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miércoles, 15 de diciembre de 2010

CANDELARIA

Del latín: vela; candela, la que ilumina…

De ahí viene Candelaria, quizá por eso me significó una luz…



Era mi maestra de civismo en la secundaria, allá en Chametla, y cuando entraba al salón éste se iluminaba realmente con su presencia y su porte de tanta distinción, será porque cuando se es estudiante, uno admira e idealiza a sus maestros, o quizá porque eran tiempos en los que los maestros nos parecían más comprometidos, no sé porqué, pero ella era tan imponente, tan sabihonda, tan perfecta…

Su luz iluminaba mi entendimiento y doy por hecho que el del resto de mis compañeros, pues tuve el gozo de ser su discípulo y eso me llena de presunción.

Tuve el honor de charlas amenas en su horario de clase, el gusto de compartir su sabiduría, el placer de su calificación y aún así, eso ya no existe…

No existe; y mi intención es recordarlo y dejarlo aquí escrito para el porvenir, para que los Chametlecos sepan de su gente y conozcan sus historias, para que nuestros nietos y los de ellos sepan quienes habitaron este pueblo de fin de mundo, tan distante y tan cercano, tan enorme y tan pequeño, tan lleno de magia y tan real…

Quiero que esto que escribo, sobre su gente, me sobreviva, que se vuelva perenne como el infinito y que por siempre sea recordada, por eso ahora hablo de mi maestra Cande, que aunque fue importante en mi formación y trascendente en mi vida, insisto; eso ya no existe…

No existe y solo porque ella no me recuerda. A veces –en la actualidad-, cuando la veo pasar por la calle y la saludo, ella me contesta indiferente, y es entendible, soy razonable, ella tuvo tantos alumnos y yo tan pocos maestros, que para ella resulta difícil recordarnos uno a uno, sin embargo llegué a pensar alguna vez que yo había sido algo especial, ahora lo comprendo; todos somos especiales para los maestros en su debido momento, pero nos vamos y llegan otros a ocupar nuestros lugares, sí; lo comprendo, sin embargo me queda el gusanito y me empeño en saber que ella recuerda que fui su alumno y que le admiré y le admiro tanto, pero sé que eso no se va a dar jamás, pues no se dio antes…



Sin embargo tengo el orgullo de recordarla aquí en este pequeño blog porque fue fundamental en mi vida joven, y aunque ahora trate de entablar conversación con ella debido a la confianza que hubo una vez entre nosotros y ella me evada, no me importa, porque aunque para ella no haya sido nada, ella será para mi esa luz que iluminó el sendero que apenas empezaba a caminar y que me llevó tan lejos como quise, -jamás como me fue posible, porque de ser, así hubiera llegado más allá de lo indecible, llegué ahí nomás; a donde quise…

Mil gracias a mi maestra Cande. Candelaria Rodríguez…