miércoles, 22 de septiembre de 2010

"De como nació Chiametlán" (séptima parte)



Se hizo un silencio enorme y su embeleso fue interrumpido por los sacerdotes y los ancianos para hacerle saber que era el momento de elegir y nombrar a los jefes militares, que en esta ocasión serian elegidos en contra de la costumbre; de entre los plebeyos, (es bueno insistir en el modo moderno que tenia Xolotlzin de gobernar, eso fue lo que lo hizo diferente de sus antecesores y la herencia mas valiosa para quienes le sucederían, seria esa precisamente; la de no hacer distinciones de clases sociales.) pues eran una nueva nación, al enterarse los asistentes de esa nueva modalidad, un murmullo recorrió las calles de chiametlan, algunos parecían inconformes y Xolotlzin al percatarse se puso de pie alzando una mano; el murmullo cesó, y los cientos de cabezas dirigieron su mirada a lo alto de la pirámide,

Xolotlzin les hablo como había aprendido de “nube gris”, con clama y con la vista fija: “hermanos míos, amigos míos.... es costumbre y lo sé, elegir a nuestros dirigentes de entre la realeza, pero este es un señorío que comienza, un señorío de los tiempos nuevos, y tengo conocimiento de que en estos nuevos tiempos, los sistemas políticos de mundos lejanos y nuevos señoríos, funcionan diferente y funcionan bien, es menester por ello, acatar las disposiciones que rigen a las culturas florecientes como la nuestra y si la nuestra no funciona bajo este nuevo régimen les pido me lo demanden”. Les hablo claro, les hablo breve, y les hablo convincente, una ovación de admiración se dejo escuchar y acto seguido se procedió a la selección.

Se constituyo un decenvirato (era un comité integrado por diez hombres) que tuvo como resultado una recopilación de leyes que agradó a todos los visitantes, inicialmente el decenvirato tendría una vida de doce lunas, sin embargo debido al notable éxito, permaneció al frente de los nuevos estatutos por mas de cien lunas.

En adelante, habría muchos cambios en la política, que de alguna manera enriquecieron el devenir de aquella cultura. El decenvirato, que originalmente había tenido escaso poder al aplicar las leyes y cuidar los intereses totorames, y otras culturas, se convirtió en un órgano fundamental de poder; declaraba la guerra cuando era necesario y firmaba la paz, establecía alianzas con otros señoríos y mundos poco conocidos, decidía la fundación de establecimientos para que vivieran las personas que llegaban de otras culturas al cobijo del señorío, y administraba las finanzas públicas. Chiametlan tuvo en ese periodo, su etapa de mayor expansión, en pocas lunas, se convirtió en una verdadera potencia tanto en el comercio como en la política, gracias al apoyo de sus vecinos de la sierra quienes empezaron a seguir su ejemplo...

Con el paso del tiempo Chiametlan logro dominar sus costas, estableciendo colonias de pescadores que al servicio del gran señor Xolotlzin, perfeccionaban sus sistemas de captura del camarón entre otras especies, usando novedosos sistemas que también revolucionaron la actividad pesquera.

"De como nació chiametlán" (Sexta parte)



Le rindieron pleitesía los famosos guerreros cahitas con los que habían entablado muy buenas relaciones y de entre quienes habían escogido a los mejores para que los iniciaran en las artes guerreras, y eso era bueno pues los cahitas tenían la fama de merendarse a sus enemigos mas importantes.., andaban por ahí muchos tahues, recelosos pues temían desagradar a los cahitas, sin embargo a la sombra del gran señor Xolotlzin y dentro del territorio Chiametleco debía predominar la paz por lo que los pacaxee, los acaxee y los xiximes –que aunque también eran canibales, en esta ocasión su instinto pasaba a segundo termino, pues no eran tiempos de guerra, sino de fiesta y paz-, deambulaban felices por el tianguis ofreciendo sus cosechas, los visitantes iban y venían, desde las pirámides ubicadas junto al valle de las tinajitas hasta el campo funerario (que estaba ubicado en el centro de la gran urbe y en donde eran sepultados, sin distinciones, desde gente del mas rancio abolengo, hasta los tamemes y taspanadores, pero que debido a la explotación y destrucción de los conquistadores, que con su devastamiento redujeron el señorio a un monton de casuchas, (ahora el camposanto se localiza en la entrada a la comunidad), y subían hasta la séptima cueva rodeando por el juego de pelota y admirando los enormes zoológicos de Xolotlzin quien orgulloso permanecía sentado, mientras que a sus pies estaba su gato consentido,... desde ahí, desde lo alto de la pirámide edificada en su nombre y sobre la cual actualmente yacen las ruinas del primer templo cristiano totorame, el observaba el trajinar constante de los lugareños y visitantes en aquel gran día, y de vez en cuando el recuerdo imborrable de “nube gris” acudía a su memoria.

"De como nació Chiametlán" (Quinta parte)



Era día de gran fiesta, hacia treinta y seis lunas que habían llegado a esas tierras, bajo el vigía, los danzantes matachines, la pascola y la norteña danza del venado eran apreciadas por el populacho, mientras que el duérmete niño, el peyote y el tejuino, circulaban al por mayor, dicen que en el centro de la gran Chiametlan en el lugar donde actualmente esta la plaza principal, había una enorme pila de cantera en donde se bañaban los paseantes para mitigar el calor, y que ahí en esa gran pila, se habían ahogado muchos visitantes por el efecto de las parrandas que acostumbraban en esas festividades y esa ocasión no fue la excepción, los visitantes del señorío que se trasladaban de lugares distantes, eran atendidos por los lugareños y los agasajaban con potzol, tixtihuil, y agua de chia. Por las calles sonaban los tambores, los cuernos y las grandiosas caracolas. (hoy en dia, los totorames continuan agasajando a los visitantes con platillos ancestrales por las fechas mismas de tal festejo)

En el tianguis los matatecos ofrecían al mejor postor los equipales y petates mientras que los cacalotecos remataban sus hamacas y tapetes, y los orgullosos totorames exponian su famosa alfareria, por medio de la cual contaban la historia de su fundación, el muñeco mas vendido era el que representaba a Xolotl con la chia –o manto-, pendiente de su cabeza y que además se había vuelto una pieza de vestir muy popular, al grado de que no solo los grandes señores la usaban sino que había tal libertad para ello, que hasta las mujeres de los carniceros podian portarla, el día era especial; sobre todo porque el festejo era un pretexto para que los sacerdotes y mayores de la comunidad confirieran el titulo de gran señor a Xolotl que a partir de entonces seria conocido en todo el señorío y allende las fronteras, con el nombre del gran señor Xolotlzin.

"De como nació Chiametlán" (Cuarta parte)



“Nube gris” le contó que en efecto, había recorrido inmensos mundos y grandes señoríos y le aclaro que muchos de esos mundos, eran conocidos por pocos, Xolotl se intereso por sus aventuras y le llamo mucho la atención la historia del enorme disco del tiempo que a sugerencia de “nube gris”, la gente de Mezcaltitan se había llevado rodando hasta la capital del gran imperio Azteca, pues les había asegurado que si ellos entregaban el disco a los gobernantes de la gran ciudad, les tendrían en gran estima, (aquel enorme monolito es conocido actualmente como la “piedra del sol” o el “calendario azteca”) y con el se regían en la gran urbe.

“Nube gris” permaneció junto a Xolotl durante siete lunas, contándole sus grandes hazañas, y una mañana de la luna siguiente se marcho, dejando parte de su sabiduría al joven aquel, que en un sueño los dioses habían elegido para patriarca de la tribu Totorame, y aquello no fue en vano, pues Xolotl aplico en bien de su gente todo lo aprendido.
Chiametlan crecía en territorio y en sabiduría; una vez establecidos, se fundaron escuelas y centros de entrenamiento para los guerreros, pues aunque eran una tribu pacifica debían estar preparados por el caso de algún ataque enemigo...

"de como naciío Chiametlán" (Tercera parte)



Por esa época se corrió el rumor de que había pasado por ahí un hombre que portaba el nombre de “nube gris”, y que viajaba desde la mítica ciudad de Tenochtitlán en busca de una señal, a nadie le sorprendió, pues esas culturas siempre estaba en espera de señales para poder existir, se decía que lo habían visto descansar entre los manglares, unos días alimentándose de higueras silvestres, otros días alimentándose de mezquite o guamúchiles.
Los que iban a la pesca del camarón y tortuga para preparar los platillos favoritos de Xolotl le daban a comer el cazon o el bagre que ellos no apreciaban y que el extranjero preparaba de una manera para ellos extraña, pero deliciosa al fin de cuentas, ellos le contaron a Xolotl que el fuereño acababa de llegar de una isla llamada mezcaltitan en la que había tenido un enfrenamiento con el principal de la tribu y con el que finalmente había entablado amistad embrujándolo con su sapiencia y los conocimientos que tenia en relación con los tiempos, los totorames le platicaban todo esto a Xolotl y de otras conversaciones con el extraño, y Xolotl quedaba tan fascinado que al tercer día mando a buscarlo,.. cuando “nube gris” subió a sus aposentos, Xolotl ya le estaba esperando con una comida preparada a base de ranas y camarones y su bebida favorita “el duérmete niño”.

"DE COMO NACIO CHIAMETLÁN" (SEGUNDA PARTE)



Se establecieron sin mas, y se distribuyeron a ambos lados del río al que llamaron río Chiametlan y se dispersaron a lo largo del mismo y a las faldas de un enorme peñasco que surgía de aquella inmensidad marítima y al que creyeron un vigía por estar rodeado de agua, (así se les conocía a las islas y peñas enormes sobresalientes de las aguas) además de que era un vigía, al establecerse ahí, lo usaban también como atalaya y puesto de observación, doble razón para que hasta la fecha el enorme escollo conserve el nombre del cerro del vigía, ahí en lo alto se estableció el líder, y se mando construir un enorme espacio para el juego de pelota y acondiciono las siete cuevas para atesorar las pertenencias tribales. (Aun hoy, si se cuenta con el equipo apropiado, es posible desentrañar del escollo grandes muestras artesanales de aquella gran civilización), allá en lo alto, eran las grandes celebraciones, allá en lo alto, eran los grandes honores, y adaptaron un espacio al que actualmente se le llama el valle de las tinajitas para domesticar a los chivicoyos, símbolos de la naciente cultura... ahí les molían el maíz y el pescado seco mientras las exóticas aves –para entonces sagradas a los ojos de los totorames - comían, ellos molían la sal, que luego llevarían al tianguis para intercambiar por enseres y alimentos, con tribus que cruzaban desde Ixtlan hasta Sinalobola, que era como se conocía a esta región, para surtirse de tabaco y de ixtle...

"De como nació Chiametlán" (primera parte)


La leyenda dice que; mucho antes de que nacieran muchos Dioses, a la región sur del estado de Sinaloa que comprende las márgenes del río que hoy conocemos como el “río baluarte”, llego una tribu de totorames que –posiblemente- eran una degeneración de las razas del norte del Estado, o del Estado norteño de Sonora, existe la posibilidad de que las tribus de Yaquis se hayan mezclado con las de Coras nayaritas, lo que dio origen a una civilización que fue a ubicarse justo en el sitio al que dieron por nombre; Chiametlan.

Dice el mito que un día, en el que luego de una larga caminata, un jovenzuelo de nombre xolotl reposaba sobre una enorme roca y a la sombra de un “uvo”, tras la ingestión de un preparado a base de tecomate al que ellos llamaban “duérmete niño”, por el efecto de relajación que causaba; como en éxtasis escucho la voz de un Dios que decía; “Escuchadme Xolotl, hijo mío en quien tanto confío, has de conducir a la tribu a un lugar sobre las playas del río, ahí encontraras una señal, cuando la hayas reconocido, será que llego el momento de fundar un nuevo imperio...” al despertar, el joven contó a los mayores y a los sacerdotes que viajaban con el, lo que había soñado, y le creyeron... porque era un joven respetable y siempre había luchado por el bien de la tribu, fue entonces que decidieron marchar en busca de la señal esperada, no tuvieron que atravesar enormes desiertos porque ya lo habían hecho desde Sonora, ni tuvieron que durar cientos de años, pues ya habían pasado desde que nacieron como seres sociales, ni esperaban encontrar un águila o alguna serpiente, ni signos en el suelo, ni que les cayera comida del cielo,... ya todo estaba dicho y hecho, la señal seria clara; Pues dice la leyenda; que aquel joven caminaba al frente, con una enorme beca sobre su cabeza, como era costumbre en los grandes personajes de esa época,.. ellos usaban esa especie de Chía que les confería un estatus de superioridad y casi divino, razón por la que eran obedecidos y respetados como jefes y sacerdotes de gran envergadura, y el, se había ganado ese grado, se dice entonces; que caminaban por las playas del río con dirección a las inmensas playas vírgenes de la costa marítima, cuando Xolotl se sintió agredido y asaltado, al grado de perder su chia a garras de un ave, puesto que le fue arrebatado por un enorme chivicoyo que les sobrevolaba... así, a secas, eso no podía ser tomado como la señal que esperaban, de no ser porque al ir tras el, por ordenes del líder, un niño la encontró tirada sobre una planta que en la actualidad se conoce como salvia, y a los pies de un cedro, ahí se sentaron a descansar tras la fatigosa persecución, y ahí, el hombre de la chia que la había recuperado justo sobre aquella planta de la que sacaban la semilla a la que daban precisamente el mismo nombre, -pues tenían ellos, costumbre de preparar un brebaje a base de las semillas de esa planta-, esas semillas eran conocidas como chia, que acostumbraban mezclar con miel y jugo de frutas agrias para refrescarse, por eso fue que decidió asentarse en ese lugar al que en honor a tal acontecimiento y a tales razones dieron por nombre; Chiametlan, que significa lugar de chias.

lunes, 2 de agosto de 2010

FELIPE HERNÁNDEZ

El aire era fresco, no recuerdo la hora precisa pero si recuerdo que estábamos mi tía mariquita y yo en la orilla del río con la leña a un lado y escarbando para hacer un pocito y sacar agua para la tinaja…

El aire pintaba un sutil oleaje sobre el nivel del agua y empujaba una que otra hoja sobre el río, a nuestras espaldas tres o cuatro personas trabajaban –si mal no recuerdo-, en un tinaco junto a la pequeña estación de bombeo. El paredón enorme estaba siendo horadado para construir un hoyo, mi tía tarareaba una canción, dos señoras lavaban su ropa unos metros adelante y algún pajarraco revoloteaba sobre nuestras cabezas, de ahí en fuera; el silencio predominaba en el ambiente, pero a lo lejos sin embargo, se escuchaba el suave golpe de la azada y la pala, todo estaba tranquilo.

De pronto; un estruendo enorme como alarido de bestia enjaulada y un grito como lamento doloroso y cercano. Nos dimos la vuelta, azorados, nos olvidamos por un momento de las cubetas del agua y permanecimos estáticos unos instantes en lo que asimilábamos lo que ocurría; entonces mi tía empezó a rezar y a llorar sin poder contenerse, traté de consolarla sin éxito, inevitablemente las lágrimas asomaron a mis ojos y temblando por lo que pudo ser, nos apresuramos a llevar el agua y dar la vuelta por la calle para enterarnos con precisión de lo que ocurría, deseando que lo que pensábamos no tuviera nada de verdad.

Para cuando pasamos por la casa de Felipe Hernández, ya su mujer y su familia se habían enterado, corrimos al lugar de los hechos, el tumulto de gente arremolinada clamaba angustiada y sollozaba ante lo ocurrido; el paredón se había derrumbado, uno de ellos, el que traía la carretilla alcanzó a librarse del lodo que caía, otro de los que escarbaban pudo salir del fango, pero Felipe… él no pudo escapar al enterramiento provocado por el alud.

De cualquier modo la esperanza persistía entre los asistentes y cuando tras minutos eternos lograron desenterrarlo, acercaron su cuerpo inerte al gentío, ahí estaba la Coti, enfermera en la que se depositaban las ultimas esperanzas, pues se había corrido entre los asistentes el rumor de que Felipe estaba vivo porque había emitido un suspiro, la gente abrió paso a la mujer que se acercó al cuerpo y colocó sus labios en los de él y procedió a darle respiración de boca a boca, los pulmones de Felipe se inflamaron y en efecto el aire salió, la gente conmocionada casi grita hurras de alegría ante el error, luego Coti, sacó un poco de lodo de la nariz de Felipe y confirmo que en su boca había bastante lodo, era imposible que estuviera vivo, no había marcha atrás, Felipe estaba muerto.

Felipe era deportista reconocido, María de la Luz, su hija, era compañera mía de grado escolar, la escuela en pleno le acompañamos en su pesar e hicimos guardia ante el féretro de su padre.

Felipe fue sepultado con honores, Chametla perdió en él a una persona valiosa desde el momento que acabó su vida procurando el bienestar de la población, pues trabajaba en ello, pero Chametla es agradecido con sus héroes y el club deportivo de pa´bajo, hace patente en su nombre el homenaje que le rinde por siempre a; “Felipe Hernández”.

viernes, 2 de julio de 2010

Goyo Zúñiga


Mi tía Secundina es mi “fan” y tiene una foto mía colgada en su estancia…

Mi tía Secundina también es “fan” de mi hijo, también Goyo, su esposo lo era, no de mi, de él… y le gustaba oírlo cantar.

Ella me platica que lo amó, que su amor fue único y exclusivo, y que fue bien correspondida, que como hombre le respondió en las buenas y en las malas, y le duró hasta que ya no pudo. Ella lo dice de buen ánimo y eso me consuela, porque sé que no sufrió por su partida, pues es una mujer inteligente y no se deja llevar por los pesares, ¡que bueno!, ella me cuenta de su vida a su lado y no se queja, enfrentaron momentos duros y hermosos, tuvieron una familia a su gusto y sin complicaciones, los últimos años -como pasa con todos-, se quedaron solos.

Solo el par de viejos, celebrando cumpleaños y aniversarios de bodas, acompañados por un par de choloescuintles, él rondando los cien años y ambos rodeados por el cariño de sus hijos, los ausentes y los que viven ahí mismo en Chametla, recibiendo sus visitas y las de los nietos, siempre al pendiente de ellos, pero ellos solos, enfrentando con entereza su edad y su soledad acompañada, ella preparando los alimentos sin rendirse y con el ánimo de siempre… y velando su enfermedad, la que lo postró hasta llevarlo a manos de la muerte, un día la tía Secundina nos dijo que Goyo su amado esposo extrañó a mi hijo y preguntó por él, y que quería oírle una canción, tratamos de hacernos el tiempo para visitarlo y cumplirle el antojo, y por una razón o la otra pospusimos la visita, luego un domingo en misa, nos volvió a decir la tía, que Goyo quería oírlo cantar, entonces nos armamos de ganas para visitarlo, conversamos a medias con él porque no podía emitir palabras con claridad pero escuchaba, y afirmaba o negaba según fuera necesario, entonces mi tía le dijo que Fernando estaba ahí y que le iba a cantar, fue cuando él puso atención para escucharlo; un silencio absoluto llenó la habitación donde reposaba para que solo se escuchara la voz de mi hijo, yo por supuesto lloré de la emoción y el dejó humedecer un poco sus ojos, mi tía Secundina sonreía contenta y los demás –mi mamá mi esposa y mi hija -por cierto ahí estaba su bisnieta Flor y después llegó Felipe, el bisnieto-, emocionados por lo que estaba pasando, nuestra conciencia descansó, luego la tía Secundina nos invitó un atole calientito y conversamos un buen rato, nos regaló un bule a cada uno y nos marchamos satisfechos con nosotros mismos. Esa tarde partimos con la promesa de volver pronto.

Y volvimos si, pero a su velorio, al otro día don Goyo murió, pero escuchó el canto de mi hijo como era su antojo y nos sentimos bien por no haber esperado mas tiempo para visitarlos, ahí me encontré con la familia, la ausente, la que me conoce, porque no todos me conocen. Mi tía Secundina me hizo prometer que diría unas palabras en honor a Goyo al momento del sepelio, y dije que si, pero no tuve el valor, fue Florentino Carrillo el que se encargó de ello. De ese modo fue como dijimos adiós a Goyo. Ahora mi tía Secundina está solita pero bien acompañada, con años y mas años encima, pero sin Goyo ni los choloescuintles y está en nuestros planes visitarle, porque ella nos quiere y nos quiere bien, y siempre me lo demuestra, además antes de que muriera su Goyo nos regaló un par de bules y hasta tiene una fotografía de mi en su estancia…

martes, 15 de junio de 2010

¡GLORIA!

Todas las tardes –bueno, casi todas-, mi abuela me daba la canasta y los centavos correspondientes para que fuera a comprar el maíz para las gallinas, ya de paso me encargaba las galletas “betumadas” (Como decía Luis Castillo), a veces petróleo para el candil y un sobre de café “El Marino”, o lo que se ofreciera…

Era una aventura caminar las siete o nueve casas que separaban a la tienda de mi madrina Chepina de la casa de mi abuela, y aunque antes de cruzar la calle estaba la tienda de doña Pifas, la consigna era llevar el mandado de con mi madrina, porque era la comadre.

Debo aclarar –para los que no son de Chametla y me hacen el favor de leerme-, que enfrente de la tienda de mi madrina está la casa de Hortensia, un caserón enorme de esos de antes con su pórtico inmenso como para entrar con todo y carreta, una vez adentro; hay corredores a un lado y otro, techados por supuesto de madera y tejas, con una barda llena de macetones con plantas de todo tipo incluyendo los helechos tan típicos de las casonas con aroma antiguo que todavía hay en Chametla, era y es una casa que me fascina con las paredes de adobe, gruesas, sus habitaciones subsecuentes y sus enormes corrales, sus poltronas desperdigadas por los corredores y alguna hamaca. Por fuera parecerían tres casas juntas con sus ventanales de piso a techo con mosquiteros y rejas de acero, altas y por lo mismo frescas, todavía me significa un verdadero placer entrar a la casa de Hortensia y/o de mi madrina Chepina aunque ésta última continúa en constante deterioro.

Justo antes de pisar el primero de los dos escalones que había en la banqueta de la tienda, oía el consabido “¡ssssssshhhhht!” y aunque era consabido a veces me tomaba por sorpresa; era Gloria que me saludaba agitando las manos como colegiala desde la ventana de su habitación, despertaba en mi la ternura al verla asomada tras las rejas, agarrada de los barrotes como princesa prisionera, con su mirada inocente, su tierna sonrisa y su apariencia virginal, entonces cruzaba la calle –cuidando de que mi abuela no me viera perder el tiempo-, y me acercaba a su banqueta y sosteníamos una breve conversación, a veces versaba sobre la familia, el mandado o cualquier simpleza, el caso era la convivencia, siempre me iba de ahí con un sonrisa y animado, porque la mujer amiga de siempre me preguntaba que si éramos novios, y yo afirmaba, feliz de hacerla feliz.

Me desparecí algunos años del mapa Chametleco y en mis en eventuales visitas la vi, con el ánimo de siempre en la misa dominical o en su ventana por las tardes y hasta ahí llegaba a saludarla, últimamente la vi trabajando -por hobby pues no tenía necesidad-, y creo que incluso en los negocios familiares como auxiliar de oficina allá en Escuinapa, me llenaba de orgullo saludarla, por el aprecio tan grande que le tuve, el cariño de paisano y de cuates de toda la vida que nos profesamos.

Después, hace mas de un año que regresé para quedarme por estos rumbos en mi pueblo imaginario, pasados unos meses me enteré de la noticia fatal, me habló mi prima para decirme que mi “novia” había muerto.

Luego de una larga enfermedad que fue acabando con su robustez y su buen humor hasta dejarla en los huesos; se fue mi querida Gloria, mi amiga de siempre…

Estoy seguro de que tuvo muchos novios porque tenía un gran corazón y fácil de enamorarse, sé que no fui el único que se acercó a su balcón ni al único que le prometió amor para siempre, pero sé ciegamente que fui para ella alguien especial.

Es que para mí, Gloria Raygoza fue especial, y la ternura de nuestras conversaciones me enseñó entre otras cosas a conocer al niño que vive en mi, a ese; al inocente y maravillado de la vida, al que se sorprende y se ilusiona, al que aprendió de Gloria que todos somos iguales sin que importe que tanto se es en la vida, aprendí a escuchar a todos, incluso a quienes nadie escucha, aprendí a amar a mi prójimo con o sin defectos, aprendí el valor de una amistad sin pretensiones…

Por eso cuando asistí a su velorio me aproximé a su féretro para darle un último adiós, la vi ahí; tan inocente como toda la vida, como sumida en un hermoso sueño, la vi como en si misma, vestida con una túnica blanca y un manto azul cubriendo su cabeza, con las manos juntas y los dedos entrelazados; me remitió de inmediato a la imagen virginal de su condición humana, y así es como se fue; virgen como llegó al mundo, despedida por quienes le quisimos con conversaciones de sus tiempos mozos y aventuras de niñas de sus hermanas y quienes le rodearon, se fue, y con toda seguridad a la gloria, porque no pudo existir otro lugar para ella en el mas allá, es más; afirmo categóricamente que se quedó en si misma, porque ella era la Gloria…

EL LICHI

¡Ah que loco estaba el Lichi! ¡Y como me caía bien! Es que despertaba en mi, mucha ternura, porque he conocido borrachos que abusan sexualmente de sus propias hijas, que golpean a su esposas y que aborrecen a sus hijos, pero no conocí a otro como el Lichi, es que el Lichi era especial, entretenido, juguetón, dicharachero y “saurino” (esa palabra no existe en el diccionario, pero mi abuela la usaba para referirse a los adivinos, profetas o entes similares…), yo sabía de él, lo que él mismo me contaba a la pasada por la casa de mi abuela, cuando llegaba a pedir un taco, no le hace que fuera “con pura carne” –decía-, y ahí se entretenía conversando largamente, casi siempre cuando iba con rumbo al centro -por decirlo así-, de Chametla o parriba como se dice allá, y cuando regresaba pabajo a dormir, y siempre con el litro de vino de ese que es más alcohol que otra cosa, del de a diez pesos.

Por eso supe que en las noches cuando se le hacía tarde era porque se había escondido en cualquier esquina para que no lo atropellara la carreta de la muerte, ni lo mordieran los perros que la perseguían, cuando casi nos dormíamos lo escuchábamos saludarnos desde la banqueta; Adiós Madía Badón, adiós a todos, desde adentro contestábamos a su saludo y nos sentíamos mas tranquilos porque lo sabíamos de vuelta a su colchón. Oíamos sus predicciones conforme avanzaba diciendo que al otro día habría muerto porque había pasado la dichosa carreta de la muerte, y seguía platicando con nosotros hasta que su voz se convertía en un leve murmullo, y en efecto; al otro día había un muerto… el cuero se me ponía chinito.

Me dijo que dormía en “pudo espin”, y hacía señales de rebote con la mano yo reía de imaginarlo en un colchón, pensando que a eso se refería, pero él hablaba de los resortes, de los alambres con los que a veces se cortaba al darse vuelta porque nomás tenía una cobija y la usaba para taparse, nunca supe si dormía bajo techo o algún árbol, solo supe que vivía por allá del lado del estadio, me platicó que casi todos los días cuando regresaba tarde era porque había visto a fulana caminando por los alambres de la luz o a mengana volando en su escoba, y yo me asustaba, porque conocía a ambas, me asustaba especialmente cuando me decía que alguna se había caído y por pura méndiga casualidad amanecía con la mano entablillada o las rodillas raspadas, ¡Santo cielo!

El Lichi era del Apoderado y pariente de mi abuela María barrón, por eso se portaba conmiserativa con él y yo le tenía aprecio por su conversación tan descabellada y seria, lo mismo que divertida y sabia, tampoco pude compartir su últimos días, mi trabajo lejos me prohibió despedirme de muchos amigos entrañables, pero allá donde estaba de gira o en alguna filmación, me llegaban las noticias de mi gente de Chametla, y así me enteré de su partida, por supuesto, me dolió, porque borrachos como él he conocido pocos y hasta pienso que si todos fueran como él, hasta yo fuera alcohólico, pero por Dios que como él no los hay, y me da pánico serlo, son muy pocos los amables, sin rencores y graciosos, son contados los simpáticos cuenteros y agradables, de esos era él, de los buenos y nada latoso, ahora cuando visito Chametla y lo extraño, no puedo evitar sonreír ante sus ocurrencias y su buen humor ante la desgracia que él mismo se provocó por su alcoholismo, dentro de la cual –supongo-, era feliz, o no le quedó de otra mas que fingir que lo era…

Se murió el Lichi y lo extraño cuando visito la calle que lo vio caminar y respiro el aire que respiró cuando vivía, recorro su ruta y respiro el aire de Chametla con la nostalgia atravesando mi pecho y sonrío, porque mi querido Lichi dejó su esencia y no lo olvido, porque no es fácil olvidar a quien se aprecia, y en verdad que lo quise mucho, por loco y porque era de esos borrachos que no hacían daño, era especial, era de los buenos…

sábado, 29 de mayo de 2010

.DE CÓMO NACIO CHIAMETLAN



La leyenda dice que; mucho antes de que nacieran muchos Dioses, a la región sur del estado de Sinaloa que comprende las márgenes del río que hoy conocemos como el “río baluarte”, llego una tribu de totorames que –posiblemente- eran una degeneración de las razas del norte del Estado, o del Estado norteño de Sonora, existe la posibilidad de que las tribus de Yaquis se hayan mezclado con las de Coras nayaritas, lo que dio origen a una civilización que fue a ubicarse justo en el sitio al que dieron por nombre; Chiametlan.

Dice el mito que un día, en el que luego de una larga caminata, un jovenzuelo de nombre xolotl reposaba sobre una enorme roca y a la sombra de un “uvo”, tras la ingestión de un preparado a base de tecomate al que ellos llamaban “duérmete niño”, por el efecto de relajación que causaba; como en éxtasis escucho la voz de un Dios que decía; “Escuchadme Xolotl, hijo mío en quien tanto confío, has de conducir a la tribu a un lugar sobre las playas del río, ahí encontraras una señal, cuando la hayas reconocido, será que llego el momento de fundar un nuevo imperio...” al despertar, el joven contó a los mayores y a los sacerdotes que viajaban con el, lo que había soñado, y le creyeron... porque era un joven respetable y siempre había luchado por el bien de la tribu, fue entonces que decidieron marchar en busca de la señal esperada, no tuvieron que atravesar enormes desiertos porque ya lo habían hecho desde Sonora, ni tuvieron que durar cientos de años, pues ya habían pasado desde que nacieron como seres sociales, ni esperaban encontrar un águila o alguna serpiente, ni signos en el suelo, ni que les cayera comida del cielo,... ya todo estaba dicho y hecho, la señal seria clara; Pues dice la leyenda; que aquel joven caminaba al frente, con una enorme beca sobre su cabeza, como era costumbre en los grandes personajes de esa época,.. ellos usaban esa especie de Chía que les confería un estatus de superioridad y casi divino, razón por la que eran obedecidos y respetados como jefes y sacerdotes de gran envergadura, y el, se había ganado ese grado, se dice entonces; que caminaban por las playas del río con dirección a las inmensas playas vírgenes de la costa marítima, cuando Xolotl se sintió agredido y asaltado, al grado de perder su chia a garras de un ave, puesto que le fue arrebatado por un enorme chivicoyo que les sobrevolaba... así, a secas, eso no podía ser tomado como la señal que esperaban, de no ser porque al ir tras el, por ordenes del líder, un niño la encontró tirada sobre una planta que en la actualidad se conoce como salvia, y a los pies de un cedro, ahí se sentaron a descansar tras la fatigosa persecución, y ahí, el hombre de la chia que la había recuperado justo sobre aquella planta de la que sacaban la semilla a la que daban precisamente el mismo nombre, -pues tenían ellos, costumbre de preparar un brebaje a base de las semillas de esa planta-, esas semillas eran conocidas como chia, que acostumbraban mezclar con miel y jugo de frutas agrias para refrescarse, por eso fue que decidió asentarse en ese lugar al que en honor a tal acontecimiento y a tales razones dieron por nombre; Chiametlan, que significa lugar de chias.

Luis castillo, el dragón rojo y los ojos orientales…

Luis era una tía muy divertida…

Bueno, para los que no captan todavía; Luis era un amigo de la infancia de mi madre, jugaban a las cazuelitas y las muñecas y él decidió que sería mujer cuando fuera grande.

Siempre me trató con deferencia y me hizo reír ante el disfrute de nuestras conversaciones, me juró ser mi tía para siempre por el cariño que se tenían el y mi madre. En una de las últimas pláticas por ejemplo; me habló de su pareja en ese entonces, éste era un hombre que poseía un bar en la “zona de tolerancia” de Mazatlán, llamado “El Dragón Rojo”, por cierto, en esos días su pareja estaba preparándose para una cirugía plástica mas, y a modo de guasa me dijo que ya parecía china de tanto jalarse la cara y ambos reímos divertidos por la ocurrencia, era verdad; los ojos de su pareja tenían apariencia de oriental.

El “dragón rojo” era como el castillo de la reina en donde la reina era mi “tía” Luis Castillo.

Cuando yo era niño y lo veía maquillado y tan despampanante, con lentejuelas, plumas y chaquiras, estolas, flores y blusas coloridas, me remitía a las películas de bailarinas exóticas y me reía hasta desternillarme por sus ocurrencias durante los carnavales inexistentes en Chametla, en los que se montaba en los remolques o en la trompa de los tractores aunque se quemara las nalgas, pero para lucir mas y sin perder la sonrisa, en los que recorría la calle principal agitando con parsimonia su mano en la que envolvía besos que arrojaba con simpatía a los parroquianos que en medio de risas y chacoteos atrapaban en el aire para colocárselos en donde les venía en gana.

Luego, nos fuimos; ella a hacer su vida al puerto y yo la mía a la capital, duré mucho sin saber de ella y cuando volví; la vi otra vez, cansada y vieja, visitando a mi madre su antigua amiga, su amiga de siempre, en donde me recalcó que era mi tía aunque me diera vergüenza, a lo que aclaré que nunca me daría vergüenza su “tialdad”, porque le tenía un aprecio desmedido por el solo hecho de apreciarme como apreció a mis hijos cuando los conoció, a mi madre a pesar de los años y a mi, a pesar de la distancia.

En sus ultimas visitas me insistió a que le visitara -“Claro; con el permiso de tu mujer y dile que no se preocupe, que estas en buenas manos”-, prometió presentarme a las dos mejores “muchachas” del “Dragón Rojo”, ¡ah! Y las bebidas corrían por cuenta de la casa, prometí que si; que iría un día cualquiera, uno de esos…

Pero no; nunca fui, no soy adepto a los centros nocturnos, no más, aunque pude hacerlo para darle gusto. Y nunca fui.

Estaba radicando en Guanajuato cundo mi madre me dio la noticia; Luis Castillo estaba muerto, por cuestiones de trabajo no estuve presente en su adiós definitivo, pero supe que de Mazatlán –directo desde “El Dragón Rojo”-, llegó a Chametla un camión repleto de travestis, algarabía y colores, de festividad gracia y afecto, sensibilidad, cariño sin condiciones y fraternidad, un camión de amigos para despedirse, para llorar sinceramente, para reír ante el recuerdo y llorar ante el adiós.

Me dolió, si; me dolió, tal vez sea por eso, por lo que cuando paso frente al “dragón rojo” y lo veo casi abandonado, supongo que sigue en funciones y revive de noche pero no lo sé, lo que sé, es que cuando voy a Mazatlán y paso por ahí, irrumpe en mi la nostalgia, la tristeza de no haber tomado una copa en su castillo, en el de la reina Luis, mi “tía” Luis Castillo.

CHAMETLECA II

Las cosas siempre a tu favor;
el clima, la noche, las estrellas,
el farol rojo de la casa de Hortensia,
la música allá en el baldío
en la fiesta de san Pedro.

Nada hay que perturbe
tu sensualidad de Diosa
tu fragilidad de nardo
y tu mirada celeste.

El silencio se agita
a causa de esta dicha
provocando un desliz;
entonces tu cuerpo, con tanto a tu favor
se cae al ser tocado por la música
e irremediablemente se hace añicos
como simple cistal…

viernes, 21 de mayo de 2010

CHONITA

Me contaba cuentos de encantamientos y encantados, de misterio y misteriosos, ella en si, era un misterio y me encantaba…

De apariencia pequeña y frágil, y mirada inquisitiva y profunda, así era la señorita Chonita Sarabia, eso –lo de señorita-, lo tuve siempre bien claro, porque así lo quiso ella, pues ante todo estaba la dignidad, ella era bienvenida casi a diario y a la hora que fuera a la casa de mi abuela allá en Chametla, me gustaba escuchar sus charlas tan de antiguas, de creencias en mitos y casi inverosímiles, sus conversaciones a veces giraban en torno a “Porfirio Cadenas “el ojo de vidrio” o “Kalimán”, que eran las radionovelas favoritas de mi abuela, también se hablaba del difunto del día, o de la que se fue con el gañan, o del que se cayó por asomarse…

Vestía enaguas hasta el tobillo, rebozo oscuro cruzado al cuello y un rosario en sus manos de vez en cuando, a la usanza de antes, con enormes arracadas de oro, trenzas en su largo pelo cano, huaraches de correas o zapatillas de tela de esas muy cómodas, una canasta para el mandado… y una verruga en la nariz.

Vivía por la calle del cerro, la de atrás del templo, en una casita chiquita y bonita, de ladrillo y palma, sola con su alma y la soledad, pero la soledad le volvió temerosa, hubo un tiempo en el que padeció un ligero delirio de persecución.

Me dijo que se sentía espiada y acosada; en las tardes cuando recalaba a su casa, si alguien caminaba tras ella, aseguraba que iba en su pos, y si alguien por alguna razón reía, ella aseguraba que era de ella, no cabe duda, la soledad fue una mala consejera…

Batallando la convencimos entre el padre Quiroz -a quien ella sabía un buen amigo-, y yo, de que todo estaba bien; de que el mundo no giraba en derredor suyo, que no se preocupara, que siguiera su vida. Y no supe si fue por callarnos la boca que fingió hacernos caso o realmente creyó en nosotros y se olvidó de esas cosas.

Pasados los años cayó enferma, yo estaba lejos y nunca supe, nadie me dijo, no la visité ni antes ni durante su enfermedad, no asistí a su velorio ni mucho menos a su sepelio, porque nunca supe, nadie me dijo…

Fue triste saber después los pormenores; la verruga en la nariz era indicio de cáncer que a nadie llamó la atención pero que demasiado tarde comprendieron, cuentan que se expandió por su rostro descarnándola casi por completo, eso me dicen; yo nunca supe si fue verdad. Como sea, me resultó pesaroso enterarme, no averigüé mas, no tenía caso, pero sigo con la curiosidad de saber si murió tranquila, de saber que no sufrió. Vivió sola, lo sé, y dudo que la hayan abandonado, lo que si es probable es que no se detectara a tiempo su enfermedad si es que la padeció, y me consuela el saber que su familia –que es la mía-, y es una familia virtuosa en ciertos aspectos, y vive siempre en comunión, estuvo al pendiente de ella, eso no me aflige, me aflige pensar que sufrió, ojalá supiera que su muerte fue dulce y tranquila, que no le hizo mas daño la soledad, que no murió perseguida por sus espíritus o sus imaginarios acosadores, que el hecho de no haber conocido hombre alguno no le provocó infelicidad, en fin; que murió en paz.

Quiero creer que Chonita la que me regañaba por tonterías, la que me divertía con sus críticas a los personajes de la radio, la que me contaba cuentos, la que me envolvía en sus fantasías, (¡la de esa maldita verruga en la nariz!) murió tranquila, porque no la vi antes de morir y no pude decirle hasta luego con la mirada, porque para esas cosas nunca tengo palabras, pero me queda su recuerdo ese que la mantiene viva hasta que yo muera, porque así ocurre siempre, y esta no es una excepción; ella va a morir para mi, hasta que yo la olvide.

sábado, 1 de mayo de 2010

RECUERDOS




De aquellos días recuerdo;
un río profundo,
mucho sol, arena
y las playas eternas de Chametla.

De aquellos días recuerdo;
jardines perennes
cocotales, guayabas
y el mundo sin fin de Chametla.

De aquellos días recuerdo;
un mar omnipotente
un sol radiante, aroma de papayas
y una ausencia distante de Chametla.

De aquellos días recuerdo;
que fui un animal lleno de vida
que gocé a plenitud el mundo
con su río profundo
con arena y mares
con guayabas, cocotales y papayas
y el sol tibio, el sol tibio de mi Chametla…

martes, 13 de abril de 2010

NORBERTO HERRERA

De carácter fuerte y agresivo, el terror de la “secun” lo llamaban, pero muchos de los que entonces éramos sus alumnos estamos agradecidos y comprendemos claramente su proceder, y es que es verdad, Norberto era muy exigente, y aunque ninguno de nosotros –hasta donde sé-, se dedicó a la música, si nos sirvió bastante lo aprendido bajo su dirección, a mi me sirvió incluso para representar con nitidez el papel de cantante en una serie de televisión, incluso participé en un concurso de canto, sin pena ni gloria por supuesto, pero de no ser por él, hubiera sido con mas pena que otra cosa, pero en la vida cotidiana siempre es bueno ser entonado, así es que yo por mi parte, -aunque no entono ni el “do” por lo redondo-, tengo mucho que agradecer al profe Norberto…

Cuando trato de ser estricto en la educación de mis hijos lo recuerdo con gusto, pues se que a veces es necesario ser enérgico como lo era él, a pesar de que conmigo siempre hubo una relación mas de amistad que de maestro a alumno, siempre conversábamos antes de la clase, quizá porque teníamos parientes en común o porque le caía bien, o porque tal vez era mas condescendiente que los demás, por lo que haya sido, Norberto me dejó una enorme enseñanza. Y quiero honrar su recuerdo a través de estas letras.

No sé si antes hubo un director de orquesta, pero la primera banda de música que yo recuerdo en Chametla estaba bajo su batuta, me fascinaba oír los tambores y los clarinetes siguiendo su compás, me gustaba observar a los señores atentos a sus movimientos y cuidadosos de no entorpecer la melodía por no desatar su ira, era maravilloso ver que un hombre tuviera la magia de fabricar sonidos tan agradables, ver como del aire surgían melodías tan llena de encanto. El arte que producían sus músicos con los viejos instrumentos y el sonido que invadía los rincones no solo de Chametla sino del alma de los enamorados y los nostálgicos o los alegres y los apesadumbrados…

Ni duda cabe. Chametla ha sido cuna de gente con mucho talento, a la que he admirado y con la que he tenido la fortuna de convivir y que por lo mismo han sido parte importante de mi historia.

Dicen que las cosas pasan como tienen que pasar y porque tienen que ser, eso es sabiduría popular, acertada, muy acertada por cierto, pues sé que si las cosas en mi vida hubieran sido distintas no sería quien soy, aunque no soy mucho, soy algo y eso se lo debo a gente como las que he mencionado en este pequeño blog y que trataré de recordar a lo largo de mi vida, y sobre todo; emular para seguir tratando de ser un mejor ser humano.

¡Gracias profe Norberto Herrera, muchas gracias!

lunes, 8 de marzo de 2010

JUAN EL CARPINTERO

Juan Murillo se convirtió en mi instructor de carpintería en la escuela Benito Juárez de Chametla -mi querido Chametla-, a la muerte del profe Gil, cuyo trágico desenlace llenó de luto la vida estudiantil en esos días.

A Juan Murillo lo admiré desde el primer día. En el taller de carpintería le escuché uno que otro chiste de esos verdecitos, porque muy subidos de color no eran posibles, pero nos hacia agradable la hora o las dos de su clase, lo admiré desde ese entonces, quise emularlo todo el tiempo y estar alguna vez a su nivel, mientras tanto hube de conformarme con ser su aprendiz y pasar con buenas calificaciones su clase, por desgracia no tuve nunca el dinero suficiente para conseguir madera y fabricar un buen mueble, me conformé con un simple par de tristes ménsulas…

Con el paso del tiempo me fui a hacer mi carrera de actor y obtuve muchos éxitos y premios por mis éxitos, giras al extranjero y presentaciones en teatros, conferencias y programas de todo tipo, me sentí crecer y cada vez que regresaba a Chametla esperaba encontrarme con Juan Murillo para sentirme a su altura y me sentí…

Hay un momento de la vida en que la gente se estaciona en una edad determinada y no crece ni envejece, ahí fue donde lo alcancé, yo convertido en adulto, Juan, como lo recordaba siempre, ambos; frente a frente contando chistes, conviviendo, departiendo…

A mediados de los noventas tuve el honor de montar un espectáculo sobre tradiciones indígenas para celebrar el primer festival conmemorativo de la fundación de Chametla, y tuve la necesidad de una escenografía, entonces me mandaron con él para ponernos de acuerdo, mi corazón saltó de alegría, ya estábamos trabajando juntos! En un mismo nivel, era grandioso! Juan Murillo y yo inmiscuidos en un proyecto mío! Juntos envueltos en una misma causa, era un placer para mi!

Desde entonces he sido parte del festival de aniversario de la fundación de mi amado Chametla, Juan lo fue los primeros años, y estoy seguro que de vivir, sería parte importante en su organización y seguramente trabajaríamos juntos, por el placer de hacerlo, como ha sido siempre para gente como él o como yo, o los demás que forman parte de este proyecto.

Juan Murillo ya no está mas entre nosotros, pero sé que su espíritu permanece aquí orgulloso, satisfecho de lo que hacemos los que le sobrevivimos y contento porque sabe que le recordamos con afecto, pues el año pasado recibió un homenaje a su memoria y un aplauso que seguramente se escuchó hasta el lugar donde ahora mora y desde el cual nos ve contento y nos echa porras, y se que es así, porque yo lo admiro todavía por su humor y su empuje y porque pude ponerme a su altura y un día no muy lejano lo veré de nuevo pero a otros niveles, más altos, mas gloriosos y entonces podré escuchar de su boca un chiste más.

Gracias Juan Murillo por haber existido y tener que ver con mi existencia…!

ERA UNA VEZ UN ÁNGEL CON LAS ALAS MANCHADAS DE HOLLÍN.

Hace mucho, muchísimo tiempo cuando los querubines todavía jugaban a salpicarse con las aguas de la fuente que los totorames habían hecho en el centro de Chiametlán aprovechando los manantiales que bajaban del cerro, y cuando los ángeles preferían nadar en el lago de los lagartos en el vecino Botaira, hubo un ángel con los ojos color de mar y la piel alba como las mañanas de diciembre que desde su mas tierna infancia, mostró una inteligencia y una simpatía inusual, tantas, que Arcángel prontamente le dio su independencia y lo mandó a vivir a una nube azul clarita cubierta de rocío, de rayos de sol dorado y enmarcada por un arco de siete colores, ahí Ángel era muy feliz.

Pasó el tiempo y en la tierra las cosas empezaron a ser distintas; los humanos tenían que progresar, había que estar a la vanguardia aunque hubiera que destruir la capa de Ozono y la polución en el invierno se agravara y no se pudiera respirar tranquilamente, si; todo era distinto allá abajo, a nadie le importaba quien pudiera estar viviendo en el cielo, en alguna nube.

El caso es que la basura quemada, el humo de los vehículos, las chimeneas de las fábricas y mil cosas mas, dejaron la nube del pobre Ángel de un color gris triste, ya no reflejaba los rayos que atraían al arco iris porque el rocío se volvió hollín, ahora su cara –otrora de caracteres nórdicos-, parecía la de un apache dispuesto a hacer la guerra.

Ángel ahora se aburre, no tiene a quien cuidar porque Juan está todo el día sentado frente a su Macintosh, no hay peligro de que se caiga…

Tampoco puede volar por Chametla, no faltará algún travieso que le apunte con la resortera, mucho menos bajar a la fuente pues ya no existe, y aunque casi se acostumbra a eso, todavía le duele, pero lo que le destroza el espíritu, es ver sus alas manchadas de hollín, eso si le hace llorar continuamente.

Un día se levantó temprano decidido a protestar; extendió sus alas pegajosas y voló con rumbo al sol, la contaminación no le permitió ver con claridad y se dio cuenta de su error cuando se estrelló contra un reflector, aleteó en el vacío y se sobó la frente pero no perdió la intención y se lanzó cielo arriba nuevamente. Minutos mas tarde casi choca contra un avión, por fin atravesó la estratósfera y pudo navegar al infinito tranquilamente con dirección al sol.

Y así se fue perdiendo en la intensidad de su luz…

Pasaron los días y Ángel no volvió.

Después se supo:
Resulta que Arcángel se indignó porque en la tierra ya no hay ángeles, todos renegaron y se fueron yendo poco a poco, por eso cuando llegó Ángel el de las alas manchadas de hollín y vio un mundo azul con nubes blancas y lunas nuevas, con arroyos cantarines y jardines esplendorosos con aves de todos colores y un sol lleno de luz, no lo pensó dos veces, ni protestó siquiera, simplemente se instaló en una nube a descansar, luego se dio un baño y su rostro volvió a ser el mismo, y no es que no la haya importado dejar de ser el Ángel de la guardia de Juanito, a Juanito nunca le importó su Ángel, ni a nadie, ahora en la tierra no les importan los ángeles por eso ya no hay…

jueves, 18 de febrero de 2010

EL GIGANTE SE DERRUMBÓ


Cuando Botaira nació ya existía la ceiba, la gente se asentó bajo su sombra para formar la pequeña población, empezaron a usar el capoc para rellenar las almohadas, y disfrutar bajo su cerrazón largas charlas en tanto los menores jugaban alrededor de su tronco.

Muchas historias de pasión se escribieron bajo su manto, trágicas y sórdidas traiciones se fraguaron en su clandestinidad, innumerables aventuras se contaron entre sus tinieblas…

Fue testigo de decenas de ahorcamientos entre sus ramas, fue mudo espectador de mítines gubernamentales, de emperifolladas inauguraciones, de ciclones y tormentas, de inundaciones y sequías; la ceiba fue un silencioso testigo de infinidad de historias…

Pasado el tiempo, en la centenaria ceiba se dieron cita los jóvenes en las tardes soleadas para organizar juegos de pelota, señoras emprendedoras servían raspados a los jugadores, y el lugar se convirtió en el centro de diversión por excelencia, ahí bajo su manto, se construyó una terraza con resbaladillas y columpios, y era la parada obligada de los “tropicales” –como llamábamos a los camiones de pasajeros de tabla y lona de don Quirino-, fue testigo junto con las ceibas de la virgen y la de las garzas –la que está allá en el patio de don Modesto-, de la historia de mi pueblo querido…

Pero esta mañana, luego de la tormenta, sus cansadas raíces se dieron por vencidas, y se soltaron de la tierra que le vio nacer, repentinamente sus enormes ramas se inclinaron parsimoniosamente para caer atravesadas sobre la calle, la oscuridad se acentuó en los hogares del barrio de la cornucopia, el cielo encapotado de un gris oscuro, emitió un alarido prolongado y tétrico y fue cuando nos dimos cuenta; el enorme árbol se rindió tras años de permanencia como centinela a la entrada del pueblo, el gigante se derrumbó súbitamente, la ceiba había muerto.

Centenas de personas se dieron cita para dar el último adiós al gigante del capoc o del pochote, su sombra ya no alegrará los soleados días de Botaira, centenas de gentes se arremolinaron ante el voluminoso tronco del histórico árbol para despedirse de aquel gigantesco testigo de tantas peripecias de los lugareños, lágrimas de dolor se asomaron a los ojos de los mas viejos, comentarios de tristeza flotaban en la atmósfera húmeda y fría de aquella mañana de febrero en Botaira; impotentes ante aquella enorme naturaleza muerta incapaces ante aquel cadáver verde y espinoso: Botaira está de luto, hora tras hora, la gente se da cita ante sus raíces para despedirse de la ceiba centenaria, porque la ceiba ya no existe mas, porque el gigante se derrumbó…