada los caracoles que Tingo “guardaba” en el piso del cuarto y le hablaba en susurros como si tuviera miedo de despertarlo.
-Que ya son la once Tingo, ¡Por Dios levántate!
Y Tingo seguía allí inmóvil, la voz de Paula sonaba hueca, en momentos parecía como si se desvaneciera en un eco interminable a través de los muros carcomidos.
Arrastrando su futuro se paseó a lo largo del parque que estaba frente a la capilla de Guadalupe y sin dudar llegó a la puerta grande que la llevaría al deshabitado convento, anduvo a paso lento mirando con detenimiento cada una de las celdas como escogiendo una, al fin decidió quedarse en la que alguna vez vivió Sor patricia y ahí se quedó sentada en el catre frío y vacío, mirando mas allá de la ventana, pareció que su mirada se perdía en el infinito de aquel día tan importante, por un momento su boca esbozó una ligera sonrisa pues se estaba recordando tal y como se vio en la fuente y así se quedó encerrada, recordándose.
3
Eres como un sol, un pedazo de estrella que Dios mandó a mi lado para deslumbrarme y yo me cegué por tu amor, al principio pensé que yo era la estrella esa que enloquecía, pero no, porque a mi me llegó el amor cuando apareciste en mi vida; con tus ojos de agua embravecida por un agitar de vientos y esa boca de rojo intenso como sangre…
Ahí se quedó encerrada y en silencio, sin comer nada durante los dos primeros días hasta que el instinto la acorraló y la sacó a empujones y la aventó al lodazal del chiquero.
Se levantó y fue directo a un árbol de papayas, acosada todavía por el insistente arreo del instinto, como pudo bajó una papaya que con gusto sádico estrelló en el suelo para desparramarse en mil pedazos, luego hundió su cara reseca en el trozo mas grande y lo tuvo que compartir con los marranos que todavía sobrevivían; esa fue su primer comida, su primer locura.
-Tingo-, dijo otra vez y lo movió suavemente del hombro, fue entonces cuando las moscas empezaron a volar en semicírculo alrededor del ombligo con un zigzaguear eterno que aturdía los oídos de Paula.
Un estremecimiento empezó a poseerla. Con la boca entreabierta y los ojos a punto de salir huyendo de sus cuencas, levantó lentamente la mano derecha haciendo la señal de la cruz; fue como un aviso, porque las moscas salieron en enjambre del estómago de Tingo, era una nube inmensa que empezó a llenar el cuarto hasta rebozarlo y empezar a salir por la puerta entreabierta y las rendijas de la ventana. Paula tuvo que cubrirse con una sabana porque hasta entonces -como si con el incesante aleteo hubiera despertado el mal olor-, empezó a sentirlo y las moscas y las moscas seguían saliendo del hueco de la panza de Tingo y fueron rebozando las calles y las casas de todo Botaira y fueron desperdigando por todos lados el olor a difunto.
Los días empezaron a pasar en blanco para Paula dentro del oscuro cuarto del convento, o en el patio o el chiquero; todo era monótono y absurdo. El inconsciente la movía de acá para allá en busca de nada y encontrando todo, como a un títere, como a una marioneta que de noche se entregaba al eterno dolor de los recuerdos y de día al constante revivir de su pasado.
Veinte años son una eternidad cuando se pasan en el limbo de la inconsciencia, cuando no hay tiempo ni espacio, ni dimensión alguna. Las canas cubrían su cabeza y la falta de dientes había transformado aquella boca en un horrendo hueco de sabor amargo…
4
Ese día estaba sentada junto al corral viendo como se amontonaban las vacas, entre los mozos me pareció verte a ti y estiré el pescuezo…
De repente oí una voz gruesa como trueno que me acarició la espalda, eras tu, pero no sabía si eras de a deveras, porque con eso de que te imaginaba en todas partes; a veces hasta te sentía.
Las madres tuvieron que salir huyendo del pueblo tratando de esconder a sus hijos de la pestilencia y ni así se la pudieron quitar de encima, los hombres se quedaron a prender boñigas de vaca en los patios y los corredores para matarla, pero por más que le hacían, no podían deshacerse de ella, el Cora se pasó cuatro días con sus noches rezando al ánima de los vientos para que viniera y se la llevara, pero tampoco pasaba nada, hasta que al quinto día cuando no había quien rezara a nadie, el olor a muerto comenzó a desaparecer poquito a poquito como si se burlara de todos y de repente; como después de una tormenta el pueblo amaneció transparente y fresco con una brisa que desde hacía mucho tiempo no soplaba y fue colándose a través de todas partes purificando todo y ésta fue la brisa que sorprendió a Aurora en el catre del corredor donde se había dormido con el abanico sobre la cara, salió a la calle para que el sol le diera libremente y gritar a todo pulmón la buena nueva, pero cuando se vio parada en medio de la calle con los brazos abiertos, sintió en la espalda el golpe terrible de la soledad.
5
Tu eres todo para mi, por eso estoy contigo, por olvidar a todos los hombres que he conocido, porque trato de matarlos en la distancia, haciendo crujir los huesos de sus cuerpos y acabar con ellos para no tener a nadie quien extrañar y para entregarme a ti por completo.
Estaba sola, ahora el pueblo era el que se había quedado muerto, ya no se oía ni el cacareo de las gallinas ni el mugir de las vacas, por eso fue que se sentó en la banqueta y se tragó en silencio esa alegría para luego empezar a tratar de digerir su miedo, estaba sola en el pueblo, Tingo se había muerto y se había llevado consigo a todos los habitantes de Botaira, no quedaba otra alma, ella sola no sabría que hacer con tanta dicha y con tanta amargura y se le ocurrió que lo mejor era volverse loca, asi fue como se volvió loca.
6
Habían pasado los años y la cabeza de Paula empezaba a adquirir mas plenamente el tono plateado que ella tanto le gustaba, sin embargo no lo apreciaba, vivía nomás recordando el momento angustioso de la nada, en su mente no cabían razones, no tuvo tiempo para pensar, estaba sumida en la inconsciencia. Solo dormida le volvía el entendimiento, era como si así viviera; despierta vagaba intranquila en los brazos del olvido, mientras los días se sucedían en derredor suyo como noches apacibles de sueños serenos y sus noches se transformaban en días de amargas pesadillas.
Tingo se bajó lentamente el pantalón, sentía que le dolía la vergüenza y la hombría, frente a él permanecía le cuerpo de aurora retorciéndose de mil placeres, sus manos acariciaban de un modo casi salvaje los senos erectos y tensos cubiertos del agrio sabor del deseo, se estremecía a cada movimiento y sus ojos en blanco parecían perderse tratando de gritar en mil idiomas la pasión que los quemaba. Su estómago brillante reflejaba cientos de caprichos cumplidos que ansiaba desde tanto tiempo y sus labios dejaban escapar de vez en cuando algún sensual lamento, él la observaba indeciso, desnudo, ardiente también de deseo.
7
Paula abrió lentamente los ojos.
Tingo permanecía frente a ella, podía sentir su aliento de azufre y el olor a cianuro de sus sobacos. Se incorporó lentamente, él sonrió y dio la media vuelta, ella apreció su espalda morena, sus marcados hombros y sus nalgas.
Se levantó y quiso tocarlo, mientras él caminaba lentamente hacia el umbral de la celda, Paula lo seguía en silencio a pausas hasta que ambos desaparecieron absorbidos por la luz del sol…
Así se había quedado dormida, desnuda, saboreando los recuerdos. El corazón empezó a latirle aceleradamente, la respiración se volvía dificultosa y sus labios solo alcanzaron a pronunciar un nombre.
A sus sesenta y seis años, hundida en la soledad y perdida en la memoria, Aurora tuvo su último orgasmo, dejó escapar el espíritu que voló raudo junto al del hombre que mas amó y así se fueron con la oscuridad rumbo al cielo.
Su cuerpo empezó a descomponerse con el paso de los días, las moscas habían vuelto; era tiempo de otro festín.
1
A ver, ¡Espérate!, ¡No te muevas!
¿Porqué no te gusta bañarte?
Déjame acariciarte con la espuma, sentirte todo y que mis manos se llenen de ti, pa no tener que imaginarte a cada rato en todas partes, pa sentirte entre mis dedos como si fueras mi mugre y tocarte sin tenerte cerca. ¡No te muevas!
Paula cumplió cuarenta y seis años cuando le dio el primer ataque de locura, fue al quinto día después de la muerte de Tingo, a partir de ese día fue cuando perdió la noción del tiempo.
Aquella tarde bendita de su vida pudo verse en las aguas de la vieja fuente del patio y sintió mucho de disfrutarse antes de perderse definitivamente en los recovecos interminables de la inconsciencia, pudo ver su cara redonda y sus extraños ojos de azul tranquilo que parecían llenarla de luz, sonrió de alegría cuando vio sus pecas, y su dentadura emitió los últimos destellos de blancura, porque a partir de entonces también se perdería en aras del abandono y se dejaría cubrir por al amargo sabor del desaseo. Aquella imagen de trenzas y chapeada, de rebosante madurez habría de quedar grabada para siempre en algún rincón de su memoria y no se desprendería jamás de ahí, ni con la muerte; porque así lo decidió antes de volverse loca, así se recordaría por siempre.
Se levantó del borde de la fuente y empezó a caminar lentamente hacia afuera de la casa, luego recorrió las calles vacías, pudo escuchar el incesante ruido del viento que pasaba arrastrando los recuerdos, borrando huellas y arrastrando “ayes”…
Paula no se daba cuenta, el pueblo desierto parecía reírse de su dicha, las casas gorjeaban como palomas cluecas a través de las puertas y la miraban por las ventanas con ojos de zopilote.
2
Mira, voy a decirte; me enamoré de ti desde el día que llegaste, con nadie había sentido lo que sentí contigo, me estaba volviendo loca porque nunca me decías que te gustaba, desde entonces te amé, es más; creo que te amo mas que a mi vida.Desde la última vez que Tingo se bañó habían pasado nueve semanas.
El día que Paula entró a su cuarto arrastrando los años y su antiguo humor, alcanzó a ver flotando el olor a tierra que se escabullía en silencio entre la oscuridad pesada y húmeda de las paredes, se acercó silenciosa sorteando con agilidad cansada los caracoles que Tingo “guardaba” en el piso del cuarto y le hablaba en susurros como si tuviera miedo de despertarlo.
-Que ya son la once Tingo, ¡Por Dios levántate!
Y Tingo seguía allí inmóvil, la voz de Paula sonaba hueca, en momentos parecía como si se desvaneciera en un eco interminable a través de los muros carcomidos.
Arrastrando su futuro se paseó a lo largo del parque que estaba frente a la capilla de Guadalupe y sin dudar llegó a la puerta grande que la llevaría al deshabitado convento, anduvo a paso lento mirando con detenimiento cada una de las celdas como escogiendo una, al fin decidió quedarse en la que alguna vez vivió Sor patricia y ahí se quedó sentada en el catre frío y vacío, mirando mas allá de la ventana, pareció que su mirada se perdía en el infinito de aquel día tan importante, por un momento su boca esbozó una ligera sonrisa pues se estaba recordando tal y como se vio en la fuente y así se quedó encerrada, recordándose.
3
Eres como un sol, un pedazo de estrella que Dios mandó a mi lado para deslumbrarme y yo me cegué por tu amor, al principio pensé que yo era la estrella esa que enloquecía, pero no, porque a mi me llegó el amor cuando apareciste en mi vida; con tus ojos de agua embravecida por un agitar de vientos y esa boca de rojo intenso como sangre…
Ahí se quedó encerrada y en silencio, sin comer nada durante los dos primeros días hasta que el instinto la acorraló y la sacó a empujones y la aventó al lodazal del chiquero.
Se levantó y fue directo a un árbol de papayas, acosada todavía por el insistente arreo del instinto, como pudo bajó una papaya que con gusto sádico estrelló en el suelo para desparramarse en mil pedazos, luego hundió su cara reseca en el trozo mas grande y lo tuvo que compartir con los marranos que todavía sobrevivían; esa fue su primer comida, su primer locura.
-Tingo-, dijo otra vez y lo movió suavemente del hombro, fue entonces cuando las moscas empezaron a volar en semicírculo alrededor del ombligo con un zigzaguear eterno que aturdía los oídos de Paula.
Un estremecimiento empezó a poseerla. Con la boca entreabierta y los ojos a punto de salir huyendo de sus cuencas, levantó lentamente la mano derecha haciendo la señal de la cruz; fue como un aviso, porque las moscas salieron en enjambre del estómago de Tingo, era una nube inmensa que empezó a llenar el cuarto hasta rebozarlo y empezar a salir por la puerta entreabierta y las rendijas de la ventana. Paula tuvo que cubrirse con una sabana porque hasta entonces -como si con el incesante aleteo hubiera despertado el mal olor-, empezó a sentirlo y las moscas y las moscas seguían saliendo del hueco de la panza de Tingo y fueron rebozando las calles y las casas de todo Botaira y fueron desperdigando por todos lados el olor a difunto.
Los días empezaron a pasar en blanco para Paula dentro del oscuro cuarto del convento, o en el patio o el chiquero; todo era monótono y absurdo. El inconsciente la movía de acá para allá en busca de nada y encontrando todo, como a un títere, como a una marioneta que de noche se entregaba al eterno dolor de los recuerdos y de día al constante revivir de su pasado.
Veinte años son una eternidad cuando se pasan en el limbo de la inconsciencia, cuando no hay tiempo ni espacio, ni dimensión alguna. Las canas cubrían su cabeza y la falta de dientes había transformado aquella boca en un horrendo hueco de sabor amargo…
4
Ese día estaba sentada junto al corral viendo como se amontonaban las vacas, entre los mozos me pareció verte a ti y estiré el pescuezo…
De repente oí una voz gruesa como trueno que me acarició la espalda, eras tu, pero no sabía si eras de a deveras, porque con eso de que te imaginaba en todas partes; a veces hasta te sentía.
Las madres tuvieron que salir huyendo del pueblo tratando de esconder a sus hijos de la pestilencia y ni así se la pudieron quitar de encima, los hombres se quedaron a prender boñigas de vaca en los patios y los corredores para matarla, pero por más que le hacían, no podían deshacerse de ella, el Cora se pasó cuatro días con sus noches rezando al ánima de los vientos para que viniera y se la llevara, pero tampoco pasaba nada, hasta que al quinto día cuando no había quien rezara a nadie, el olor a muerto comenzó a desaparecer poquito a poquito como si se burlara de todos y de repente; como después de una tormenta el pueblo amaneció transparente y fresco con una brisa que desde hacía mucho tiempo no soplaba y fue colándose a través de todas partes purificando todo y ésta fue la brisa que sorprendió a Aurora en el catre del corredor donde se había dormido con el abanico sobre la cara, salió a la calle para que el sol le diera libremente y gritar a todo pulmón la buena nueva, pero cuando se vio parada en medio de la calle con los brazos abiertos, sintió en la espalda el golpe terrible de la soledad.
5
Tu eres todo para mi, por eso estoy contigo, por olvidar a todos los hombres que he conocido, porque trato de matarlos en la distancia, haciendo crujir los huesos de sus cuerpos y acabar con ellos para no tener a nadie quien extrañar y para entregarme a ti por completo.
Estaba sola, ahora el pueblo era el que se había quedado muerto, ya no se oía ni el cacareo de las gallinas ni el mugir de las vacas, por eso fue que se sentó en la banqueta y se tragó en silencio esa alegría para luego empezar a tratar de digerir su miedo, estaba sola en el pueblo, Tingo se había muerto y se había llevado consigo a todos los habitantes de Botaira, no quedaba otra alma, ella sola no sabría que hacer con tanta dicha y con tanta amargura y se le ocurrió que lo mejor era volverse loca, asi fue como se volvió loca.
6
Habían pasado los años y la cabeza de Paula empezaba a adquirir mas plenamente el tono plateado que ella tanto le gustaba, sin embargo no lo apreciaba, vivía nomás recordando el momento angustioso de la nada, en su mente no cabían razones, no tuvo tiempo para pensar, estaba sumida en la inconsciencia. Solo dormida le volvía el entendimiento, era como si así viviera; despierta vagaba intranquila en los brazos del olvido, mientras los días se sucedían en derredor suyo como noches apacibles de sueños serenos y sus noches se transformaban en días de amargas pesadillas.
Tingo se bajó lentamente el pantalón, sentía que le dolía la vergüenza y la hombría, frente a él permanecía le cuerpo de aurora retorciéndose de mil placeres, sus manos acariciaban de un modo casi salvaje los senos erectos y tensos cubiertos del agrio sabor del deseo, se estremecía a cada movimiento y sus ojos en blanco parecían perderse tratando de gritar en mil idiomas la pasión que los quemaba. Su estómago brillante reflejaba cientos de caprichos cumplidos que ansiaba desde tanto tiempo y sus labios dejaban escapar de vez en cuando algún sensual lamento, él la observaba indeciso, desnudo, ardiente también de deseo.
7
Paula abrió lentamente los ojos.
Tingo permanecía frente a ella, podía sentir su aliento de azufre y el olor a cianuro de sus sobacos. Se incorporó lentamente, él sonrió y dio la media vuelta, ella apreció su espalda morena, sus marcados hombros y sus nalgas.
Se levantó y quiso tocarlo, mientras él caminaba lentamente hacia el umbral de la celda, Paula lo seguía en silencio a pausas hasta que ambos desaparecieron absorbidos por la luz del sol…
Así se había quedado dormida, desnuda, saboreando los recuerdos. El corazón empezó a latirle aceleradamente, la respiración se volvía dificultosa y sus labios solo alcanzaron a pronunciar un nombre.
A sus sesenta y seis años, hundida en la soledad y perdida en la memoria, Aurora tuvo su último orgasmo, dejó escapar el espíritu que voló raudo junto al del hombre que mas amó y así se fueron con la oscuridad rumbo al cielo.
Su cuerpo empezó a descomponerse con el paso de los días, las moscas habían vuelto; era tiempo de otro festín.
Etiquetas:
Botaira Chametla,
fernando barraza,
Sinaloa.
jueves, 19 de noviembre de 2009
EL PADRE QUIROZ

La última vez que lo vi, fue para decirle adiós, pero recordamos historias viejas y me pidió que recordáramos juntos las canciones de Chametla, y las entonamos juntos…
Una de aquellas historias nos ocurrió el día de la cruz –un tres de mayo-, de un año de aquellos, de cuando yo era su monaguillo: llegamos oscureciendo a la capilla de san Pedro en Chametla justamente, cuando abrió la puerta del costado izquierdo para entrar por ahí, porque yo tontamente olvidé las lleves de la sacristía….
Justo al abrir, un fuerte aire se introdujo intempestivo, la veladora que estaba encendida a un costado del altar, y que según el padre me explicó, significa la presencia de Cristo, se apagó de pronto; el padre recitó una oración y se santiguó alarmado, aunque no quiso asustarme, me di cuenta de su inquietud, pero confié en él.
Entonces nos aproximamos a través de las bancas hacia la puerta a un costado del ambón, pero increíblemente las bancas nos cerraron el paso, sentí un retortijón en el estómago y las piernas se me aflojaron, pero el padre no dijo nada, yo intentaba buscar su mirada para escuchar sus palabras tranquilizadoras, pero el no era de esos, aunque a su modo me demostrara su cariño, no tenía tacto para decir las cosas, así es que era mucho lo que esperaba de él…
La cosa se puso peliaguda cuando hicimos las bancas a un lado para seguir nuestro camino, yo cargaba entonces una mesita que usamos para la misa en la capilla de la cruz, él en sus manos traía –¡gracias a Dios!-, el agua bendita, el misal y otros enseres., inesperadamente, la inmensa puerta se agitó con fuerza y se estrelló en su quicio, ambos volteamos visiblemente alterados para ver que era lo que ocurría, nuestras miradas se encontraron interrogantes y temerosas, sin embargo el era el valiente, y tenía que darme valor y seguridad, entonces empezó a rezar en latín y repetir textos impronunciables para mi, fue cuando me di cuenta de que la cosa era en serio, porque el padre era de pocas pulgas y cuando yo esperaba que gritara a alguien afuera que nos estaba jugando alguna broma, él se puso con su rostro extrañamente lívido, a rezar con la mayor seriedad, ahí fue cuando una vez mas el estómago, se me agitó lleno de pavor y no supe que hacer, junté las piernas y las rodillas se me doblaron, arrojé la mesita y caí como en éxtasis mirando con cara de angustia al padre que arrojaba agua por todos los rincones y me miraba con cara de “Levántate, cobarde” entonces hice el intento y saqué fuerzas de flaqueza para caminar a su lado pero he ahí el acabose: cuando al dar la espalda al altar, oí el gemido mas lastimero y tenebroso que mis oídos habían imaginado jamás…
Yo pensaba en la vela apagada y sabía que si Cristo no estaba ahí, ¿entonces?...
Un quejido seguido por otro que trasmitían una angustia y un dolor indescifrable unas gotas de sudor que bajaban por nuestros cuerpos temblorosos, un miedo de locos que nos envolvió inevitablemente, agua bendita por allá, rezos en lenguas raras, sonidos alterados, bancas que se estrellaban unas contra otras, aire de tornado dentro del templo.
Eentonces optamos por retroceder; salimos en silencio, nos sentamos afuera sin decir palabra y cuando la euforia pasó el padre trató de explicarme de mil maneras lo ocurrido, -estoy seguro que ni siquiera el sabía que había pasado-, me dijo que en los templos se daba misa de cuerpo presente a los difuntos y en virtud de que era el ultimo lugar que visitaban antes de ser sepultados, volvía ahí, cuando tenían algún pendiente en la tierra…
Yo sé que eso lo dijo por darme una explicación, ante lo increíble, en realidad no había mucho que decir, era algo que compartimos y que no era necesario entender, decidimos guardar las cosas a la mañana siguiente y así nos despedimos, yo salí a la calle en donde la vida seguía su curso normalmente, nunca le pregunté donde durmió o como entró, preferí no recordar lo ocurrido, hasta esa vez, antes de su muerte, ahí en su lecho del segundo piso del templo del “Sagrado corazón” en el pueblo del Pozole, donde fue sepultado días después de esa conversación y en donde en recuerdo a esos días compartidos, velé su cuerpo sin vida en aquel templo, la noche entera de su adiós definitivo, acompañado solamente por mi amiga Armida y Yolanda, mi amada Yolanda…
Lo que dijo HELIODORO DÍAZ en "El Universal"

...EL UNICO ESPACIO RECONFORTANTE ES HACIA EL SEGUNDO ACTO, CUANDO APARECE EN ESCENA NACHO (FERNANDO BARRAZA), QUIEN CON VERDADERA AGILIDAD LOGRA DIVERTIR A LOS ESPECTADORES EN UN ÁGIL DISCURSO AL ESTILO DE LAS CARPAS DE ANTAÑO O LOS INGREDIENTES DEL "BLANQUITA", DONDE MORCILLAS Y RÉPLICAS DEL PÚBLICO NO SE DEJAN ESPERAR FLUYENDO CON AGILIDAD ADMIRABLE. PASADO ESTE EUFÓRICO MOMENTO, LA OBRA VUELVE A SUMIRSE EN UN..."
Etiquetas:
fernando barraza actor nominaciones
lo que dijo maru paez en el "ESTO"
jueves, 5 de noviembre de 2009
martes, 27 de octubre de 2009
CHAMETLECA
Su pelo ondeaba al viento
al compás de su paso virgen
dulce y pura bajo el inclemente sol,
llena de gracia, siempre sonriendo
agitando sus caderas danzarinas,
pura y dulce perlada de sudor…
Llena de gracia caminaba sola
su cuerpo al viento ondeaba,
danzante agitaba sus caderas,
ardiente por el sol de Chametla
dulce y pura como virgen era
recatada, tierna y cálida como un sol
al compás de su paso virgen
dulce y pura bajo el inclemente sol,
llena de gracia, siempre sonriendo
agitando sus caderas danzarinas,
pura y dulce perlada de sudor…
Llena de gracia caminaba sola
su cuerpo al viento ondeaba,
danzante agitaba sus caderas,
ardiente por el sol de Chametla
dulce y pura como virgen era
recatada, tierna y cálida como un sol
Etiquetas:
chametla,
fernando garcia barraza
!TINGO HA MUERTO; QUE VIVA TINGO!
El sol se ocultaba temeroso, como si tuviera pena de ver la vergüenza del pueblo, como si no comprendiera que había llegado el momento del ocaso, como si de pronto se resistiera a ceder su lugar a la luna, esa luna que llegaría en instantes, misteriosa y silenciosa, triste y cabizbaja…
Así fue como la luna encontró al sol, pensativo y temeroso, le vio partir y se dio cuenta de que aquel adiós amargo, como si por primera vez se sintiera desplazado por la noche. Pareció como si mirara una vez más el espectro del caserío, antes de ocultarse por completo.
La noche llegó cansada mas negra que siempre, no traía consigo estrellas, solo aquella luna pequeña y seca... no era una noche común: era una noche ajena, distante, negra y solitaria, llegó como la primera vez: lenta y silenciosa, cargada de tristeza, doliéndole el tiempo…
Allá abajo, los perros ahogaban sus ladridos y los corrales guardaron silencio, todo, casi todo estaba silencio.
Al fondo de la calle se alcanzaba a ver la casa de Agapito, se veía negra ´por lo oscuro de la noche y sobre aquel fondo negro se dibujaba un cuadro de luz; era una pequeña ventana en la que se entrecortaban siluetas de luto.
Desde lejos se sentía el aroma del café y del vino, se alcanzaba a ver el olor a flores: a difunto.
Adentro los dolientes se tragaban en silencio un llanto absurdo, arrepentido, comiéndose el dolor, mordiéndose las lagrimas. Sus miradas eran frías, inexpresivas, duras como piedra.
En el centro de la pequeña habitación -sobre una mesa vieja-, estaba tirado el cadáver de Tingo, cubierto por una sabana amarillenta y rota.
Le pusieron el pantalón azul, el que le regaló María barrón, jamás en la vida se lo puso, “uno nunca sabe” –decía-, y es que lo quería para alguna ocasión especial.
En la pared de enfrente de la puerta había un crucifijo de madera y una imagen del sagrado corazón, en la cara del muerto –a pesar de la palidez y los huesos saltados-, se dibujaban una tranquilidad y una serenidad absolutas, como si nunca hubiera sufrido y hubiese muerto feliz.
Afuera en la banqueta, alguien había roto el silencio, era María Barrón, la única quizá que podía mirar a todos sin tener que desviar la vista de nadie, la gente le atribuía derechos de los que ella prescindía, eso era tal vez porque María había estado junto a Tingo en casi todos los momentos de sus días en Botaira, aquel pueblo triste, mudo, amargo, adolorido, cuyo silencio había sido roto por María:
“Pobre Tingo, nunca supo nada de su familia, ni su nombre entero, ni de donde vino, yo “crioquesto”, él lo decía con la intención de esconder algo, ¡”vetu” a saber qué! Ya ven que se mantenía de yerbas y uno “quiotro” taco que uno le daba por sus favores, hasta “quiun” “guen” día, Librado el de la tienda, le pidió que le cuidara las vacas y él “liba” a dar comida y un lugar “onde” vivir. Tingo “acectó” de “guena” gana.
Dende entonces ya no se acomidió a nada con naiden y pa mí que esostaba muy bien, porque estaba comprometido con Librado, pero a la demás gente no le pareció su actitú y como que no entendía, empezaron a tratarlo más mal y a riírse más dél.
Cuando pasaba por la calle, le decían que la burra que la burra en la quiba montado era verde, nomás por hacerlo enojar y él senojaba…
Duró munchos días viviendo con Librado hasta quiundía se ogo el crío de una vaca recién nacido alora de bajar al agua. Librado lo corrió sin nada de nada, otra vez estaba al garete, tendría que golver a empezar y la gente ya no lo miraba igual. Por su parte el probe ya se víacostumbrado a la burra, y a lo mejor ella también.
Él, porquera súnica compañía, ella, quen sabe porqué, perun amanecer ya no dispertó: se vía muerto.
Con suerte doña Yoyo se lo llevó a vivir a su casa, liofreció lo mesmo si le ayudaba a cuidar las siembras y le regaló un burro.
Tingo golvió a ser feliz.
Empero cuando pasaba en las mañanas montado en su burro, la gente le gritaba: “!Ahí va el amigo de la burra verde!”. Al probe Tingo, esto lo hacía sufrir, n o tanto que le dihieran que el burro era verde, le dolía mas que le dijieran que era burra… y ansina pasó el tiempo hasta que doña Yoyo se murió y él se vino a vivir acá con Agapito.
Las hijas de doña Yoyo le regalaron el burro a Tingo, le estaban agradecidas y él se sentía importante porque ya era dueño de algo. Con Agapito tampoco le faltó techo y comida, ni puros, porque todos los domingos le daba pa que comprara puros, Tingo los compartía con Amado –su amigo el de la loma-, era súnico amigo.
Esa vez el burro se le enfermó del estómago, se estaba poniendo reflaco. No se quien por riírse dél, le dijo que liciera un lavado. El probe –inocente y con toda la guena fe-, agarró una manguera y se la metió por el culo, le abrió a la llave y el probe burro sempezó a hinchar hasta que reventó: aventó manguera agua y mierda, después se murió.
A Tingo le dolió muncho esto, ya no tenía en quiir pal monte, cada día se miraba mas triste y ni siquiera le importaba que le dijeran “El amigo de la burra verde”, ni los oía, tu lo podías mirar en la banqueta triste y pensativo.
Antier ya no se pudo levantar, estaba triste, no quiso comer ni ir al monte, parecía que el pobre no tenía ganas de vivir, se jue quedando pálido y flaco hasta quiora en la mañana amaneció muerto.
Yo a veces crioque se murió de tristeza, como quél se buscó la muerte porque se sentía culpable de que se liaya muerto el burro, como si al verlo perdido, viera perdido la razón de su vida, al cabo quera lúnico que tenía, que le vía costado sufrimiento, burlas y trabajos…
No nos queda más que recuerdo -y eso que no tuvo amores con naiden-, hastora la gente se dio cuenta de lo quian perdido. Hastora se dan cuenta de que con su maldá mataron un ejemplo de amor y de inocencia. Toavía en la mañana decían “Lástima; tan guena gente quera”, y lo dirían de guasa, pero vieran que si; !tan gueno quera!
Se murió pero de seguro su recuerdo no va a morirse y de seguro va a tener el entierro mas bonito del pueblo, porque todos coperaron pa comprar la caja, ya no dilatan en llegar con ella. Hicieron tamales y café ¡y compraron muncho vino!. Lo van a enterrar, un hombre sin pasado que dejó un guen ejemplo pa todos, se jué sin dejar hijos, pero dejó una sombra de bondá y de pacencia, tingo se murió y con se muere una historia de tristeza y de ternura…”
Al pronunciar ésta última frase, doña María lanzó un suspiro profundo, su voz sonaba ronca… estaba llorando, en derredor suyo los que le escuchaban también lloraban, se miraban ansiosos, con pena.
…el silencio llegó otra vez, nadie volvió a pronunciar palabra, y la noche con lágrimas de brisa fue llenando de frío aquel ambiente.
Uno que otro sollozo se dejaba oír de vez en cuando…
Tingo ha muerto.
martes, 13 de octubre de 2009
TOTORAMES POR TODOS LADOS
(Agradecimientos, otra vez)
He recibido infinidad de comentarios personalmente respecto a lo publicado en este blog, tanto en México como en el extranjero, me han llegado correos y llamadas, (incluso han puesto algún comentario en el mismo). Me da un gusto mas que enorme enterarme de que me leen, y que me soliciten la historia de la fundación de Chametla, la letra de las canciones y poemas que se conocen, quiero decir que en este blog ya he publicado cuatro canciones y la historia que por cierto los alumnos de la primaria “Enrique Pérez Arce” me hicieron el honor de escenificar en el pasado aniversario de la fundación de este pueblo tan lleno de magia. Me da gusto saber que hay mas chametlecos en todas partes que en el mismo Chametla, algunos se van para no volver, pero se llevan a Chametla en su corazón otros vuelven para no irse y se quedan con el corazón en Chametla, pero para el caso es lo mismo, Chametla está vivo, mientras lo recordemos, y si; ya publiqué, la historia, ya publiqué los versos que leyó Tonaltzin en el pasado aniversario, en el cual fuimos víctimas del embrujo de la Orquesta filarmónica “Sinaloa de las artes” y tanto artista tan espectacular, también publiqué la letra de cuatro canciones, así es que solo es cuestión de buscarlas, por lo que sé, abajo a la izquierda, hay un resumen de publicaciones, o ahí abajito de cada articulo, en entradas antiguas ahí seguramente encontrarán lo que buscan y lo que falta por publicar, pues lo verán mas adelante, gracias a todos los que se toman el tiempo para explorar este blog, espero seguir teniendo noticias suyas.
He recibido infinidad de comentarios personalmente respecto a lo publicado en este blog, tanto en México como en el extranjero, me han llegado correos y llamadas, (incluso han puesto algún comentario en el mismo). Me da un gusto mas que enorme enterarme de que me leen, y que me soliciten la historia de la fundación de Chametla, la letra de las canciones y poemas que se conocen, quiero decir que en este blog ya he publicado cuatro canciones y la historia que por cierto los alumnos de la primaria “Enrique Pérez Arce” me hicieron el honor de escenificar en el pasado aniversario de la fundación de este pueblo tan lleno de magia. Me da gusto saber que hay mas chametlecos en todas partes que en el mismo Chametla, algunos se van para no volver, pero se llevan a Chametla en su corazón otros vuelven para no irse y se quedan con el corazón en Chametla, pero para el caso es lo mismo, Chametla está vivo, mientras lo recordemos, y si; ya publiqué, la historia, ya publiqué los versos que leyó Tonaltzin en el pasado aniversario, en el cual fuimos víctimas del embrujo de la Orquesta filarmónica “Sinaloa de las artes” y tanto artista tan espectacular, también publiqué la letra de cuatro canciones, así es que solo es cuestión de buscarlas, por lo que sé, abajo a la izquierda, hay un resumen de publicaciones, o ahí abajito de cada articulo, en entradas antiguas ahí seguramente encontrarán lo que buscan y lo que falta por publicar, pues lo verán mas adelante, gracias a todos los que se toman el tiempo para explorar este blog, espero seguir teniendo noticias suyas.
CHAMETLA DE MIS RECUERDOS
ABARROTES JOSEFINA.
(Me acuerdo de bien de los calendarios que nos daba mi madrina Josefina, mejor conocida como Chepina.)
“Abarrotes Josefina” atendido por su propietaria Josefina viuda de Berriman”.
Cuentan que Chepina llegó a Chametla acompañando a su hermana y al esposo de la misma; José el galafate, -aunque galafate significa ladrón, parece ser que es así como llamaban a los encargados de remendar los barcos-, pues bien; Chepina llegó a Chametla y pronto encontró acomodo en la tienda de Berriman, que en esa época era el dueño de la tienda de abarrotes mas grande de la región, dicen que llegaban burros de todas partes, cargados de gente para hacer las compras, de El Aguaverde, El Apoderado, El Pozole, hasta de Botaira iban las gentes a surtir sus despensas, toda la cuadra desde la cooperativa pesquera hasta la esquina de la tienda, era propiedad de doña Celsa y su hijo don Juan Berriman, esposo éste de doña Felicitas, con ellos empezó a trabajar Chepina.
Los chamacos de esos tiempos respetaban y temían a don Juan porque debido a que toda su propiedad estaba atestada de trojes, criaba serpientes de cualquier tipo, para que se alimentaran con los ratones que devoraban el cereal, cuentan que don Juan agarraba las serpientes y se las acomodaba en la cabeza cual turbante, lo que despertaba la admiración de quienes lo veían.
Chepina trabajó en la tienda hasta que el susodicho enviudó y un día de esos, no salió de trabajar, al galafate que vivía a una cuadra de la tienda se preocupó pero luego se corrió el rumor de que la mujer se había huido con su novio, un también empleado de don Juan que era de los encargados de fabricar los puros, porque he de decir que don Juan también fabricaba habanos de todo tipo y calidad, pero no fue así: Chepina se quedo a vivir de un día para otro ni mas ni menos que con don Juan y fue así como ella ocupo el lugar de honor en esa residencia, por supuesto que durante una temporada fue el tema de conversación, razón por la que el avergonzado novio abandonó el empleo y el pueblo, “cosas del amor” diría Chepina meses después…
Doña “Yona”, era mama de Chepina Bernardo era su primo, ellos llegaron al cabo del tiempo y se establecieron en la enorme residencia, por desgracia para el presupuesto de la familia, Bernardo era un vicioso del juego, un verdadero tahúr, por lo que se gastaba parte de las ganancias de los negocios de la viuda de Berriman, en paseos a la Vegas y casas de juego en el mismo país.
Recuerdo gratamente que mi abuela María barrón me mandaba al maíz para las gallinas en una canasta –en la nueva-, porque la vieja me daba vergüenza y traía de una vez el azúcar y el sobre de café de grano en tanto la olla con agua esperaba en la hornilla, también compraba un cuarto de galletas de animalitos
A Chepina a quien yo llamaba madrina, porque era muy espléndida conmigo y mis hermanos -además de ser madrina de mi mamá-, pues teníamos derecho de llamarla así, no crean que era por los regalos que nos daba, y es que al liquidar la cuenta metía la mano en una vitrolera de esas en las que en aquellos tiempos acostumbraban meter los dulces y con el puño lleno me decía “El pilón”, me daba un beso y los dulces, eso era lo mas emocionante de ir a hacer las compras con ella, claro que salía de la tienda lleno de babas de mi madrina pero contento, al cabo que al alejarme tantito me tallaba el cachete con el dorso de la mano, y me largaba masticando chiclets de los del señor adams…
¡Ah que mi madrina!, se rumoró también que Bernanrdo –el primo-, se “hizo” de ella y la “tuvo” durante mucho tiempo, no se supo si el tal Bernardo ganó o perdió su fortuna durante todo el tiempo que se dedico al juego, lo que si se sabe es que al morir, otro empleado del área de habanos encontró la “cuilta” de abajo del colchón llena de billetes de muy alta denominación, y se fue con el dinero, pero parece que no lo supo aprovechar, y que allá en el norte lo perdió todo, para morir en la ignominia, con razón dicen tanto; que “Lo del agua al agua”…
Mi madrina Chepina se quedó sola, la tienda fue viniendo a menos, y ella empezaba a dar muestras de demencia senil, la recuerdo a ella toda blanca con el pelo blanco escurrido y una sonrisa toda amabilidad, con su placa dental parejita, y sus manos lisitas, suaves al acariciar mis cachetes…
La actuación es mi adicción y llegó el día en que tuve que irme a probar fortuna a México capital y la volví a ver solo en las ocasiones en que por gira o razón distinta pasaba por estas tierras, al paso del tiempo me establecí acá en Botaira, cerca de mi querido Chametla y tuve ocasión de verla de nuevo, pero ahora las cosas eran distintas, ella ahí tirada en el adoquín de la entrada principal de su casa, semidesnuda, con el pelo liso cubriéndole el rostro, su piel blanca cubierta de mugre y la poca ropa sucia de excremento.
Tirada ahí, entre la basura que alguien por piedad arrojó a sus pies, como se les da de comer a los animales, con la mirada perdida y sin razón, comiendo plátanos negros de viejos y moscas, con la razón perdida y sin motivos, para entonces ya víctima del Alzheimer, mi madrina Chepina, mi adorada madrina Chepina…
Lo único que en ese entonces poseía, era su casa, me enteré que alguien se quedó con ella a cambio de mantenerla durante todo el tiempo que le quedara de vida, razón justa y noble pues por lo que supe, ella no tenía propiedad alguna y por lógicas razones, no podría volver a valerse por si misma jamás, esa persona estuvo mandando dinero para su manutención y me contaron que ese dinero jamás llegó a su manos, sin embargo la providencia se encargó de que Amparo, la del tinillo, se encargara de ella, con los medios que pudo y la ayuda de algún vecino ella le dio de comer, hasta que la muerte se la llevó.
Eso es lo que supe.
(Me acuerdo de bien de los calendarios que nos daba mi madrina Josefina, mejor conocida como Chepina.)
“Abarrotes Josefina” atendido por su propietaria Josefina viuda de Berriman”.
Cuentan que Chepina llegó a Chametla acompañando a su hermana y al esposo de la misma; José el galafate, -aunque galafate significa ladrón, parece ser que es así como llamaban a los encargados de remendar los barcos-, pues bien; Chepina llegó a Chametla y pronto encontró acomodo en la tienda de Berriman, que en esa época era el dueño de la tienda de abarrotes mas grande de la región, dicen que llegaban burros de todas partes, cargados de gente para hacer las compras, de El Aguaverde, El Apoderado, El Pozole, hasta de Botaira iban las gentes a surtir sus despensas, toda la cuadra desde la cooperativa pesquera hasta la esquina de la tienda, era propiedad de doña Celsa y su hijo don Juan Berriman, esposo éste de doña Felicitas, con ellos empezó a trabajar Chepina.
Los chamacos de esos tiempos respetaban y temían a don Juan porque debido a que toda su propiedad estaba atestada de trojes, criaba serpientes de cualquier tipo, para que se alimentaran con los ratones que devoraban el cereal, cuentan que don Juan agarraba las serpientes y se las acomodaba en la cabeza cual turbante, lo que despertaba la admiración de quienes lo veían.
Chepina trabajó en la tienda hasta que el susodicho enviudó y un día de esos, no salió de trabajar, al galafate que vivía a una cuadra de la tienda se preocupó pero luego se corrió el rumor de que la mujer se había huido con su novio, un también empleado de don Juan que era de los encargados de fabricar los puros, porque he de decir que don Juan también fabricaba habanos de todo tipo y calidad, pero no fue así: Chepina se quedo a vivir de un día para otro ni mas ni menos que con don Juan y fue así como ella ocupo el lugar de honor en esa residencia, por supuesto que durante una temporada fue el tema de conversación, razón por la que el avergonzado novio abandonó el empleo y el pueblo, “cosas del amor” diría Chepina meses después…
Doña “Yona”, era mama de Chepina Bernardo era su primo, ellos llegaron al cabo del tiempo y se establecieron en la enorme residencia, por desgracia para el presupuesto de la familia, Bernardo era un vicioso del juego, un verdadero tahúr, por lo que se gastaba parte de las ganancias de los negocios de la viuda de Berriman, en paseos a la Vegas y casas de juego en el mismo país.
Recuerdo gratamente que mi abuela María barrón me mandaba al maíz para las gallinas en una canasta –en la nueva-, porque la vieja me daba vergüenza y traía de una vez el azúcar y el sobre de café de grano en tanto la olla con agua esperaba en la hornilla, también compraba un cuarto de galletas de animalitos
A Chepina a quien yo llamaba madrina, porque era muy espléndida conmigo y mis hermanos -además de ser madrina de mi mamá-, pues teníamos derecho de llamarla así, no crean que era por los regalos que nos daba, y es que al liquidar la cuenta metía la mano en una vitrolera de esas en las que en aquellos tiempos acostumbraban meter los dulces y con el puño lleno me decía “El pilón”, me daba un beso y los dulces, eso era lo mas emocionante de ir a hacer las compras con ella, claro que salía de la tienda lleno de babas de mi madrina pero contento, al cabo que al alejarme tantito me tallaba el cachete con el dorso de la mano, y me largaba masticando chiclets de los del señor adams…
¡Ah que mi madrina!, se rumoró también que Bernanrdo –el primo-, se “hizo” de ella y la “tuvo” durante mucho tiempo, no se supo si el tal Bernardo ganó o perdió su fortuna durante todo el tiempo que se dedico al juego, lo que si se sabe es que al morir, otro empleado del área de habanos encontró la “cuilta” de abajo del colchón llena de billetes de muy alta denominación, y se fue con el dinero, pero parece que no lo supo aprovechar, y que allá en el norte lo perdió todo, para morir en la ignominia, con razón dicen tanto; que “Lo del agua al agua”…
Mi madrina Chepina se quedó sola, la tienda fue viniendo a menos, y ella empezaba a dar muestras de demencia senil, la recuerdo a ella toda blanca con el pelo blanco escurrido y una sonrisa toda amabilidad, con su placa dental parejita, y sus manos lisitas, suaves al acariciar mis cachetes…
La actuación es mi adicción y llegó el día en que tuve que irme a probar fortuna a México capital y la volví a ver solo en las ocasiones en que por gira o razón distinta pasaba por estas tierras, al paso del tiempo me establecí acá en Botaira, cerca de mi querido Chametla y tuve ocasión de verla de nuevo, pero ahora las cosas eran distintas, ella ahí tirada en el adoquín de la entrada principal de su casa, semidesnuda, con el pelo liso cubriéndole el rostro, su piel blanca cubierta de mugre y la poca ropa sucia de excremento.
Tirada ahí, entre la basura que alguien por piedad arrojó a sus pies, como se les da de comer a los animales, con la mirada perdida y sin razón, comiendo plátanos negros de viejos y moscas, con la razón perdida y sin motivos, para entonces ya víctima del Alzheimer, mi madrina Chepina, mi adorada madrina Chepina…
Lo único que en ese entonces poseía, era su casa, me enteré que alguien se quedó con ella a cambio de mantenerla durante todo el tiempo que le quedara de vida, razón justa y noble pues por lo que supe, ella no tenía propiedad alguna y por lógicas razones, no podría volver a valerse por si misma jamás, esa persona estuvo mandando dinero para su manutención y me contaron que ese dinero jamás llegó a su manos, sin embargo la providencia se encargó de que Amparo, la del tinillo, se encargara de ella, con los medios que pudo y la ayuda de algún vecino ella le dio de comer, hasta que la muerte se la llevó.
Eso es lo que supe.
Etiquetas:
botaira fernando garcia barraza,
chametla
lunes, 5 de octubre de 2009
“TINGO”
BOTAIRA DE MIS ENTRAÑAS.
“TINGO”
Llegó caminando, como llega la mañana… sin más que un triste morral y su paliacate rojo, mismo que usaba para limpiarse el sudor, ese día apareció en el mercado confundido entre el griterío de los marchantes y los ladridos de los perros persiguiendo una vaca, cuando uno de los chiquillos preguntó su nombre, con una sonrisa bonachona contestó “Tingo, me llamo Tingo” y el chiquillo se fue saltando en un pie, gritando un pregón: “!Llegó Tingo el tonto, llegó Tingo el tonto…!”
Tingo pudo haber sido su nombre artístico o su nombre real, nunca se supo, pero su llegada a Botaira fue todo un acontecimiento, por la habilidad que tenía para lanzar puñales y hacer malabares con ellos y teas ardiendo, era frecuente verlo en los corrales haciendo sus gracias en tanto la plebe enardecida y burlona se mofaba de él, y aunque él, al principio lo tomaba como expresiones de alegría y admiración, con el paso de los días comprendió que se trataba solamente de burlas… aún así, en las noches de insomnio, se podían ver por las calles sus luces encendidas girar como centellas parpadeantes en el bajo espacio, mientras en los corrales y llenos de miedo, los perros ladraban, en sus casuchas las viejas se persignaban y allá en la plazoleta los demás reían entre burlescos y admirados.
Sin un lugar para vivir, se acomidió a acarrear leña a las casas, o agua de los pozos, a taspanar los patios o barrer las calles, o espantar duendes, con el tiempo se fue ganando el afecto de los mayores, que con agradecimiento le daban alguna moneda para su comida y tabaco, que el compraba para fabricarse sus propios habanos o comida incluso y doña Aurora le ofreció un lugar para vivir en sus trojes, a cambio de que le encerrara las vacas en la tarde y le ayudara con las labores del rancho, le consiguió un burro que por cierto era burra y de color verde a decir de los chamacos de Botaira y eso a él lo enfurecía.
Hubo una vez un día, casi al despedirse el sol naranja que ilumina las calles de Botaira, en que Tingo regresaba de dejar las vacas de Aurora allá por el rumbo del lago de los lagartos, sentado al lomo del burro, fumando su habano, cuando vio en el cielo un arcoíris enorme, con colores que no imaginó que existieran, aquello era una señal de portento tal vez divino, pero no lo averiguaría sino días mas tarde, porque esa vez su preocupación estaba distraída con otras cosas y es que su burro estaba enfermo del estómago, pues últimamente había estado teniendo evacuaciones casi líquidas y a alguien se le ocurrió recomendarle que le metiera una manguera por el culo, -jamás se lo hubieran dicho-, porque el pobre hombre en su inocencia, lo primero que se le ocurrió hacer fue meterle la manguera al animal y ¡abriole a la llave!: el estómago del jumento se llenó tanto de agua, que llegó el momento en que a punto de explotar arrojó la manguera cual sierpe enfurecida y agua con diarrea de un color verde amarillento por todos lados, tingo estupefacto y boquiabierto permaneció durante unos minutos ahí frente al animal, moribundo, que instantes después perecería víctima del cariño de su amo y su pasión por curarlo.
(Esa fue solo una de las aventuras que Tingo experimentó en su paso por este mundo y este Botaira mío, de hecho fue prácticamente la última, porque de él hay mucho que contar, pero hoy me llegó la nostalgia y decidí escribir este recuerdo.)
A los pocos días, la depresión invadió al pobre hombre que decidió morir de tristeza y arrepentimiento, por lo que se entregó a la huesuda sin miramientos y entre rezos de Liliana su vecina y la madre de ella, doña Eulogia, dijo adiós a este mundo dejando en Botaira un recuerdo que nada borra y que seguramente permanecerá por siempre mientras alguien cuente su tragedia y las tantas cosas buenas que de él se recuerda, y lo mejor de todo es que según afirman los que lo conocieron, Tingo vive en el cielo que tan merecido se tenía. Eso espero…
“TINGO”
Llegó caminando, como llega la mañana… sin más que un triste morral y su paliacate rojo, mismo que usaba para limpiarse el sudor, ese día apareció en el mercado confundido entre el griterío de los marchantes y los ladridos de los perros persiguiendo una vaca, cuando uno de los chiquillos preguntó su nombre, con una sonrisa bonachona contestó “Tingo, me llamo Tingo” y el chiquillo se fue saltando en un pie, gritando un pregón: “!Llegó Tingo el tonto, llegó Tingo el tonto…!”
Tingo pudo haber sido su nombre artístico o su nombre real, nunca se supo, pero su llegada a Botaira fue todo un acontecimiento, por la habilidad que tenía para lanzar puñales y hacer malabares con ellos y teas ardiendo, era frecuente verlo en los corrales haciendo sus gracias en tanto la plebe enardecida y burlona se mofaba de él, y aunque él, al principio lo tomaba como expresiones de alegría y admiración, con el paso de los días comprendió que se trataba solamente de burlas… aún así, en las noches de insomnio, se podían ver por las calles sus luces encendidas girar como centellas parpadeantes en el bajo espacio, mientras en los corrales y llenos de miedo, los perros ladraban, en sus casuchas las viejas se persignaban y allá en la plazoleta los demás reían entre burlescos y admirados.
Sin un lugar para vivir, se acomidió a acarrear leña a las casas, o agua de los pozos, a taspanar los patios o barrer las calles, o espantar duendes, con el tiempo se fue ganando el afecto de los mayores, que con agradecimiento le daban alguna moneda para su comida y tabaco, que el compraba para fabricarse sus propios habanos o comida incluso y doña Aurora le ofreció un lugar para vivir en sus trojes, a cambio de que le encerrara las vacas en la tarde y le ayudara con las labores del rancho, le consiguió un burro que por cierto era burra y de color verde a decir de los chamacos de Botaira y eso a él lo enfurecía.
Hubo una vez un día, casi al despedirse el sol naranja que ilumina las calles de Botaira, en que Tingo regresaba de dejar las vacas de Aurora allá por el rumbo del lago de los lagartos, sentado al lomo del burro, fumando su habano, cuando vio en el cielo un arcoíris enorme, con colores que no imaginó que existieran, aquello era una señal de portento tal vez divino, pero no lo averiguaría sino días mas tarde, porque esa vez su preocupación estaba distraída con otras cosas y es que su burro estaba enfermo del estómago, pues últimamente había estado teniendo evacuaciones casi líquidas y a alguien se le ocurrió recomendarle que le metiera una manguera por el culo, -jamás se lo hubieran dicho-, porque el pobre hombre en su inocencia, lo primero que se le ocurrió hacer fue meterle la manguera al animal y ¡abriole a la llave!: el estómago del jumento se llenó tanto de agua, que llegó el momento en que a punto de explotar arrojó la manguera cual sierpe enfurecida y agua con diarrea de un color verde amarillento por todos lados, tingo estupefacto y boquiabierto permaneció durante unos minutos ahí frente al animal, moribundo, que instantes después perecería víctima del cariño de su amo y su pasión por curarlo.
(Esa fue solo una de las aventuras que Tingo experimentó en su paso por este mundo y este Botaira mío, de hecho fue prácticamente la última, porque de él hay mucho que contar, pero hoy me llegó la nostalgia y decidí escribir este recuerdo.)
A los pocos días, la depresión invadió al pobre hombre que decidió morir de tristeza y arrepentimiento, por lo que se entregó a la huesuda sin miramientos y entre rezos de Liliana su vecina y la madre de ella, doña Eulogia, dijo adiós a este mundo dejando en Botaira un recuerdo que nada borra y que seguramente permanecerá por siempre mientras alguien cuente su tragedia y las tantas cosas buenas que de él se recuerda, y lo mejor de todo es que según afirman los que lo conocieron, Tingo vive en el cielo que tan merecido se tenía. Eso espero…
martes, 8 de septiembre de 2009
!EL DÍA QUE LLOVIERON RANAS!
(Para leer con el diccionario en la mano)
En una discusión de sobremesa, don Fernando comentó sobre la ocasión en que llovieron ranas en su querido Chametla, el asombre de su esposa y sus hijos ante su descabellado argumento lo dejó sin aliento, Como era posible que no creyeran tal aseveración!? !Por Dios!, si no era el primer lugar ni la primera vez!, pero ¿Pero como demostrarlo?! Ahora si que estaba en verdaderos aprietos; pensando que aquello era un iNfundio, sus hijos se rieron a carcajada batiente, su esposa se aguantó la risa pero le miró con ojos conmiserativos, el pobre se levantó mas que in albis, la situación le pareció mas que una conspiración Judeo-masonico-izquierdista en contubernio con el terrorismo rojo, sin importarles que el fuera el preboste, por eso no se cansó de repetir lo que Diógenes en aquel momento tan desesperado y decepcionante de su vida; "Cuanto mas conozco al hombre mas quiero a mis animales".
Salió del comedor con los ojos inyectados en sangre ante aquella situación tan truculenta, subió las escaleras como un churumbel y se arrinconó en su estudio, encendió su computador y buscó, y buscó y no encontró, pero no importaba, él se sentí tranquilo consigo mismo, porque en Chametla habían llovido ranas, sin embargo ahí sentado se quedó viendo en lontananza a través de la ventana y rascándose la cabeza como si tuviera ptiriasis, entonces meditabundo entró al baño, ablucionó su rostro y salió de su casa con rumbo a la abacería,iba tan encolerizado que en el camino barritó sin importarle qu elos transeúntes le miraran perplejos, por suerte se encontró con Daniel, un amigo bastante barbián que le devolvió el ánimo, éste le invitó un café sugiriéndole que le contara sus cuitas y una vez ahí al calor de la bebida, sintió como si la canícula estuviera en su apogeo, sobretodo le contó a Daniel la razón de su pesar y éste se rió a mas no poder...
Sin ambargo, su amigo, complaciente le echó un verbo catilinario que le iluminó el caletre y recordó que su abuela María Barrón había vivdo esa experiencia, asi es que se despidió de su amigo ya entrada la tarde y fué en busca de su abuela, en el camino, hasta veía chirivitas de la emoción, pero a la vez iba muy cogitabundo pues pensó en la posibilidad de que ella no se acordara y de solo pensar en ello, una dispepsia terrible se adueñó de él y sobretodo porque al llegar a casa sus hijos la emprenderían de nuevo, por lo que mejor optó por desistir. Sin embargo al abrir la puerta sus hijos corrieron emocionados a recibirlo, él permaneció por unos momentos estafermo, pues su abuela estaba ahí contando de viva voz la historia de la lluvia de ranas en Chametla y toda la insidia que guardaba, la metió en un recoveco de su conciencia y sonrió lerdamente porque ya no hacía falta demostrar nada, sus hijos le ofrecieron disculpas y su esposa le plantó un enorme ósculo, eso fue suficiente para saber que no serviría más de mofa a su familia, pues al final su predecesora había demostrado con argumentos válidos que en efecto; !habían llovido ranas en su querido Chametla!
Salió del comedor con los ojos inyectados en sangre ante aquella situación tan truculenta, subió las escaleras como un churumbel y se arrinconó en su estudio, encendió su computador y buscó, y buscó y no encontró, pero no importaba, él se sentí tranquilo consigo mismo, porque en Chametla habían llovido ranas, sin embargo ahí sentado se quedó viendo en lontananza a través de la ventana y rascándose la cabeza como si tuviera ptiriasis, entonces meditabundo entró al baño, ablucionó su rostro y salió de su casa con rumbo a la abacería,iba tan encolerizado que en el camino barritó sin importarle qu elos transeúntes le miraran perplejos, por suerte se encontró con Daniel, un amigo bastante barbián que le devolvió el ánimo, éste le invitó un café sugiriéndole que le contara sus cuitas y una vez ahí al calor de la bebida, sintió como si la canícula estuviera en su apogeo, sobretodo le contó a Daniel la razón de su pesar y éste se rió a mas no poder...
Sin ambargo, su amigo, complaciente le echó un verbo catilinario que le iluminó el caletre y recordó que su abuela María Barrón había vivdo esa experiencia, asi es que se despidió de su amigo ya entrada la tarde y fué en busca de su abuela, en el camino, hasta veía chirivitas de la emoción, pero a la vez iba muy cogitabundo pues pensó en la posibilidad de que ella no se acordara y de solo pensar en ello, una dispepsia terrible se adueñó de él y sobretodo porque al llegar a casa sus hijos la emprenderían de nuevo, por lo que mejor optó por desistir. Sin embargo al abrir la puerta sus hijos corrieron emocionados a recibirlo, él permaneció por unos momentos estafermo, pues su abuela estaba ahí contando de viva voz la historia de la lluvia de ranas en Chametla y toda la insidia que guardaba, la metió en un recoveco de su conciencia y sonrió lerdamente porque ya no hacía falta demostrar nada, sus hijos le ofrecieron disculpas y su esposa le plantó un enorme ósculo, eso fue suficiente para saber que no serviría más de mofa a su familia, pues al final su predecesora había demostrado con argumentos válidos que en efecto; !habían llovido ranas en su querido Chametla!
Etiquetas:
fernando garcia barraza,
lluvia de ranas chametla
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


