jueves, 19 de noviembre de 2009

EL PADRE QUIROZ


La última vez que lo vi, fue para decirle adiós, pero recordamos historias viejas y me pidió que recordáramos juntos las canciones de Chametla, y las entonamos juntos…

Una de aquellas historias nos ocurrió el día de la cruz –un tres de mayo-, de un año de aquellos, de cuando yo era su monaguillo: llegamos oscureciendo a la capilla de san Pedro en Chametla justamente, cuando abrió la puerta del costado izquierdo para entrar por ahí, porque yo tontamente olvidé las lleves de la sacristía….

Justo al abrir, un fuerte aire se introdujo intempestivo, la veladora que estaba encendida a un costado del altar, y que según el padre me explicó, significa la presencia de Cristo, se apagó de pronto; el padre recitó una oración y se santiguó alarmado, aunque no quiso asustarme, me di cuenta de su inquietud, pero confié en él.

Entonces nos aproximamos a través de las bancas hacia la puerta a un costado del ambón, pero increíblemente las bancas nos cerraron el paso, sentí un retortijón en el estómago y las piernas se me aflojaron, pero el padre no dijo nada, yo intentaba buscar su mirada para escuchar sus palabras tranquilizadoras, pero el no era de esos, aunque a su modo me demostrara su cariño, no tenía tacto para decir las cosas, así es que era mucho lo que esperaba de él…

La cosa se puso peliaguda cuando hicimos las bancas a un lado para seguir nuestro camino, yo cargaba entonces una mesita que usamos para la misa en la capilla de la cruz, él en sus manos traía –¡gracias a Dios!-, el agua bendita, el misal y otros enseres., inesperadamente, la inmensa puerta se agitó con fuerza y se estrelló en su quicio, ambos volteamos visiblemente alterados para ver que era lo que ocurría, nuestras miradas se encontraron interrogantes y temerosas, sin embargo el era el valiente, y tenía que darme valor y seguridad, entonces empezó a rezar en latín y repetir textos impronunciables para mi, fue cuando me di cuenta de que la cosa era en serio, porque el padre era de pocas pulgas y cuando yo esperaba que gritara a alguien afuera que nos estaba jugando alguna broma, él se puso con su rostro extrañamente lívido, a rezar con la mayor seriedad, ahí fue cuando una vez mas el estómago, se me agitó lleno de pavor y no supe que hacer, junté las piernas y las rodillas se me doblaron, arrojé la mesita y caí como en éxtasis mirando con cara de angustia al padre que arrojaba agua por todos los rincones y me miraba con cara de “Levántate, cobarde” entonces hice el intento y saqué fuerzas de flaqueza para caminar a su lado pero he ahí el acabose: cuando al dar la espalda al altar, oí el gemido mas lastimero y tenebroso que mis oídos habían imaginado jamás…

Yo pensaba en la vela apagada y sabía que si Cristo no estaba ahí, ¿entonces?...

Un quejido seguido por otro que trasmitían una angustia y un dolor indescifrable unas gotas de sudor que bajaban por nuestros cuerpos temblorosos, un miedo de locos que nos envolvió inevitablemente, agua bendita por allá, rezos en lenguas raras, sonidos alterados, bancas que se estrellaban unas contra otras, aire de tornado dentro del templo.
Eentonces optamos por retroceder; salimos en silencio, nos sentamos afuera sin decir palabra y cuando la euforia pasó el padre trató de explicarme de mil maneras lo ocurrido, -estoy seguro que ni siquiera el sabía que había pasado-, me dijo que en los templos se daba misa de cuerpo presente a los difuntos y en virtud de que era el ultimo lugar que visitaban antes de ser sepultados, volvía ahí, cuando tenían algún pendiente en la tierra…

Yo sé que eso lo dijo por darme una explicación, ante lo increíble, en realidad no había mucho que decir, era algo que compartimos y que no era necesario entender, decidimos guardar las cosas a la mañana siguiente y así nos despedimos, yo salí a la calle en donde la vida seguía su curso normalmente, nunca le pregunté donde durmió o como entró, preferí no recordar lo ocurrido, hasta esa vez, antes de su muerte, ahí en su lecho del segundo piso del templo del “Sagrado corazón” en el pueblo del Pozole, donde fue sepultado días después de esa conversación y en donde en recuerdo a esos días compartidos, velé su cuerpo sin vida en aquel templo, la noche entera de su adiós definitivo, acompañado solamente por mi amiga Armida y Yolanda, mi amada Yolanda…

Lo que dijo HELIODORO DÍAZ en "El Universal"


...EL UNICO ESPACIO RECONFORTANTE ES HACIA EL SEGUNDO ACTO, CUANDO APARECE EN ESCENA NACHO (FERNANDO BARRAZA), QUIEN CON VERDADERA AGILIDAD LOGRA DIVERTIR A LOS ESPECTADORES EN UN ÁGIL DISCURSO AL ESTILO DE LAS CARPAS DE ANTAÑO O LOS INGREDIENTES DEL "BLANQUITA", DONDE MORCILLAS Y RÉPLICAS DEL PÚBLICO NO SE DEJAN ESPERAR FLUYENDO CON AGILIDAD ADMIRABLE. PASADO ESTE EUFÓRICO MOMENTO, LA OBRA VUELVE A SUMIRSE EN UN..."

lo que dijo maru paez en el "ESTO"


"MENCION APARTE MERECE FERNANDO BARRAZA -nacho- QUIEN DEFINITIVAMENTE LOGRA ECHARSE AL PÚBLICO A LA BOLSA MEDIANTE SU SIMPÁTICA CARACTERIZACION..."

jueves, 5 de noviembre de 2009

En los días de "BRACEROS"


CINE MEXICANO HICE POCO...

con ALESSANDRA LORETTO

martes, 27 de octubre de 2009

CHAMETLECA

Su pelo ondeaba al viento
al compás de su paso virgen
dulce y pura bajo el inclemente sol,
llena de gracia, siempre sonriendo
agitando sus caderas danzarinas,
pura y dulce perlada de sudor…

Llena de gracia caminaba sola
su cuerpo al viento ondeaba,
danzante agitaba sus caderas,
ardiente por el sol de Chametla
dulce y pura como virgen era
recatada, tierna y cálida como un sol

!TINGO HA MUERTO; QUE VIVA TINGO!

El sol se ocultaba temeroso, como si tuviera pena de ver la vergüenza del pueblo, como si no comprendiera que había llegado el momento del ocaso, como si de pronto se resistiera a ceder su lugar a la luna, esa luna que llegaría en instantes, misteriosa y silenciosa, triste y cabizbaja…
Así fue como la luna encontró al sol, pensativo y temeroso, le vio partir y se dio cuenta de que aquel adiós amargo, como si por primera vez se sintiera desplazado por la noche. Pareció como si mirara una vez más el espectro del caserío, antes de ocultarse por completo.
La noche llegó cansada mas negra que siempre, no traía consigo estrellas, solo aquella luna pequeña y seca... no era una noche común: era una noche ajena, distante, negra y solitaria, llegó como la primera vez: lenta y silenciosa, cargada de tristeza, doliéndole el tiempo…
Allá abajo, los perros ahogaban sus ladridos y los corrales guardaron silencio, todo, casi todo estaba silencio.
Al fondo de la calle se alcanzaba a ver la casa de Agapito, se veía negra ´por lo oscuro de la noche y sobre aquel fondo negro se dibujaba un cuadro de luz; era una pequeña ventana en la que se entrecortaban siluetas de luto.
Desde lejos se sentía el aroma del café y del vino, se alcanzaba a ver el olor a flores: a difunto.
Adentro los dolientes se tragaban en silencio un llanto absurdo, arrepentido, comiéndose el dolor, mordiéndose las lagrimas. Sus miradas eran frías, inexpresivas, duras como piedra.
En el centro de la pequeña habitación -sobre una mesa vieja-, estaba tirado el cadáver de Tingo, cubierto por una sabana amarillenta y rota.
Le pusieron el pantalón azul, el que le regaló María barrón, jamás en la vida se lo puso, “uno nunca sabe” –decía-, y es que lo quería para alguna ocasión especial.
En la pared de enfrente de la puerta había un crucifijo de madera y una imagen del sagrado corazón, en la cara del muerto –a pesar de la palidez y los huesos saltados-, se dibujaban una tranquilidad y una serenidad absolutas, como si nunca hubiera sufrido y hubiese muerto feliz.
Afuera en la banqueta, alguien había roto el silencio, era María Barrón, la única quizá que podía mirar a todos sin tener que desviar la vista de nadie, la gente le atribuía derechos de los que ella prescindía, eso era tal vez porque María había estado junto a Tingo en casi todos los momentos de sus días en Botaira, aquel pueblo triste, mudo, amargo, adolorido, cuyo silencio había sido roto por María:
“Pobre Tingo, nunca supo nada de su familia, ni su nombre entero, ni de donde vino, yo “crioquesto”, él lo decía con la intención de esconder algo, ¡”vetu” a saber qué! Ya ven que se mantenía de yerbas y uno “quiotro” taco que uno le daba por sus favores, hasta “quiun” “guen” día, Librado el de la tienda, le pidió que le cuidara las vacas y él “liba” a dar comida y un lugar “onde” vivir. Tingo “acectó” de “guena” gana.
Dende entonces ya no se acomidió a nada con naiden y pa mí que esostaba muy bien, porque estaba comprometido con Librado, pero a la demás gente no le pareció su actitú y como que no entendía, empezaron a tratarlo más mal y a riírse más dél.
Cuando pasaba por la calle, le decían que la burra que la burra en la quiba montado era verde, nomás por hacerlo enojar y él senojaba…
Duró munchos días viviendo con Librado hasta quiundía se ogo el crío de una vaca recién nacido alora de bajar al agua. Librado lo corrió sin nada de nada, otra vez estaba al garete, tendría que golver a empezar y la gente ya no lo miraba igual. Por su parte el probe ya se víacostumbrado a la burra, y a lo mejor ella también.
Él, porquera súnica compañía, ella, quen sabe porqué, perun amanecer ya no dispertó: se vía muerto.
Con suerte doña Yoyo se lo llevó a vivir a su casa, liofreció lo mesmo si le ayudaba a cuidar las siembras y le regaló un burro.
Tingo golvió a ser feliz.
Empero cuando pasaba en las mañanas montado en su burro, la gente le gritaba: “!Ahí va el amigo de la burra verde!”. Al probe Tingo, esto lo hacía sufrir, n o tanto que le dihieran que el burro era verde, le dolía mas que le dijieran que era burra… y ansina pasó el tiempo hasta que doña Yoyo se murió y él se vino a vivir acá con Agapito.
Las hijas de doña Yoyo le regalaron el burro a Tingo, le estaban agradecidas y él se sentía importante porque ya era dueño de algo. Con Agapito tampoco le faltó techo y comida, ni puros, porque todos los domingos le daba pa que comprara puros, Tingo los compartía con Amado –su amigo el de la loma-, era súnico amigo.
Esa vez el burro se le enfermó del estómago, se estaba poniendo reflaco. No se quien por riírse dél, le dijo que liciera un lavado. El probe –inocente y con toda la guena fe-, agarró una manguera y se la metió por el culo, le abrió a la llave y el probe burro sempezó a hinchar hasta que reventó: aventó manguera agua y mierda, después se murió.
A Tingo le dolió muncho esto, ya no tenía en quiir pal monte, cada día se miraba mas triste y ni siquiera le importaba que le dijeran “El amigo de la burra verde”, ni los oía, tu lo podías mirar en la banqueta triste y pensativo.
Antier ya no se pudo levantar, estaba triste, no quiso comer ni ir al monte, parecía que el pobre no tenía ganas de vivir, se jue quedando pálido y flaco hasta quiora en la mañana amaneció muerto.
Yo a veces crioque se murió de tristeza, como quél se buscó la muerte porque se sentía culpable de que se liaya muerto el burro, como si al verlo perdido, viera perdido la razón de su vida, al cabo quera lúnico que tenía, que le vía costado sufrimiento, burlas y trabajos…
No nos queda más que recuerdo -y eso que no tuvo amores con naiden-, hastora la gente se dio cuenta de lo quian perdido. Hastora se dan cuenta de que con su maldá mataron un ejemplo de amor y de inocencia. Toavía en la mañana decían “Lástima; tan guena gente quera”, y lo dirían de guasa, pero vieran que si; !tan gueno quera!
Se murió pero de seguro su recuerdo no va a morirse y de seguro va a tener el entierro mas bonito del pueblo, porque todos coperaron pa comprar la caja, ya no dilatan en llegar con ella. Hicieron tamales y café ¡y compraron muncho vino!. Lo van a enterrar, un hombre sin pasado que dejó un guen ejemplo pa todos, se jué sin dejar hijos, pero dejó una sombra de bondá y de pacencia, tingo se murió y con se muere una historia de tristeza y de ternura…”
Al pronunciar ésta última frase, doña María lanzó un suspiro profundo, su voz sonaba ronca… estaba llorando, en derredor suyo los que le escuchaban también lloraban, se miraban ansiosos, con pena.
…el silencio llegó otra vez, nadie volvió a pronunciar palabra, y la noche con lágrimas de brisa fue llenando de frío aquel ambiente.
Uno que otro sollozo se dejaba oír de vez en cuando…
Tingo ha muerto.

martes, 13 de octubre de 2009

TOTORAMES POR TODOS LADOS

(Agradecimientos, otra vez)
He recibido infinidad de comentarios personalmente respecto a lo publicado en este blog, tanto en México como en el extranjero, me han llegado correos y llamadas, (incluso han puesto algún comentario en el mismo). Me da un gusto mas que enorme enterarme de que me leen, y que me soliciten la historia de la fundación de Chametla, la letra de las canciones y poemas que se conocen, quiero decir que en este blog ya he publicado cuatro canciones y la historia que por cierto los alumnos de la primaria “Enrique Pérez Arce” me hicieron el honor de escenificar en el pasado aniversario de la fundación de este pueblo tan lleno de magia. Me da gusto saber que hay mas chametlecos en todas partes que en el mismo Chametla, algunos se van para no volver, pero se llevan a Chametla en su corazón otros vuelven para no irse y se quedan con el corazón en Chametla, pero para el caso es lo mismo, Chametla está vivo, mientras lo recordemos, y si; ya publiqué, la historia, ya publiqué los versos que leyó Tonaltzin en el pasado aniversario, en el cual fuimos víctimas del embrujo de la Orquesta filarmónica “Sinaloa de las artes” y tanto artista tan espectacular, también publiqué la letra de cuatro canciones, así es que solo es cuestión de buscarlas, por lo que sé, abajo a la izquierda, hay un resumen de publicaciones, o ahí abajito de cada articulo, en entradas antiguas ahí seguramente encontrarán lo que buscan y lo que falta por publicar, pues lo verán mas adelante, gracias a todos los que se toman el tiempo para explorar este blog, espero seguir teniendo noticias suyas.

CHAMETLA DE MIS RECUERDOS

ABARROTES JOSEFINA.

(Me acuerdo de bien de los calendarios que nos daba mi madrina Josefina, mejor conocida como Chepina.)
“Abarrotes Josefina” atendido por su propietaria Josefina viuda de Berriman”.
Cuentan que Chepina llegó a Chametla acompañando a su hermana y al esposo de la misma; José el galafate, -aunque galafate significa ladrón, parece ser que es así como llamaban a los encargados de remendar los barcos-, pues bien; Chepina llegó a Chametla y pronto encontró acomodo en la tienda de Berriman, que en esa época era el dueño de la tienda de abarrotes mas grande de la región, dicen que llegaban burros de todas partes, cargados de gente para hacer las compras, de El Aguaverde, El Apoderado, El Pozole, hasta de Botaira iban las gentes a surtir sus despensas, toda la cuadra desde la cooperativa pesquera hasta la esquina de la tienda, era propiedad de doña Celsa y su hijo don Juan Berriman, esposo éste de doña Felicitas, con ellos empezó a trabajar Chepina.
Los chamacos de esos tiempos respetaban y temían a don Juan porque debido a que toda su propiedad estaba atestada de trojes, criaba serpientes de cualquier tipo, para que se alimentaran con los ratones que devoraban el cereal, cuentan que don Juan agarraba las serpientes y se las acomodaba en la cabeza cual turbante, lo que despertaba la admiración de quienes lo veían.
Chepina trabajó en la tienda hasta que el susodicho enviudó y un día de esos, no salió de trabajar, al galafate que vivía a una cuadra de la tienda se preocupó pero luego se corrió el rumor de que la mujer se había huido con su novio, un también empleado de don Juan que era de los encargados de fabricar los puros, porque he de decir que don Juan también fabricaba habanos de todo tipo y calidad, pero no fue así: Chepina se quedo a vivir de un día para otro ni mas ni menos que con don Juan y fue así como ella ocupo el lugar de honor en esa residencia, por supuesto que durante una temporada fue el tema de conversación, razón por la que el avergonzado novio abandonó el empleo y el pueblo, “cosas del amor” diría Chepina meses después…
Doña “Yona”, era mama de Chepina Bernardo era su primo, ellos llegaron al cabo del tiempo y se establecieron en la enorme residencia, por desgracia para el presupuesto de la familia, Bernardo era un vicioso del juego, un verdadero tahúr, por lo que se gastaba parte de las ganancias de los negocios de la viuda de Berriman, en paseos a la Vegas y casas de juego en el mismo país.
Recuerdo gratamente que mi abuela María barrón me mandaba al maíz para las gallinas en una canasta –en la nueva-, porque la vieja me daba vergüenza y traía de una vez el azúcar y el sobre de café de grano en tanto la olla con agua esperaba en la hornilla, también compraba un cuarto de galletas de animalitos
A Chepina a quien yo llamaba madrina, porque era muy espléndida conmigo y mis hermanos -además de ser madrina de mi mamá-, pues teníamos derecho de llamarla así, no crean que era por los regalos que nos daba, y es que al liquidar la cuenta metía la mano en una vitrolera de esas en las que en aquellos tiempos acostumbraban meter los dulces y con el puño lleno me decía “El pilón”, me daba un beso y los dulces, eso era lo mas emocionante de ir a hacer las compras con ella, claro que salía de la tienda lleno de babas de mi madrina pero contento, al cabo que al alejarme tantito me tallaba el cachete con el dorso de la mano, y me largaba masticando chiclets de los del señor adams…
¡Ah que mi madrina!, se rumoró también que Bernanrdo –el primo-, se “hizo” de ella y la “tuvo” durante mucho tiempo, no se supo si el tal Bernardo ganó o perdió su fortuna durante todo el tiempo que se dedico al juego, lo que si se sabe es que al morir, otro empleado del área de habanos encontró la “cuilta” de abajo del colchón llena de billetes de muy alta denominación, y se fue con el dinero, pero parece que no lo supo aprovechar, y que allá en el norte lo perdió todo, para morir en la ignominia, con razón dicen tanto; que “Lo del agua al agua”…
Mi madrina Chepina se quedó sola, la tienda fue viniendo a menos, y ella empezaba a dar muestras de demencia senil, la recuerdo a ella toda blanca con el pelo blanco escurrido y una sonrisa toda amabilidad, con su placa dental parejita, y sus manos lisitas, suaves al acariciar mis cachetes…
La actuación es mi adicción y llegó el día en que tuve que irme a probar fortuna a México capital y la volví a ver solo en las ocasiones en que por gira o razón distinta pasaba por estas tierras, al paso del tiempo me establecí acá en Botaira, cerca de mi querido Chametla y tuve ocasión de verla de nuevo, pero ahora las cosas eran distintas, ella ahí tirada en el adoquín de la entrada principal de su casa, semidesnuda, con el pelo liso cubriéndole el rostro, su piel blanca cubierta de mugre y la poca ropa sucia de excremento.
Tirada ahí, entre la basura que alguien por piedad arrojó a sus pies, como se les da de comer a los animales, con la mirada perdida y sin razón, comiendo plátanos negros de viejos y moscas, con la razón perdida y sin motivos, para entonces ya víctima del Alzheimer, mi madrina Chepina, mi adorada madrina Chepina…
Lo único que en ese entonces poseía, era su casa, me enteré que alguien se quedó con ella a cambio de mantenerla durante todo el tiempo que le quedara de vida, razón justa y noble pues por lo que supe, ella no tenía propiedad alguna y por lógicas razones, no podría volver a valerse por si misma jamás, esa persona estuvo mandando dinero para su manutención y me contaron que ese dinero jamás llegó a su manos, sin embargo la providencia se encargó de que Amparo, la del tinillo, se encargara de ella, con los medios que pudo y la ayuda de algún vecino ella le dio de comer, hasta que la muerte se la llevó.
Eso es lo que supe.

lunes, 5 de octubre de 2009

“TINGO”

BOTAIRA DE MIS ENTRAÑAS.


“TINGO”

Llegó caminando, como llega la mañana… sin más que un triste morral y su paliacate rojo, mismo que usaba para limpiarse el sudor, ese día apareció en el mercado confundido entre el griterío de los marchantes y los ladridos de los perros persiguiendo una vaca, cuando uno de los chiquillos preguntó su nombre, con una sonrisa bonachona contestó “Tingo, me llamo Tingo” y el chiquillo se fue saltando en un pie, gritando un pregón: “!Llegó Tingo el tonto, llegó Tingo el tonto…!”
Tingo pudo haber sido su nombre artístico o su nombre real, nunca se supo, pero su llegada a Botaira fue todo un acontecimiento, por la habilidad que tenía para lanzar puñales y hacer malabares con ellos y teas ardiendo, era frecuente verlo en los corrales haciendo sus gracias en tanto la plebe enardecida y burlona se mofaba de él, y aunque él, al principio lo tomaba como expresiones de alegría y admiración, con el paso de los días comprendió que se trataba solamente de burlas… aún así, en las noches de insomnio, se podían ver por las calles sus luces encendidas girar como centellas parpadeantes en el bajo espacio, mientras en los corrales y llenos de miedo, los perros ladraban, en sus casuchas las viejas se persignaban y allá en la plazoleta los demás reían entre burlescos y admirados.
Sin un lugar para vivir, se acomidió a acarrear leña a las casas, o agua de los pozos, a taspanar los patios o barrer las calles, o espantar duendes, con el tiempo se fue ganando el afecto de los mayores, que con agradecimiento le daban alguna moneda para su comida y tabaco, que el compraba para fabricarse sus propios habanos o comida incluso y doña Aurora le ofreció un lugar para vivir en sus trojes, a cambio de que le encerrara las vacas en la tarde y le ayudara con las labores del rancho, le consiguió un burro que por cierto era burra y de color verde a decir de los chamacos de Botaira y eso a él lo enfurecía.
Hubo una vez un día, casi al despedirse el sol naranja que ilumina las calles de Botaira, en que Tingo regresaba de dejar las vacas de Aurora allá por el rumbo del lago de los lagartos, sentado al lomo del burro, fumando su habano, cuando vio en el cielo un arcoíris enorme, con colores que no imaginó que existieran, aquello era una señal de portento tal vez divino, pero no lo averiguaría sino días mas tarde, porque esa vez su preocupación estaba distraída con otras cosas y es que su burro estaba enfermo del estómago, pues últimamente había estado teniendo evacuaciones casi líquidas y a alguien se le ocurrió recomendarle que le metiera una manguera por el culo, -jamás se lo hubieran dicho-, porque el pobre hombre en su inocencia, lo primero que se le ocurrió hacer fue meterle la manguera al animal y ¡abriole a la llave!: el estómago del jumento se llenó tanto de agua, que llegó el momento en que a punto de explotar arrojó la manguera cual sierpe enfurecida y agua con diarrea de un color verde amarillento por todos lados, tingo estupefacto y boquiabierto permaneció durante unos minutos ahí frente al animal, moribundo, que instantes después perecería víctima del cariño de su amo y su pasión por curarlo.
(Esa fue solo una de las aventuras que Tingo experimentó en su paso por este mundo y este Botaira mío, de hecho fue prácticamente la última, porque de él hay mucho que contar, pero hoy me llegó la nostalgia y decidí escribir este recuerdo.)
A los pocos días, la depresión invadió al pobre hombre que decidió morir de tristeza y arrepentimiento, por lo que se entregó a la huesuda sin miramientos y entre rezos de Liliana su vecina y la madre de ella, doña Eulogia, dijo adiós a este mundo dejando en Botaira un recuerdo que nada borra y que seguramente permanecerá por siempre mientras alguien cuente su tragedia y las tantas cosas buenas que de él se recuerda, y lo mejor de todo es que según afirman los que lo conocieron, Tingo vive en el cielo que tan merecido se tenía. Eso espero…

martes, 8 de septiembre de 2009

!EL DÍA QUE LLOVIERON RANAS!

(Para leer con el diccionario en la mano)

En una discusión de sobremesa, don Fernando comentó sobre la ocasión en que llovieron ranas en su querido Chametla, el asombre de su esposa y sus hijos ante su descabellado argumento lo dejó sin aliento, Como era posible que no creyeran tal aseveración!? !Por Dios!, si no era el primer lugar ni la primera vez!, pero ¿Pero como demostrarlo?! Ahora si que estaba en verdaderos aprietos; pensando que aquello era un iNfundio, sus hijos se rieron a carcajada batiente, su esposa se aguantó la risa pero le miró con ojos conmiserativos, el pobre se levantó mas que in albis, la situación le pareció mas que una conspiración Judeo-masonico-izquierdista en contubernio con el terrorismo rojo, sin importarles que el fuera el preboste, por eso no se cansó de repetir lo que Diógenes en aquel momento tan desesperado y decepcionante de su vida; "Cuanto mas conozco al hombre mas quiero a mis animales".
Salió del comedor con los ojos inyectados en sangre ante aquella situación tan truculenta, subió las escaleras como un churumbel y se arrinconó en su estudio, encendió su computador y buscó, y buscó y no encontró, pero no importaba, él se sentí tranquilo consigo mismo, porque en Chametla habían llovido ranas, sin embargo ahí sentado se quedó viendo en lontananza a través de la ventana y rascándose la cabeza como si tuviera ptiriasis, entonces meditabundo entró al baño, ablucionó su rostro y salió de su casa con rumbo a la abacería,iba tan encolerizado que en el camino barritó sin importarle qu elos transeúntes le miraran perplejos, por suerte se encontró con Daniel, un amigo bastante barbián que le devolvió el ánimo, éste le invitó un café sugiriéndole que le contara sus cuitas y una vez ahí al calor de la bebida, sintió como si la canícula estuviera en su apogeo, sobretodo le contó a Daniel la razón de su pesar y éste se rió a mas no poder...
Sin ambargo, su amigo, complaciente le echó un verbo catilinario que le iluminó el caletre y recordó que su abuela María Barrón había vivdo esa experiencia, asi es que se despidió de su amigo ya entrada la tarde y fué en busca de su abuela, en el camino, hasta veía chirivitas de la emoción, pero a la vez iba muy cogitabundo pues pensó en la posibilidad de que ella no se acordara y de solo pensar en ello, una dispepsia terrible se adueñó de él y sobretodo porque al llegar a casa sus hijos la emprenderían de nuevo, por lo que mejor optó por desistir. Sin embargo al abrir la puerta sus hijos corrieron emocionados a recibirlo, él permaneció por unos momentos estafermo, pues su abuela estaba ahí contando de viva voz la historia de la lluvia de ranas en Chametla y toda la insidia que guardaba, la metió en un recoveco de su conciencia y sonrió lerdamente porque ya no hacía falta demostrar nada, sus hijos le ofrecieron disculpas y su esposa le plantó un enorme ósculo, eso fue suficiente para saber que no serviría más de mofa a su familia, pues al final su predecesora había demostrado con argumentos válidos que en efecto; !habían llovido ranas en su querido Chametla!

jueves, 3 de septiembre de 2009

DE PELICULA

Soy de un pueblo imaginario que se llama Botaira, está ubicado en la costa del sur de Sinaloa poco antes de llegar a Chametla y justo donde se eleva el camino rojo que pasa sobre el mar y que llega hasta Sabaiba...

La laguna azul es una película que me pareció tierna en aquellos años de mi adolescencia y a partir de ella me fascinaron las películas de sexo en la playa y me aferré a recrearlas en la vida real....

Casi siempre que recibía visitas en mi casa –que es tu casa-, las llevaba a la playa, particularmente a ELLAS, es que soy un romántico sin remedio, y me gustaba hacer lo que en las películas; coger en la playa sobre las olas y en cámara lenta, pero solo lo logré una vez, (me refiero a lo de las películas, porque lo de coger, eso siempre se me dió), el caso es que la mayoría aunque fueran enfermeras o edecanes, a la mera hora me resultaban muy mustias o muy delicaditas por no decirlo de otro modo y me tenía que conformar con hacerlo sobre una toalla y envuelto en otra, o a la sombra de los manglares, o en alguna hamaca abandonada de esas que los pescadores no guardan hasta que pasa la temporada.

Pero una vez... -¡Ah que vez aquella!- Una vez si se me hizo; me llevé a una actricita que en esos tiempos no era tan famosa, por eso no digo su nombre pero si tengo autorización para contar lo de esa vez, ¡Ave Maria! ¡Que vez, quisiera no acordarme!

Por principios de cuentas no se espantó cuando comencé a caminar en pelotas por la arena, ella me imitó en seguida, y el hecho de que uno que otro desbalagado nos sorprendiera en pleno invierno caminando en cueros por la arena y el agua fría, no nos atemorizó, por supuesto que mi amigo el de abajo más muerto que un pirulí y el resto de nuestros cuerpos chinito como cuero de gallina, anduvimos un rato correteando sobre la espuma del mar (como en las películas) y queriendo quedar bien, aproveché que se apareció una ola sobre la que quise saltar que me ha dado una arrastrada de padre y señor nuestro!. Luego de un rato, cuando hubimos entrado en calor, quisimos poner manos a la obra, y ya sabes, de por si cuando te bañas con ropa, el culo se te llena de arena, imagínate sin nada; el prepucio colorado de tanto piedrizco, es pa morirse de la vergüenza, pero uno tiene que fingir que las cosas van bien, el caso es que nos tiramos sobre las olas y cuando estaba tratando de darle un periquito, -entiéndase beso-, un rugido la hizo levantarse de un salto, tuve que aceptar que eran mis tripas, maldita la hora, ¡siempre pasa eso!; un pedo que por pudor decide regresarse, arma una revolución enorme en mi estómago, para luego convertirse en eructo, ¡trágame tierra! Todo por no echármelo delante de ella porque de seguro al ver la burbuja de aire emerger de las aguas, me mienta la madre y peor si le toca suspirar en el instante preciso, pero Dios; ¿¡Porque todo me pasa a mi!? Luego en la arena tratando de subírmele, ya sabes, -malditas olas-, al primer intento me doy la maroma y quedo con las nalgas apuntando al infinito, ( y ella carcajeándose de mi), y lo tratamos de hacer sobre un tronco seco y, ¡ claro!; nada mensa la tonta!, que me pone abajo para montarme, el lomo se me puso como trasero de chango; rojo por los piquetes de hormiga, entonces opté por proponerle las rocas de la escollera, ¡nunca lo hubiera hecho!; ¡las rodillas me tronaban como cascanueces!... y a la hora de “aquellito”, los gritos no eran gritos, eran aullidos y no míos, ¡de los dos!, y no de placer, ¡de dolor!, la arena nos invadió por todos los pliegues y rincones de nuestros esbeltos cuerpos, ¡Santo Dios, juré no ver más películas románticas, o al menos no hacer lo que salía en ellas! ¡Menos mal que no se me ha ocurrido recrear la de 9 semanas y media y menos la escena del pica hielo, ¡Dios me libre!

miércoles, 2 de septiembre de 2009

MARIA LUISA

MARIA LUISA
El día que nació María Luisa, la gente en Botaira vio el cielo y sus ojos se iluminaron de la emoción, alguno se asomaban por las ventanas y otros se detenían en medio de la calle haciendo una pausa en sus actividades cotidianas, los que iban montados en sus bestias se apeaban para poder apreciar aquel maravilloso espectáculo, los que venían del molino buscaban una sombra para apreciarlo mejor, otros –sin darle importancia al inclemente sol-, ponían sus manos a modo de visera sobre sus ojos para no perderse de nada, y es que –ellos no lo sabían- aquella niña lloraba allá en su casa por el barrio de la cornucopia (lo llamaban así porque la calle tenía forma de cuerno), al final de la calle del barrio había una ceiba enorme en la que hacen sus nidos la garzas en los tiempos de las aguas que llegaban cada año a disfrutar de los enormes charcos que se hacen en Botaira, pareció que en esa ocasión, la ceiba se vistiera de colores para una gran fiesta, pues daba la impresión de era justamente de esa ceiba, de donde nacía aquel arco multicolor que mantenía la mirada de todos hacia arriba, mientras mas fuerte era el llanto, mas intensos eran los colores del iris que se dibujó en el cielo…
Eran las once de la mañana, el sol estaba en su esplendor cuando al niña nació, hermosa y regordeta, con su rostro enmarcado por una cabellera negra como la oscuridad y los ojos azules casi como el fondo del mar de Botaira, o como el cielo mas cálido y mas limpio de los veranos Botairenses.
Todo mundo miraba hacia el cenit con el corazón en un hilo, contritos de la emoción que sentían, Tingo el de la loma bajaba desde su casa en la montaña montado en su burra verde y a lo lejos alcanzó a distinguir que el arco efectivamente nacía en algún lugar del mismo pueblo con dirección a aquella mítica ceiba y señalaba hacia allá gritando lleno de alegría.
La gente normalmente, en esos días de abril poco toleraba el calor, sin embargo la fuerza de la curiosidad los fue acercando hasta el lugar donde el arco iris nacía y se dieron cuenta de que este emergía de la casa de Eulogia. Dentro, la partera doña Tomasa, que fue quien le dio primera nalgada para provocarle el llanto –y de esa manera provocar el crecimiento y desarrollo de los pulmones la recién nacida-, en ese momento estaba haciéndole caricias para que dejara de llorar, la niña fue aminorando el llanto y a su vez los colores parecían difuminarse en el arco celestial, así fue como paulatinamente la niña dejó de llorar y como por arte de magia el arco iris desapareció… despareció por completo causando la decepción en los arremolinados afuera de la casa que empezaron a pedir a gritos que la niña llorara de nuevo, y aunque Tomasa lo intentó, no hubo poder humano que la hiciera gemir al menos, eso sorprendió a todos y empezaron a hacer suposiciones y predicciones tan acostumbrados como estaban en Botaira a creer en cosas sobrenaturales y darle crédito a los signos de los tiempos.
Ese fue el primer llanto de María Luisa, ese día de abril había visto la luz por vez primera, estaba llegando a la vida por lo tanto nunca se imaginó lo que el destino le tenía preparado, ese fue su primer llanto y a pesar de todo lo que enfrentaría a lo largo de su existencia, nunca nadie la volvió a ver llorar jamás.
Pasaron siete meses… María Luisa tuvo la tercera convulsión estando sola en su cama y esa tarde pensaba –claro que pensaba como piensan los niños de su edad-, pero pensaba y hasta parecía que adivinaba los pensamientos de los demás.
Era una tarde cualquiera de esas en las que el viento se mete por todos lados y saca a los zancudos de la grietas de las paredes, ella estaba acostada como lo hacen la mayoría de los niños por no tener nada que hacer, mirando al techo pensaba en lo que su mamá sentiría cuando se diera cuenta de que estaba enferma y se sentía impotente al no poder hacer nada por evitar los espasmos de los que era víctima y por provocarle llanto y angustia a la mujer que le trajo al mundo y a quien quería expresar todo su agradecimiento. El reglamento que regía la actitud de los niños no le permitía hacer nada mas de lo normalmente permitido y aunque en su fantasías era capaz de volar y de luchar contra el mas fiero de los monstruos, no tenía la mínima posibilidad de ponerse de pie frente a los adultos, no sin antes haber cumplido por lo menos unos diez meses, aunque se había enterado de uno que otro rebelde que había caminado a los siete, pero ella –por ética y decencia y sobretodo por respeto al gremio-, tenía que disimular y seguir echada hasta que se llegara el momento y diera sus primeros pasos para poder correr al lado de su madre y besarla por su propia voluntad, y acariciarle y decirle que la quería, así es que se limitaba a permanecer viendo el techo y sufriendo sin remedio y sonriendo a quien le dijera palabras dulces o le hiciera alguna caricia, eso era el trabajo de todos los días, pues los vecinos desfilaban frente a su camita y había alguno que llegaba a extremos inimaginables, tomándola en brazos y lanzándola al techo provocando agudos dolores y sobresaltos enormes, haciendo que ella abriera los ojos de más y provocando la alegría del susodicho, creyendo erróneamente que aquello le provocaba felicidad, mientras que lo único que conseguía era someterla a una tortura vituperable, no faltó quien le diera tronados besos en los cachetes haciendo que sus oídos rechinaran y le provocaran unos dolores tan intensos que propiciaban gestos parecidos a las sonrisas que a su vez hacían que los mentecatos le dieran mas besos y todavía mas fuertes.. María Luisa deseaba que esos días de su niñez se fueran volando como la hacían sus amigos de leche que la visitaban y se iban corriendo cuando entraba algún adulto. Se ponía en el lugar de los niños que en algún lugar soportaban castigos semejantes y le daban tristeza, mas por ellos que por ella y por mas que dilucidaba no alcanzaba a entender a los adultos ni el porqué de tanta crueldad. Así eran los primeros días de su vida, una vida a la que si hubiera tenido la oportunidad de elegir, habría elegido no venir, pero ya estaba en ella, ya era huésped de este mundo cruel y tenía que someterse a las reglas del mismo, y tenía que crecer y madurar y desarrollarse, era algo con lo que no comulgaba, pero ya inventaría la manera de ser niña por siempre, ya encontraría el modo de engañara todos y hacerles creer que crecía y seguir siendo ella eternamente para no sufrir ni tener que enfrentar tanto sufrimiento, es más; con toda seguridad encontraría el modo de no traer hijos al mundo para que no le provocara un dolor semejante al que sabía que experimentaban todas las madres por sus enfermedades, por no poder comunicarse con ellos o por no saber lo que piensan, pero especialmente, trataría de evitar traer al mundo a otros seres humanos, para evitarles a ellos el dolor de ser hijos que es mucho mas tormentoso que el que enfrentan los papás, pes ellos sufren desde que nacen a la luz y respiran por vez primera y luego por la impotencia de ser unos inútiles y no poder expresarse de ningún modo los primeros y mas difíciles días de su s vidas.
Una tarde de enero, María Luisa se sentía contenta, jugaba con un amigo imaginario llena de felicidad, cada día aprendía más de él, aunque no hablaban el mismo idioma ella trataba de poner atención a sus sonidos y señas, ya estaba aprendiendo a comunicarse con él, pues prefería aprender idiomas extraños parecidos al de ella, que aprender el lenguaje de los mayores, porque sentía que estaba olvidando el suyo y es que casi no lo practicaba, pues pocas veces tenía la oportunidad de charlar con alguien de su edad y aunque no quisiera, lo mas probable era que así ocurriera, llegaría el momento en que aprendería a hablar como los adultos y olvidaría su pequeño idioma esa tarde, ella y su amigo imaginario estaba montados sobre un dragón que solo existía en su imaginación –por supuesto-, y desde ahí trataban de alcanzar un caballo fantástico de color azul que los conduciría hasta el puerto, donde arribaba el barco de los sueños todos los días a las once de la noche y que luego pasaba por Botaira con rumbo a Sabaiba, mucha gente quería subirse, por eso el juego favorito de los niños, de pronto; María Luisa se detuvo y su amigo la miró sin entender, ella se bajó del dragón y corrió hacia su madre que estaba frente al metate “rayando” unas tortillas “tiernas” para hacer tostadas, la niña le abrazó fuertemente de las piernas, levantó su dulce carita hacia la de ella y acariciando la panza de Eulogia susurró; “Adiós mamá”.
Eulogia sonrió emocionada al ver a su hija en la cama tan divertida y por alguna extraña razón, le pareció escuchar una vececita que le dijo “adiós”, luego sonrió para sus adentros, esa noche del veinticuatro de abril María Luisa dormía plácidamente cuando oyó unos cuchicheos en su oído izquierdo, sin abrir los ojos y quedito para que nadie la escuchara contestó:
-¿Quén?
-Soy yo.
-¿Ota vez?
-Si, abre los ojos.
-Np, mo te queyo vel… me hace mello
-No te voy a hacer nada.
-E que si ablo lo ojos no te veo, así si te veo…
En efecto con los ojos cerrados podía distinguir claramente a aquel fantástico animal con el que hablaba a diario, sus enormes ojos le impresionaban y los cuernitos que tenía atrás de las cejas le parecían chistosos, hasta las alas trasparentes se las podía ver cuando tenía los ojos cerrados, por eso prefería platicar con él, sin abrirlos, en ocasiones anteriores habían platicado por noches enteras hasta que ella decidía abrir los ojos, pero en cuanto lo hacía, el animal desaparecía de su vista, era de un color muy extraño que ella no podía identificar por lo corto de su edad, sin embargo le gustaba el color casi verde pero casi azul, que hacía que el color de los enormes ojos resaltaran por lo extrañamente verdes que eran, el caballo sentido se acercó para decirle una noticia que la llenaría de tristeza, pues el motivo de su visita era decirle que era la hora de llevarse a su madre a aquel lugar del que ya le había hablado y que era muy parecido al lugar de donde venía y le había explicado que morir era como nacer pero al revés… ella lloró y el animal se compadeció de ella, entonces hizo con sus patas delanteras un pase mágico para hacer que su mente se relajara, y se relajó tanto que su cuerpo languideció y se sumió de nuevo en su sueño para jugar con aquella especie de dragón morado con alas transparentes, que montaban ella y su amigo imaginario, y esa noche su madre murió.
Pasaron los años, María Luisa creció y cumplió cuarenta y un años, era aún una niña –solo que dentro del cuerpo inmenso de una mujer-, pero seguía metida en su fantástico mundo, lleno de caballos y dragones que se trajo desde su infancia y que no volvió a dejar nunca y cada vez que surgía un problema, se metía dentro de su imaginación para no sufrir. Era junio y el verano se presentaba extremadamente caluroso, las garzas habían arribado a la ceiba aquella en la que se aparecía la virgen y por las noches rondaba una gallina que lloraba clamando por sus pollitos, Tingo el de la burra verde ya había muerto y de las playas de Botaira se vio surgir un resplandor maravilloso, sin duda era el anuncio de algo fantástico que seguramente no se repetiría en muchos años, lo último parecido a aquello, era lo ocurrido el día que nació María Luisa.
María Luisa había decidido encerrarse en su mundo de niña desde que tenía diez meses y se había prometido no llorar nunca mas, desde el día que nació por primera vez por eso aquella noche en que cumplió los quince años y una sombra se deslizó por la puerta de su cuarto y se abalanzó sobre ella para agredirla sexualmente de la manera mas ruin y cobarde, puso en su mente un velo que no le permitió sentir, ni recordar lo que ocurrió en ese día tan importante, y cuando su padre hubo realizado la terrible felonía, ella se retorcía en el suelo, sin entender nada –víctima de una de aquellas convulsiones de la infancia-, porque así lo había decidido y sus amigos los duendes y animales fantásticos de su fantasmagoría, trataban de darle ánimo y hacerle pasar momentos dulces sin lograrlo…
Durante veinticinco años fue víctima de violaciones y malos tratos, su corazón estaba totalmente destrozado, pero su cerebro se negaba a aceptarlo y por eso reía y era feliz, a la gente le sonreía y se divertía jugando con los niños del barrio de la cornucopia y todos la querían porque tenía un corazón de niña como el que muchos adultos querían tener pero por vergüenza no lo intentaban, se la pasaba cantando e inventando sueños maravillosos y cuantos platicaba a sus amigos reales y cuando conocía a un recién nacido le hablaba en su propio idioma.
Ese día en que María Luisa cumplió los cuarenta y uno y en el mar azul de Botaira se estaba fabricando un arco iris con los colores que todavía no se inventaban, la gente salió nuevamente a las calles para mirar como del mar surgía portento tan maravilloso y casi increíble de contar de no ser –claro-, porque casi toda la población estaba siendo testigo.
El arco se levantó hacia el cielo hasta llegar a un punto en el que empezó a bajar lentamente, y con dirección al barrio donde María luisa platicaba con sus amigos los catiuscos y que por cierto le estaban preguntando por el dragón alado que habían perdido hacia mucho tiempo y que ella había encontrado, pues le explicaban que se había cumplido el ciclo y debía volver con ellos a la tierra de los mitos-, alguien mas le preguntó por el caballo y por el amigo imaginario, ella se entristeció y le pareció raro que se estuvieran llevando a todos sus amigos, entonces alguien sin querer le dijo que ya no los necesitaría; entonces lo entendió todo.
Afuera la garzas emprendían el vuelo espantadas, la ceiba se secó repentinamente, la leche en la hornilla se derramó, los perros de la calle se quedaron mudos, un racimo de uvas se puso rojo en la parra y todo quedó en silencio…
El arco iris empezó a descender con calma, la gente corría por las calles para ver a donde iba a bajar y tener la oportunidad de atraparlo para arrancarle trocitos y guardarlos en botellas para cuando se ocupara curar alguna tristeza.
De pronto el arco cayó pesadamente sobre el techo de la casa donde vivió María Luisa y aquel hombre que abusara de ella tanto tiempo ya que ahora estaba apunto de partir al mas allá, los ojos desorbitados de su padre vieron el resplandor y la gente de la calle gritaba de la emoción, y entonces ocurrió algo portentoso; María Luisa salió a la calle mientras que adentro su padre exhalaba un último suspiro…
La gente como hipnotizada vio a la niña levantarse unos centímetros del suelo y levantó la mirada en tanto que adentro una legión de demonios despedazaban lo que quedó de aquel hombre sin escrúpulos y malvado, que de seguro en unos minutos mas estaría pudriéndose en el infierno.
María Luisa sonrió a la multitud, todos la miraban expectantes, el arco iris cambió de colores y todos pudieron admirar las sensaciones luminosas mas bellas y que jamás imaginaron, entonces sucedió aquello increíble; María Luisa empezó a caminar subiendo lentamente como siguiendo un camino invisible y así se fue yendo con el arco rumbo al cielo, nadie se dio cuenta de que la mujer lloraba, porque lloró a escondidas, se fue dividida entre su pasado y su destino, entre la crueldad y su inocencia, es cierto que lloró por segunda vez, pero ese fue su último llanto y esta vez fue de felicidad y aquel hermoso cuento de dolor y de misterios terminaba y el recuerdo de aquella niña que decidió ser una niña para siempre, es ejemplo de amor y de cordura para los adultos de Botaira y aún hoy en sus noches en las banquetas del pueblo se escuchan a los niños contar aquella historia a los adultos y de vez en cuando se escucha a algún adulto sollozar; por la infancia perdida, por la falta de valor o por el amor reprimido.
Pero mientras exista un lugar como Botaira en donde nacen niños como Maria Luisa y niños como los que la habitan, habrá adultos que aprendan que se puede ser todo lo viejo que se sea capaz, pero que un corazón de niño, es capaz de hacer levitar un cuerpo y hacerlo mezclarse con la magia encantada del iris.

FERNANDO BARRAZA
El Apoderado, Ciudad Asilo de el Rosario Sinaloa, Junio del 2005.

Alejo muere por segunda vez

ALEJO MUERE POR SEGUNDA VEZ

Los fantasmas de la noche corrían desesperados buscando donde esconderse y los duendes del mal se divertían acarreando desgracias a las casas con las ventanas abiertas, era la una de la mañana y doña Félix recorría la casa angustiada, mientras que en el catre Alejo se retorcía y se quejaba lastimeramente, aunque la muerte no le había dolido en realidad. Desesperada doña Félix iba y venía y se detenía de vez en cuando ante el altar de la virgen de Guadalupe y le escupía una oración.
Arropó a su marido y le acomodó los pocos pelos que todavía le quedaban, se untó los dedos con saliva y le quitó con suavidad –y asco-, de la cara una mancha de hollín que quién sabe de donde sacó el infeliz, luego se levantó y fue hasta la ventana, ahí se quedó hablando para ella misma y mirando en dirección al cerro, estaba tan preocupada que no se dio cuenta que en ese instante penetraba silencioso un duende que la miró burlón –claro que era invisible, pero por lo general la gente los presentía-, sin embargo doña Félix siguió sumida en sus meditaciones , la noche se oía callada, solo era interrumpida por el gorjeo de las gallinas y algún lejano aullar de perros. La calle se miraba desierta y negra, las sombras de los árboles semejaban espectros que danzaban al compás de alguna melodía silenciosa, la brisa de la madrugada empezó a llegar del rumbo del lago de los lagartos hasta dejar en la espesura el ambiente, todo Botaira quedó envuelto en la densa neblina… todo Botaira se veía negro y se sentía espeso, como esperando algo, de repente; un grito rompió en mil pedazos la magia nocturnal…
Doña Félix azorada trataba de adivinar la razón del grito de su marido. Con la angustia cubriendo sus facciones, destapó el cuerpo enclenque y la pestilencia inundó el cuarto, hacía días que no lo bañaba, estaba cubierto de llagas por lo que le resultaba difícil tocar su cuerpo. Sin respirar, la infeliz mujer se dio cuenta de repente que bajo los pliegues de la sabana hedionda se metió en alacrán. En lo que encontró una chancla para matarlo, el animalejo había desaparecido, ella cubrió de nuevo el cuerpo de su marido y disimuladamente –para no apenarlo-, volteó hacia la calle por la ventanita para tomar un poco de aire fresco. El alacrán aprovechó la distracción de doña Félix y el aturdimiento de Alejo para disfrazarse de sombra y bajar cauteloso por una de las patas de la cama, anduvo a tientas confundiéndose con las grietas del piso caminando hacia ninguna parte y como exhalación se esfumó rumbo a la nada.
Alejo quiso decir algo pero las palabras ya no salieron de su boca, la lengua se le entumió por el efecto del veneno del alacrán, sus ojos adquirieron un brillo que nunca habían tenido, una ampolla se le reventó en ese instante y la pus escurrió lentamente por su mejilla, en una esquina estaba sentada la muerte, desesperada por culpa del enfermo, -por eso quizá mandó al alacrán, y estaba ahí; como contando los minutos y con uno de sus largos dedos golpeaba entre sus piernas y a intervalos el asiento de la silla, a veces hacía una pausa para voltear a ver al moribundo. Félix no se dio cuenta porque de haber sido así, la hubiera corrido con una mentada de madre como era la costumbre y Alejo seguiría viviendo indefinidamente, pero no fue así, la mujer no acataba a nada, se había dado por vencida; estaba harta de limpiarle la cara, de limpiarle el cuerpo, de limpiarle las llagas… de limpiarle el culo!
Sin embargo ahogó un sollozo y con más lastima que otra cosa tomó la mano del hombre que al instante y a pausas se desmadejó entre la suyas, se reflejó por última vez durante un segundo en aquellos ojos moribundos y vio la sonrisa más dulce dibujada en aquellos labios grotescos y se sintió en paz, sin remordimientos, en ese momento el hombre murió por segunda vez, cerró los ojos y no volvió a abrirlos jamás.
La muerte se levanto y dio media vuelta apenada arrastrando su costal de huesos, era la primera vez que su alma insensible experimentaba compasión por alguien, pero decidió creer que era alegría lo que sintió, por haber librado de semejante cadena a la pobre mujer… discretamente atravesó la pared y se fue en silencio pensativa.


FERNANDO BARRAZA

martes, 9 de junio de 2009

Semana Santa en Chametla


semana santa en Chametla

sábado, 9 de mayo de 2009

CHAMETLA

CHAMETLA

IMITANDO LA GRACIA DE UN POETA
QUISE HALLAR EN EL MAR LA INSPIRACIÓN,
RECORRIENDO LAS PLAYAS DE CHAMETLA
QUE POR SIEMPRE LLEVO EN MI CORAZÓN

AQUÍ, EN MI PUEBLO BENDITO,
AQUÍ DONDE TODO ES AMOR
FELIZ EN MI CHAMETLA BENDITO
LLORANDO DE FELICIDAD,

CORRÍ, POR LAS TIBIAS ARENAS DEL MAR
ESPERANDO VOLVER A ENCONTRAR EMBRUJOS DE MUJER,
EL SOL SE DESPIDE LLORANDO, LLORANDO DE FELICIDAD.

LA BRISA YA VIENE MURMURANDO
EL FOLLAJE BESANDO DEL INMENSO MANGLAR,
SI, DEL INMENSO MANGLAR.

CHAMETLA PUEBLO BENDITO
CHAMETLA BENDITO POR DIOS…

Esta es otra a ver que les parece, un verdadero poema, proximamente podré los versos que leyó Tonaltzin en el la pasada celebracion del aniversario de Chametla y que tanto me han pedido.
QUIERO AGRADECER A MR. BOND POR TOMARSE LA MOLESTIA DE ENTRAR A ESTE ESPACIO ALLA EN AFGANISTAN, Y A LOS DEMAS CHAMETLECOS QUE EN ALGUN LUGAR DEL MUNDO ESTAN AL PENDIENTE DE LO QUE PUBLICO EVENTUALMENTE; EN USA, EN COSTA RICA, EN CULIACAN Y EN UN SINFIN DE LUGARES HAY GENTE QUE SE HA COMUNICADO CONMIGO PARA HACER ALGUN COMENTARIO RESPECTO A ESTE ESPACIO, PARA FELICITARME POR LO DE MI PROPUESTA A SINALOENSE EJEMPLAR EN EL MUNDO, Y LOS LOGROS QUE HE CONSEGUIDO GRACIAS AL APOYO DE GENTE COMO ELLOS (USTEDES), CLARO QUE ME AGRADARIA LEERLOS EN ESTE MISMO LUGAR, PORQUE DE ALGUNA MANERA SABRÍA QUE ME LEYERON, JE JEJE, PERO TAMBIEN ME HALAGA ENCONTRARME CON ALGUIEN EN CHAMETLA QUE LLEGA DE VACACIONES Y QUE ME DIGA QUE SE ENTERO DE ALGO "NUESTRO" AL ENTRAR A LEER ESTOS ESCRITOS, TAMBIEN ME HAN PREGUNTADO POR BOTAIRA, YA LES HE DICHO QUE ES MI MUNDO ALTERNO, -UN MUNDO PARALELO DIRIA MI HIJO-, EN EL QUE VIVO O DESVIVO LO QUE QUIERO, PORQUE DE ALGUNA MANERA ES UN PRETEXTO PARA ESCAPAR DE LA REALIDAD QUE NO SIEMPRE ES GRATA...

TAMBIEN ME HAN COMENTADO QUE LEEN SIN SENTIDO U ORDEN LO QUE AQUI HAY, PERO HE DE ACLARAR QUE LO QUE SE LEE PRIMERO, ES LO ULTIMO QUE SE ESCRIBIO, ESTO DE LOS ESPACIOS EN INTERNET SON ALREVESADOS, YO TAMPOCO LO ENTENDÍA, PERO ES CUESTION DE BUSCAR Y UNO LES AGARRA EL MODO, AHORA QUE SI SE QUIERE LEER POR TEMAS, CREO QUE ES MAS SENCILLO, USTEDEN BUSQUENLE Y LEANME, JE JE JE , EN CUANTO A LO DE "FERNANDO BARRAZA" Y ESO DE QUE NO SOY DE CHAMETLA, QUIERO ACLARARLO POR ULTIMA VEZ; USO MI SEGUNDO APELLIDO PORQUE CUANDO ME REGISTRE COMO ACTOR ANTE LA ANDA, (ASOCIACION NACIONAL DE ACTORES) YA EXISTIA ALGUIEN REGISTRADO CON ESE NOMBRE, POR LO QUE OPTE POR EL APELLIDO DE MI MADRE QUE TAMBIEN ES MÍO, Y FINALMENTE EL ORDEN DE LOS MISMOS NO CAMBIA EN NADA LO QUE SOY, Y SI SE SIGUEN MOLESTANDO LOS DOMINGUEZ PORQUE ME REGISTRE ASI, POS QUE CAMBIEN LOS ESTATATUTOS DE LA ANDA, A VER SI AHORA SI ENTIENDEN.

Y DIGO QUE SOY DE CHAMETLA PORQUE CADA QUIEN ES LIBRE DE DECIR QUE ES, DE DONDE LE DA GANA, Y YO AMO A CHAMETLA, Y A MI FAMILIA BARRAZA, ASI ES QUE YA ME PUEDEN DEJAR EN PAZ, Y YO CONTINUO IGUAL; SIN METERME CON ELLOS, PARA QUE EL CURSO DE LA VIDA NO SE TRABE, AH, PERO QUIERO RECORDAR LO QUE ESCRIBI AL PRINCIPIO DE ESTE ESPACIO, "SOY DE UN LUGAR IMAGINARIO LLAMADO BOTAIRA, PERO MIENTRAS ESE LUGAR NO EXISTA; SOY DE CHAMETLA..."

viernes, 27 de marzo de 2009

chametla


No recuerdo el nombre del autor, ya lo tendré en mis manos y lo escribo, pero esta es una de las tantas canciones que tantos poetas han escrito a mi chametla querido, la letra me la pasó mi tia Mariquita Barraza, es una pena que no la pueda poner de su puño y letra, pero bueno aquí está:

CHAMETLA,
RINCONCITO DE AMOR
QUE ILUMINA ESTE SOL
LA MAÑANA PRIMAVERAL.

TE TRAIGO ESTA DULCE CANCION
QUE MI FIEL CORAZÓN
TE VINIERA A CANTAR.

TUS PLAYAS,
Y EL MURMULLO DEL MAR
ME QUIEREN RECORDAR A MI PRIMER AMOR.

CHAMETLA CUNA DE PESCADORES
EN UNA DE TUS FLORES
ESTA MI CORAZÓN...

CHAMETLA CUNA DE PESCADORES
EN UNA DE TUS FLORES
ESTA MI CORAZÓN...

jueves, 3 de julio de 2008

UNA HISTORIA DE AMOR Y DESENCANTO

(Fragmento de aquella historia inconclusa aún sin nombre que me fué solicitado para la memoria impresa del quinto encuentro internacional de escritores en Salvatierra Guanajuato)

PROLOGO

¿Yo? … ¿¡Porqué yo?¡

Eulogia cerró los ojos y elevó un plegaria al cielo, esas dos palabras eran como la maldición más característica de su vida, eran como su sello, sus palabras distintivas. . .

Era el 21 de enero del 2008 y pensando en el ayer, vio en retrospectiva su vida.
. . . estaba cumpliendo setenta y tres años.


Diciembre 1864

México tenia problemas económicos que tenían mucho que ver con la deuda que había contraído con Francia Inglaterra y España. Por esas épocas, el Presidente Benito Juárez emitió un decreto en el que informaba que durante dos años no se le pagaría a ninguno de esos países un céntimo de lo que debían, esto con la finalidad de que las arcas del país se mejoraran. . .
Estuvo -por supuesto y para evitar los malos entendidos-, aclarando que casi la mayor parte de la deuda había sido contraída por gobiernos anteriores, pero ocurrió que a los países prestamistas, aquello no les pareció, y unidos; Francia, España e Inglaterra enviaron sus flotas de guerra a ocupar el puerto de Veracruz para exigir el pago, por eso fue que días antes, el coronel Antonio Rosales estuvo reclutando gente de los alrededores y se llevó a todos lo jóvenes del poblado de mesillas con rumbo a Mazatlán, cuando los tuvo reunidos junto con los hombres de toda la región, les explicó lo de la invasión extranjera y que según se sabía, los fuereños pretendían “subir” al norte y adueñarse de lo más que pudieran con tal de cobrarse lo que les debían, también les dijo que el presidente Benito Juárez estaba tratando de llegar a un acuerdo con los intervensionistas bajo la condición de que en cuanto esto se decidiera, las tropas darían marcha atrás, y que en caso de que así fuera, la cosa no iba a pasar de ahí, y en efecto; los ingleses y los españoles emprendieron el retorno ante el avance de las pláticas y las promesas del gobierno de México, pero no así los franceses que no quedaron conformes, y en virtud de que Napoleón tercero quería reinar aún más allá de sus fronteras, incluso por las tierras americanas, ordenó que se acercaran a la capital de la república y con tan buena suerte para los extranjeros que en el camino se les unió un enorme grupo de conservadores que habían creído siempre que México debía ser una monarquía, creyeron que en la intervención de las tropas de Francia estaba la oportunidad de derrotar a los liberales y suprimir la república.

Las tropas se desplegaron hacia el norte tal y como la había predicho el coronel Rosales y fue de ese modo que llegaron a Sinaloa luego de invadir algunas zonas del estado de Durango, entraron por el poblado de Concordia antigua villa de san Sebastián y quemaron todo a su paso, pero ya el general y su gente estaban preparados y fue precisamente en San Pedro, una pequeña población ubicada cercana a la capital de estado, donde la brigada de Sinaloa, compuesta de poco menos de cuatrocientos hombres, al mando del general Rosales, lucho enormemente y derrotó a un cuerpo de quinientos hombres, entre los que se contaron a franceses y mexicanos intervensionistas después casi cuatro horas de combate sangriento, se obtuvo por la tropa –según lo reportó después el coronel-,el aprisionamiento de noventa y ocho franceses y argelinos, y casi el doble número de intervencionistas. Entre los franceses prisioneros se encontraba el comandante del vapor de guerra francés «Lucifer», Gazielle, jefe de la expedición y siete oficiales subalternos, el comandante Gazielle habia violado a una mujer en la población de Concordia y a la que había dejado preñada días antes de ser tomado como prisionero, entre los que lograron escapar iban el ex general mexicano Domingo Cortés y el comandante de batallón Jorge Carmona, que huyeron al comenzar la acción. En el campo de batalla el enemigo dejó 26 muertos y 25 heridos franceses y un número considerable de traidores, estas fueron las palabras que utilizó el coronel Antonio Rosales cuando se lo hizo saber a sus superiores después de terminada la batalla:
“Los prisioneros mexicanos, todos de clase de tropa, viniendo como forzados, fueron perdonados e incorporados a la brigada. La nación tiene que deplorar la muerte del valiente capitán C. Fernando Ramírez y de muchos buenos soldados, que en un combate, en todos sentidos desventajoso, se han sacrificado por su patria. En oficio separado comunicaré el detalle correspondiente. Todos los jefes y oficiales que en esta jornada militaron bajo mis órdenes, se batieron con extraordinario denuedo y entusiasmo, haciéndose dignos de los mayores elogios. Pronto haré la mención honorífica que cada uno merece por los servicios distinguidos que presentaron, haciéndose acreedores al reconocimiento de la República y al de su congéneres...”

Febrero 1865

Goulven, se paró frente al pórtico que daba al enorme patio de la casa de Zopahua y antes de empujar el portón volteó hacia todos lados para asegurarse de que no había nadie cercano, cuando se cercioró de que estaba solo en el oscuro callejón, le dio tres golpes seguidos con la culata de su escopeta “Lafruché”, desde adentro se oyó una voz aguardentosa pidiendo el santo y seña, tres golpes mas fuertes le precedieron desde afuera y en ese momento se empezaron a escuchar gritos provenientes de cualquier parte del poblado e inmediatamente los candiles de la casona empezaron a surgir como avechuchos por todas las habitaciones, -¿que pasa “ajuera”?- Insistió la voz, y obtuvo como respuesta tres nuevos golpes en el aquel viejo madero que para entonces eran más urgentes que seguir con la duda, entonces el anciano velador se aproximó a paso lento y desenganchó la aldaba... en cuanto la puerta cedió solo un poco, Goulven se apresuró a entrar cerrando tras de si y arremetiendo contra el viejo, propinándole una serie de golpes en la cabeza que lo dejaron tendido y sin sentido sobre una pila de costales llenos de olotes.. . .

Goulven caminó entre las sombras del patio y escondiéndose entre los pilares de la vieja hacienda aguantando la respiración para no ser percibido y con el dedo en el gatillo de la escopeta. Eran casi las tres de la madrugada, el hombre subió a tientas las escaleras que conducían al segundo piso y cuidando de no ser atropellado por los sirvientes que corrían de un lado a otro tratando de adivinar a que se debía el griterío que se escuchaba y que ponía los nervios de punta.

En su habitación, Zopahua se desperezó en la cama, la luz amarillenta de su quinqué, parecía danzar al compás de una melodía inaudible, pero altamente serena. . . la mujer puso atención a los ruidos que llegaban de fuera y semidesnuda como estaba se aproximó a la ventana, los gritos aumentaban en intensidad y volumen, el caos recorría las calles montado en la desesperanza, Zopahua no alcanzaba a entender aún la magnitud de lo que ocurría, sin embargo, acabó de despertar cuando vio que con toda seguridad el caserío de los alrededores ardía, y el pánico hacía estragos en el vecindario, sus ojos se cerraron por instinto y sus oídos se aguzaron como tratando de concentrarse en algo y haciendo a un lado el ruido que venía del exterior, fue cuando se percató de que afuera de su habitación se percibían unos pasos suaves y lentos, muy diferentes de los que hacían correr de un lado al otro de la casa a los sirvientes y tal vez a sus padres . . . fue entonces cuando se dio cuenta de que una respiración agitada atravesaba las paredes de su habitación a unos pasos de la puerta, se acercó con sigilo tratando de centrar su atención en lo que imaginaba que ocurría sin alcanzar a entender pero con el terror haciéndole su presa, se acercó con cautela a la puerta y movió con suavidad el cerrojo, aquel hombre pálido se le echó encima arrojándola al suelo y cerrando tras de si la puerta, acto seguido se aproximó a la mujer y le tapó la boca con las manos, susurrándole palabras en un idioma ininteligible pero llenas de una paz y una calma que no le dieron opción; por lo que con una mirada de “está bien”, le dio a entender al hombre aquel, que no gritaría. . .

Pero su arrepentimiento llegó demasiado tarde; Goulven le devolvió una mirada que se había tornado lujuriosa y llena de ansiedad ante la vista de las curvas de la mujer, ella sintió que una erección empezaba a ser notoria entre sus ingles y el pánico se apoderó de su razón y él, como bestia en celo la arrojó sobre la cama, le arrancó en pedazos el corpiño y de la misma manera arrancó el guardainfantes que la cubría, Zopahua lo empujaba con fuerza sin lograr apartarlo de su cuerpo, le arañaba la cara casi inconsciente y le arrancaba el pelo a tirones, un pelo de un extraño color amarillento que le provocaba un asco incontenible, los gritos en su garganta se negaban a salir y entonces se convirtieron en aullidos lastimeros que invadieron las paredes y rebozaron la habitación para salir desbocados por la ventana y perderse entre los gritos y balazos del exterior, cientos de maldiciones y palabras de rabia resbalaban por las comisuras de sus labios o se perdían en las entrañas de aquel hombre que se las tragaba al intentar besarla en contra de su voluntad; “Déjame, maldito”, suéltame!”, pero el hombre no le daba una tregua, en su cara se advertía claramente el cinismo y su mirada estaba repleta de lujuria, mismos que provocaban un miedo inenarrable a la pobre mujer, cuando la vio ahí tirada totalmente desnuda procedió a arrancar sus propias vestimentas con la ansiedad de un criminal, entonces la poseyó con la bestialidad de un animal, y la violó con el sadismo de un energúmeno, ella, al sentir el miembro caliente de aquel hombre introducirse tan salvajemente al interior de su vientre acalló sus gemidos, abrió los ojos incrédula y llena de coraje guardó silencio, sintió como si una serpiente penetrara sus entrañas, y un fuego abrasador le carcomiera por dentro, no se quejó, no emitió un sollozo más, solo cedió ante la imposibilidad de hacer algo.

El hombre sació su instinto como el salvaje que era y se puso de pié para verla desde otra perspectiva, ahí en medio de aquellas sabanas azules apreció con detenimiento el cuerpo exangüe de la mujer y pudo apreciarle en plenitud, era un ejemplar femenino delicado y bello, esbelta, la piel del color de la canela brillaba ante el reflejo de la pálida luz de la lámpara, los huesos del pecho resaltaban ante la agitada respiración y le hacían verse realmente sensual, ella se tapaba avergonzada ante la insidiosa mirada del sujeto, dentro de ella hacia ebullición el liquido espeso que le recorría las entrañas como quemándole, como haciéndolas trizas, sin embargo agarró fuerzas de flaqueza y se fingió inconsciente, por un momento temió perderse en la inconciencia y no poder evitarlo, pero su voluntad era fuerte, lo suficientemente fuerte como para aprovechar la distracción que su cuerpo mancillado provocaba en aquel ser salvaje y con absoluta rapidez estirar la mano hacia la mesita en la que descansaba el quinqué para tomarlo con determinación e incrustarlo en el sexo aún húmedo del hombre pálido que se relamía ante ella, el fuego de la llama agarró desprevenido a Goulven y la bombilla se partió en trozos que se le incrustaron en el vientre y el liquido flamable que había dentro de ella se desparramó sobre sus testículos haciéndolos arder y despidiendo un olor que a la mujer le remitió al olor de las plumas quemadas de las gallinas que preparaba la Matea, provocando un pánico sin descripción en el rostro y las actitudes del hombre que estupefacto se retorcía gritando y sin poder creerlo.
Gritos que semejaban alaridos se desprendieron de su garganta opacando los de las mujeres y los niños que buscaban un refugio huyendo del infame ataque del que eran presas en las calles y los hogares de Mesillas, la sangre corría por sus piernas, el bello púbico se le había desaparecido por completo.

Aprovechando la histérica confusión del hombre, Zopahua se levantó y se enredó en las sabanas y salió corriendo, al salir casi tropieza con su madre, se tomaron de las manos sin decir palabras y corrieron escaleras abajo con rumbo a las caballerizas, al pasar por el corral los animales llenos de pánico chocaban unos contra otros y la servidumbre buscaba donde esconderse, Zopahua y su madre intentaron meterse al granero pero éste empezaba a arder. . . Sin saber a donde ir y llenas de angustia, con los ojos desmesurados al darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor, veían con angustia como las mujeres y los hombres eran violados en el suelo, los niños destazados y los jacales quemados, la muchacha, desvió por un instante la mirada en dirección a su habitación y alcanzó a ver como las lenguas de fuego empezaban a asomarse por la ventana, esa distracción no le permitió percatarse de que estaba frente a ellas un par de individuos de la misma calaña que el anterior, sin saber a donde correr y tratando de huir por cualquier parte, los hombres las detienen contra su voluntad y las desnudan a la fuerza, arrojándolas al suelo en medio del llanto y el griterío, una vez ahí, el par de sujetos, las mancillan sin piedad alguna. . .

Goulven, en su desesperación y atónito ante la inesperada situación a la que se enfrentaba, trataba de apagar el fuego que ya empezaba a invadirlo todo, su ropa húmeda por el combustible del quinqué, ardía a fuego alto, las sabanas de la cama de Zopahua, y las cortinas casi se habían consumido, el hombre no sabia si correr o morir en el intento, pero cuando sus piernas y el vientre se empezaron a achicharrar, no le quedó de otra, por lo que entre estertores de agonía y lamentos de incredulidad y coraje, se entregó sin remedio a su muerte, a esa muerte que él mismo se había buscado. . .

El sol se asomó con timidez, tras los cerros de la sierra de Durango, ni un solo gallo cantó esa mañana, los gemidos de los sobrevivientes se oían lastimeramente por todo el poblado, hombres tratando de devolver la vida a sus hijos, mujeres buscando a tientas su dignidad, niños tratando de encontrar un sentido a sus vidas, abuelos intentando morir en lugar de nietos.. todo era vergüenza, los cuerpos desnudos se desplazaban sin rumbo, el dolor en las miradas se perdía tras lamentos de rabia y desconcierto, aquello era el fin del mundo, todo en “Mesillas” había terminado, todo había muerto; las esperanzas, las ilusiones, los sueños. .

El frío de la mañana calaba hasta el tuétano, la neblina y el humo, hacían que aquello que quedó del poblado, parecieran los restos del holocausto, nadie acababa de comprender lo sucedido, pero nadie pedía una explicación, Zopahua y su madre acurrucada una junto a la otra trataban de aparecer fuertes, pero sus cuerpos no denotaban más fuerza que la que necesitaban para ponerse de pie y buscar a Nemesio, su padre, al que encontraron junto a la puerta principal, destrozado e irreconocible, el fuego lo acabó, de no ser por el anillo que aparecía en la falange del anular derecho, no hubieran sabido que era el.

Después de enterrar a sus muertos y de levantar sus casas, la población entera se dio a la tarea de nacer de nuevo, limpiar, sembrar, amar, . . . la vida seguía su curso, y no solo el ave fénix era capaz de empezar desde el principio, eso lo sabían todos en esa pequeña población, mientras en las reconstruidas habitaciones de la casona , Zopahua, veía aterrorizada como su vientre se abultaba con el paso de los meses. Pasaron nueve meses durante los cuales la mujer, gracias a sus creencias religiosas, se había hecho a la idea del embarazo, nada había quedado atrás, pero el instinto de supervivencia y la esperanza en tiempos mejores, le hicieron hacer a un lado los malos momentos, tanto a ella como al resto del poblado, resignados ante lo ocurrido y llenos de fortaleza ante lo venidero, la población resurgió como lo había deseado, en la familia de Zopahua, gracias al apoyo de las decenas de empleados pronto todo volvió a la normalidad, el pasado era solo un mal recuerdo, además como decía Delfina su madre, eso ya no existía...

Con el pasar de los días se dieron cuenta de que los franceses habían hecho lo mismo en las poblaciones de los alrededores, desde Concordia hasta Mazatlán y todos las poblaciones intermedias. . .

De todo esto se enteraban en mesillas, a pesar de que las noticias tardaban en recorrer el territorio, Zopahua necesitaba estar enterada de lo que acontecía en el país, porque de alguna manera ella y su hijo, se estaban convirtiendo parte de esa historia, de aquella cruda historia.


Con el paso del tiempo se fueron estableciendo en la región, algunos, -los menos avezados-, permanecieron ahí, por razones distintas, y, ya porque encontraron el amor, ya porque encontraron un lugar en donde terminar sus días en paz -,en noviembre de ese fatídico año de la intervención francesa, Zopahua dio a luz a un niña al que dio por nombre Dámaso. Había sido ahí, justo a esa pequeña comunidad llamada “mesillas”, a donde llegó a vivir Macrina, al abrigo de sus abuelos y huyendo de la vergüenza de haber sido preñada por aquel hombre del que después supo se llamaba Gazielle y apodaban “Lucifer”y dio a una hermosa niña a la que puso por nombre Luisiane, un nombre francés que para entonces estaba muy de moda y como su madre se llamaba Luisa, pues aprovecho el pretexto. De esa manera pasaron los años, Louisiane creció y se enamoró del hijo de Zopahua ambos descendientes de franceses, hijos de mujeres violentadas por aquellos insanos seres, para esos días en mesillas habitaban casi pura gente de ascendencia Francesa, la mayoría de los nativos de la comunidad habían fallecido, los herederos de los antiguas pobladores eran casi todos hijos de franceses que al pasar de los años fueron tomando y transformando las creencias cristianas de los lugareños para desviarlas a una que ellos llamaban menonismo, una especie de religión que había florecido en Francia y que por esas fechas estaban llegando desde Europa a alguna ciudades de América sobretodo al norte, en Canadá, las costumbres que habían adquirido al pasar el tiempo, hicieron que la comunidad se volviera harto rutinaria, al cobijo del menonismo, en Julio de 1886, Luisiane y Dámaso contrajeron nupcias.


Octubre de 1916.

De la unión de Dámaso y Luisiane nacieron seis hijos, atrás se había perdido la sangre mexicana de los antiguos pobladores, todos ellos nacían rubios y con los ojos de colores transparentes , al menor de ellos que había nacido por el año de 1891, lo llamaron Huges, sin embargo el chico aquel, rebelde quizá por la sangre nativa que aún fluía por sus venas, o tal vez por la sangre extranjera que hacía ebullición en su interior, cuando conoció la amarga historia de sus antepasados, y ante la rabia de ver lo pronto que se habían resignado los sobrevivientes a ese modo de vida que los invasores les habían impuesto; renegó abiertamente y decidió llamarse a si mismo Dámaso, lo mismo que su padre y aunque era un nombre de ascendencia española, era más mexicano que cualquier nombre francés, y queriendo o no, el sometimiento a una conquista, era una cosa, pero de eso a someterse a dos, había un enorme tramo que él no estaba dispuesto a tolerar, sin embargo y muy a su pesar creció bajo ese régimen, sin embargo la rutina que los franceses implantaron y que a su vez habían adquirido de ciertos holandeses rebeldes, había hartado a Dámaso.

Dámaso había cumplido los veinticinco años, en mesillas la vida rutinaria le había instado a ir más allá de la loma en busca de horizontes nuevos. . . por lo que un dia, temprano como a eso de las ocho de la mañana, se acomodó el morral en el hombro y salió a paso presuroso, para no darse tiempo de voltear hacia atrás y así no tener que decirle adiós a nadie, ni siquiera a pancho el perro.

Pasados unos cuarenta minutos estaba en el crucero del camino que conducía de Durango a Mazatlán volteó indeciso a ambos lados y finalmente optó por caminar con rumbo a la costa. . . de ese modo tras dos días de viaje, llega a Chametla.

Chametla es un lugar de la costa del mar Pacifico en el que hacia diez y seis años, también en octubre pero de 1900 había nacido María. . . María Barrón.

Dámaso llegó a Chametla casi a la misma hora en que salió de mesillas, eran algo así como las ocho de la mañana, los perros salieron a su encuentro y de pronto le entró la nostalgia por pancho, el perro que se quedó tras él mirándole partir en silencio, -esa mañana el perro había salido a saludarlo como todos los días pero al ver la actitud de su amo, no se le acercó, y tras el tronco del viejo tabachín que había en el patio, lo vio desaparecer hasta que dio vuelta en el recodo del camino que lleva a Concordia. . .

María era descendiente de totorames, ahora españolizados, descendiente directa de victimas de la conquista, pero con la sangre mas mexicana que su nombre, que para ese entonces también era muy popular, debido precisamente a la influencia del catolicismo, sin embargo la rebelde chiquilla en ese entonces de quince años, se empeñaba en asegurar que era india de las mexicanas de adeveras. .

Dámaso parpadeó insistentemente para borrar los recuerdos que a pesar de él, aún le perseguían, pero trató de hacerlos a un lado para dejar el pasado en el olvido y empezar una vida nueva en aquel pequeño poblado del cuál dias después supo su nombre.

María tenía la costumbre de acarrear agua de pozo del río, iba subiendo la cañada con la jícara en las manos y la cantarilla en el ñagual, cuando de pronto su mirar oscuro profundo, se topó de frente con la penetrante mirada azul cristalino de un hombre que de solo sonreírle, le hirió de amores el corazón, Dámaso se aproximó lentamente a la chiquilla y sin decir palabras, tomó entre sus manos la cantarilla y dibujó la sonrisa que mejor le salía para darle confianza, ella solo dijo gracias y caminó a su lado en silencio, sus pies caminaban instintivamente, y los de Dámaso la seguían, nadie, dijo nada, en realidad no hacía falta, sus ojos lo habían dicho todo, cuando llegaron a la casa de María, él le entregó el recipiente con el agua y se inclinó en señal de saludo, ella la tomó y colocándoselo en la cabeza, dio media vuelta e inclinándose un poco para no tirarla con las palmas del techo que colgaban al frente de la puerta de entrada, por ahí desapareció como un suspiro apasionado hacia el vientre de su casa. . .

Ese fue el inicio de un trágico idilio, años más tarde, en mil novecientos treinta y cinco, nacería Eulogia, y con ella la más amarga historia de amor y desencanto, de dichas y tormentos, de tragedia y rebelión….